Macario: fantasía, tradición y pobreza

Nos pasamos la vida muriéndonos de hambre.

Macario

La dupla en el guion escrito por Roberto Gavaldón y Emilio Carballido (basado en la novela del alemán Bruno Traven), la puesta en escena, el cuidado de los personajes y la fotografía de Gabriel Figueroa, hicieron de Macario (1960) un clásico del cine mexicano que representa la relación indivisible entre la vida y la muerte.

La cinta, que fue la primera mexicana en contender por el Oscar como Mejor película de habla no inglesa, se aleja de la intención de mostrar el inframundo o los muertos, sino que utiliza la folclórica fiesta del Día de Muertos para sumergirnos en temas sociales como la pobreza a partir del personaje de Macario (Ignacio López Tarso).

Macario es un título obligado respecto al tema de la relación del mexicano con la muerte, así como al hablar de cómo el cine ha personificado la muerte.

Aquí nuestro análisis:

Día de muertos: la enorme oportunidad fallida

En 2017 se estrenó una película que fue un acto de franca apropiación cultural descarada y peor aun, recibió apoyo de una secretaría de Estado (la Secretaría de Cultura) para su exhibición en un circuito que no frecuentaba esos productos. Supongo que ya sabe a qué película me refiero y quiénes la produjeron.

El éxito de ese largometraje -¡y hasta ganador del Oscar!- involucró más factores fuera de lo narrativo que espero abordar después. Otro de los matices alrededor de la cinta fue la existencia de un work-in-progress con la misma temática alrededor de la festividad, también animada y, peor (¿mejor?) aún, ésta sí era totalmente mexicana: Día de muertos

Según ideada desde 2004, registrada en 2007 y prevista a estrenarse en 2017, pero retrasada por saberse imposibilitada de competir con su contraparte disneyiana, Día de muertos tuvo un “fogueo” en festivales cuando se presentaban “teasers”. El golpe mediático se dio al usar la carta de “nosotros sí somos cine mexicano”, pues lograron dividir al público entre los defensores de la verdadera película sobre el Día de muertos contra el rapaz imperialismo -pero vieron la otra de cualquier forma- y quienes tomaron Coco como bastión de la representación en el mainstream. De verdad, esas personas existieron. Los creadores oriundos de Guadalajara tenían ligeramente la balanza de su lado, ahora sólo faltaba la pantalla.

Dirigida por Carlos Gutiérrez Medrano, la película muestra -no cuenta- las aventuras de tres hermanos, entre quienes destaca Salma (Fernanda Castillo demostrando la importancia de tener actrices de doblaje con preparación), la chica aparentemente huérfana que tiene el anhelo de conocer a sus padres y tener a alguien a quien ponerle un altar el 2 de noviembre. Después se desenvuelve una historia con muchos enredos en la que intervienen códices, hechizos, guardianes de puertas, ajolotes, la ausencia de la muerte y otros elementos que son más ornamentales que narrativos.

Quiero pensar que los productores y el director sabían de antemano que, en este punto de la historia, es parcialmente imposible competir económicamente y en público con el monopolio del entretenimiento que representa Disney-Pixar, especialmente en cuanto a producciones animadas se refiere. Digo, supuestamente por eso se retrasó el estreno. Es así que la única manera en la que se puede competir, especialmente con un público tan cautivo como el mexicano, es en la base: el argumento.

El matiz de la muerte y su ausencia era interesante y daba para crear un relato extenso, pero fue ignorado por la común odisea con pretensiones épicas y chistoretas… es decir, emular un relato Disney. No insinúo que se tuviera que abandonar la comedia ni los elementos anecdóticos, pero tampoco llegar al abuso como para que sean lo destacable de la película. El desarrollo está lleno de resoluciones convenientemente esperadas, incongruencias y líneas tan explicativas que son burdas. Además, los actos lucen inconexos entre sí, lo que afecta al ritmo.

