Cinco razones (que no son Henry Cavill) para ver The Witcher

Por: Citlalli Juárez (@citlallijuarez)

Después del amargo sabor de boca que dejó la última temporada de Game of Thrones y con la serie El Señor de los Anillos de Amazon apenas en preproducción, Netflix ha dado en el clavo con el lanzamiento de su propia serie de fantasía medieval. 

The Witcher se estrenó el pasado diciembre en la famosa plataforma de streaming y logró cautivar a muchos de los espectadores, consiguiendo el 92% de la puntuación del público en Rotten Tomatoes, a pesar de la baja valoración de la crítica especializada.

Y no es sorpresa que en el público la haya recibido tan bien, pues su historia involucra elementos mágicos, criaturas mitológicas, héroes renegados y batallas épicas; fórmula comprobada, más que eficaz para cautivar a chicos y grandes. Si no te has animado a dale play, te comparto cinco razones (que no son Henry Cavill) para entrarle a The Witcher.

The Witcher y su legado

Para reconocer la importancia de The Witcher en la cultura pop actual, es importante mencionar que la serie es una adaptación de La espada del destino y El último deseo, una colección de cuentos escritos por el autor polaco Andrzej Sapkowski. Estos libros a su vez sirvieron de inspiración para la creación de los videojuegos The Witcher, una de la sagas más grande y querida alrededor del mundo. 

Tanta es la importancia de este videojuego, que en 2011 cuando el presidente Barack Obama visitaba Polonia, el Primer Ministro polaco ignoró los regalos típicos y optó por darle al presidente una edición de colección del videojuego The Witcher 2: Assassins of Kings como gesto diplomático. El Primer Ministro argumentó que el videojuego “es un tributo a los talentos y la ética de trabajo de la gente de Polonia”. 

Además de los productos para consolas, también hay cientos de versiones de videojuegos para celular, figuras de colección, juguetes, artículos oficiales, juegos de mesa y hasta una burda adaptación para serie de televisión que todos prefieren olvidar. Esto hace de The Witcher un fuerte legado de más de 40 años. 

Vestuario

Tim Aslam, diseñador de vestuario, recopiló información sobre ropa gótica y renacentista como inspiración para la línea temática de los trajes y vestidos. Ante la alta expectativa de los fans del videojuego y los amantes de los libros acerca de la armadura de Geralt de Rivia, Aslam consiguió captar la esencia del personaje y fusionarla con la comodidad que necesitaría Cavill para filmar las escenas de peleas e intensa actividad física.

Por otra parte, los atuendos de los personajes femeninos tampoco decepcionan. Aslam supo identificar las fortalezas y añoranzas de cada una de las mujeres y es así como logró representar su travesía y crecimiento, además de crear atuendos tan icónicos como la armadura dorada de la Reina Calanthe, el vestido de baile de Yennefer o la bella capa azul turquesa bordada a mano de la Princesa Cirilla. 

Un mundo caótico regido por reglas

En el mundo de The Witcher hay peligro en todo momento y no siempre es causado por algún monstruo o criatura ancestral, sino también por los mismos héroes. El “caos, término recurrente en la serie, se devela poco a poco ante los espectadores como el resultado de una serie de decisiones tomadas por los protagonistas; ellos desconocen la importancia de éstas, pero serán afectados por ellas de igual manera.

Lo anterior hace que la serie y sus personajes se sientan más cercanos, que se padezcan sus decadencias y se sufran sus desventuras. También se introduce el término “destino” como una fuerza igualmente poderosa que el caos y por la cual los personajes se deben regir y no ignorar, pues las consecuencias pueden ser terribles. Es así que algo tan sencillo como negar una visita de nuestro héroe Geralt puede terminar en la caída de una gran ciudad. 

Desarrollo de personajes femeninos

Aunque el héroe principal es Geralt de Rivia, es innegable que las mujeres con quienes comparte pantalla brillan por sí mismas debido a la naturaleza de sus personajes. Se exploran diferentes roles para las mujeres y sus diferentes motivaciones, que varían drásticamente de una a otra.

Gracias a esta libertad en los perfiles femeninos es que podemos ver a una reina liderando sus ejércitos en el campo de batalla, sin depender de nadie para su propio cuidado, como la Reina Calanthe; una joven jorobada vendida por cuatro monedas, quien se convierte en la hechicera más poderosa de todo Aretuza; una niña pequeña que después de perder a toda su familia pelea por encontrar su “destino”, enfrentando el abandono y la soledad; además de un sinfin de historias de hechiceras poderosas que luchan por lo justo y por sus principios. 

Las historias de todas ellas son tan importantes como las de Geralt y ayudan a marcar la tendencia de personajes en la serie: definidos por una fuerza de voluntad increíble. 

Banda sonora épica

La banda sonora de The Witcher es uno de sus mejores atributos, pues consigue transportar al espectador al mundo fantástico debido a su fusión de sonidos modernos. La compositora Sonya Belousova y el compositor Giona Ostinelli trabajan juntos una vez más (anteriormente colaboraron en la banda sonora de The Romanoffs de Amazon Prime) y es un alivio decir que su dirección no decepcionó a los fans, quienes comparan gustosos el OST de la serie con el del videojuego The Witcher 3.

Belousova y Ostinelli mezclan elementos clásicos de las melodías medievales con sintetizadores modernos, violines y guitarras contrastados con bajos y reverbs, voces barítonas con tonos oscuros resaltados por delicadas voces femeninas que transmiten un sentimiento de misticismo. 

