Sociedad de consumo: ilegalidad y corrupción en los productos de tu día a día 

Por: Citllalli Juárez (@citlallijuaarez

“Consumismo desmedido” son descripciones recurrentes en los discursos de ambientalistas y activistas, o probablemente te remitan a tus conocidos antisistema cuando dan cátedra sobre el capitalismo y sus consecuencias. Pero, más allá de lo que se comenta en las platicas comunes, ¿cuál es la magnitud del consumismo desmedido? Y sobre todo, ¿qué sucede cuando nuestros productos de consumo diario encubren una serie de problemas como corrupción, delincuencia, ilegalidad y falta de ética en su forma de producción? 

A través de cuatro episodios independientes de aproximadamente 55 minutos cada uno, Broken (o Sociedad de consumo en español) trata de responder a estas preguntas mediante un formato documental, acompañado de una investigación de inmersión que dejaría perplejo hasta al más escéptico. 

Y es que una de las características especiales de esta serie es la forma en que se abordan las temáticas principales de cada episodio: se presenta un problema mediante el cual se desenmascaran prácticas ilegales y poco éticas por parte de grandes compañías, además de evidenciar un notorio problema sistémico en cada uno de ellos. 

La serie desvela a empresas de varios países. En el caso de Estados Unidos exhibe la producción de maquillaje falso y sus riesgos para la salud, además del involucramiento de células delictivas en la venta de estos productos. También se aborda el reconocimiento del problema de salud pública que representa el uso de cigarrillos electrónicos por parte de estudiantes de secundaria, así como la poco ética unión entre una de las principales tabacaleras del mundo y uno de los más importantes fabricantes de cigarros electrónicos.

Del continente Europeo nos traslada a Suecia, donde conocemos la lucha de un pequeño grupo de padres contra los productores de muebles de conveniencia y baja calidad, ¿la causa? Sus hijos pequeños murieron después de que un mueble mal fabricado se les cayó encima. Tales muebles son fabricados con los mínimos requerimientos de seguridad y con material que se obtiene de manera ilegal, lo cual pone en riesgo cientos de ecosistemas alrededor del mundo.

El cierre de esta primera temporada es con un capítulo destinado a visibilizar la magnitud del problema que representa la producción de plásticos, la contaminación y los daños a la salud que causa una industria que no puede reciclar ni siquiera un cuarto de lo que produce.  A su vez, expobe el control que tienen las empresas poderosas, como las que pertenecen a la industria petroquímica, en la política de Estados Unidos. Son estos detalles los que toman desprevenido al televidente y lo atrapan en una historia llena de factores inimaginables que le permiten comenzar una reflexión personal. 

Sociedad de consumo aborda el problema desde la perspectiva de los afectados y la contrapone con la de los “causantes”, dándoles una oportunidad de réplica. Sin embargo, siempre manifiesta una postura evidente sobre ellos; desde comerciantes de maquillaje falso y abogados defensores de la industria petroquímica en Estados Unidos, hasta representantes de grandes trasnacionales como IKEA o la misma Comisión de Seguridad de Productos para el Consumidor de los Estados Unidos.

De esta manera logra exitosamente transmitir un mensaje importante: como consumidores debemos ser mucho más críticos con nuestras compras, ya que, además de acercarnos a un panorama de corrupción e ilegalidad en el cual se involucran grandes compañías e incluso los mismos gobiernos, la serie ofrece un proceso de reflexión y autocuestionamiento sobre las prácticas individuales perpetúan un sistema desentendido por el medio ambiente, el consumidor y por las cientas de comunidades a las que afecta.

Mujeres fotoperiodistas mexicanas que debes conocer

Por: Citllalli Juárez (@citlallijuaarez

Es bien sabido que el mundo del fotoperiodismo es un ambiente difícil y peligroso para trabajar; este resulta más difícil para las mujeres, quienes además de afrontar los contratiempos cotidianos de la profesión, deben enfrentar su estado de vulnerabilidad en un campo laboral dominado por hombres. 

