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Mujeres que transforman el cine: Maryse Sistach y su visión única

Mujeres que transforman el cine: Maryse Sistach y su visión única

Al terminar su formación de preparatoria en el colegio Liceo Franco Mexicano, Maryse Sistach viajó a París, Francia, donde empezó sus estudios de licenciatura en Artes Visuales, carrera que luego cambiaría por Antropología. Al concluir sus estudios universitarios, regresó a México, donde adquirió un particular interés por la antropología fílmica, motivo por el cual se inscribió en el Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC).

Estudiar cine en la época de 1960 no era un camino fácil, mucho menos siendo mujer. En el programa TAP Especial de Directores (Canal Once), Sistach contó que al contarle sus planeas artísticos a su padre, él le llegó a decir: «Si quieres hacer churros, mejor te pongo una churrería». Ya estando en el CCC, su primer interés fue desarrollarse en la dirección de fotografía, sin embargo, este deseo nunca fue alentado por sus maestros. Afortunadamente, poco a poco la joven y futura cineasta halló su camino dentro de la industria, gracias a la mentoría y al apoyo de personas como el director mexicano Jaime Humberto Hermosillo.

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Con el tiempo, Maryse Sistach llegó a ser asistente de dirección de Felipe Cazals y Jorge Fons; pero sin duda el mejor compañero que pudo haber encontrado fue José Buil, actualmente su esposo, con quien ha logrado crear una complicidad que los ha llevado a crear una diversidad de películas cuyos temas dejan ver la historia de México, el mundo adolescente y, sobre todo, la mirada de la mujer dentro de una sociedad complicada como la de nuestro país.

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Maryse Sistach y José Buil en el set de ‘La niña en la piedra’

Ejemplos de ese interés y social y de cómo la dupla ha retratado el contexto de México están desde la tesis de Maryse Sistach, ¿Y si hablamos de agosto? (1980), cortometraje pionero en hablar sobre el movimiento estudiantil de 1968 (casi una década después llegaría Rojo Amanecer), el cual fue mostrado en cineclubs y universidades por 15 años consecutivos en fechas previas al 2 de octubre. Otra muestra es El Cometa (1998), una historia ambientada en 1910, durante la Revolución Mexicana, donde el padre de una niña llamada Valentina es apresado por el gobierno de Porfirio Díaz a consecuencia de las publicaciones que realiza a favor de la democracia.

La película, descrita por el crítico Augusto M. Torres (El País) como una «pequeña obra maestra que ofrece una nueva visión de la revolución mexicana«, fue el el debut en cine de Ana Claudia Talancón, quien comparte cast con un joven Diego Luna.

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Aunque posteriores películas no se centran en un evento en particular, el contexto histórico de México siempre está presente, ya sea en una escena secundaria, como la llegada de Marylin Monroe a México en la década de 1960 en El brassier de Emma (2007), o en algo tan sutil como una forma de probar la cultura general del espectador: ahí está la escena de Perfume de Violetas (2001), donde segundos antes de que la protagonista se presente en el salón, la maestra pregunta cuál fue el papel de México en la Segunda Guerra Mundial.

El mundo adolescente en el cine de Maryse Sistach

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‘Perfume de violetas’ (2001)

El mundo adolescente y su despertar sexual son otros temas que caracterizan a la filmografía de Sistach, quien considera fundamental a este momento de la vida. De acuerdo con ella, la adolescencia es una etapa donde uno toma decisiones que nos marcan toda la vida, pero realmente no tenemos herramientas para tomarlas, no tienes las herramienta. En sus películas, la directora ha hecho que el tema se desenvuelva con éxito gracias la construcción de los personajes (y las situaciones en las que los inserta), las actuaciones y la ambientación. El mayor ejemplo es Perfume de violetas (2001), donde de acuerdo a Sistach «esta cinta es una película olfativa donde en realidad la extrema pobreza se siente en los orines, en las sábanas, en el baño».

Es así que en Anoche soñé contigo (1992), Maryse Sistach nos lleva a conocer a dos adolescentes que, durante sus vacaciones de verano, experimentan por primera vez el enamoramiento y el deseo sexual. La película se trata del debut en cine del hoy reconocido actor Martín Altomaro, quien se convertiría en compañero de Talancón en Soy tu fan.

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‘Anoche soñé contigo’ (Maryse Sistach, 1992)

En ese mundo del primer amor también están  películas como El Brassier de Emma (2007) y Lluvia de Luna (2012), donde conocemos mujeres con sus propios pensamientos, que desean vivir sus propias experiencias; mujeres alejadas de la estereotipada hija mexicana devota a la familia.

Partiendo de lo anterior, cabe destacar que en los aportes de Maryse Sistach está la construcción de personajes bajo un nuevo arquetipo de mujer moderna. Desde su cuarto largometraje, Los pasos de Ana (1998), se puede apreciar esta propuesta en una madre soltera que está dispuesta a luchar por su sueño de convertirse en cineasta.

Posteriormente, al estar leyendo las notas rojas de los periódicos mexicanos e internacionales, Sistach y Buil se inclinaron a realizar un conjunto de películas popularmente conocidas. Se trata de la famosa trilogía de la crueldad, que muestra la violencia sexual que muchas mujeres viven en su cotidianidad. En las diferentes películas plantean distintas formas de cómo esa violencia puede estar presente en el hogar, como en caso de Perfume de Violetas (2001); en la escuela, como en La niña en la piedra (2006), y en la sociedad en general, como en Manos libres (2004). Las películas toman fuerza en conjunto al juntar la parte secundaria de sus títulos: nadie te cree, nadie te ve y nadie te escucha… frase que, lamentablemente, representa a muchas mujeres a nivel mundial.

Aunque ya no forma parte de esa trilogía, en Pole Dance (2023) —escrita por José Buil y dirigida por Maryse Sistach— seguimos viendo esa violencia. En este caso se expone cómo el amor también puede ser violento y tener muchas caras, tales como abuso psicológico, acoso, etc.

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‘La niña en la piedra’ (Maryse Sistach, 2006)

Aunque la misma Maryse Sistach ha clasificado a sus película como producciones de «tortas y chaparritas», estas le han abierto el mundo a premios y festivales. Ha ganado siete premios Ariel, dos reconocimientos en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara (FICG), una Diosa de Plata, una nominación al premio Goya Mejor Película Hispanoamericana, entre otros. Y, más que todo, se ha posicionado en la historia del cine mexicano como una mujer inspiradora, demostrando que para tomar la cámara se requiere de mucha firmeza en lo que se desea contar, firmeza necesaria para superar los obstáculos.

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