Filmoteca UNAM ofrece gratis en línea clásicos del cine mexicano

Por: Erik León (@erictronikRKO)

Como parte del programa “Cultura UNAM en casa”, la Filmoteca de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) ofrece 19 diversos títulos del cine mexicano, pertenecientes tanto a la Época de Oro como al cine de las décadas 60, 70 y 80.

Se trata de una selección variada que incluye tanto ficción como documental. Tales filmes forman parte de la más reciente temporada de películas que ha liberado la Filmoteca; las anteriores, que también contemplan cine experimental e independiente, aún se encuentran disponibles aquí.

Títulos como Dos monjes (Juan Bustillos Oro, 1934), El grito (Leobardo López Arretche México, 1968), La otra (Roberto Gavaldón, 1946), De todos modos Juan te llamas (Marcela Fernández Violante, 1974), El tren fantasma (Gabriel García Moreno, 1926), ¡Vámonos con Pancho Villa! (Fernando de Fuentes, 1935), entre otros, son los que te esperan en la página web de la Filmoteca.

Con esta programación, la institución busca acercar a nuevos públicos a las películas clásicas del cine mexicano y a aquellas que destacan por sus aportes temáticos y/o cinematográficos.

El “sexenio de la exhibición del cine mexicano”: lejos de la realidad

Por: Leticia Arredondo (@leetyAV)

“Generar curiosidad por un cine diferente y hacer algo que faltaba en nuestras comunidades” fue lo que impulsó a Anahí Estudillo y a Hibrahin Bañuelos a crear Nayar Lab Cinema, una sala de cine alternativa en Tepic, Nayarit, el estado donde llega menos cine mexicano: pasó de 36 títulos exhibidos en 2018 a 29 en 2019, lo que representa una baja del 19.44%. Nayarit cuenta con ocho complejos cinematográficos, de acuerdo al Anuario Estadístico del Cine Mexicano del Instituto Mexicano de Cinematografía (IMCINE); pero la asistencia que registra Nayar Lab Cinema, el cual ante el contexto de la pandemia por COVID-19 se encuentra vulnerable a desaparecer, no figura en dicho documento. En la misma situación están otros tres cines: Cine Too en Oaxaca, El Cine Club en Playa del Carmen y Cine La Mina en Guanajuato, lugares que en conjunto han lanzado una campaña para cubrir gastos fijos y apoyar a sus colaboradores.

Según el anuario, en México existen 615 espacios de esta naturaleza independiente. Estos lugares alternativos surgen para “rastrear películas que se esconden de repente o que son escondidas por todo este monstruo de las salas comerciales”, como lo expresa Leslie Borsani en el caso de Cine La Mina, del cual es fundadora. Igualmente, suelen nacer como sitios únicos de exhibición cinematográfica en regiones donde el desplazamiento para visitar una sala de cine es considerable en comparación al de la capital del país. En Nayarit, el promedio de distancia por habitante para llegar a un complejo cinematográfico es de 28.87 km, cuando en la Ciudad de México es de 1.71 km.

Guelatao es otra de las zonas en México donde más kilómetros se deben recorrer para llegar a una sala de cine comercial: 60, cifra que supera el promedio en Oaxaca, que es de 50.59 km. Ahí, en la región reconocida por ser la cuna de Benito Juárez, se encuentra Cine Too, que cuenta con una sala para 75 personas y opera desde 2016. Para Luna Marán, una de las encargadas de programación, falta que el IMCINE visibilice el trabajo que hacen las salas independientes.

Tal necesidad de vinculación no sólo se pretende como un reflejo en las estadísticas, sino en la articulación para un mejor funcionamiento. Anahí considera que estos espacios “son esa pequeña luz para el cine mexicano que realmente está encendida” y que finalmente “no podemos solos, aunque estamos solos”.

A más producción, menos exhibición

En el mismo documento del IMCINE, que se realiza desde hace 10 años, se indica una alza en cifras relacionadas con el consumo de cine en México en el último año: el ingreso en taquilla y la producción. Aumentos de 26% y 16% respectivamente. En contraste, los números relacionados con la exhibición de tal producción, así como su llegada a todo el territorio nacional, se registró a la baja en el mismo periodo: a excepción de Querétaro, a cada estado del país (incluida la Ciudad de México) llegaron menos títulos mexicanos. Por ejemplo, en Michoacán, de 59 películas exhibidas en 2018 se pasó a 45 en 2019; en el Estado de México sólo se vieron 64 en 2019, y en 2018 la cantidad fue de 72.

Lo anterior indica un crecimiento de la brecha entre el cine producido y el cine estrenado, aun con la preocupación que ante el tema ha compartido María Novaro, directora general del IMCINE. En una entrevista realizada por La Pantalla V en el pasado Festival Internacional de Cine de Guadalajara (FICG), la cineasta expresó que “es sumamente triste que los mexicanos en su mayoría no pueden ver el cine mexicano que se produce incluso con fondos públicos”. Sin embargo, de acuerdo a los dos informes presentados desde el inicio de su administración, la exhibición va a la baja. En 2018 se estrenó el 61.83% de las películas mexicanas producidas y en 2019 el 46.76%, incluso con el aumento de pantallas en el país: de 7 mil 24 en 2018 se pasó a 7 mil 493 en 2019; entonces, ¿qué cine está ocupando estas pantallas? El producido por Disney, empresa que en el último año registró uno de sus mayores crecimientos históricos en México: los 3 mil 523 millones de pesos recaudados en taquilla en 2018 se convirtieron en 7 mil 37 en 2019. En contraste, hay un dato que destaca por su abrupta diferencia de crecimiento. Del 2017 al 2018 se registraron 115 nuevos espacios alternativos más. Así, para el 2019 se consideraban 614; y para el corte de este año, el IMCINE contabiliza 615.

El Tratado de Libre Comercio: un antes y un después en la exhibición nacional

En el libro El consumo cultural en América Latina, Ana Rosas Mantecón, doctora en Ciencias Antropológicas, refiere a los años 80 como el inicio de la creciente participación del sector privado en el ámbito cinematográfico; en el capítulo ‘Las batallas por la diversidad: exhibición y públicos de cine en México’, escribe que: “Hasta los años 80, el Estado había desarrollado una gestión industrial integrada del sector (producción, distribución, exhibición, preservación, capacitación) la cual le había permitido tener un papel destacado dentro de la industria cinematográfica”.

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Ya en los años 90, el panorama se modificó debido al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN); y uno de los elementos anteriormente integrados en el desarrollo de la industria se vio afectado: la exhibición del cine hecho en México. En 1994, de un 50% que en 1952 se marcó como obligatorio en la exhibición de cine nacional, se pasó a un 30%. Actualmente, en la Ley de Cinematografía cuya última reforma es de 2015 se indica que “Los exhibidores reservarán el diez por ciento del tiempo total de exhibición, para la proyección de películas nacionales en sus respectivas salas cinematográficas, salvo lo dispuesto en los tratados internacionales en los cuales México no haya hecho reservas de tiempo de pantalla”.

