‘Duendes’, o cómo hacer cine de bajo presupuesto y triunfar en YouTube

Por: Cuauhtémoc Juárez Pillado (@cuaupillado)

Tepeji del Río es un lugar donde no pasa nada, pero a la vez ha ocurrido de todo: este municipio del estado de Hidalgo con más de 80 000 habitantes ha sido un punto de encuentro desde los primeros años de la Nueva España: los portales y las viejas construcciones rememoran los tiempos cuando las posadas y mesones atendían a las diligencias que viajaban hacia el norte de México por el Camino Real de Tierra Adentro, del cual aún se conservan en buen estado varios puentes y tramos del camino original. Por otra parte, las zonas industriales y bodegas al lado de la autopista México – Querétaro delatan el rápido desarrollo de la zona, al cual los residentes poco a poco se adaptan sin abandonar del todo las apacibles y calmadas rutinas de la vida rural.

En esta aparente tranquilidad, la vida de Benjamín Hernández cambió cuando en el Kínder les pusieron un documental de tortugas: mientras todos miraban la pantalla, él veía cómo funcionaba el proyector. A partir de entonces desarrollaría un discreto gusto por el cine que se manifestaría con sus visitas regulares al Cine Tepeyac, un viejo negocio ahora convertido en un salón de fiestas. “Empecé viendo muchas películas cada semana; mientras mis hermanos se iban a las maquinitas, yo me iba al cine, no importaba la película”, comenta Benjamín.

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Inspirado por los proyectos de Steven Spielberg como Tiburón (1975) o la saga original de Star Wars, el cineasta realizó sus primeros ejercicios durante su adolescencia tomando la cámara de su hermano y usando de actriz a su hermana. “No sabía escribir un guion ni nada pero repetía escenas cuadro por cuadro de películas que me gustaban mucho, por ejemplo La Princesita de Alfonso Cuarón”.

La escuela está allá afuera

Terminando la preparatoria, Benjamín se decidió por el cine de manera profesional, pero al investigar escuelas se dio cuenta que no habían muchas opciones educativas a su alcance. En el año 2000 entró a estudiar en la AMCI (Asociación Mexicana de Cineastas Independientes), pero se quedó a un año de terminarla. Las razones de su salida no respondieron a motivos económicos; por un lado sintió el ambiente algo elitista y se enfrentó a algunas barreras con sus compañeros. “Yo era un poco el patito feo de la clase o el provinciano”, explica Benjamín. Por el otro lado, una conferencia de Gabriel Beristain, director de fotografía mexicano, le cambió la perspectiva: “La escuela no sirve de nada. Tomen su cámara, graben a sus primos o amigos, financien sus películas. La verdadera escuela está allá afuera y no van a aprender hasta que no empiecen a realizar sus propios cortos y películas”, fueron los consejos que el cinefotógrafo de películas como Caravaggio (1986), el fenómeno chicano Blood In, Blood Out (1993) o Black Widow (2020) le dio a todos los estudiantes asistentes. “Le hice caso a Gabriel, me salí de la escuela y empecé a practicar por mi cuenta, aunque también tomando algunos cursos”.

Benjamín se puso a practicar en Tepeji del Río realizando pequeños ejercicios con los amigos de su colonia hasta que en 2006 realizó su primer corto (El algodón de azúcar). “Mi primera productora fue mi mamá. Fue la primera que creyó en mí, apostó por un corto y lo hice, se llamó Sueño de una noche de verano y fue para participar en el concurso de una revista”, recuerda.

Rodaje ‘Duendes’/Benjamín Hernández

Duendes

“Me encontraba viviendo en Tijuana por el año 2007 y me acordé de una anécdota de Tepeji del Río que me llenó de terror cuando me la contaron, en la que unos duendes atacaron a una pareja de viejitos y a su caballo”, expresa Benjamín. Esa historia atrapó la curiosidad del tepejano, quien decidió adaptarla en un guion para largometraje.