Además, no podemos olvidarnos de Toss a coin to your Witcher, la grandiosa canción interpretada por Jaskier (Joey Batey), el bardo carismático y mujeriego que acompaña a Geralt en sus viajes, el cual se ha posicionado como un himno para los seguidores, además de formar parte del soundtrack recurrente en la serie. Lamentablemente, esta es la única canción disponible en Spotify y Apple Music, razón suficiente para ver la serie y disfrutar el resto del soundtrack y banda sonora.

 

Cuatro razones para ver ‘Cindy La Regia’

Cindy La Regia ha desatado una discusión alrededor de sí misma y de las comedias románticas mexicanas, algo que lucía imposible en el futuro cercano. Por un lado, la crítica especializada ha vertido considerables elogios hacia la película dirigida por Catalina Aguilar Mastretta y Santiago Limón; por otro, un -amplio- segmento del público se resiste a caer en el barullo alrededor de esta adaptación. 

Es una película inteligente

Con esto no me refiero a que dé profundas reflexiones sobre la vida y el ser, sino que, inserta en su argumento sobre una chica fresa de San Pedro Garza García —–quien tras un shock amoroso huye a la Ciudad de México para encontrarse a sí misma- hay una verdadera contraposición de mentalidades. Una mentalidad conservadora representada por Cindy (Cassandra Sánchez-Navarro), la chica católica -Dios es “Daddy God”- cuya máxima realización vendría con el matrimonio, ante unas ideas más “liberales”, encarnadas en Angie “La Prim” (Regina Blandón), una “feminista odia-hombres” que cree en el trabajo, la autosuficiencia y el acompañamiento entre mujeres. Con el paso de los minutos se ve la evolución de la protagonista en muchas de sus convenciones, pero no lo adelantaré. Sin tabúes ni prejuicios.

Tiene un retrato fiel -¡al fin!- de las clases sociales que aborda

Esta es una de las grandes deficiencias de las películas mexicanas con pretensiones industriales… “comerciales”, pues. Es increíble que en equipos de múltiples guionistas no exista una sola idea de cómo autoescribirse -si entendemos de qué segmento socioeconómico suelen provenir estos escritores- ni mucho menos, de cómo escribir al otro. Vean Mirreyes vs Godínez y notarán de lo que hablo.

En esta película vemos identidades construidas a partir de una comprensión del entorno: la familia -o la ausencia de ella-, la ocupación, la sexualidad y el lugar de residencia. Esto último es fundamental, pues hay una excelente sátira sobre la idiosincrasia de ambos lugares, lo que me lleva al siguiente punto…

Es una comedia que… ¡da risa!

Cindy La Regia es una comedia con tonos románticos. Pero con comedia efectiva, basada en el ingenioso libreto de María Hinojosa, el cual mofa alrededor de muchos aspectos de las culturas que opone, regiomontana y chilanga, tales como la aparente obsesión capitalina con los bolillos o las relaciones entre primos que -dicen- son comunes en Monterrey.

Además, la comedia omite o no abusa de muchos mecanismos comunes de este género nacional como el pastelazo –slapstick- exagerado, el clasismo, el machismo (cosa que de hecho se juzga) o la homofobia. Se puede satirizar sin lanzar ofensas injustificadas o caricaturizaciones.

Las actuaciones son encantadoras

El guion se sustenta en las excelentes interpretaciones del elenco. Cassandra Sánchez-Navarro resulta ser una revelación en su primera aparición en pantalla grande al apropiarse totalmente de la persona de Cindy, la “niña más cool de México”. Regina Blandón da la que, en mi opinión, es la actuación de su carrera en su papel de bohemia iluminadora. Hasta Martha Debayle lo hace bien en su papel de jefa culera; fíjense que le sale muy natural… 

Entiendo los posibles prejuicios ante este género, especialmente porque no se ha demostrado que haya muchas propuestas distintas (aunque en esta página hay un conteo que rescata algunas), pero Cindy La Regia logra distinguirse por sus discursos y riesgos, los cuales existen y eso ya la aparta del resto de comedias que no se atreven a más. Tiene una suficiencia técnica que se aventura por momentos.

Mujercitas: coming-of-age sin boda final

Irving Javier Martínez (@IrvingJavierMtz) 

Jo March (Saoirse Ronan) es una escritora a destajo que publica anónimamente (con relativo éxito) en un diario neoyorkino. Después de la dura crítica de su amigo Friedrich (Louis Garrel), la joven entra en una crisis creativa que la llevará a renunciar a su carrera literaria. Tras recibir una carta con malas noticias, Jo debe regresar al hogar de sus padres, donde creció junto a sus hermanas Amy (Florence Pugh), Meg (Emma Watson) y la moribunda Beth (Eliza Scanlen).

Los elogios para Lady Bird (2017) venían de la crítica progre de Estados Unidos, quienes crecieron en la clase media emergente y encontraban en ese coming-of-age un reflejo de sus errantes vidas adolescentes. La película tenía un contexto local y anodino: los exagerados conflictos internos de una chica privilegiada por el simple hecho de ser estadounidense. Mujercitas (segunda producción de Greta Gerwig) tiene una perspectiva más completa sobre las desventajas sociales que enfrenta una mujer, cuyo único “deber” es casarse y tener hijos. El largometraje se aleja de la típica película de época (con bonito vestuario) para acercarse más al drama sobre infancias interrumpidas de Mustang (Deniz Gamze Ergüven, 2015).  