El asunto es que en el TLCAN, México sólo hizo reservas para la televisión. Para Luna Marán, productora de Los años azules (2017) y directora del documental Tío Yim (2019), tal tratado es una de las más fuertes causas para el actual estado de la exhibición del cine mexicano. “Es un error de origen que tiene varias estructuras, el error trágico del cine mexicano es sistémico: el TLCAN generó una política en la que no ha habido un trato equitativo en las salas comerciales para el cine mexicano”.

El segundo que refiere Luna es una falta de formación institucional: “En las escuelas de cine y en el nuevo boom de escuelas de cine no está incluida la formación en la exhibición. Entonces, aprendes a editar, a fotografiar, a sacar un máster y según esto ahí terminó tu trabajo; creo que el error es que los cineastas tampoco aprenden que eso es haber llegado sólo al kilómetro 30 de 60”. Ante el tema, Leslie coincide al expresar que “hacer cine es hasta que llega al público, incluso hasta que haya un retorno de la inversión”.

Los apoyos del IMCINE: insuficientes y desiguales 

Otra parte en la cual la exhibición se ve relegada es en los presupuestos y apoyos federales. El estímulo con el que dispone el IMCINE para la exhibición es mediante el Fondo de Inversión y Estímulos al Cine (Fidecine), constituido en 2001 y que también está destinado a la producción, postproducción y distribución. Se trata de un crédito para el equipamiento, remodelación y/o equipamiento y remodelación, el cual, la propia representante del IMCINE considera que “ha funcionado bastante mal”.

El dinero de este fondo destinado a la exhibición en el último año fue del 0.49% con respecto al total de circuitos alternativos. En 2019 se aprobó el Fidecine para tres proyectos de exhibición: Cine La Mina, Cinepic Zacatlán y Cineteca Alameda, apoyos que en total suman 4 millones 108 mil 573 pesos. Tres proyectos apoyados, seis menos que en 2018 aun con que el gasto del Fidecine aumentó en 2019 en un 3.43% de acuerdo a la Cuenta Pública de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP).

Sin embargo, tal fondo no ha representado una opción viable, incluso para los beneficiados. Leslie Borsani comenta que después de juntar los requisitos para la obtención del Fidecine y de evaluar la situación financiera de Cine La Mina, decidieron no tomar el apoyo: “ya viendo el cálculo que nos habían hecho de pagos al mes, nos dimos cuenta que era un riesgo muy grande aventarnos y sabiendo que probablemente no íbamos a poder llegar a cubrir esas mensualidades”.

Víctor Morillas considera a la exhibición un eslabón fundamental de la cadena de lo que es el cine, porque “según lo que hemos visto en estos años el cine se concluye cuando está frente a un público”. Sin embargo, el impulso del IMCINE para la exhibición ha sido devuelto por 18 de los 23 espacios que lo han obtenido, según información dada por María Novaro. De tal apoyo se espera su modificación ante la reciente noticia de su fusión con el Fondo para la Producción Cinematográfica de Calidad (Foprocine).

“El crédito es bastante desigual respecto a la producción; ésta tiene tanto empuje para que finalmente quede en una propuesta cinematográfica digna para verse o exhibirse y que permanezca enlatada o que le den un espacio mínimo, o casi inexistente, en salas comerciales” agrega Leslie.

La distribución: otro reto a considerar  

Incluso con que en el artículo 17 de la Ley Federal de la Cinematografía se señala que: “Los distribuidores no podrán condicionar o restringir el suministro de películas a los exhibidores y comercializadores, sin causa justificada”, salas como Cine La Mina han enfrentado barreras para la exhibición de títulos. “Nos hemos encontrado con la dificultad que ya con distribuidoras más grandes o medianas, se favorece el circuito de exhibición comercial” y agrega: “aquí en Guanajuato tenemos otra sala de cine comercial, un Cinemex y la programación deja fuera muchisimas peliculas. Yo no entiendo por qué distribuidoras aun así, aunque no están exhibidos en esta zona, no nos sueltan la película hasta después de pasada cierta corrida comercial”.

Con actividades como conferencias impartidas por realizadores, ciclos itinerantes, funciones gratuitas en escuelas e incluso muestras de cine local, los lugares alternativos de exhibición cinematográfica sobreviven para contrarrestar el papel de la sala comercial, lo que Mantecón definió en 1999 como “espacios no inclusivos, diferenciados, que contribuyen a la fragmentación y a la exclusión social”.

Victor Morillas, quien inició el proyecto de El Cine Club con Grisel Alcántara con la intención de replicar la oferta de la Cineteca Nacional, destaca que el tiempo que permanezcan en Playa del Carmen buscarán seguir como ese lugar de recreación para los habitantes, quienes “después de haber trabajado durante no sé cuantas horas para un turista extranjero o un turista nacional no tienen opciones de esparcimiento aquí en la ciudad”.

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“Tenemos seis años para ordenar, para acomodar, para limpiar, para que la casa quede bien armada y lo estamos haciendo con todo el corazón, muy rápido” declaró María Novaro en 2019. Sin embargo, hay partes de la casa que aún no han sido visitadas. Víctor Morillas sostiene que “sigue quedando pendiente este apoyo que se ha prometido en varias ocasiones. Yo recuerdo que cuando empezó esta administración se habló mucho, varias veces, de que iba a ser el sexenio de la exhibición, pero nosotros seguimos esperando cuáles van a ser esas nuevas consideraciones”.

 

Exhibición y distribución: la fragilidad del cine mexicano

Por: Eduardo Carrasco Díaz (@drfarabeuf)

La Cámara Nacional de la Industria Cinematográfica (Canacine) es un organismo que representa a todas las empresas e instituciones involucradas en el quehacer cinematográfico de México. Año con año presenta sus estadísticas, en las cuales señala el comportamiento de la industria del cine en nuestro país respecto a los ingresos en taquilla, los números de asistencia al cine y el comportamiento de las audiencias. 

Más allá de la sistematización, lo revelador es la lectura que ofrecen sus números sobre el estado del cine mexicano. De hecho, si ponemos en perspectiva lo que presenta Canacine, podríamos hacer un diagnóstico de los elementos que pueden mejorarse en la construcción de una verdadera industria cinematográfica. 

Por ejemplo, en 2019, según este reporte, México ocupó el cuarto lugar a nivel mundial en el número de boletos vendidos; tan sólo por detrás de naciones como China, India y Estados Unidos, dato que manifiesta la importancia que tiene el cine como forma de ocio y producto de consumo cultural entre los mexicanos.

Si a esta cifra se le relaciona con la oferta de cine mexicano que hay en las salas, el asunto se torna complicado, ya que sólo producciones de un cierto género cuentan con la hegemonía de exhibición. Películas como No manches Frida 2 (Nacho G. Velilla), Mirreyes vs Godinez (Chava Cartas), Tod@s caen (Ariel Winograd) o Perfectos desconocidos (Manolo Caro) acaparan los primeros lugares del top taquillero. La excepción es la entrega animada Día de Muertos (Carlos Gutiérrez Medrano). 