Es probablemente la tendencia del género, pero no es una manda. De nuevo, en animación computarizada no se puede competir con Disney. Fue muy ambicioso e inocente quizá el querer igualar la calidad milimétrica de esos trabajos que disponen de un extenso número de colaboradores y recursos cuasiinfinitos para detallar toda estructura. Los “teasers” que anduvieron festivaleando por ahí tenían un bonito cuadro de unas velas que lucían bastante reales y, de hecho, los primeros minutos de la cinta tienen una apariencia decente. Sin embargo, con el pasar de las escenas, la calidad de la animación parece decrecer, haciendo notorios varios movimientos antinaturales de las figuras y errores en la física de los cuerpos. Aquí es cuando me pregunto: ¿por qué esa necedad de querer incurrir en la competencia del CGI, cuando recientemente ha habido productos en 2D sumamente interesantes y virtuosos en, por ejemplo, el cine iberoamericano?

Finalmente, es absolutamente ridículo y absurdo que una película que anteriormente usó la carta de la nacionalidad para alzarse como la verdadera historia sobre una tradición, esté hablada originalmente en inglés. Eso no solamente es un sinsentido, sino que forzó a la producción a echar mano de un terrible doblaje, el cual incluso se aprovecha cuando no se ven los personajes; no dan frente a “la cámara” para hacer chistes cutres en una notoria necesidad de inyectar gracia a una trama desabrida, cuyos momentos más brillantes son de risa involuntaria, como esa caída hilarante de Sara García.

Día de muertos es una enorme oportunidad fallida. Tanto armar controversia, usar el rol de desfavorecidos -que sí son, no digo que no- y años en la realización… para tal resultado. Además, deja ver, como en muchísimas películas mexicanas, la aspiración inconsciente inserta en su psicología. Y externa porque hay muchos momentos que se parecen a su contraparte gringa. Yo nomás digo que la canción final de Coco es Recuérdame… y la de acá es Perdóname. Yo nomás digo.

Los primeros filmes mexicanos que conquistaron Cannes

Por: Brenda Hernández (@lalelilolupita)

Desde su inicio el 20 de septiembre de 1946, el Festival de Cannes ha contado con la presencia mexicana; desde su primera edición grandes figuras han desfilado por la alfombra francesa, con lo cual pasaron a formar parte de uno de los más grandes escaparates de la industria.

En aquella primera selección oficial de 68 cortometrajes y 45 largometrajes, 11 de éstos recibieron la Palma de Oro (Grand Prix), el máximo galardón. Entre títulos como Roma, ciudad abierta (Roberto Rossellini) y Días sin huella (Billy Wilder), María Candelaria de Emilio “Indio” Fernández también destacaba como una de las mejores. Además, el cuarto largometraje del cineasta mexicano se llevó el premio a la Mejor fotografía, realizada por Gabriel Figueroa. El legendario cinefotógrafo compartió ese premio consigo mismo, pues  también participó en la comedia Los Tres Mosqueteros de Miguel M. Delgado, la cual fue reconocida en la misma categoría.

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María Candelaria es una de las películas más representativas de la Época de Oro del cine mexicano; narra el romance entre la protagonista, quien da el nombre al filme (Dolores del Río), y Lorenzo Rafael (Pedro Armendáriz). Emilio Fernández echa mano de uno de los argumentos más utilizados en este periodo; la inocencia y la pureza indígena. En aquel momento fue elogiada por la crítica y se considera la obra más importante de esta dupla actoral.

En el contexto de la Segunda Guerra Mundial y tras años de exilio en Estado Unidos, Luis Buñuel llegó a México en un intento por arribar a París; fue entonces que conoció al productor Óscar Dancigers, quien le ofreció trabajar en la película Gran Casino (1947), estelarizada por Libertad Lamarque y Jorge Negrete. En su momento, la cinta con la que comenzó su etapa mexicana, no fue bien recibida, lo cual le costó varios años de desempleo al español.