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“El guion llevaba años guardado hasta que vi un corto lanzado por Canon para anunciar la cámara T3i, con una calidad muy cinematográfica, y me sentí listo para grabar Duendes. Investigué sobre la cámara y me encantó saber el precio y sus características técnicas, que en ese momento era la novedad”, recuerda Benjamín, quien en ese momento vivía en Calpulalpan, Tlaxcala. Con la idea de que había llegado el momento o jamás iba a realizarla, Benjamín inició con castings en Tepeji del Río y Calpulalpan, donde no encontró al niño protagonista. Las circunstancias hicieron que modificara el guion para una niña, cuyo desempeño le pareció perfecto para su proyecto, y empezó a hacer ensayos y buscar locaciones para la película.

Producir cine en provincia y con micropresupuestos

El rodaje de Duendes duró tres meses aproximadamente (de noviembre de 2013 a enero de 2014) y tuvo un costo de 50 000 pesos, ésta se financió con patrocinios de comercios locales como pollerías, ópticas y carnicerías. El dinero se usó para cubrir pasajes, viáticos y alimentos. Su equipo técnico consistió en una cámara DSLR, tripié, micrófono y una grabadora de audio sencilla, además de unas lámparas de luz; el cast y crew fue mínimo, conformado por amigos, familiares y un actor de profesión. Benjamín aprendió a hacer pastes para seguir financiándose, aunque también terminó vendiendo el horno para completar su película.

Duendes se estrenó ese mismo año en un salón de fiestas, donde se rentaron sillas e instalaron una dulcería para la función. “No sabíamos cómo iba a ser la respuesta pero afortunadamente las cinco funciones programadas se llenaron. Intentamos llevar la película a otros municipios de Hidalgo pero ya no hubo la misma recepción, aunque afortunadamente pudimos recuperar la inversión”. Después de este recorrido, el destino de la película fue YouTube.

Premiere de ‘Duendes’ en Tlaxcala/Benjamín Hernández

Dos años después, la idea de hacer Duendes 2 surgió a partir de un comentario en la plataforma donde le preguntaban por la secuela; así nació otra vez la chispa. Benjamín intentó hacerla de nuevo en Tepeji pero ya no encontró el mismo apoyo, por lo que trasladó su producción a Calpulalpan, Tlaxcala. En la búsqueda de talento técnico, Benjamín recurrió a Juan José Rojas, director de Cinema Rojo y a quien conoció en un curso. Éste se ofreció a coproducir el proyecto con equipo de cine a cambio de sólo viáticos y alimentos. Duendes 2 tuvo un presupuesto de 85 000 pesos y su rodaje duró tres semanas y media, con locaciones en Calpulalpan, Tepeji del Río y Huasca de Ocampo.

El plan de trabajo fue muy diferente a la primera película, con un crew más experimentado y un cast conformado en su mayoría por actores profesionales. La Ex-Hacienda de San Bartolomé del Monte, su principal locación, no les cobró ni un solo peso a pesar que en el sitio ya habían grabado antes otras películas nacionales. “Siempre estaré muy agradecido por el apoyo recibido en Calpulalpan, allí me abrieron los brazos como no tienes idea: me prestaron todo tipo de cosas, cerraron el centro del municipio con cinta, entre otras cosas”, comenta. El proyecto también fue estrenado en un salón pero tuvo menos público que la primera parte, por lo que Duendes 2 también fue subida a YouTube.

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La exhibición online

La plataforma digital representó una enorme oportunidad para Benjamín como realizador, pues ambas películas han tenido un rendimiento bastante destacado. Cuando Duendes se subió a YouTube en octubre de 2014, en la primera semana registró 5000 visitas, después 10 000, luego 100 000, y así hasta sobrepasar el millón. Al día de hoy la película cuenta con más de más de 6.2 millones de reproducciones en la plataforma mientras que Duendes 2 cuenta con cerca de 1.4 millones.

“Me llegan muchos currículums de actores. Me he encontrado con algunos fans de la película cuando he viajado por la República, es una experiencia bonita encontrarte a niños que la han visto y que dicen que es su película favorita”, comenta Benjamín sobre el alcance y la recepción de sus dos proyectos. En YouTube se ha enfrentado tanto a comentarios positivos como negativos, de distintas partes del mundo, aunque destaca que es mayor la reacción favorable. “Reconozco que a ambas películas les faltaron muchas cosas, sobre todo calidad técnica, pero con los errores se va aprendiendo”.