No manches Frida, #1 en taquilla 2019 con 6.65 millones de asistentes.

Como podemos ver, el problema aquí no son las victorias numéricas en los peldaños de un ranking que no aporta nada a las verdaderas conquistas que debe hacer el país en favor de su industria. El asunto es que el cine nacional, más allá de las comedias románticas, sólo vive en los festivales internacionales y pocas veces termina por llegar al público. De las 102 películas mexicanas que se realizaron en 2019 sólo trece tuvieron una comercialización y divulgación adecuada en las cadenas de cine, ya que detrás de ellas se encuentran distribuidoras como Videocine, Warner, Cinépolis y Sony. 

En 2018, Andrés García Franco, director del documental La historia negra del cine mexicano (2016), expresó que: “El problema del cine mexicano no radica en los recursos, sino en la exhibición de sus películas”, a lo cual agregó: “porque en las salas comerciales no se exhiben y si lo hacen es por poco tiempo y en salas incómodas y horarios inadecuados”.

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A dos años, las palabras mantienen su vigencia: el cine mexicano sigue sin contar con un esquema real y estructurado de exhibición que permita una sana distribución, alejada de casos que registren menos de 100 espectadores.  

Ahora bien, el tema de la difusión de películas mexicanas ha cobrado cierta vigencia en la discusión; el pasado 20 de marzo, las comisiones del Senado de la República, encabezadas por el senador Ricardo Monreal, aprobaron un polémico dictamen que obliga a las plataformas de streaming a poner en su catálogo el 30% de producciones nacionales. Esta ley ha sido cuestionada por los usuarios de las plataformas: consideran que el público no debe ser obligado a pagar por contenidos que no desean ver.

Jorge Bravo, especialista en comunicación y académico de la UNAM, señala en el diario El Economista: la iniciativa monrealista no busca pluralidad ni promoción de contenidos independientes de calidad, sino que las plataformas de streaming de video compren catálogos, programas, series y transfieran rentas a las televisoras comerciales…”. 

Tal argumento representa otro punto de las críticas: colocar contenido en esta plataforma no responde a una agenda para crear audiencias ante todas las propuestas audiovisuales del cine mexicano.  

 Salas de cine: pocos espacios para tan amplio espectro demográfico

Otros datos que abonan al diagnóstico de nuestro cine son la cantidad de salas existentes y las nuevas. México ocupa, a nivel mundial, el cuarto y segundo lugar respectivamente. Sin embargo, figurar en el puesto número 2 con 437 salas creadas no es una cifra significativa para cubrir la demanda de una nación que cuenta con más de 120 millones de habitantes. Esto queda más que comprobado al ver la estadística de la cantidad de personas que hay por pantalla (16 mil 528). En ese rubro, la industria mexicana cae estrepitosamente hasta el lugar 19. Además, ambos resultados también dejan en evidencia el control que tienen consorcios como Cinemex y Cinépolis, los cuales cuentan con 3 mil 55 y 3 mil 998 pantallas, respectivamente. Casi el 92% de las 7 mil 616 salas de cine que hay en nuestro país, le pertenece a estas cadenas que en ocasiones determinan lo que puede ser exhibido.  

¿Qué pasará con las estadísticas de 2020?

El tema del coronavirus no promete un gran crecimiento del cine mexicano para este 2020. Las estadísticas sufrirán un revés importante debido al cierre total de salas para controlar la propagación de la pandemia.

A esta incertidumbre,  se unió la posible desaparición del Foprocine y Fidecine como parte del decreto presidencial —publicado en el Diario Oficial de la Federación el 2 de abril—que ordena la extinción o terminación de los fideicomisos públicos para aminorar la crisis económica que se avecina.

En sus redes sociales, cineastas como Everardo González y Sebastián Hoffman salieron en defensa: consideran que los fideicomisos son trascendentales para la producción de cine en México. El 6 de abril, Alejandra Frausto, titular de la Secretaría de Cultura, informó que Foprocine consiguió salvarse de la guillotina al presentarse los documentos que las acreditan como una entidad. En el caso de Fidecine no tuvo ningún problema por no aplicar con los criterios del decreto. 

Aun con ello, la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas (AMACC) ha lanzado un comunicado en el que expresa la defensa respecto a tales apoyos: “Gracias a estas herramientas de fomento productivo, el cine mexicano ha ido ganando cada vez mayores espacios en el mercado aún cuando todavía son insuficientes, inequitativos y desregulados” se lee en el documento. 

Asimismo, en el marco del apoyo económico ofrecido por Netflix a profesionales de la industria, en el mismo comunicado, la AMACC pide al Estado Mexicano que se lleve a cabo un plan de emergencia para mitigar el efecto negativo que causará la suspensión de rodajes.

ACTUALIZACIÓN: Así queda el estatus del FOPROCINE y Fidecine ante la extinción de fideicomisos

Ante tal panorama, habrá que esperar a ver cómo se desarrolla la pandemia en los meses que vienen. Lo que sí es un hecho es que esta crisis sanitaria ha exhibido los débiles pilares que sustentan a la industria audiovisual de nuestro país.

Lanza Festival Internacional de Cine de Morelia películas gratis en línea

Por: Erik León (@erictronikRKO)

Como iniciativa ante las medidas de seguridad por COVID-19, el Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM) ha lanzado una selección de largometrajes, documentales y cortometrajes en línea. 

Con la finalidad de promover el cine nacional, las películas estarán disponibles en su sitio web de manera gratuita hasta el 31 de mayo. Cada título se presentó en ediciones pasadas del FICM y cada dos semanas habrá nuevos. 

Las películas que se podrán ver son las siguientes:

LARGOMETRAJES  

Yo (Matias Meyer, 2015)

Película inspirada en el cuento del escritor francés Jean-Marie Gustave Le Clézio, ganador del Premio Nobel de Literatura en 2008. El director Matias Mayer, quien en 2004 ganó el premio a Mejor Cortometraje de Ficción con El pasajero, presenta esta historia llena de ansiedad y temor, según sus propias palabras.

Yo es un joven fuerte con discapacidad mental. Vive y trabaja en el restaurante de su madre a un costado de la autopista. Un día conoce a Elena, una niña de once años que cambiará su vida para siempre.

El placer es mío (Elisa Miller, 2015) 

La directora que muchos recordaran por iniciar su carrera ganando la Palma de Oro del Festival de Cannes en 2007 con su cortometraje Ver llover. Con El placer es mío, busca que el espectador reflexione sobre su propia condición humana; como su propia creadora lo dijo: “es una versión contemporánea de Adán y Eva”. 

Rita y Mateo se mudan a una solitaria casa de campo de los padres de él, ubicada en Morelos. Han decidido quitarse las amarras y vivir de forma autosustentable, pero sin abandonar sus sueños. Él se obsesiona en arreglar un destartalado automóvil, mientras ella intenta trabajar sus diseños en una habitación acondicionada como taller.