Fue hasta 1949 cuando realizó El Gran Calavera, con la que le dio un nuevo aire a su carrera en México y consiguió la oportunidad de filmar Los olvidados en 1951, una cinta caracterizada por la crudeza con la que muestra a los niños de la calle. Al crear una ruptura en la forma de retratar al país, que hasta ese momento proyectaba la pobreza de una forma idílica, la película no fue bien recibida por la crítica, el gobierno, la clase alta del país y personalidades de la industria. Aun con la mala recepción al interior de país, Buñuel llegó con ella a Cannes, donde se hizo acreedor al premio a Mejor director y con la cual iniciaría una creciente trayectoria dentro del evento.

Para la sexta edición en 1953, el entonces premio a la Mejor narrativa visual, que reconocía el trabajo de director y el fotógrafo, fue para Emilio Fernández y Alex Phillips por La red, lo que provocó opiniones divididas, por ejemplo, el crítico Andre Bazin publicó en su libro ¿Qué es el cine?: 

“Yo no fui el único que se sintió aturdido por el premio que obtuvo ‘La Red’ en el último Festival de Cannes. Me parecía que el jurado se había dejado cazar en una trampa bien grosera o, todavía mejor, que no se había dado cuenta exactamente de lo que consagraba como el film ‘mejor contado por la imagen’. Pero no estoy lejos de aceptar, con el paso del tiempo, que ‘La Red’ merecía señalarse a la atención del público (…) comprendo que Abel Gance haya llorado de emoción. En los tiempos grandiosos de sus delirios más desatados, no se hubiera atrevido a soñar con tal despliegue de símbolos; de un reinado tan deliberadamente elemental de la imagen a despecho de los rodeos psicológicos de la intriga. (…) Por todo ello me siento incapaz de decidir si ‘La Red’ es un gran film o una broma pesada”.

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Para 1959 Luis Buñuel regresó con Nazarín, filme con el que ganó el Premio internacional. Dos años más tarde se hizo acreedor al máximo reconocimiento otorgado en la Riviera Francesa por Viridiana. La película protagonizada por Silvia Pinal es una adaptación de la novela Halma de Benito Pérez Galdós, y aun con sus logros en el festival, se enfrentó a la persecución franquista y fue prohibida en España e Italia; incluso L’Osservatore Romano, el diario oficial del Vaticano, alertó al gobierno de Franco, por lo que se ordenó la destrucción de todas las copias. Sin embargo, después de un sin fin de peripecias, Pinal y el productor Gustavo Alatriste salvaron una copia y escaparon a México con ella. Actualmente se considera una de las obras cumbre del cine nacional.

El último trabajo de Buñuel en Cannes se presentó en 1962 y fue El Ángel Exterminador (1966), película surrealista que cuestiona los limites del comportamiento humano y representa la degradación de la aristocracia. Con ella obtuvo el Premio de la crítica, reconocimiento que en 1965 también recibió Luis Alcoriza con Tarahumaras, protagonizada por Ignacio López Tarso.

Tarahumaras es el relato de un antropólogo que llega a la sierra para estudiar los problemas de los indígenas, y al descubrir la explotación de la que son objeto, decide hacer algo para transformar la situación. Fue uno de los pocos casos de la época que planteó una visión del mundo indígena mas allá de las mistificaciones paternalistas del cine mexicano convencional.

Después de aquellos proliferos años hubo un silencio de México en el certamen galo, el cual se extendió por más de tres décadas, hasta que en los años 90 resurgió con la presencia de El Héroe (Carlos Carrera), ganador de La Palma de Oro en la categoría de cortometraje. Desde entonces el cine mexicano ha logrado diversos espacios en el festival, sin embargo, es importante recordar que se ha tratado más de esfuerzos aislados y no como una representación del resurgimiento de la industria nacional.

Llega el cine de Roberto Gavaldón a San Sebastián

El Festival Internacional de Cine de San Sebastián, el certamen más importante de España y uno de los más destacados de habla hispana, presentará una retrospectiva dedicada a uno de los realizadores mexicanos más prolíficos de la cinematografía nacional: Roberto Gavaldón.

La diosa arrodillada

Gracias a la colaboración de la Filmoteca de la UNAM y la Cineteca Nacional se presentarán 20 títulos de la filmografía del cineasta ganador de la Medalla Salvador Toscano al Mérito Cinematográfico en 1986.