Existen dos grandes puntos positivos en esta nueva versión de la obra de Louisa May Alcott: el racionamiento de la cursilería y la alternancia de las líneas temporales. El filme de 1994 profundizaba demasiado sobre los respectivos romances de las hermanas, aspecto que Gerwig lleva a un segundo plano para dar mayor relevancia a la frustración matrimonial de Meg, las aspiraciones artísticas de Amy, el estancamiento creativo de Jo y la relación de Beth con el señor Laurence (Chris Cooper). En consecuencia, Laurie (Timothée Chalamet), Friedrich (Louis Garrel) y John Brooke (James Norton) –los intereses amorosos de las protagonistas– se vuelven personajes incidentales.

Te puede interesar: Oscar 2020, todas las nominaciones 

El desenlace tiene elementos que salvan al título de lugares comunes: los personajes rompen la cuarta pared, suceden elipsis abruptas y la protagonista se burla del corazón sentimental de este melodrama (el romance Friedrich-Jo). En los últimos minutos, Jo y su editor (Tracy Letts) comienzan a discutir sobre el final de la novela; después de aumentar el porcentaje de las regalías, Jo acepta casar a su alterego del libro con Friedrich. Esa alteración de la ficción es un guiño a la vida de Louisa May Alcott, “la solterona” a quien hace referencia el señor Dashwood; un cambio tan radical como hacer una adaptación de Crimen y castigo y finalizar con Raskólnikov saliéndose con la suya.


Gerwig juega con los paralelismos entre la actualidad y el ocaso del siglo XIX (con las primeras olas del movimiento feminista). Durante el luto, Jo experimenta un debacle emocional muy parecido a la crisis de “los casi 30” en Frances Ha (Noah Baumbach, 2012), con un anhelo por algo que en realidad no sabe qué es (mismo dilema planteado en Lady Bird, pero de una forma menos consistente). Lo incierto del porvenir de las chicas hace atractiva a esta película para los “millennials”, audiencia sin muchas narrativas empáticas con la fragilidad del adulto joven: sin futuro económico como Meg, egocentrista como Amy y reticente al matrimonio y la procreación como Jo.

No obstante, la película no alcanza la excelencia.  Si bien es cierto que desarrolla ideas importantes, cojea bastante al definir las relaciones entre las hermanas March. En comparación con otros dramas de época temáticamente similares, como Orgullo y Prejuicio (Joe Wright, 2005) –donde la lucha por conseguir “buen esposo” destruye los lazos afectivos entre las chicas Bennet–, en Mujercitas vemos demasiada bondad, imposible de creer. Apenas se sugiere la rivalidad entre Jo y Amy, pero se soluciona fácilmente, haciendo de la sororidad algo impostado y bobo (como en las versiones anteriores).

Te puede interesar: Oscar 2020, olvidos en las nominaciones

Por otro lado, esa falta de discordia no arruina el melodrama (intensificado con esa maravillosa estructura narrativa). La enfermedad de Beth es un excelente hilo conector del presente y el pasado; esa “ceremonia” (nacimiento, boda, funeral) que obliga a toda familia a desempolvar los malos y buenos recuerdos, como sucede en The Meyerowitz Stories (Noah Baumbach, 2017). Esa ruptura de la linealidad tradicional convierte a Mujercitas en un drama moderno y refrescante (con un oportuno mensaje de empoderamiento femenino).

De Lady Bird a este título existe un incremento en las ambiciones creativas de la directora, aunque aún le falta ese pequeño plus fuera de la zona de confort (del cual Sofia Coppola ya salió con The Beguiled, por ejemplo). La adaptación de Mujercitas aún está en ese estadio hipster de los directores neoyorkinos, ansiosos por ser cool y radicales al mismo tiempo. Con su corta filmografía (incluidos los guiones coescritos), Greta Gerwig se ha esforzado en construir un discurso contundente sobre los desconciertos e inseguridades del adulto contemporáneo y las expectativas no cumplidas, ideas que madurarán en sus futuras películas. 

Seis películas para acercarte al cine sudamericano

Por: Rubí Sánchez (@rubynyu)

En los últimos años, el cine en Sudamérica ha logrado posicionarse en el gusto del público mundial: desde títulos multipremiados, éxitos comerciales, hasta el descubrimiento de directores únicos, quienes manifiestan una nueva mirada y temas propios de sus contextos.

Seis países del territorio sudamericano han sido los principales productores de películas que se han alejado de los estilos del cine tradicional: Chile, Colombia, Uruguay, Paraguay, Argentina y Brasil. Cada uno cuenta con una producción prolífica; el siguiente listado resume la primera década del 2000 y explora filmes que sentaron las bases para el cine que actualmente se produce en sus países. 

Colombia

Directores como Ciro Guerra y Alejandro Landes comenzaron su carrera en este periodo, pero fue hasta 2015 y 2011 respectivamente cuando demostraron su estilo tan particular, el primero con El abrazo de la serpiente y el segundo con Porfirio. 

Las cintas más exitosas de principio de la década ya auguraban la presencia que el crimen organizado tendría en el cine y la cultura pop de toda Latinoamérica, con historias como Rosario tijeras (Emilio Maillé, 2005) y María, llena eres de gracia (Joshua Marston, 2004).

Rosario Tijeras

Sin embargo, Perro come perro (2007) de Carlos Moreno es la que mejor revela la realidad vivida por los colombianos. El protagonista, Víctor Peñaralda (Marlon Moreno), intenta quedarse con el dinero de un atraco mientras busca desesperadamente a su esposa e hija. Las escenas en exteriores fueron grabadas en la ciudad de Cali, la cual hace un juego perfecto con el tono, al tiempo que sostiene la crudeza y lo sofocante de su fotografía. Lo esencial del filme es la sátira en referencia al título: refleja en los perros de la ciudad la realidad de los colombianos asolados por un contexto violento. 