El vigilante (Diego Ros, 2016)

Después de ganar Mejor Largometraje Mexicano en el FICM, la ópera prima de Diego Ros llegó a Friburgo, Suiza, Lima y Los Ángeles; fue en este último país, en el Festival de Cine de Los Ángeles, donde ganó el premio a Mejor Película Internacional.

La trama se centra en Salvador, quien trabaja en el turno de noche como vigilante en una obra en construcción, ubicada a las afueras de la CDMX. En una ocasión, mientras el resto del país festeja el día de la Independencia, Salvador intenta salir de la obra para acudir a un compromiso importante. Sin embargo, una serie de situaciones hace que su noche se convierta en una experiencia extraña.

Ayer maravilla fui (Gabriel Mariño)

El segundo largometraje del director está inspirado en su fascinación con la película de ciencia ficción La invasión de los usurpadores de cuerpos (Don Siegel1956). Sólo que él usa las calles de la Ciudad de México como protagonista.

Grabada sin guion, la película cuenta la historia de un personaje que cambia de cuerpo de manera incontrolable. Este peculiar ser, quien no puede controlar qué cuerpo habita ni por cuánto tiempo, contrasta su desesperanza con el amor que siente por Luisa.  

DOCUMENTALES 

Los reyes del pueblo que no existe (Betzabé García, 2015)

Una ópera prima que comenzó con el cortometraje Venecia, Sinaloa (2011), como un proyecto escolar cuando estudiaba en el entonces Centro Universitario de Estudios Cinemtográficos (CUEC). Al ver la problemática de lo que solía ser un pueblo de 300 familias, Betzabé García dejó la escuela y se fue a vivir cinco años a San Marcos para investigar un movimiento del que quería hablar en un futuro. 

Así nació el documental que cuenta cómo de las 300 familias que habitaban el poblado de San Marcos, ahora sólo quedan tres. Con más de 52 premios internacionales, entre ellos por supuesto a Mejor Documental en el FICM. 

El hombre que vio demasiado (Trisha Ziff)

“Hay una línea muy delgada entre el fotoperiodismo, el arte y la explotación del dolor ajeno” dice la directora Trisha Ziff sobre este documental que inició como una exposición fotográfica y la publicación de un libro. 

El documental se centra en la experiencia de quien se dedicó a la nota roja por más de 50 años, Enrique Metinides. Asimismo invita a hablar y reflexionar sobre un fenómeno tan importante y actual como es la violencia en nuestro país: su evolución como herramienta informativa en la prensa, como fenómeno social y como producto de consumo.

Bellas de noche (María José Cuevas)

El primer documental de la directora que divide su trabajo principalmente entre cine experimental y la fotografía. El título viene de la que fue la primera película de ficheras en 1975. 

Lo que busca el documental es mostrar lo que fue de las vedettes, muy representativas de los cabarets mexicanos en los años 70 y 80. 

Tempestad (Tatiana Huezo, 2016)

Dos mujeres, víctimas de la impunidad en México: Miriam, encarcelada injustamente por el delito de tráfico de personas y Adela, en busca de su hija desaparecida, cuentan su historia a través de un viaje de regreso a casa.

El documental busca darle voz las miles de víctimas del sistema judicial mexicano. Aunque se maneja en el contexto nacional, eso no fue impedimento para que impactara al resto del mundo, y sus más de 30 premios lo avalan. Entre los galardones que destacan está el Premio Fénix a Largometraje Documental el Ariel a Mejor Documental, Mejor Dirección, Mejor Fotografía y Mejor Sonido. 

Regreso al origen (María José Glender)

Retrata la vida de Eduardo Cajiga Gochicoa, autoexiliado en una casa en las faldas del volcán Popocatépetl tras cuestionarse a sí mismo el papel que tuvo dentro de la sociedad. Exhibido en el Festival Internacional de Cine de Morelia en 2017, el primer largometraje de María José Glender intenta explicar por qué este hombre decidió aislarse de la civilización. 

CORTOMETRAJES 

Bosnian Dream (Sergio Flores, 2015)

Inicialmente, Sergio quería que fuera un largometraje; el resultado ya lo conocen: ganador del Premio a Mejor Cortometraje del 13º Festival Internacional de Cine de Morelia. El mismo director escribió el guion, hizo la fotografía, el diseño de sonido y editó la película.

Bosnian Dream (o 3 mujeres) presenta las historias de Ivana, Clara y Marina, tres jóvenes muy diferentes que viven en Sarajevo. Ivana trabaja como mesera y sueña con mudarse a Estados Unidos; Clara es una brasileña que está en un proceso de autodescubrimiento, mientras trabaja en el único table dance del país, y Marina está enamorada de su mejor amiga y lidia con su familia conservadora. 

Verde (Alonso Ruizpalacios, 2016)

Un director que ya no necesita presentación. Este título complementa su lista de cortometrajes, formada por Café paraíso (2008) y El último canto del pájaro Cú (2010), aunque en esta ocasión se va más por el lado de thriller criminal. 

Ariel, un taciturno guardia de traslado de valores, recién ha descubierto que será padre por primera vez. Mientras decide qué hacer con su inminente paternidad, tras una milagrosa falla en el sistema, se ve ante la posibilidad de robar el botín que carga.

Juan perros (Rodrigo Ímaz, 2016)

Ganador del premio Ojo al Mejor Cortometraje Documental en la edición 14 del FICM; Mejor Opera Prima en el DocsMx y estrenado internacionalmente en 2017 en la Semana de la Crítica del Festival de Cannes. 

Es un corto documental que retrata la vida de Juan, un hombre que vive de recolectar basura en el desierto mexicano. Diario trabaja sin descanso, enfrentándose a un entorno árido y hostil para sobrevivir junto a sus animales, a los que considera su familia.

Relato familiar (Sumie Garcia, 2017)

Aunque su trabajo en producción en Eco de la Montaña (Nicolás Echevarría, 2014) ya había acercado a Sumie García al FICM, en esta ocasión regresó con su propio cortometraje documental.

Foto Saeki es una abandonada tienda de productos de fotografía en el barrio de Santa María la Ribera, en la Ciudad de México. Su dueño, Yukio Saeki, llegó a México en 1955. A los 86 años, todavía puede oír el eco de un caluroso lunes por la mañana en Japón, mientras caminaba a través de un campo hacia el océano cuando tenía 13 años.

Cerulia (Sofía Carrillo, 2017)

Fue en 2005 cuando Sofía Carrillo participó por primera vez en el FICM con su cortometraje Vértigo. Con Cerulia ganó el Ojo al Mejor Cortometraje de Animación Mexicano, al igual que en 2011 y 2013 con Pita Noire y La casa triste, respectivamente.

En este nuevo corto animado Cerulia cuenta la historia de una chica que inicia un viaje para despedirse de la casa de su niñez, pero los recuerdos y la presencia de los abuelos no la dejarán partir.

 

Filmoteca UNAM ofrece gratis en línea clásicos del cine mexicano

Por: Erik León (@erictronikRKO)

La pandemia del Covid-19 ha provocado el cierre indefinido de las salas de cine en la Ciudad de México, por lo que la Filmoteca de la UNAM ha optado por ampliar su catálogo de películas en línea con una selección de clásicos del cine mexicano. 