Sin embargo, aun con los riesgos, el nombre de las fotoperiodistas en México ha destacado desde los inicios de la profesión; ahí está el caso de Sara Castrejón, fotógrafa de la Revolución Mexicana, una de las pioneras en la labor de fotografiar conflictos armados a nivel mundial.

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Las fotoperiodistas de este listado nos muestran México desde sus diferentes épocas y eventos que han marcado al país -como el terremoto del 85, las víctimas de la guerra contra el narcotráfico y las marchas feministas de los últimos años-. Al mismo tiempo visibilizan a migrantes, pandilleros y personas en situación de calle; los olvidados de la sociedad.

Estas mujeres no nos muestran un lado más “sensible”, adjetivo sobreutilizado para calificar el trabajo de una mujer en cualquier disciplina, pero sí uno sincero y merecedor de respeto. Son miradas que cambiaron y están cambiando el fotoperiodismo:

Sáshenka Gutiérrez

Sáshenka es una fotógrafa autodidacta, no estudió periodismo ni fotografía. Incursionó en el mundo de la fotografía cuando un conocido la invitó a trabajar en EIKON, en donde comenzó su aprendizaje observando y preguntando. Su talento la llevó a posicionarse como reportera gráfica de Cuartoscuro, en donde trabajó por dos años. Tiempo después fue invitada a colaborar en la agencia EFE, agencia internacional de noticias. 

El trabajo de Sáshenka se muestra como el resultado de años de experiencia, misma que fue necesaria para compensar la falta de conocimiento técnico en sus primeros años; esa misma práctica es la que ha agudizado su ojo para captar instantes decisivos en la cotidianidad.

Su trabajo se centra en temas de interés político social. Cuenta con un amplio portafolio, distinguido por la cobertura de manifestaciones, marchas y peregrinaciones, hasta retratos políticos y de figuras públicas -como la famosa fotografía de Elena Poniatowska presentada en 2019 en la exposición La mirada, la cámara, la fotografía. Desde nosotras en las rejas de Chapultepec-. La luz natural y la hora dorada son aliados inseparables de Sáshenka, quien logra cautivar la atención de cualquiera que vea sus fotografías. 

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Elsa Medina 

Los estudios de la distinguida fotoperiodista nacida en 1952 no sugirieron que su futuro sería dedicado al fotoperiodismo. Estudió Diseño Industrial en la Universidad Iberoamericana de Tijuana y después viajó a Estados Unidos para continuar su carrera en la universidad de San Diego State. Fue ahí donde Medina aprendió acerca de la técnica fotográfica de una mejor manera (en comparación con sus días en Tijuana) cuando recibió un curso de fotografía como parte del plan de estudios de su carrera. Fue también en ese momento cuando descubrió su amor por la fotografía y se sumergió por completo en el mundo del periodismo.

Pronto se convirtió en fundadora y fotoperiodista del diario El sur de Guerrero. Sin embargo, su trabajo se dio a conocer hasta 1986, cuando comenzó a trabajar en el periódico La Jornada, para el cual laboró por más de 11 años. 

Su poderosa fotografía de temática social la hizo acreedora al primer lugar del certamen Dos culturas, un solo origen y el segundo lugar en el concurso organizado por la Comunidad Económica Europea: Mujeres vistas por mujeres. 

En sus imágenes en blanco y negro  el sujeto a retratar y su ambiente establecen un diálogo con el espectador y le invitan a analizar el contexto de estos personajes. Las texturas, sombras y contrastes son un referente de la fotografía de Elsa Medina. 

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Claudia Guadarrama

Claudia afirma que fue el destino el que la condujo a esta profesión, pues días después de graduarse como licenciada en Ciencias Políticas y Administración Pública por la UNAM le ofrecieron trabajo en un periódico como laboratorista. Su trabajo documental centrado en problemas políticos y sociales en América Latina pronto ganó notoriedad entre los medios. 