Perro come perro

La ópera prima de Carlos Moreno, quien después realizó Todos tus muertos (2011), El cartel de los sapos (2012) y ¡Que viva la música! (2014), fue presentada en la Selección Oficial de Sundance 2008 y en el Festival de Cine de San Sebastián.

 

Uruguay

Al mismo tiempo, el cine en Uruguay vivió su gran boom con el trabajo de Pablo Stoll y Juan Pablo Rebella, permitiendo el crecimiento de otros directores como Beatriz Flores Silva, Guillermo Casanova y Federico Veiroj, este último conocido por su más reciente película, Belmonte de 2018.

Whisky (2004) es un buen ejemplo de las convenciones que ha tomado el cine uruguayo, sin grandes pretensiones, pero con historias poderosas. El trabajo de Pablo Stoll y Juan Pablo Rebell consiguió el reconocimiento de una industria ya asentada, al recibir los premios en la sección Un certain regard y del FIPRESCI en el Festival de Cine de Cannes

Whisky

Una historia apacible sobre amores tardíos. Mediante un trato entre el dueño de una fabrica de calcetines y su empleada más leal, buscan engañar al hermano del primero, haciéndose pasar por marido y mujer. La pareja formada por Jacobo (Andrés Pazos) y Marta (Mirella Pascual), logra un retrato agudo de las relaciones maduras. A ella dicho papel le valieron premios a Mejor actriz en el Festival Internacional de Cine de Tokio y de Guadalajara. 

La historia no necesita de grandes giros para sorprender y es más su tono sosegado lo que captura la atención del espectador. Su lado cómico se encuentra en las situaciones vividas por los protagonistas, quienes sin llegar a ser hilarantes, son muestra de una sensibilidad sencilla.

Chile

La nana (2009) de Sebastián Silva o los primeros trabajos de Pablo Larraín son apenas algunos antecedentes de lo que pudimos ver la década pasada, con temáticas más diversas. La memoria histórica es una de ellas, explorada en el cine de toda Sudamérica, pero especialmente Chile se distingue por películas que buscan no olvidar los eventos vividos como nación. 

Machuca (2004) de Andrés Wood cumple ese objetivo a través de la experiencia de los niños Gonzalo Infante y Pedro Machuca, pertenecientes a diferentes clases sociales. Vivimos en la ciudad de Santiago los momentos antes del golpe de estado, mismo que acarrearía 17 años de dictadura. 

Machuca

Presentada en el Festival Internacional de Cine de Vancouver y el Festival de Cine de Bogotá, Machuca es una historia sobre la amistad y el descubrimiento personal por medio del encuentro con los otros. Es un filme entrañable, duro y que no permite olvidar.

 

Paraguay 

El cine de Paraguay que hemos visto en nuestras salas ha sido poco, pero trabajos como el de Juan Carlos Maneglia junto a Tana Schémbori en 7 cajas, así como Las herederas (Marcelo Martinessi, 2018) nos permiten observar dos vertientes en la industria. La primera con problemas sociales como punto de partida, mientras la segunda se decanta por tonos sobrios y contemplativos. 

Una cinta que logró juntar ambos elementos es Hamaca Paraguaya (2006) escrita y dirigida por Paz Encina. Se diferencia a las demás por ser hablada en una lengua indígena y haber ganado el Premio FIPRESCI en Un certain regard del Festival de Cannes.

Hamaca Paraguaya

Hablada en guaraní, uno de los dos idiomas oficiales de Paraguay, la historia sigue a una pareja de ancianos que viven los últimos momentos de la Guerra del Chaco, misma librada entre Paraguay y Bolivia, enfrentamiento al cual su hijo fue llamado a luchar.  

 

Con apenas 75 minutos de duración, es un ejercicio poético sobre una añoranza no permitida. Dos personajes, pocas locaciones, planos largos y diálogos cotidianos construyen la identidad de un pueblo asolado por las diferencias sociales. 

Argentina 

El cine argentino tiene bases contundentes para que su industria sea una de las más fuertes en el continente. Se trata de un sistema que conjunta el cine de autor y el comercial de manera afortunada, de ahí que Lucrecia Martel y Lisandro Alonso tengan un lugar esencial con su cine tan característico.

No obstante, existen otras producciones que lograron posicionar la industria argentina desde otro enfoque. La dupla entre el director Juan José Campanella y el actor Ricardo Marín ha conseguido gran parte del éxito y consolidación de esta industria. Desde su primera cinta juntos en 1999, sus trabajos permiten un vistazo al tipo de producciones en Argentina. Si bien El secreto de sus ojos es la más conocida, es El hijo de la novia (2001) la cual nos permite vislumbrar el camino tomado por el cine: historias inteligentes que no están peleadas con el humor.  

El hijo de la novia 

Nominada al Oscar a la Mejor Película Extranjera, manifiesta el autodescubrimiento de Rafael Belvedere de 40 años, a raíz del deseo de su padre de casarse con su madre por la iglesia, a pesar de que ella padece Alzheimer. Un ejercicio lleno de ternura hecho con la seriedad necesaria para abordar temas polémicos. 