Como parte del programa “Cultura UNAM en casa”, el objetivo de la programación es ofrecer una forma amena de llevar la cuarentena y al mismo tiempo que el público disfrute de la riqueza del cine mexicano. En la actualización del catálogo en línea, reforzado desde el pasado marzo, se contemplan títulos de la Época de oro y del cine independiente mexicano:

Jueves 23 de abril

Sinfonía de primavera (Adolfo Fernández Bustamante, 1956)

Fuentes y jardines, parques y prados; registro de todos aquellos monumentos y construcciones de donde brota el agua embelleciendo el paisaje urbano de la Ciudad de México.

Domingo 26 de abril

Historias de ciudad (Ramón Cervantes, Rafael Montero, Gerardo Lara y María Novaro, 1987)

Alguien se acerca, Viajeros, Lilí y Azul celeste, cuatro cuentos dirigidos por Ramón Cervantes, Rafael Montero, Gerardo Lara y María Novaro, respectivamente.

Martes 28 de abril

La Ciudad de México (Juan García Rojas, 1955)

Documental en blanco y negro sobre la Ciudad de México, sus edificios más emblemáticos, sus calles principales y su gente, desde sus orígenes prehispánicos hasta mediados del siglo XX.

Jueves 30 de abril

Los confines (Mitl Valdez, 1987)

Tres historias donde la muerte es el tema principal, exponiendo las fatales consecuencias que resultan de la ambición. Esta película es una adaptación de los relatos de Juan Rulfo “Talpa”, “Diles que no me maten” y fragmentos de “Pedro Páramo”, considerada como la número 40 en la lista de las 100 mejores películas del cine mexicano publicada por la revista Somos.

Domingo 3 de mayo

De todos modos Juan te llamas (Marcela Fernández Violante, 1974)

La película es una visión analítica de uno de los conflictos menos tratados por la cinematografía nacional: el movimiento cristero.

Todos los nuevos títulos, así como aquellos que ya estaban en el catálogo de Cine en línea de la Filmoteca de la UNAM, están disponibles de manera gratuita en:  www.filmoteca.unam.mx/cinelinea/index.html

Auge y ocaso de la comedia ranchera

Por: Cuauhtémoc Juárez Pillado (@cuaupillado)

Son las siete de la mañana, el sol se asoma por el horizonte y un caballo cruza las veredas a todo galope, acercándose a una barranca. En su lomo lleva montado a un jinete vestido de charro, quien detiene al animal, se baja de la montura y desde la orilla de la cañada observa el paisaje mientras se acomoda el sombrero. Esta imagen del ranchero mexicano aficionado al canto y a las mujeres es un estereotipo que al día de hoy no hemos erradicado.

Parte de esa imagen viene de medios como el cine y la televisión, los cuales produjeron durante décadas contenido que impulsó este arquetipo. La representación no sólo generó un público consumidor, también fomentó una percepción idealizada de México ante el extranjero y de pasada sirvió a los intereses del gobierno como un elemento para la identidad nacional.

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La llamada Época de oro del cine mexicano es fundamental en tal construcción. Con el estreno en 1936 de Allá en el rancho grande, del director Fernando de Fuentes, hubo una explosión de historias desarrolladas en el campo y que se conocerían como “comedia ranchera”. Este género llenó salas y atrajo al público al cine durante algunas décadas. La gente no sólo empatizaba con las historias melodramáticas, también deseaba ver de cerca a aquellos ídolos que interpretaban sus canciones favoritas. Tito Guizar, Jorge Negrete y Pedro Infante, los protagonistas más importantes de este cine musical, fueron elevados a la categoría de súperestrellas por las multitudes; a ellos se les unirían después intérpretes como Miguel Aceves Mejía, Jose Alfredo Jiménez, Javier Solís y Lola Beltrán.  

Allá en el rancho grande

El auge y la realización masiva de estos filmes derivó en un conjunto de perfiles que marcaron al mexicano ante el mundo: las locaciones rurales pintorescas, los protagonistas vestidos de charro, las mujeres enamoradizas, el espíritu romántico –pero extremadamente machista- de los hombres y el exceso de tequila o de canciones con mariachi. El ejemplo más claro es la imprescindible Dos tipos de cuidado del director Ismael Rodríguez, una película que aborda una serie de enredos amorosos que afectan la amistad de Jorge Bueno y Pedro Malo (personajes interpretados por Jorge Negrete y Pedro Infante, respectivamente) y donde podemos observar una representación bastante clara de ese galán idealizado, muy macho pero de corazón noble y bueno para la cantada.

Después de la época de oro, los estudios siguieron con la producción de películas con esta fórmula-ya muy gastada por el paso del tiempo- al punto de realizarse filmes bastante mediocres con cantantes de dudosa calidad histriónica (aunque sumamente populares entre el público).

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Por ello, en los años 70 y 80 vieron la luz un sinfín de comedias en las que intérpretes como Vicente Fernández y Antonio Aguilar hacían gala de su talento musical. Tales melodramas ya no contaban con historias entrañables, guiones con cierta propuesta y una fotografía impecable; en cambio apostaban por la picardía y por el humor absurdo propio del cine de ficheras que dominaba la pequeña producción cinematográfica del país. Películas como El albañil (José Estrada, 1975), La ley del monte (Alberto Mariscal, 1976) o Por tu maldito amor (Rafael Villaseñor Kuri, 1990) gozaron de cierto éxito y solamente reafirmaron la popularidad de los solistas y sus canciones con el público mexicano.

La ley del monte

Para el final del milenio, la comedia ranchera prácticamente ya no se producía. La creciente popularidad de géneros musicales como la cumbia, la balada grupera o la norteña abrieron espacio para que músicos como Rigo Tovar, Los Temerarios o Los Tigres del Norte mostraran en películas y videohomes sus éxitos para las nuevas generaciones que ya no escuchaban música ranchera. Además, el llamado “nuevo cine mexicano” también traía nuevas propuestas cinematográficas acorde con las inquietudes y los problemas de fines de siglo, por lo que el melodrama musical ya se sentía bastante obsoleto.

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Sin embargo, ha habido intentos recientes por revivir la comedia ranchera: Una última y nos vamos (2015), del director Noé Santillán-López, juega con los estereotipos del género e incluso se burla de ellos; no obstante, la historia del grupo de mariachis que deben arreglar sus problemas entre ellos para poder ganar un concurso musical, tuvo un desempeño en taquilla relativamente modesto ($11.90 millones de pesos y poco más de 290 mil personas en asistencia). 

Como caído del cielo (2019), la producción estelar de Netflix para Latinoamérica y dirigida por José Bojórquez, se aproxima a la comedia ranchera insertando a Pedro Infante en un contexto contemporáneo: al revivir el ídolo de Guamúchil, éste debe de cumplir con una serie de pruebas para resarcir el daño que hizo en vida y por fin ganarse la entrada al cielo. Aunque la producción juega con eventos sobrenaturales y aborda levemente el tema del feminismo para “deconstruir” al galán ranchero y mujeriego, es en la parte musical donde se percibe un acercamiento más sincero a la comedia ranchera, aunque con sus errores y aciertos.