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El público del festival que se realizará del 20 al 28 de septiembre, podrá ver La barraca (1944), con la que Gavaldón debutó como director, aunque antes ya había participado en más de 40 producciones como asistente de dirección. La película fue restaurada por la Filmoteca con el apoyo de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas (AMACC). Del acervo de la Filmoteca se exhibirá en formato digital La otra (1946) con la actuación de Dolores del Río y Días de otoño (1962) en 35mm, con la inolvidable actuación de Pina Pellicer.

La otra

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La Cineteca Nacional participará con las películas: Rayando el sol (1945), La diosa arrodillada (1947), versión restaurada; En la palma de tu mano (1950), restaurada; Rosauro Castro (1950), restaurada; La noche avanza (1951), Acuérdate de vivir (1952), El rebozo de Soledad (1952), Aquí está Heraclio Bernal (1957), Macario (1959), Rosa Blanca (1961), El gallo de oro (1964), El niño y la niebla (1953), La escondida (1955) y Flor de mayo (1957).

Adicionalmente el festival incluyó en su programación las cintas Sombra verde (1954), Miércoles de ceniza (1958), Don Quijote cabalga de nuevo (1972) y La madrastra (1974), estas dos últimas coproducidas con España.

A 100 años de ‘El automóvil gris’ el primer docudrama del cine mexicano

Por: Rubí Sánchez (@rubynyu)

En 1915 una banda de ladrones aterrorizaba a la Ciudad de México. A bordo de un Fiat color gris, el grupo se disfrazaba de militares, y con el pretexto de contar con órdenes de cateo, tenían acceso a dinero, joyas y hasta a platería. Los habitantes los dejaban ir con sus pertenencias tras la promesa de recuperarlas luego de una investigación. En ocasiones los propietarios sospechaban y se oponían a los delincuentes, quienes respondían con la fuerza y huían en el famoso automóvil gris.

Cuatro años después, los crímenes fueron llevados al cine por Enrique Rosas junto a Joaquín Coss y Juan Canals de Homs, quienes tenían pensado crear una serie de 12 episodios que retratarían las fechorías de la banda del automóvil gris. Enrique Rosas nacido en 1877, se había dedicado a inmortalizar momentos de la Revolución Mexicana al considerarse “un ambulante” y filmar todo lo que le fue posible.

Sin tocar el movimiento armado, en El automóvil gris (1919) nos acercó a sociedad mexicana de esta época, su modo de vida y cómo se enfrentaron a la violencia de una banda de maleantes. Vimos otra faceta del México que nos mostró Eisentein o Fernando de Fuentes con cintas como Vámonos con Pancho Villa (1936). 

Es considerado el primer docudrama mexicano, y está basado en los registros de Miguel Nocoechea, un reportero que cubrió los hechos, así como en las notas de Juan Manuel Cabrera, el asistente del jefe de policía a cargo de la investigación. Ambos ayudaron en el guion y Juan Manuel participó interpretándose a sí mismo

El filme se estrenó el 11 de septiembre de 1919 y rompió los récords de taquilla. Entre las salas de cine en las que fue proyectada está el Salón Rojo, ubicado en la calle de Plateros (hoy Madero), y el Olimpia. La historia se volvió todo un éxito, que siguió presentándose a lo largo de los años, tanto en cine como televisión, lo que la convirtió en la más importante del cine silente mexicano.

Los atracos de la banda marcaron a una sociedad que aún vivía los estragos de la Revolución Mexicana, su modus operandi hacía pensar que parte de la fuerza pública estaba coludida, puesto que las órdenes de cateo estaban firmadas por el general Pablo González -lugarteniente de Carranza-, quien llegó a ser considerado el autor intelectual. Sin embargo, en el trabajo de Enrique Rosas trató de exculparlo, por razones políticas, ya que era de los líderes revolucionarios presidenciables, de modo que en la cinta se hace pensar en uno de sus ayudante es quien robaba las órdenes. 