Brasil

El cine brasileño en sus diversas formas, desde el Cinema Novo, pasando por el cine b y hasta el trabajo actual de directores como Kleber Mendonça Filho, Petra Costa, Gabriel Mascaro hasta Daniel Ribeiro, ha presentado una mirada diferente a temáticas clásicas. 

En la década de los 2000 fue relevante el trabajo de Daniela Thomas con Walter Salles en Linha de Passe (2008) y de Cao Hamburge en El año en que mis padres se fueron de vacaciones (2006). Sin embargo, la película brasileña más celebrada y conocida en el mundo fue Ciudad de Dios (Fernando Meirelles, Kátia Lund, 2002)

Ciudad de Dios

Basada en una historia real, presenciamos los intentos de Buscapé para alejarse de la violencia de las favelas, mientras narra la guerra que provocan dos bandas que se enfrentan por el territorio llamado Ciudad de Dios. 

Se convirtió en un fenómeno que acrecentó la fama del cine brasileño, narrada de forma no lineal, con un excelente fotografía estrambótica y delirante, sedujo a las audiencias nacionales y extranjeras con una cinematografía excepcional.

Talento mexicano en el cine internacional

Por: Sebastián López (@sebs_lopez)

México es un país referencial en cuanto a la cinematografía. Del cine contemporáneo hoy figuran a nivel internacional tres cineastas populares: Guillermo del Toro, Alfonso Cuarón y Alejandro González Iñárritu, así como actores reconocidos por sus distintivos papeles como Diego Luna y Gael García Bernal.

Sin embargo, tales nombres no son los únicos que actualmente se distinguen en el plano fuera de México. Hay una variedad de talento nacional que le está dando forma a reconocidos proyectos del cine internacional: 

Gastón Pavlovich

¿Cómo un economista con experiencia en funciones públicas puede conquistar a Hollywood mediante su innata pasión de contar historias? “La pasión e inspiración”, esa es la respuesta del productor nacido en Sonora, quien se inició en el cine con El estudiante (2009), la cual escribió durante seis años antes y estuvo inspirada en su abuelo materno. El título también fue su primera producción. 

Pavlovich empezó a viajar por el mundo gracias a Max Rose (2013), película protagonizada por Jerry Lawis, una noche en el Festival de Cannes, los representantes de Scorsese se interesaron en él. 

Gastón, al trabajar con Martin Scorsese y juntos darle vida a Silence, la única película rechazada del director en Hollywood por la temática manejada (religión), sentía la necesidad de tomar retos totalmente arriesgados. Y la oportunidad llegó con El Irlandés, una de las apuestas más ambiciosas de Netflix con la cual terminó por meterse de lleno a la industria del séptimo arte.

Te puede interesar: Martin Scorsese, las claves para entender su estilo

Su experiencia en el Gobierno de México lo ayudó a mantenerse firme en todos los temas hollywoodenses. Trabajar con lobos llenos de vanidad, egolatría y mucho poder, lo inspiraron para seguir los mismos pasos desde otra perspectiva. Actualmente es uno de los productores más importantes de Hollywood con su compañía productora Fábrica de Cine, Gastón está orgulloso por poder filmar en más de siete países, “cometiendo errores”; eso lo define para seguir aprendiendo y dejar una marca en la cinematografía. 

Galo Olivares

Roma (Alfonso Cuarón, 2018) fue en la primera gran producción en que participó el egresado del Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC); una locura cinematográfica alimentada de su misma polémica, aquella que envuelve a Galo Olivares en su crédito como colaborador cinematográfico. 

Su enfoque artístico ha ido sorprendiendo a su entorno. Inició como cinefotógrafo en cortometrajes, hasta que en 2016 participó en El vigilante (Diego Ros). Después de un 2019 de producción, este fin de mes regresará con Hansel y Gretel, un thriller fantástico escrito por Rob Hayes y dirigida por Oz Perkins. Se trata de su primera participación en una película en inglés, estrenada en la misma temporada en la que Saria (Bryan Buckley), producción estadounidense que igualmente fotografió y compite por el Oscar a Mejor cortometraje de ficción. 

Galo Olivares recuerda la importancia de un director de fotografía, aquel que encabeza lo relacionado a un producto cinematográfico, básicamente: todo. El cine es un arte audiovisual y su rol es esencial para el proyecto. 

Eiza González

Actriz y cantante mexicana, originaria de Sonora, es hija de Glenda Reyna, una ex modelo bastante destacada en México. Su infancia estuvo marcada de fuertes, su padre Carlos murió en un accidente cuando ella tenía 12 años, edad a la que fue pronosticada con trastorno por déficit de atención. Su misma hiperactividad impactó de manera positiva en su carrera; a los 14 años fue aceptada en el Centro de Educación Artística (CEA) de Televisa y después protagonizó algunas telenovelas, la más destacada Lola, érase una vez.

Por tal título fue que la actriz se convirtió en un fenómeno, Eiza hizo varias giras cantando los temas musicales más representativos de la telenovela. Posteriormente participó en otras telenovelas como Sueña Conmigo y Amores Verdaderos

Conforme han pasado los años, Eiza ha fortalecido su experiencia con oportunidades en el extranjero; Jem y Los Hologramas (Jon M. Chu, 2015) y la serie From Dusk Til Dawn: The Series, son algunos de ellasRecientemente formó parte del elenco de Baby Driver (Edgar Wright, 2017), The Women of Marwen (Robert Zemeckis, 2018) y Alita: Ángel de combate (Robert Rodríguez, 2019).