A través de su lente ha retratado la vida de diferentes grupos vulnerables de Latinoamérica, como integrantes de la pandilla Mara 18 en El Salvador -viaje el que nació la icónica fotografía de La Blacky, una joven pandillera de 16 años acusada de homicidio que vivía escondiéndose de la policía y las pandillas enemigas- así como la travesía de inmigrantes indocumentados de Centroamérica y su paso por la frontera sur de México para llegar a Estados Unidos -trabajo titulado Before the limit, mismo que le valió los premios Magnum Inge Morath Award en 2004 y Canon Female Photojournalism Award en 2005-. 

En 2014, Guadarrama participó en Danube Revisited. The Inge Morath Truck Project, un proyecto fotográfico conformado por ocho mujeres fotógrafas, con el modelo de roadtrip a través de Europa en donde recorrieron los mismos sitios que Inge Morath, primera mujer fotógrafa de Magnum

Before the Limit
La Blacky

Mónica González Islas

Mónica asegura que “ser fotoperiodista en temas vinculados a la violencia no es nada fácil si se es mujer”, hecho que aprendió desde muy joven cuando inició su trabajo en el diario Milenio. Durante esta época, Mónica decidió emprender un viaje en motocicleta por el área metropolitana que rodea a la Ciudad de México y el Estado de México, en las zonas de mayor violencia y criminalidad. Fue en municipios como Chalco, Chimalhuacán y Ecatepec, así como en San Juan de Aragón, donde vivió la nota roja de primera mano, registrando asesinatos y feminicidios, mostrando de estos últimos su incremento día con día.  

Sin embargo, su fotografía centrada en temas político-sociales se consolidó hasta 2011 cuando marchó junto a la Caravana por la Paz con Justicia y Dignidad, que lideró el poeta Javier Sicilia. Durante la marcha observó a un niño caerse mientras sostenía un gran cuadro con el rostro de su padre, quien había sido asesinado; ahí entendió que la fotografía debía retratar la violencia a partir de la compresión de la situación de las víctimas. 

Durante sus más de 18 años haciendo fotografía, Mónica ha evitado la revictimización, la criminalización o la discriminación en su trabajo. Es así que la fotoperiodista, quien ha trabajado para medios como Revista Expansión, NOTIMEX, El Economista y VICE México, muestra el lado más humano de la violencia que amenaza el día a día de los mexicanos. Actualmente realiza proyectos a largo plazo, los cuales permitan reconstruir y visibilizar la ausencia de justicia y memoria en México.

Estudió Ciencias de la Comunicación en la UNAM y posteriormente fotografía en la Casa del Lago. Cuenta con un curso de fotografía del diario The Dallas Morning News y con un diplomado de Realización Cinematográfica en la Academia de San Carlos, entre otros estudios más.

Conoce más de su trabajo aquí 

Jacky Muniello 

Fotógrafa documental y fotoperiodista mexicana. Cuenta con un diplomado de la Academia de Artes Visuales (AAVI) y cursó talleres de fotoperiodismo y fotografía documental. Su trabajo se centra en temas socioculturales, abordando asuntos relacionados con lo cotidiano, la identidad y la migración. 

Muniello ganó la Mención Honorífica en la Bienal Héctor García del 2013. Su trabajo ha llegado a diversos lugares de exhibición, plataformas y medios nacionales e internacionales como la Galería de Lensculture de Magnum Photos (2016), CNN, Lenny Letter, PICS del Centro de la imagen, Cultura Colectiva, Longreads, Museo Archivo de la Fotografía, entre otros.

A partir de sus fotografías de movilizaciones, manifestaciones y los sectores más vulnerables de la población, brinda una nueva perspectiva de temas que observamos diariamente pero a los que ya no les prestamos atención. Este es el caso de su serie Sin Remitente, en donde Muniello retrata a las personas en situación de calle como sujetos de derechos en igualdad condiciones. 

Igualmente, en su serie fotográfica Soy migrante muestra a los migrantes de una manera más humana, reportando los maltratos que viven al llegar a un país de manera “ilegal” y cómo sus derechos no son garantizados, por lo que es más fácil violentarlos. 