La mayor parte del metraje de El automóvil gris recrea los hechos en las locaciones reales, y cuenta con imágenes reales de la ejecución de los criminales, que lo acerca con el cine documental hacia el final. Tales detalles causaron sensación en su momento, puesto que mostraron al público los hechos de manera más cercana. La película también cuenta con planos abiertos de la Ciudad de México, lo que nos permite revivir su época revolucionaria, ver sus calles originales y conocer un poco de la vida diaria de sus habitantes; vislumbra monumentos clásicos como “El caballito, así como algunos edificios del primer cuadro de la ciudad.

La historia es contada a través del histrionismo de sus actores, con sus movimientos y gestos exagerados, es posible apreciar sus emociones y acciones. La cinta es un thriller policial, con raptos, escenas de tiroteos y persecuciones. Es constante el uso de los primeros planos, el acercamiento o los planos generales, así como cortes precisos. 

En 1933 se realizó una sonorización de la cinta, puesto que la música original se perdió, al mismo tiempo que se redujo la serie a un largometraje convencional de 111 minutos. De manera que la historia sufrió mutilaciones, al mostrar varias escenas inconclusas o incomprensibles, perdiendo así su sentido original, además de que la incorporación de diálogos hizo que el ritmo se volviera torpe.


 
Sin embargo El automóvil gris fue la primera película silente restaurada por el Laboratorio de Restauración Digital de la Cineteca Nacional,  proceso en el que se intervinieron más de 180 mil fotogramas, restaurando  color, estabilización de imagen, reconstrucción de intertítulos y en la recuperación de escenas que no habían salido a la luz en más de 90 años. De ahí que  ahora se exhibirá una versión de 3 horas 40 minutos, intentando ser más fiel al trabajo original.

En torno a su centenario, el filme visitará diferentes ciudades de la Republica como: Aguascalientes , Guadalajara, Oaxaca, Tijuana, Guanajuato,  Querétaro, así como la Ciudad de México. Esta versión contará con la musicalización del pianista José María Serralde Ruiz, quien compuso una partitura a partir de una prospección músico-historiográfica de la prensa y fuentes musicales de época. 

Sus próximas funciones son una gran oportunidad de conocer un hito en la historia del cine mexicano, que causó sensación en su época y que sobrevivió al paso del tiempo al capturar un historia real, y que al ser llevada a la ficción, dejó huella en la sociedad mexicana de su tiempo, y que no deja de sorprender a la actual.  

Eugenio Polgovsky: el poeta de la realidad

Por: Karla León (@klls_luu)

La memoria colectiva y una fuerte inclinación por las problemáticas sociales marcaron el estilo poético del cineasta Eugenio Polgovsky, uno de los mejores documentalistas mexicanos de la última década, y cuya narrativa contrapone el acontecer de un México estigmatizado por la corrupción, la desigualdad y la injusticia. 

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Un cuarto oscuro y un armario vieron nacer la carrera autodidacta de Polgovsky, quien se inició en la fotografía al capturar situaciones cotidianas de personajes marginales, mismas que dieron vida a diversas exposiciones que incluían las impresiones de sus viajes por México y Nueva York y, por lo cual, a los 17 años recibió el Premio Mundial de Fotografía ACCU/UNESCO. 

Apegado al cine documental, Eugenio catapultó sus inicios con Trópico de Cáncer (2004), que retrata la constante lucha por sobrevivir de los habitantes del desierto de San Luis Potosí, lo que le valió múltiples galardones, así como su exhibición en el Festival de Cine de Sundance, Festival Internacional de Cine de Morelia, el Festival Cinéma du Réel, el Festival Internacional de Cine de Cannes, el Festival Internacional de Cine de Rotterdam, además del MUAC de Nueva York.

Una crítica social

El estilo cinematográfico de Polgovsky no pasa desapercibido; narrativas conmovedoras y una personalidad con alto grado de sensibilidad resaltan un nuevo lenguaje del cine documental contemporáneo, mismo que, bajo la lupa, ha generado argumentos polarizados que van desde la falta de ética, hasta una reflexión sobre el acontecer de las minorías en México. 