Eiza cuenta con actuaciones completamente naturales; pese a estar en proyectos hollywoodenses no bien recibidos por parte de la audiencia, seguiremos viendo su crecimiento actoral. Para este año se espera el estreno de dos proyectos en los que participa: Bloodshot (Dave Wilson) y Cut Throat City (RZA), además de Godzilla vs. Kong (Adam Wingard) y I Care a Lot (J Blakeson), los cuales están en postproducción. 

Cecilia Suárez 

Actriz de cine y televisión mexicana, quien recientemente destacó por su participación en La casa de las flores de Netflix, convirtiendo a su personaje Paulina de la Mora como el papel más popular de su carrera actoral. 

Originaria de Tampico, Tamaulipas, se trata de la primera actriz de habla hispana en ser nominada en los Premios Emmy Internacional por su trabajo en Capadocia, serie de HBO. Antes de romperla en productos televisivos y cinematográficos de otros países, estudió teatro en la Universidad del Estado de Illionis en Estados Unidos. Su primera participación en el cine fue con Sexo, pudor y lágrimas (Antonio Serrano Argüelles, 1999). 

A lo largo de su carrera ha participado en producciones internacionales como The Air I Breathe (Jieho Lee, 2008), Los tres entierros de Melquiades Estrada (Tommy Lee Jones, 2005), Spanglish (James L. Brooks, 2004), así como en series de televisión como Medium, su trabajo más destacado en TV. La aportación de Cecilia en obras de teatro como Otelo y Pequeñas certezas la han llevado a ser reconocida como miembro oficial de la Compañía de Teatro en Chicago.

Después de tales participaciones, Suárez -quien ha participado en cinco películas de Manolo Caro- dejó claras sus intenciones de desempeñarse en proyectos lejos de la mirada estadounidense. En una entrevista en 2018 para Quien, declaró: “Me parecía que los roles para mexicanas en Hollywood eran características burdas y poco concretas de lo que en verdad somos las mujeres”.

Celiana Cárdenas 

La primera cinefotógrafa en México, lo cual fue todo un reto, ya que en los años 90 los hombres dominaban dicho puesto. Se hizo cinéfila desde pequeña gracias a su mamá; al crecer, Celiana se adentró en el arte de la fotografía y tomó clases con Pedro Meyer y Graciela Iturbide. Cuando Salvador Aguirre la invitó como script a su tesis, comenzó su camino en el cine. Posteriormente trabajó como asistente de Rodrigo Prieto, Guillermo Granillo, Xavier Pérez Grobet y Emmanuel Lubezki

Te puede interesar: Una mirada a las cinefotógrafas mexicanas 

Su nombre empezó a sonar en la industria cinematográfica de otros países y con el paso de los años, Celiana ha acumulado diversos reconocimientos y trabajado con diversos cineastas como Alejandro Springall, Sergio Umansky y Carlos Sariñana. Es la primera mexicana en ingresar al IATSE 667, que es el sindicato de cámara en Toronto, asimismo, es la primera mujer en fotografiar una serie en primetime para la Canadian Brodcasting Corporation (CBC), la cadena canadiense más importante. Sin duda un gran ejemplo a seguir para todas las mujeres que desean ser directoras de fotografía. 

Rodrigo Prieto

El director de fotografía mexicano que ha logrado trasladar el lenguaje de Martin Scorsese a la pantalla en tres ocasiones, destaca en el medio internacional por la variedad de directores con quienes ha participado. Egresado del Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC), pertenece a la línea temporal de grandes mexicanos como Gabriel Beristain, Guillermo Navarro, Emmanuel Lubezki, entre otros. El trabajo más reconocido en el inicio de su trayectoria fue en Amores Perros (Alejandro González Iñárritu, 2000), en donde ocupó colores cálidos. Prieto acompañó a Iñarritu nuevamente con su cámara en 21 gramos (2003), Babel (2006) y Biutiful (2010). 

Te puede interesar: Rodrigo Prieto, las claves para entender su estilo

También realizó la fotografía en Frida (Julie Taymor, 2005) y formó parte del equipo de Oliver Stone en los documentales Comandante (2003) y Persona non Grata (2002). En 2005 tuvo su primera nominación al Oscar por Secreto en la montaña (Ang Lee). 

Prieto es un orgullo para la cinematografía mexicana, su técnica hace de las texturas y la gama de colores un trabajo sublime. Tiene créditos en 30 largometrajes, entre los que también encuentra su colaboración con cineastas europeos como Pedro Almodóvar. 

En la actual temporada de premios, Rodrigo Prieto compite por del Oscar y el BAFTA a Mejor fotografía por El irlandés.

Te puede interesar: Oscar 2020, todas las nominaciones

Eréndira Ibarra 

Se inició en el cine a principios de los 2000 como asistente de casting. Posteriormente, la egresada de Casa Azul, se trasladó a la actuación en largometrajes con los directores Fernando Sariñana e Issa López.

El asenso en su carrera llegó con su participación en series como Infames y Capadocia, hasta llegar a estadounidense Sense8, en la que interpretó a Daniela Velázquez durante las dos primeras temporadas. Recientemente se anunció que será parte del elenco de Matrix 4, producción dirigida por Lana Wachowski.

Mayes C. Rubeo

Al igual que Rodrigo Prieto, es uno de los talentos nacionales que están en la lista de nominaciones de los próximos Oscar y BAFTA; compite por el premio a Mejor diseño de vestuario por Jojo Rabbit (Taika Waititi). Su primera colaboración con el cineasta neozelandés fue en Thor: Ragnarok (2017)producida por Marvel Studios.