Sin Remitente
Soy Migrante

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Otras fotógrafas cuyo trabajo debes revisar:

Ángeles Torrejón

Yazmín Ortega

Quetzalli González

Teresa de Miguel

Victoria Helena Razo

11 películas no aptas para claustrofóbicos

  Irving Javier Martínez (@IrvingJavierMtz) 

Cuatro paredes y un techo pueden ser más que una locación. El cine es capaz de crear experiencias esquizofrénicas que lleven a la audiencia a compartir la angustia de los personajes. La incomodidad ocasionada por los espacios cerrados no es exclusivo del terror; el drama, el suspenso y la comedia han echado mano del recurso. Según Phil Hoad de The Guardian, la claustrofobia es una característica “intrínseca al drama”, debido a la afición de los guionistas por reducir las opciones del juego al final de una trama (y así demostrar su pericia en la ficción).

La ansiedad por el encierro depende de un contexto y la excelente dirección de los actores. En la década pasada vimos finos trabajos “a una sola voz”, por ejemplo Enterrado (Rodrigo Cortés, 2010) o Locke (Steven Knight, 2013); experimentos que van un paso adelante de fórmulas convencionales como habitaciones del pánico o secuestros en transporte público. No obstante, quizás la película más importante de este género temático sea El resplandor (1980), donde Stanley Kubrick logró ambientar el escenario más espeluznante para pasar una noche enclaustrado.

A continuación, presentamos un listado de 11 títulos con desesperantes experiencias a puerta cerrada. 

El ángel exterminador (Luis Buñuel, 1962)

Un grupo de aristócratas se quedan atrapados en una mansión. ¿Por qué? Nunca se explica, pero existe un espíritu  omnipresente que se los impide. A partir de entonces, comienza una debacle social hasta llegar a las formas más primitivas de la humanidad. Este filme no es de los más queridos por su autor. Tras el triunfo de Viridiana (1961) en Cannes, Luis Buñuel esperaba una costosa producción que imitara el lujo de los palacios europeos, lo cual no fue financiado. No obstante, con mínimos recursos logró dirigir uno de los títulos más desconcertantes en la historia del cine. 

The Haunting (Robert Wise, 1963)

Cuatro personas se hospedan en una casa “embrujada” para investigar fenómenos paranormales. Esta adaptación de la novela de Shirley Jackson es una obra maestra del cine de terror y antecedente directo de La maldición de Hill House. No existe relato más claustrofóbico, ya que la mansión es la artífice misma del terror. Muchos años antes del fetichismo de Cronenberg, las paredes y puertas adquieren vida propia, respiran y hablan, dando aspecto perturbador y retorcido a las escenas. Sin embargo, el ente maligno de la casa sólo es una extensión de Nell (Julie Harris), mujer afectada por la reciente muerte de su madre y la difícil vida a su lado. De aparente simpleza, The Haunting oculta varias capas de surrealismo sofisticado que siembran el desconcierto en el espectador.

Repulsión (Roman Polanski, 1965)

Después de explorar la agorafobia en Cuchillo en el agua (1962), Polanski se vuelve claustrofóbico para crear un drama opresivo con pocos diálogos (Deneuve, Polanski y Gérard Brach no hablaban inglés) y “amenizada” por intrusiva música jazz. En el filme, la introvertida protagonista (con repulsión a los hombres) sufre un alucine psicológico durante el fin de semana que se queda sola en casa. La ansiedad producida por los espacios cerrados es un distintivo en la filmografía del polaco, pero en Repulsión (la primera de la Trilogía de los apartamentos) hay una exploración más explícita del delirio provocado por el encierro. En la cabeza perturbada de la joven, la sensación de “acoso” se entremezcla con la casa viviente; un vanguardista terror psicológico para su época.