Como caído del cielo

De acuerdo con Netflix, Como caído del cielo se posicionó como la tercera producción más vista de su catálogo en México (y la primera en idioma español), a una semana de su estreno en diciembre de 2019. Aunque son muy buenos números para la plataforma de streaming, el éxito de la película queda un poco lejos de aquellos melodramas rancheros del cine de oro, capaces de inmortalizar a sus protagonistas y a sus canciones.

Grandes escritores mexicanos en el cine nacional

A lo largo de su historia, la pantalla grande nacional ha sido testigo del ingenioso trabajo creado por algunos de los escritores más importantes del país. Su talento en varias ocasiones traspasó las páginas de los libros hacia el libreto de largometrajes; su intelecto combinó con la astucia de los cineastas para crear obras que hasta hoy en día se preservan como parte de nuestra memoria cinematográfica. 

A continuación algunos de los autores más destacados que encontraron en el cine una forma diferente de desahogar su arte. 

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Vicente Leñero y Luis Carrión Beltrán – Los albañiles (1976) 

El amor que Vicente Leñero sentía por las letras lo llevó a debutar en diferentes escenarios del ámbito periodístico, teatral y cinematográfico. Siempre impregnó con su sentido del humor entre lo satírico y lo picaresco a sus personajes, espejo de la vida diaria e inconformes con la sociedad, característica compartida con los protagonistas de Luis Carrión: artista marginado que luchó contra el sistema motivado por sus ideales; sus textos incómodos para los altos mandos nunca tuvieron la oportunidad de distribuirse de manera regular, y aunque no tuvo la misma suerte que muchos otros, su talento, al igual que el de Leñero, quedará para siempre plasmado en sus múltiples guiones y novelas. 

Los albañiles

Cinco años después de escrita la novela Los albañiles y luego de adaptarla para su estreno teatral en 1969, Leñero junto a Luis Carrión y el cineasta Jorge Fons, se encargaron de adaptar la pieza para su estreno en las salas de cine. Esta última readaptación dejó un poco de lado el tema central del asesinato para enfocar su discurso en los marginados, procedentes de una clase social baja que es explotada y manipulada por los más poderosos. 

Laura Esquivel – Como agua para chocolate (1992) 

Este segundo trabajo que realizaron Marco Leonardi y Lumi Cavazos fue el más fructífero. Anteriormente, Alfonso Arau (guionista y director) ya había realizado una película cómica protagonizada por Mario Almada, pero Como agua para chocolate, basada en el debut homónimo de Laura Esquivel, fue un parteaguas para los dos; Esquivel continuó con éxito su carrera como escritora y Arau fue reconocido mundialmente por su sexto trabajo y tuvo la oportunidad de dirigir en Estados Unidos A walk in the clouds (1995). 

Como agua para chocolate

La labor de Esquivel como guionista de la cinta fue adecuar el lenguaje metafórico, propio del realismo mágico, y que Arau trasladó a la pantalla grande con ambientes delicados y planos suaves. 

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Gabriel García Márquez y Carlos Fuentes – Tiempo de morir (1966) 

Ambos literarios de gran importancia para el siglo XX, cómplices y culpables del estallido de la bomba artística en toda América Latina: el Boom Latinoamericano. Uno bajo el sello de la escritura “menos mexicana de todos los mexicanos” y el otro siendo colombiano, lograron desembocar en una adaptación libre y bien lograda el relato homónimo de Juan Rulfo, uno de los escritores más influenciados por el México antiguo, El gallo de oro (1964), dirigida por Roberto Gavaldón y fotografiada por Gabriel Figueroa.  

Tanto Márquez como Fuentes encontraron en el cine una fuente de inspiración necesaria para alimentar su arte; el primero participó en diversas producciones mexicanas de los años 60, entre las más nombradas está Patsy, mi amor (Manuel Michel, 1968), Presagio (Luis Alcoriza, 1974) y El año de la peste (Felipe Cazals, 1979) -guion coescrito con José Agustín-. Por su parte, Fuentes es conocido por adaptar varios textos de Rulfo entre ellos Pedro Páramo (Carlos Velo, 1967), y ¿No oyes ladrar a los perros? ( François Reichenbach, 1974), además de trabajar con Juan Ibáñez en Los caifanes (1966). 

Tiempo de Morir

Pero fue en el debut de un joven Arturo Ripstein donde el talento de los tres se unificó. El resultado: Tiempo de morir, una cinta tan importante para la época, pues no sólo desmitifica la figura del macho bragado (personificado por Jorge Martínez de Hoyos) dentro de un ambiente en el que bien podría tomar acción Cien años de soledad o La muerte de Artemio Cruz. La película también representó una forma de hacer cine de manera diferente, en la cual la visión creativa importó más que los protocolos acostumbrados. Un aire de frescura para las producciones mexicanas.  

Inés Arredondo y Juan García Ponce – Mariana (1967) 

Aunque su participación en la creación de guiones cinematográficos fue breve (dos títulos), Inés Arredondo dio muestras de virtuosismo en la adaptación a la pantalla grande de sus propios cuentos junto a Juan García Ponce. A través de la cinta Mariana, dirigida por Juan Guerrero, la cuentista deja huella de toda su obra en la pantalla grande; ahí viven los ambientes opresores descritos por la escritora en sus relatos, lugares que suprimían a sus protagonistas ya sea por medio de la religión, el machismo o una maniática tradición.  

Mariana

El erotismo es una constante en el trabajo de Arredondo y en el de García Ponce. Para la ensayista, la pasión siempre fue un arma de doble filo, a veces para liberar a la protagonista de su oprimido mundo, pero en otras era un tipo de maldición, un sentimiento cuyo final será hacia la locura o hasta la muerte, como el fatídico final que tuvo el personaje interpretado por Pixie Hopkin y Julio Alemán en la producción de Guerrero. 

José Revueltas y José Agustín – El apando (1976) 

Felipe Cazals, otro de los directores incómodos para el entonces gobierno priista por sus ideales, quien al contrario de cineastas involucrados en la industria, su interés se inclinó en filmar historias más personales del México herido y al que pocos se arrimaban con la cámara. Trabajó con José Revueltas y José Agustín para adaptar la novela corta escrita en 1969 por el mismo Revueltas mientras se encontraba preso en Lecumberri; relato que entre sus reflexiones asoma la duda del hombre sobre la libertad y la crueldad humana. 

El apando

Un año antes de su estreno en salas de cine, Cazals sorprendió a los espectadores con Canoa (1975) historia basada en hechos reales suscitada dentro de la época de la masacre de Tlatelolco. 

El apando significó otro duro golpe a la corrupción del sistema gubernamental, en específico al liderado por Luis Echeverría, y que aún actualmente tiene la virtud, tanto la novela como la cinta, de sacudir nuestra memoria histórica.  