Te puede interesar: BAFTA 2020, todas las nominaciones

Respecto a la experiencia de trabajar con Waititi, mencionó: “Tiene una visión súper clara y estaba muy involucrado porque le encantan los disfraces, la ropa y la moda, se prueba todo. Él presta toda su atención y su experiencia artística y su mente ecléctica lo hacen tan caprichoso y divertido”. (Buro247)

En su amplia trayectoria, iniciada en los años 90, Mayes ha diseñado el vestuario de importantes películas estadounidenses, entre ellas Apocalypto (Mel Gibson, 2006) y Avatar (James Cameron, 2009). Cuenta con 20 años de experiencia y es un nombre indispensable en la industria del cine norteamericano.  

GIFF 2020 abre convocatoria gratuita para películas nacionales

Con el objetivo de apoyar al talento nacional, el Festival Internacional de Cine de Guanajuato (GIFF por sus siglas en inglés) mantiene la inscripción gratuita en sus 12 categorías para las películas mexicanas.

La edición 23 del GIFF se realizará del 17 al 26 de julio en sus tradicionales dos sedes: San Miguel de Allende y Guanajuato. La convocatoria, dirigida a producciones nacionales e internacionales, estará disponible del 23 de enero al 1 de abril.

Las categorías son para largometraje son: Ficción México, Ficción Internacional, Documental México y Documental Internacional. Para cortometraje se contemplan: Ficción México, Ficción Internacional, Animación, Documental México, Documental Internacional, Experimental, Realidad Virtual y Cortometraje Guanajuato.

Como parte del programa de desarrollo y formación de cineastas nacionales, realizado con el apoyo de instancias internacionales, el festival ha becado a dos realizadores para acudir al Rotterdam Lab del próximo Festival Internacional de Cine de Rotterdam, el cual se llevará a cabo del 22 de enero al 2 de febrero.

Se trata de Ilana Coleman, directora, guionista, editora y productora, nombrada una de las Nuevas caras del cine independiente por la revista Filmmaker Magazine en 2017. Por su parte, Juan Farré se dedica a la producción y a la publicidad; ha trabajado en títulos como Mañana Psicotrópica (2015) y Muerte al verano (2019).

Consulta la convocatoria aquí

 

Cuatro películas bélicas (y una serie) desde la perspectiva alemana

Irving Javier Martínez (@IrvingJavierMtz) 

Lo dice Chris Hedges: “war is a drug”. ¿Por qué nos siguen gustando las películas sobre la Primera y Segunda Guerra Mundial? De acuerdo con el guionista Frank Cottrell Boyce, “la guerra se ha convertido en una metáfora, no sólo en la historia, puedes configurarla como quieras”. En este sentido, la representación de los alemanes durante la guerra ha sufrido demasiadas “transformaciones” en beneficio de las versiones oficiales de Hollywood e Inglaterra.

En 1917 (Sam Mendes, 2019) una avioneta enemiga se desploma. Los dos protagonistas intentan salvar al piloto, pero este apuñala a un soldado británico. Más tarde, Schofield (George MacKay) se enfrenta en Écoust a un grupo de diabólicos y psicópatas alemanes emergidos de entre las llamas y las sombras. Es interesante cómo la imagen se asemeja más al aspecto de los soldados nazis que a los del Imperio Alemán.

Títulos como Sin novedad en el frente (Lewis Milestone, 1930) permiten comparar la idea del enemigo alemán antes y después del nacionalsocialismo: carniceros cegados por el fanatismo, con una xenofobia traída en las venas –idea validada por obras maestras como The Nasty Girl (Michael Verhoeven, 1990), La cinta blanca (Michael Haneke, 2009) o En la penumbra (Fatih Akin, 2017)– . Esa situación no sucede con los enemigos japoneses e italianos, a quienes se les da la oportunidad de la autoindulgencia (Cartas desde Iwo Jima, 2007), recordando que Hiroshima y Nagasaki son la deuda moral de Estados Unidos.

Según Umberto Eco, la demonización del enemigo extranjero es un proceso innato en la humanidad, dotándolo de características que lo diferencien de nuestro bando. En la corta historia del cine, el nazismo dio un pretexto a Hollywood (y otras industrias) para afianzar estereotipos. Los alemanes también abordan el tema, pero mayoritariamente desde la culpa (Phoenix, 2014) o el humor negro (El tambor de hojalata, 1979) –situación muy justificable, por respeto a las víctimas–. Esta perspectiva es positiva, ya que recordar los exterminios nos lleva a evitar la filmación de atrocidades como En tierra de sangre y miel (Angelina Jolie, 2011).

Pocos realizadores se atreven a superar la frontera de la autocensura, retratando el campo de batalla desde una mirada “patriótica”. Curiosamente, estas producciones suelen ser más antibélicas que las hollywoodenses (donde no se cansan de exaltar su triunfo). A continuación mencionamos algunas.

Sin novedad en el frente (Lewis Milestone, 1930) y Westfront 1918 (Georg Wilhelm Pabst, 1930)

Basada en la novela de Erich Maria Remarque y ambientada durante la Primera Guerra Mundial, la oscarizada Sin novedad en el frente es uno de los primeros discursos antibélicos más contundentes en la historia del cine. Parte de la crítica a la propaganda impartida a las juventudes alemanas –en vísperas del ascenso de Hitler– y la desilusión posterior de las víctimas retornadas desde el infernal campo de batalla.