El coleccionista (William Wyler, 1965)

Adaptación de la novela homónima de John Fowles y uno de los últimos trabajos del gran William Wyler (quizás, el más raro en su monumental filmografía). Terence Stamp interpreta a Freddie, un introvertido coleccionista de mariposas, que secuestra a Miranda (Samantha Eggar) y la mantiene cautiva en un sótano. La chica debe emplear una estrategia de persuasión y seducción para lograr escapar. De trama pesimista, el filme es un sesudo tratado sobre la belleza y el cautiverio de la misma, en pro de “conservarla”. Como dato relevante, el director hostigó durante la filmación a Eggar, con el fin de obtener una interpretación realista (innecesaria técnica muy usual en el viejo Hollywood).

Alien (Ridley Scott, 1979)

Qué se puede decir de Alien que no se haya dicho ya. Junto a Kubrick, Ridley Scott le enseñó al mundo a temer al espacio y sus desconocidos huéspedes. La narrativa del filme lleva el terror de la ciencia ficción de la serie B a un lenguaje mainstream dotado de mitología propia (tan jugosa que aún se insiste en producir innecesarias precuelas). La lucha final de Ripley por sobrevivir dio un nuevo significado combativo a las “final girls”, convirtiendo a Sigourney Weaver en pionera del cine de acción.

El Cubo (Vincenzo Natali, 1997)

Cuando esta película se estrenó, por allá de los 90, voló la cabeza de la audiencia y sentó cátedra en el cine de terror. Aprovechando lo mejor del horror japonés y el suspenso sensorial de Cronenberg (en boga), Natali dirigió esta obra de culto con presupuesto  ínfimo. Sin explicaciones ni contexto, la película desarrolla la tensión de un grupo de personas secuestradas, quienes intentan huir de un laberinto de cubos sobrepuestos. Antecedente directo de franquicias como Saw, la trama de El Cubo tiene complejidad social y matemática (más allá del simple sadismo), lo que hacía del escape una experiencia con aparente exigencia de “intelecto”; apta para enseñar a niños de primaria el significado de los números primos (seguro no lo olvidan jamás).

Funny Games (Michael Haneke, 1997)

Una familia es secuestrada y torturada en su propia casa de verano por dos desconocidos. La mala leche en espacios cerrados es un sello autoral en el cine de Haneke; no obstante, Funny Games es la más significativa por su sadismo psicológico. Es un ensayo sobre los límites de la ficción (según el autor, para cuestionar la violencia explícita en los medios de comunicación). El psicópata líder (como alter ego de Haneke) interactúa con la audiencia, rompiendo la cuarta pared o rebobinando el filme (un claro homenaje a Persona de Bergman); ejercicios narrativos que impactaron en los 90 y dieron al austríaco la fama de enfant terrible.

Home (Ursula Meier, 2008)

El perfecto ejemplo de que el drama puede ser aun más asfixiante que el terror: la fobia a la urbanización es el principal motor de esta producción europea. La familia protagonista comienza a ver amenazada su paz cotidiana con la apertura de la nueva carretera frente a su casa. El insoportable tráfico y la contaminación van orillando a la familia al paranoico enclaustramiento. Ursula Meier explora hasta dónde el ser humano puede evadir el contacto con la sociedad y sus malas prácticas. Al final, el aislamiento se vuelve tan tóxico que los personajes deben regresar al exterior para sobrevivir. Una bonita representación simbólica de los estilos de vida radicales.

Avenida Cloverfield 10 (Dan Trachtenberg, 2016)

Antes del boom de Whiplash (2014), Damien Chazelle corrigió el guion (y casi dirigió) de este bestial thriller de ciencia ficción; película incluida en la improvisada franquicia Cloverfield. El largometraje tiene doble suspenso: el secuestro de Michelle (Mary Elizabeth Winstead) y la presunta invasión alienígena anunciada por su raptor (John Goodman). Como parte de una estrategia para producir proyectos de bajo presupuesto, esta entrega sorprendió por su frenética trama sostenida por el trío de actores intentando sobrevivir al aislamiento bajo tierra. J.J. Abrams tenía pensado replicar una versión contemporánea de Ripley vs extraterrestres, ¿lo logró? Claro que sí.