Fallece el cineasta mexicano Jaime Humberto Hermosillo

Alejandra Frausto, secretaría de Cultura, informó el fallecimiento del cineasta mexicano Jaime Humberto Hermosillo, director de títulos como Doña Herlinda y su hijo (1985) y La pasión según Berenice (1976).

Humberto Hermosillo, quien cumpliría 78 años el próximo 22 de enero, es considerado uno de los cineastas nacionales más destacados de la década de los 70 y 80. Estudió en el entonces Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC) y debutó con La verdadera vocación de Magdalena (1972), cuya protagonista es una joven de 26 años que decide dejar su vida frustrada y convertirse en estrella musical; en el camino se enfrentará con temas familiares y de pareja.

Durante su trayectoria, el también director de Doña Herlinda y su hijo (1985) fue reconocido con el premio Ariel por los títulos La pasión según Berenice, Las apariencias engañan (1983), De noche vienes, Esmeralda (1997). Esta última estuvo nominada a los premios Goya. 

Instituciones como la Filmoteca de la UNAM, la Cineteca Nacional, el IMCINE, y cineastas, han lamentado en redes sociales la perdida.

Hasta el momento no se han dado a conocer detalles sobre la causa de fallecimiento.

(Información en proceso de actualización)

Sonora: un imperfecto paraíso desértico

Por: Karla León (@klls_luu)

Nueve viajeros surcan el desierto para llegar a Mexicali. Es 1931, la frontera México–Estados Unidos se encuentra ante una crisis sociopolítica irremediable. La deportación de ciudadanos mexicanos, así como las actividades de grupos extremistas para expulsar a la comunidad china que décadas atrás se había asentado en el norte del país, enmarcan la línea argumental de Sonora (2018), el cuarto largometraje de Alejandro Springall.

Basada en La ruta de los caídos de Guillermo Munro Palacio, la película retrata los hechos históricos de manera acertada y bajo una adaptación casi impecable; sin embargo, avanzada la trama y sin llegar a su punto más crucial, la estructura se vuelve monótona y premeditada, a tal punto que sólo se rescata por la fotografía, la cual enaltece los paisajes desérticos y el buen desarrollo de los personajes que encarnan grandes actores como Joaquín Cosío, Giovanna Zacarías, Juan Manuel Bernal y Dolores Heredia.

En plena época posrevolucionaria y ante la ola de violencia que se vive en Sonora, una pareja (Flavio Medina y Giovanna Zacarías) decide emprender un negocio para trasladar personas a destinos poco concurridos. Tras un evento desafortunado -el primero de los muchos que se ven a lo largo de la película- el hombre debe quedarse en un pueblo cercano para someterse a una operación. Los pasajeros, enardecidos y ansiosos por llegar a Baja California, convencen a la mujer para viajar por el desierto aún cuando ella desconoce la ruta. 

De esta forma, seis viajeros iniciales, entre quienes se encuentra un exvillista (Erando González), una mujer que busca cruzar la frontera para rescatar a sus nietos (Dolores Heredia) y un militar mexicano supremacista (Juan Manuel Bernal), son guiados por Emeterio (Joaquín Cosío) y por su sobrino (Harold Torres) por las veredas y dunas del camino más peligroso del norte del país. 

A lo largo del recorrido, más personas se suman al viaje, entre ellos, un par de contrabandistas (Rafael Cebrián y Ben Milliken) y una familia asiático-mexicana (Jason Tobin y Patricia Ortiz) que huye de las represalias del Estado. Estas adiciones son fundamentales para darle vida al planteamiento original de la película, pues de vez en cuando, se retoman algunos diálogos interesantes y reflexivos sobre el clasismo y la discriminación. 

Con todo esto, pareciera que Springall, quien produjo La delgada línea amarilla en el 2015, trató de dirigir una fórmula bastante similar a la obra de Celso García, al trazar una situación en la que domina un trayecto lleno de circunstancias aparatosas y un destino –o meta– que parece casi inalcanzable. Al final, esto no fue del todo acertado. 

Si hay algo que debemos aplaudirle a Sonora es el diseño de producción a cargo de Carlos Lagunas, por la adaptación de época y las locaciones, además del diseño sonoro de Pablo Lach y la música original de Jacobo Lieberman y Leo Heiblum, quienes elevan la poca capacidad de la producción por mantenernos apegados a las altas y bajas que sufren cada uno de los personajes durante la travesía, la cual de buenas a primeras concluye con una nueva hazaña de Cosío, la ayuda de una nativa de la región y la ubicación de lo que, para ellos, es un nuevo paraíso de oportunidades.

Las mejores películas mexicanas del 2019

En esta contraparte del primer conteo – el cual agrupa a los títulos que brillaron por sus aspectos…menos brillantes- se contempla a las producciones nacionales que tuvieron riqueza expresiva en alguna forma; aunque este año fue más complicado armar un conteo sobre lo mejor, pues el 2019 no fue un buen ciclo para el cine nacional.

Una de las luces altas fue la mejora del “cine comercial”, pues sus creadores elevaron los valores de producción e incluso pulieron narrativas. No elaboraron historias más complejas o pertinentes, sino que a pesar de sus limitantes idiosincráticas, una estructura sencilla y con el objetivo único de generar ganancias, hubo un mejor desarrollo de las situaciones para lograr comedia de más calidad. 

En el siguiente listado sólo se incluyen las producciones estrenadas oficialmente durante el 2019; es decir que aquellos largometrajes presentados en festivales importantes como Mano de obra (David Zonana) no fueron considerados. 

Menciones honoríficas: El complot mongol (Sebastián del Amo), Witkin y Witkin (Trisha Ziff), Mentada de padre (Mark Alazraki y Fernando Rovzar), Tod@s caen (Ariel Winograd) y Yo no soy guapo (Joyce García).

Mención especial: Soles negros (Julien Elie)

No es una película mexicana formalmente, pero se siente como una. Un documental que aborda un tema tan actual y pertinente como la violencia sistémica característica de este país y con tal potencia narrativa que merece una consideración especial. México es un país de documental, pues ocurren tantas situaciones, que de no retratarse con una cámara, serían totalmente increíbles. Este es mi primer puesto personal.

10. Esto no es Berlín (Hari Sama)

Con tintes autobiográficos recrea la escena ochentera de antros y la vida de unos jóvenes clasemedieros aspirantes a punketos, Carlos y Gera, quienes son los protagonistas. La aspiración inherente a la cultura mexicana -por supuesto, inserta en su cine- vira hacia una óptica diferente al representar una época de evolución en el arte y sus expresiones (como el performance), la cual no suele abordarse en producciones nacionales si no es por eventos trágicos.

Sí, hay muchos clichés de esa época, pero son manejados con la suficiente virtud para no sobrecaricaturizar la trama. Esto no es Berlín, pero hay cierta valía en retratar el centro de la Ciudad de México y Ecatepunk con la cercanía necesaria para hacer un cuadro fehaciente.