El mismo año se estrenó Westfront 1918 (1930) de Georg Wilhelm Pabst, filme que arranca de lleno con el día a día de cuatro soldados de trinchera (sin concesiones poéticas como “la mariposa” en Sin novedad en el frente). A diferencia de la película de Lewis, cuenta con una aproximación más desgarradora sobre los hombres hambrientos y enloquecidos por las bombas y el fango.

Es interesante comparar ambos trabajos para tener un panorama amplio: mientras la primera tiene un abordaje a la distancia, la segunda (una de las primeras producciones en integrar el sonido directo) tiene un catálogo de momentos siniestros que lanza alertas sobre los riesgos de una nueva guerra (discurso acusado de “derrotista” por Goebbels).   

El Puente (Bernhard Wicki, 1959)

En Jojo Rabbit (Taika Waititi, 2019) se ridiculiza a las Juventudes Hitlerianas como un squad de niños diabólicos obsesionados con el odio contra los judíos (verdad a medias). En El Puente (Bernhard Wicki, 1959), basada en un supuesto hecho sucedido en 1945, un grupo de adolescentes son asignados a la defensa de un puente. Tras eventos desafortunados, los chicos organizan un bloqueo contra los soldados estadounidenses sin saber que el verdadero plan de sus superiores era volar el lugar con explosivos.

El mismo año que El diario de Ana Frank (George Stevens, 1959) llegaba a carteleras, esta película intentaba humanizar a los jóvenes alineados a la ideología nazi. ¿Qué tan lejos podrían estar de un adolescente norteamericano deseando convertirse en héroe de guerra? La película no niega la ideología subyacente en la cotidianeidad de los alemanes; sin embargo, previo al trágico final, vemos una amplia gama social que muestra a los pequeños soldados desde diferentes sectores de un mismo pueblo (ajenos a la perversión de los adultos). Esta película abriría la puerta a la diversificación de versiones, tras la que vendrían El día más largo (Ken Annakin, Andrew Marton, Darryl F. Zanuck, Bernhard Wicki y Gerd Oswald, 1963) o La cruz de hierro (Sam Peckinpah , 1977).

El submarino (Wolfgang Petersen, 1981)

Según un artículo de Andrew Pulver para The Guardian, las películas bélicas intentan crear una verosímil y memorable idea “totémica” sobre los hechos. El Submarino es eso para el cine alemán –estatus validado por Estados Unidos con las 6 nominaciones al Oscar–. La película recrea el viaje de la patrulla submarina U 96, en su patrullaje por la zona. En el Submarino no hay demasiada complicación en el argumento, debido a la falta de escenas cuerpo a cuerpo contra los Aliados; razón por la cual fue aceptada unánimemente por audiencia y crítica de todo el mundo.

En esta superproducción –la más costosa de la nación, hasta ese momento– los marinos alemanes tienen una dimensión heroica parecida a la hollywoodense, donde se enarbolan la fraternidad y la camaradería (sin las actitudes criminales de los estereotipos fílmicos). No por eso, la película se libra de la desmoralización y locura del cine bélico, alcanzando su cenit en el incidente del estrecho de Gibraltar (uno de los momentos más claustrofóbicos en la historia del cine). 

Stalingrado (Joseph Vilsmaier, 1993)

Leyendo diarios descubrimos que a principios de la década de los 90 se vivió una oleada de movimientos neonazis en Alemania –odio racial parecido al desatado tras el triunfo de Trump–. En ese contexto se estrenó Stalingrado, una superproducción sobre la fallida invasión a las gélidas tierras rusas. La controversia de esta película se encontraba en su asimilación del pasado, carente de culpa y con una “cínica” victimización. Los protagonistas no son los rubios arios de la propaganda ni el maquiavélico asesino despiadado de Notorious (Alfred Hitchcock, 1946), sino hombres mundanos intentando escapar del infierno invernal.

Con más de 50 años de distancia, la película se interesó por los conflictos dentro del mismo bando –como la constante amenaza de los altos mandos militares contra sus mismos combatientes, aplicando castigos por placer–, llevando a los subordinados a la deserción o el suicidio. Después de un ataque, el magnífico personaje de Dominique Horwitz reconforta a otro soldado diciendo: “alégrate de poder llorar”, el tipo de gestos y diálogos que intentan borrar la idea de los militares adiestrados para no sufrir por el dolor ajeno. 

Los hijos del Tercer Reich (2013)

En la década que terminó, surgieron interesantes revisiones sobre el pasado reciente de Alemania. Quizás la más ambiciosa sea esta producción, miniserie de tres episodios que entrelaza las vidas de cinco jóvenes durante la Segunda Guerra Mundial. El drama se toma bastantes licencias, la más controvertida es que uno de los chicos protagonistas es judío. Dejando de lado las imprecisiones históricas, la audiencia se preguntó: ¿cómo pueden estos chicos (adoctrinados en el nazismo) ser amigos de un judío? Como en su momento con La caida (Oliver Hirschbiegel, 2014), la crítica especializada calificó de banal y perturbadora la justificación del apoyo social a Hitler.

A causa de las implicaciones morales de cada personaje (con su propio muerto en la consciencia), es complicado adentrarse en esta serie. La antes mencionada deuda por el holocausto hace difícil aceptar las redenciones finales planteadas por la trama, la cual tira de hilos acusatorios nunca considerados (como el antisemitismo de los partisanos). Estas contradicciones adquieren una mayor coherencia tras ver la Babylon Berlin de Tom Tykwer, thriller ambientado en el periodo entreguerras que da un vistazo a las ideologías decisivas en el futuro apoyo al führer.