¡Madre! (Darren Aronofsky, 2017)

El matrimonio conformado por un artista y una decoradora de interiores (o eso parece) se enfrenta a una horda de enardecidos fanáticos. Con mensaje más o menos ecológico, esta obra de Aronofsky no es de las más queridas por la audiencia, a causa de la histérica puesta en escena atiborrada de alegorías católicas. Con reminiscencias a El bebé de Rosemary (Roman Polanski, 1968), la casa del filme sirve de escenario para una carnicería de grandes proporciones, en la que el personaje de Jennifer Lawrence termina siendo el receptor de múltiples vejaciones y ultrajes.  Un viaje demencial a través de las peores manifestaciones de la naturaleza humana.

Clímax (Gaspar Noé, 2018)

Este largometraje llegó a Cannes sin sinopsis clara, sólo que era una fiesta de adolescentes con mucha sangría. Después de la primera parte, llena de bastantes diálogos y el par de maravillosas coreografías, se nos viene un sofocante cierre con un grupo de bailarines enloquecidos por el LSD (¡sorpresa, la bebida traía más que azúcar!). Cuando ya nadie esperaba algo superior a Irreversible (2002), Gaspar Noé nos trae la versión rejuvenecida de su universo, donde la euforia de la juventud se confunde con un viaje psicotrópico autodestructivo.

¿Qué películas incluirías en tu Top personal? 

Disney+ desmiente su anticipada llegada a Latinoamérica

Ante los rumores de la llegada anticipada de Disney+ a Latinoamérica, la compañía ha emitido un comunicado en el que confirma que será hasta finales del 2020 cuando la plataforma esté disponible en dicha región.

Las versiones propagadas sobre el adelantado lanzamiento de la plataforma, se deben a la creación de cuentas falsas que promueven servicios que no son prestados por Disney+; así lo indica el documento:

“reiteramos que dichas comunicaciones son falsas y no forman parte de ninguna iniciativa promovida por Disney+. El lanzamiento de Disney+ en Latinoamérica continúa estando previsto para fines de 2020”.

Asimismo, Disney advierte intentos de phishing (engaño informático) con el fin de obtener datos personales, incluida información financiera, al ofrecer acceso a una prueba gratuita del servicio.

El servicio de streaming de una de las compañías más grandes de entretenimiento se lanzó en Estados Unidos y Canadá el 12 de noviembre de 2019.

Ofrece Secretaría de Cultura 200 películas mexicanas gratis online

Filminlatino, la plataforma mexicana de streaming dedicada a la difusión del cine nacional, contará con 200 títulos de libre acceso como parte de la iniciativa Contigo en la Distancia, desarrollada por la Secretaría de Cultura a causa de la pandemia del COVID-19 (coronavirus).

Cinema MX, como se le ha nombrado a este proyecto, se divide en 14 secciones, las cuales integran la variedad de cine realizado en México desde sus inicios hasta la actualidad. Algunas de ellas son: Cine hecho por y para las niñas y niños, Cine clásico recuperado, Noches de cortometrajes, Polos virtuales y Visibilizar el archivo.

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Además, Filminlatino facilitará el contenido de la modalidad de suscripción; la persona que lo desee podrá solicitar (al mail filminlatino@imcine.gob.mx) un código promocional que da acceso a todo el catálogo.

Algunos de los títulos del cine reciente que te esperan son: Los años azules (Sofía Gómez-Cordova, 2017) Resurrección (Eugenio Polgovsky (2016) y Las oscuras primaveras (Ernesto Contreras, 2014).

En Cinema MX también podrás ver títulos populares de principios del milenio, tales como Amores perros (Alejandro González Iñarritu, 2000), Perfume de violetas (Maryse Sistach, 2000), Amarte duele (Fernando Sariñana, 2002), Atlético San Pancho (Gustavo Loza, 2001) entre otros.

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Entre los clásicos que han marcado la historia del cine mexicano, se encuentran: El lugar sin límites (Arturo Ripstein, 1977), Mariana, Mariana (Alberto Isaac, 1986) y La pasión según Berenice (Jaime Humberto Hermosillo, 1975).