Formado en el Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC), el cineasta fundó la productora Tecolote Films en 2017 y, con el apoyo del Fondo Hubert Bals, produjo, dirigió, fotografió y editó Los Herederos (2008), largometraje que muestra la infancia mexicana en tres regiones rurales y que se proyectó en el Festival Internacional de Cine de Venecia. 

Los herederos

Eugenio consolidó una aproximación vivencial a través de las situaciones de vida de sus personajes, lo que resulta un símbolo poético de la realidad y acerca al espectador a experiencias ligadas a la memoria y a los sentidos. La lógica de su narrativa es casi antinatural, al punto de lograr una cronología que, si bien no es metódica, acumula una progresión que se traduce en impulsos de tiempo que se acompañan de un lenguaje cinematográfico maravilloso y una calidad sonora que se aleja del simple sonido directo.

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La mirada hacia la resurrección 

A lo largo de su trayectoria, Polgovsky ganó cuatro premios Ariel y recibió el Premio Nacional de la Juventud de México, galardón que, por primera vez en la historia, fue otorgado a un joven cineasta, así mismo, formó parte del jurado oficial en diversos festivales; entre los que destacan, el FIC Morelia, Ficunam y GIFF. 

De manera independiente, Eugenio logró producir y dirigir Mitote (2012), su tercer largometraje documental que tuvo como escenario el Zócalo de la Ciudad de México, y que fue presentado en el Festival de Cine de Roma, además de salas de cine independiente. Ese mismo año, a petición de Greenpeace, comenzó a rodar Un salto de vida (más tarde Resurrección), que retrata la situación del Río Santiago en Jalisco, una región sumida en la corrupción y en una catástrofe ambiental.

Resurrección (2016), película ganadora del Premio Ambulante en la 14° edición del Festival Internacional de Cine de Morelia, culminó la corta, pero excelsa carrera de Eugenio, cuyo legado ha trascendido en el mundo, por medio de un mensaje humanista y bajo una mirada auténtica que alcanzó más de 30 premios nacionales e internacionales. Este mes, a tan solo un par de años de su partida, homenajeamos al poeta, indiscutiblemente, de la realidad.

Todo lo que debes saber del Día del Cine Mexicano 2019

El cine mexicano cuenta con un gran catálogo de títulos, basta recordar las 186 películas producidas en 2018, cuya cifra rompió récord. Sin embargo, los problemas emergen cuando hablamos de los siguientes pasos: la distribución y la exhibición; aun hay una brecha considerable entre el espacio que se le da al cine mexicano versus el cine estadounidense.

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Es por ello que resulta importante conocer la programación del Día Nacional del Cine Mexicano, que se celebra el 15 de agosto, y la cual nos permite echar un vistazo a producciones mexicanas recientes -tanto ficciones como documentales- que no han sido exhibidas, también a producciones de alto impacto en taquilla y clásicos del cine mexicano. 

Organizada por la Secretaría de Cultura, a través del Instituto Mexicano de Cinematografía (Imcine), la programación incluye más de 200 funciones en 100 sedes de todo el país. Los detalles de los títulos y sedes los puedes consultar aquí. En la Ciudad de México algunas de las sedes serán: Cine Tonalá, Cineteca Nacional, Filmoteca UNAM, Le Cinema Ifal y el Museo Nacional Nacional de Culturas Populares. 

También se suman las plataformas digitales. FilminLatino tendrá disponible una nueva selección de 16 títulos a partir del 15 de agosto. Algunas serán funciones especiales gratuitas que se podrán ver por 24 horas, una semana o hasta un mes para los usuarios registrados.

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Cinépolis Klic y Apple Tv lanzarán promociones para contenidos mexicanos. En el apartado de la televisión pública, Canal 22, Canal Once, Once Niños y TVUNAM se suman con transmisiones especiales el 15 de agosto tanto de largometrajes como cortometrajes y programas que dialogarán sobre nuestro cine. 

Algunos de los títulos que podrás ver son: Hasta los dientes, Pájaros de verano, Las niñas bien, La jaula de oro, El peluquero romántico, De la infancia, El lugar sin límites, El club de los insomnes, El complot mongol, Cría puercos y Atrás hay relámpagos