9. Guadalupe Reyes (Salvador Espinosa)

La única comedia que logró entrar al conteo. Ante las fórmulas que suelen imponerse a los géneros predominantes en la cartelera “comercial” mexicana, es complicado que una resalte por dar algún tipo de giro a su trama.

Guadalupe Reyes, una historia sobre dos viejos amigos que han ido por caminos diferentes -uno por el lado de los excesos y el otro por el godinato- se juntan para cumplir el quizá no tan ficticio reto Guadalupe Reyes, que consiste en embriagarse todos los días desde el 12 de diciembre al 6 de enero. Suena banal y algo que no se separa mucho del resto de sus hermanas comedias, sin embargo, esta destaca por la sorprendente efectividad de sus líneas cómicas y por los giros que logra introducir, leves reflexiones sobre la edad y las etapas de la vida; además de su producción algo más pulida. Punto adicional: tiene la mejor escena de godínez que se ha hecho desde su incorporación al vocabulario mexicano.

8. Belzebuth (Emilio Portes)

En este país el cine de terror/horror es casi tan consumido como el de comedia. Sin importar qué tan mal luzca, el género no suele irse desapercibido en taquilla. Qué mejor cuando una producción nacional de horror como Belzebuth es filmada con tal competencia y no fue ignorada por la audiencia mexicana.

La película destaca por las grandes licencias creativas que se toma en su historia sobre dicotomías divinas, alusiones al salvador y curas excomulgados. Eso no es común en el cine mexicano, que suele inclinarse a apariciones de una niña con apariencia cutre en una casita o en una mina -te miro, La niña de la mina-. Tal compromiso con el argumento, el cual fue llevado con la suficiente virtud para no volverlo ridículo, es un punto alto que merece gran consideración.

7. Solteras (Luis Javier M. Henaine)

En esta época de transición de ideas -y cuando el cine mexicano se resiste a modificarse, para bien o para mal- hay ciertos temas que, dependiendo de su tratamiento, se vuelven incómodos.

Las aspiraciones de las mujeres han cambiado con el paso de los años. En Solteras vemos a una mujer cuyo mayor objetivo en la vida es casarse, lo cual la lleva a tomar un curso con una especie de gurú de amarrar hombres.

Al colocarse en una cómoda zona gris entre la comedia pura y el melodrama cómico, la película no tiene tapujos para desarrollar su gracia y menos para hacer expreso el deseo de la protagonista de contraer nupcias para sentirse realizada. Con el transcurso del tiempo se desarrolla un giro que salva a la trama de caer en el irreflexivo machismo permeado en casi todas las hermanas comedias, convirtiéndola en un relato algo más consciente y actual.

6. Disparos (Elpida Nikou y Rodrigo Hernández Tejero)

La única entrada documental del conteo. Disparos se elabora a partir de los tiros fotográficos y de los balazos como tal, pues cuenta la historia de Jair Cabrera, un fotoperiodista reconocido quien, al inicio, pide refugio al gobierno español, pues es perseguido por el crimen organizado de México.

A la par del interesante relato del fotógrafo, originario de un barrio de Iztapalapa y quien justamente comenzó su carrera retratando la cotidianidad de su entorno, se hace un recuento de la violencia sistemática extendida en México, donde ya no queda nada. Desde hace algunos años el documental es la categoría que saca la cara por el cine mexicano y este año no ha sido diferente.

5. El ombligo de Guie’dani (Xavi Sala)

Guie’dani es una niña indígena zapoteca que se ve forzada a mudarse a la Ciudad de México por el trabajo de su madre, quien es empleada doméstica de una familia -muy- acomodada.

Por el desarrollo de su planteamiento, hay quien dice que se trata de la anti-Roma. No estaría tan de acuerdo ni creo que por ser ambas de un tema similar, se les deba comparar. Quizás El ombligo de Guie’dani tenga un presupuesto menor, pero la idea de la rebeldía ante la impuesta docilidad que involucra servir en la casa del otro, es virtuosa, especialmente porque eso habla de una consciencia del personaje, de un argumento con bases sólidas y un discurso ajeno a las regularidades, donde suele mostrarse a los empleados domésticos de raíces indígenas como los sirvientes ideales y siempre agradecidos con los patrones blancos.

Además, este título contribuye a la visibilización y extensión de las historias indígenas. No hay tal cosa como películas necesarias, pero sí hay algunas que son más que bienvenidas.

4. El sueño de Mara’akame (Federico Cecchetti)

Nieli es un joven huichol que tiene el sueño de dar un concierto en la gran ciudad, así como lo han logrado otros en su comunidad. Pero su padre se opone a ello, pues lo considera impuro y fuera de su la tradición de su pueblo; él cree que su hijo debe seguir su linaje y convertirse en Mara’akame (un chamán).

La historia del hijo que no quiere seguir el mandato parental no es nueva, pero lo es para el cine nacional al mostrar la mentalidad de un joven indígena que sí, probablemente fue permeado por el capitalismo y las ideas de consumo, pero que su visibilización favorece a la desestigmatización de las poblaciones indígenas. Aunado a esto, la película no abandona la iconografía huichol ni sus creencias tradicionales, creando una peculiar mezcla idiosincrática.

3. La camarista (Lila Avilés)

Rankeada quizás erróneamente -lo admito- en el conteo de 2018La camarista tuvo su estreno oficial durante el 2019 y se llevó el reconocimiento del público durante un rato considerable. Ya hemos hablado de ella antes, pero es importante ponerla en su debido puesto en este top. Un filme sobre una vida encerrada en otras.

2. Las niñas bien (Alejandra Márquez Abella)

Basada en el texto homónimo de Guadalupe Loaeza, relata la debacle de Sofía (excelente Ilse Salas), una mujer de abolengo que ve su estatus derrumbarse por las crisis que azotaron a México durante los ochenta.

El discurso narrativo, encarnado en Sofía en su entorno, revela la marcada división que existe en la sociedad mexicana: ellos y nosotros, independientemente de donde se vea. Una excelente adjetivación fílmica del imaginario mexicano, el cual constantemente persigue el imaginario burgués. Postales en movimiento de la aspiración y la crisis. Reconocimiento aparte el de ser la película que pudo quitarle varios Arieles a Roma.

1. Cómprame un revólver (Julio Hernández Cordón)

El séptimo largometraje de Julio Hernández Cordón matiza el tema de la narcocultura en un relato de un México no muy lejano, donde las mujeres casi han desaparecido totalmente y la natalidad ha bajado. El país está ya totalmente controlado por el crimen organizado y las autoridades son figuras simbólicas (les digo, no está tan lejos). En ese marco vemos a Huck, una pequeña niña que vive con su padre, un empleado de loss narcos, quienes se llevaron a su madre y hermana. 

La verosimilitud es el aliciente más grande, pues su relato nos es tan terriblemente cercano que se vuelve contundente, en especial con su armado fílmico tan virtuoso, particularmente en el aspecto fotográfico y de libreto. La inocencia infantil inserta en un contexto que arrebata eso y más a todos. Recordatorio y presagio que nos demuestra la valía de la suerte y la pesadez de la realidad.