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Emma.: el bonito anticlasismo de Autumn de Wilde

Irving Javier Martínez (@IrvingJavierMtz) 

Emma Woodhouse (Anya Taylor-Joy) es una adinerada y frívola chica inglesa. Para no perder a su amiga Harriet (Mia Goth), Emma la persuade de rechazar la propuesta matrimonial de Robert Martin –un granjero de menor status social– y aspirar al conveniente compromiso con el vicario Mr. Elton (Josh O’Connor). Previendo los posibles problemas, Mr. Knightley (Johnny Flynn) intenta convencer a su amiga de no entrometerse en las relaciones ajenas, pero ella insiste en manipular a los integrantes de su círculo social como piezas de ajedrez.

La ópera prima de Autumn de Wilde (fotógrafa de renombre en la escena musical) recuerda al debut de Tom Ford en el cine: un empalagoso festín de gustos personales. No llega al vacío naif de Sofia Coppola (con quien comparte fotógrafo), pero el atiborre de “colores pasteles” puede desconcertar a la audiencia clasicista. En otras palabras, Emma. simpatiza más con Clueless (Amy Heckerling, 1995) que con Emma (Douglas McGrath, 1996)… y se agradece.

A diferencia de la versión de Gwyneth Paltrow (blanda lectura de la novela), la Emma de Anya Taylor-Joy es mundana y arrogante. El guion de Eleanor Catton (autora de la excepcional Las Luminarias) explora y remarca los aspectos clasistas de la protagonista (casi antiheroína), llevando la comedia al terreno maquiavélico de Choderlos de Laclos (algo muy compatible con la estética new wave del filme). De hecho, el desprecio de Emma por Miss Bates (debido a la inferioridad de clase) y la irracional envidia hacia Jane Fairfax son emociones más intensas que en adaptaciones previas.

Al considerarse outsider, el mayor interés de la directora es redondear el elitismo de la joven, quien segrega a otros y se burla de la supuesta estupidez de sus conocidos. Aunque el romance ocupa una parte significativa del metraje, el foco del drama se encuentra en la destrucción del compromiso de Harriet. Por poner un ejemplo, la clásica propuesta de Mr. Knightley a la sombra de un árbol es arruinada de tajo por un sangrado de nariz, dando protagonismo a la redención de Emma tras asumir sus errores y enmendar el daño. Estos detalles argumentales convierten a la película en un complejo drama moral, muy en la línea de Amor y amistad (2016) de Whit Stillman, tremenda comedia vigente sobre la hipocresía en la alta sociedad.

El trasfondo sexual es la coqueta aportación de Autumn de Wilde al universo cinematográfico de los clásicos literarios. Si quitamos la nada erótica escena de Colin Firth saliendo del lago, la sensualidad había sido vedada en las adaptaciones de Jane Austen. Los semidesnudos de Flynn y Taylor-Joy dan una dimensión madura y soez al romance (parecida a los grabados de Fanny Hill); tensión sexual apenas sugerida en Orgullo y prejuicio (Joe Wright, 2005), con los planos cerrados a las manos de Elizabeth y Fitzwilliam.

De acuerdo con una entrevista para Screen Rant, la directora tuvo especial detalle en la construcción de Mr. Knightley, mostrándolo como un hombre vulnerable y frágil; imagen contradictoria con el estereotipo austeniano de Mr. Darcy (hombre benefactor e inquebrantable). El personaje de Johnny Flynn se encuentra en crisis emocional con arranques de frenética desesperación (un detalle romántico y encantador), parecido al sedado Pete Doherty de Confession of a Child of the Century (Sylvie Verheyde, 2012). En general, la trama fue actualizada a una humorística perspectiva millennial, alejada del acartonamiento formal de la BBC.