Duendes no ha dejado de monetizar desde su lanzamiento en YouTube. “Te puedo asegurar que ya triplicó lo que se le invirtió. Tampoco es que me haya vuelto rico como luego dicen en los comentarios, pero me ayuda a pagar la renta. Y Duendes 2 va por el mismo camino, creciendo poco a poco”. De acuerdo con Benjamín, en una última consulta a las estadísticas de su canal, entre 5 000 y 10 000 personas visualizan Duendes diariamente.

Curva de aprendizaje

“Duendes me ha abierto las puertas en cuanto a contactos y oportunidades en todos los sentidos. Un productor de Guadalajara quería proyectarla en cines pero yo no quise porque sentía que no tenía la calidad técnica para verse en pantalla. Con Duendes 2 pasó algo similar: nos invitaron para abrir un festival de cine en Uruguay y también para una muestra mexicana de ciencia ficción en Italia, aunque tuve que rechazar las invitaciones por cuestiones personales”.

Benjamín está aplicando todo el aprendizaje obtenido para el desarrollo de Duendes 3, el cierre de su saga. Aún en preproducción, la película cuenta desde ya con patrocinadores, actores, locaciones importantes y productores ejecutivos de peso, quienes le han abierto las puertas para salas de cine. “De cierta forma Duendes 3 será una carta de presentación porque va a tener la calidad técnica necesaria para su estreno en salas de cine y para entrar a plataformas digitales”, asegura.

Escribir, tocar puertas y cometer errores

Inspirado por los trabajos de Alfonso Cuarón con Emmanuel Lubezki, por Stanley Kubrick, M. Night Shyamalan y Robert Rodriguez, Benjamín considera que se puede realizar un proyecto de calidad con poco presupuesto porque lo importante es saber contar historias. “Si tú cuentas bien una historia, el espectador va a recibir un impacto tan profundo que en segundo término va a quedar el cómo se te la contaste o que material usaste porque va a haber algo que le va a llegar al corazón”. Para él es muy importante crear personajes con los que el público se indentifique.  “Obviamente no a todo mundo le van a gustar tus historias pero mientras tú logres contar una, no importa cómo la cuentes, tenemos un sinfín de posibilidades”.

Con siete cortometrajes y dos largometrajes terminados, el cineasta tepejano comparte que sólo ha tocado puertas con el gobierno más que a nivel local. “Sí conozco casos de compañeros que meten sus proyectos, a algunos sí se los dan, a otros no, pero cuando menos te das cuenta ya pasó mucho tiempo. Creo que, a como está ahorita la tecnología, ya no hay pretexto para hacer tu corto o película”.

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“Si tu historia es buena y la ve por allí alguien con el peso económico, estoy seguro que va a apostarle a tu película. Pero no hay que dejar de producir. Creo que hay muchísimos ejemplos donde seguimos siendo el espectador cuando tenemos todas las herramientas para filmar”.

Benjamín considera que uno como cineasta independiente debe ser persistente, tocar muchísimas puertas y sobre la marcha ir aprendiendo. “Otra cualidad para mí es la pasión, si te nace y tienes esa fuerza nunca se te va perder, no importa que no tengas los medios o la preparación académica, que rentes el equipo o lo pidas prestado, si tienes la pasión ésta te va a hacer caminar a donde quieras llegar. Por eso no hay barreras, no hay pretextos, no hay excusas”.

El cineasta comparte que para hacer cine independiente se debe reconocer que una película no se puede hacer sola, por lo que hay que dejar a un lado el ego y considerar a todos los integrantes como iguales. También recomienda buscar a gente de mucha confianza para trabajar en tus proyectos. Escribir, practicar y cometer errores.

“Todo mundo tiene acceso a una cámara, y si tocas muchas puertas, después de varios ‘no’ vas a encontrar un ‘sí’. Créeme que allá afuera hay gente con los medios buscando el talento o la creatividad. Siento que somos como luciérnagas en un cuarto oscuro, que nos vamos buscando y nos vamos encontrando”, finaliza el cineasta nacido en Tepeji del Río.

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