El vestuario de Alexandra Byrne (responsable de los impecables atuendos de la Elizabeth de Shekhar Kapur) da mayor profundidad psicológica; define las personalidades y estados de ánimo de los protagonistas mediante colores y texturas. También, la música brinda bastante información al espectador. La compositora Isobel Waller-Bridge (hermana de ya saben quién) se inspiró en los Looney Tunes para dar melodías específicas a cada rol. Conforme más te adentras en la obra de de Wilde, descubres un sinnúmero de atractivos detalles. De momento, Emma. ya ha logrado hacer moderado ruido entre los críticos, lo que significa un éxito para cualquier título de época (separándose de las producciones genéricas). Sólo el tiempo confirmará si es imprescindible o un rico aperitivo con bonitos decorados. 

Uzi: la historia de un sicario retirado

La vejez es entendida como esa etapa impasible, cuando el ser por fin descansa tras una vida de -demasiado- trabajo y emociones, aunque actualmente trate de extenderse la “vida útil” tanto como se pueda, pero ese es otro tema. En un pasar por el mundo tan extenso, ¿qué tantas historias encierran esas arrugas y esos pasos ralentizados por el tiempo? ¿Quién es, en realidad, ese amable viejecito de la colonia?

El quinto proyecto largo del salvadoreño Pepe Valle gira en torno al anciano Uzi, quien comparte apodo con un arma rápida, pero también es diminutivo de Uziel. Este tranquilo señor que administra unos baños públicos en estado decadente, era un sicario mayor durante su juventud. Ahora, contemplando la quietud de su edad, le llega una oferta que podría incrementar su nivel de vida, lo que inicia un debate moral interno.

¿Un antiguo matón que siente remordimiento por el daño causado, enmarcado en la época más violenta en la historia del país? Eso da para contar. La película aprovecha su contexto al insertarlo en elementos como el ruido alrededor del protagonista (el sonido de la televisión o el radio, por ejemplo) y lo contrasta con su evidente desinterés. Oye, pero no escucha. Esto es notorio en la configuración de la escena, donde las figuras enfocan su atención en otra cosa; planeación que denota astucia del director.

En el primer medio del filme, el relato se concentra en el flemático deambular del anciano por la vida. Simplemente existe, pero no hay mayor motivo para que permanezca. A partir de que esta oferta de “último trabajo” le llega, la historia vira hacia un tono más reflexivo que permite insertar consideraciones alrededor del tiempo y su extraña duración.

Desde un suceso en el que participa, el cual involucra directamente a la vida (hilo inserto con calzador), comienza a lamentarse con más fuerza y a meditar sobre la valía de estar presente, de vivir. Esta segunda parte del largometraje es la más completa en cuanto a crecimiento argumental y subtextual, a pesar de sus detonantes apresurados y un tanto -muy- convenientes.

Otros elementos a valorar son el guion y las actuaciones. La ubicación espacial de los sucesos, una colonia popular en los suburbios mexicanos y todas las interacciones -en papel- son verosímiles en su vocabulario, expresiones y locaciones, sin embargo, el manejo del elenco no consigue empatar las virtudes de su libreto. Hay momentos de falta de rango dramático y otros de sobreactuación, en especial aquellos instantes cuando interviene la pareja joven del inicio, quienes son importantes para el meollo de todo el asunto. Un caso de histrionismo bipolar.

Con formas poco usuales en la narrativa nacional, las cuales optan por la semicontemplación de las situaciones con cámara fija en momentos que se sienten largos, el desarrollo de esta película puede percibirse lento, pero no considero que sea inadecuado para el discurso pretendido. Es decir, una historia sobre la vejez, las apariencias, el tiempo y la existencia en general no podía ser tan acelerada si quería ser congruente con su trama. Si bien, el ritmo decae considerablemente por momentos, los matices que logra concretar (sin una profundidad enorme), sí dan posibilidades para entablar diálogos reales con el espectador.

Uzi es una película interesante por su pertinencia y las conversaciones socioculturales extrafílmicas que puede sostener. Muestra soltura en las capacidades de un director de breve carrera y eso siempre es valioso. Rompe ritmos y ciertas generalidades en este retrato de un personaje que, lamentablemente, irá siendo cada vez más común en la población mexicana: los viejos sicarios. Arrepentidos o no, existirán y a montones.

Puedes verla gratis aquí