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‘Tengo que morir todas las noches’: la fuerza y calidez de la tribu

'Tengo que morir todas las noches': la fuerza y calidez de la tribu

Por: Vanessa Munguía Rivero

¿Por qué se siente tan actual y conmovedora una historia que se desarrolla en un periodo ocurrido en el México de los ochenta? Tengo que morir todas las noches, dirigida por Ernesto Contreras y Alejandro Zuno, destaca por su gran calidad humana. El acertado tratamiento de una variedad de temas LGBTIQA+ es gracias a una diversidad de personajes desde los que conocemos las perspectivas de una lucha colectiva.  

La serie, escrita por Fernando Javier León Rodríguez, Fanie Soto y Alejandro Ricaño, traduce a imágenes la esencia de la construcción de identidad de la crónica homónima, publicada en 2014 por Guillermo Osorno, donde el autor buscó contar “la historia de una comunidad que estaba tratando de encontrar un espacio de libertad a través de la vida nocturna. El éxito de tal visión reside en que, además de incluir de manera muy cercana la experiencia personal del escritor mexicano, logró desdibujar las líneas generacionales al hablar sobre el proceso de conformación de la identidad. La serie comprende esto y hace un trabajo excepcional al traernos una historia que contiene temas vigentes, los cuales se visibilizan con un profundo respeto y gran sensibilidad.

'Tengo que morir todas las noches': la fuerza y calidez de una tribu
‘Tengo que morir todas las noches’

La importancia de la representatividad

Tengo que morir todas las noches nos acerca a un grupo de personajes que históricamente han sido vulnerados y que constantemente han buscado reclamar aquellos derechos, espacios y voces que le han sido arrebatados. Un grupo al cual la no representación suele invisibilizar, ignorar y violentar a través del tabú. Esto es importante, porque ver una película o una serie es una actividad que va más allá del entretenimiento; sus temas se comparten e interpretan. A nivel simbólico nos reconocemos en lo que vemos, y esta identificación se va transformando en la visión que tenemos del mundo. Entonces, ocurre un fenómeno cultural en el que Lauro Zavala, conocido teórico del cine, encuentra “la posibilidad de transformar aquello que está ligado a nuestros deseos y a nuestra manera de desear”. 

En el caso de la representación de historias de la diversidad ha ocurrido que las maneras de desear, existir y de reconocernos son directamente censuradas o tergiversadas. La diversidad sexogenérica se ha mostrado con un humor en el que los personajes son el centro de la burla que, aunque parecería inocente, termina siendo una forma de invalidación; algunos ejemplos son Florida Enchantament (1914), The Masquerader (1914), Modisto de señoras (1969), ¿Victor o Victoria? (1982). 

Por otra parte encontramos personajes relegados a papeles secundarios, convertidos en villanos, definidos por valores indeseables, en contraposición a la idea del héroe. Personajes queer que burlaron la censura con sus finales trágicos; simbólicamente, una lección de lo que debería suceder con aquellas personas que se salían de la norma. Algunos ejemplos son: Muchachas de uniforme (Alfredo B. Crevenna, 1951), Rebeca (Alfred Hitchcock, 1940), La soga (Alfred Hitchcock, 1948), La gata sobre el tejado de zinc (Richard Brooks, 1958), La Calumnia (1961, William Wyler), El detective (Gordon Douglas 1968), Cruising (William Friedkin,1980).

Las propuestas que han hecho frente a esta forma de invisibilizar y violentar simbólicamente nos han regalado joyas del cine y la televisión. Basta con revisitar el New queer cinema, los personajes del cine de Pedro Almodóvar, las historias y adaptaciones de Todd Haynes, la identidad en Ángeles Cruz, el retrato de la homosexualidad de Julián Hernández, películas como Paris is burning (Jennie Livingston, 1990), The Rocky Horror Picture Show (Jim Sharman, 1975), Fresa y chocolate (Juan Carlos Tabío, Tomás Gutiérrez Alea, 1993), Happy Together (Wong Kar-wai, 1997), El lugar sin límites (Arturo Ripstein, 1998), But I’m a Cheerleader (Jamie Babbit, 1999), Una mujer fantástica (Sebastián Lelio, 2017), The Handmaiden (Park Chan-Wook, 2017), Rafiki (Wanuri Kahiu, 2018), Retrato de una mujer en llamas (Céline Sciamma, 2019), Close (Lukas Dhont, 2022) o series como Pose y Heartstopper.

Si visualizamos estos productos culturales notaremos una narrativa crítica que trasciende en la dinámica social para dar cuenta de asuntos de identidad y diferencia. Es claro que la historia LGBTIQA+ trae consigo historias agridulces, reales, de lucha, marginales, etc… sería un error no traer a la mesa temas difíciles e importantes de la lucha a la  pantalla, pero la diferencia radica en la sensibilidad con la que son contadas para generar memoria y dar voz propia. 

Tengo que morir todas las noches  y la importancia de la tribu

La serie nos lleva al México de los ochentas, una época en la que el descubrimiento y liberación de la comunidad LGBTIQA+ se enfrentaban a una fuerza represora policial y el juicio de una sociedad LGBTfóbica. Tengo que morir todas las noches se mueve en un arco narrativo del tipo coming of age, lo cual es un acierto, pues públicos de distintas edades pueden identificarse ya que, a pesar de centrarse en un periodo histórico del que es muy importante generar memoria, nunca deja de ser tan atemporal e importante ese proceso de conocernos y encontrarnos.

El homenaje a esa resistencia se profundiza al comprender cómo es que las familias elegidas son importantes en un proceso de crecimiento, aceptación y empoderamiento. El bar “El nueve» —que existió y es un personaje más en esta historia emblemática— representa aquellos espacios que se fueron ganando. Para cada personaje de la historia es muy importante generar su propio concepto de familia, de un lugar seguro al que acudir en esas noches. 

'Tengo que morir todas las noches': la fuerza y calidez de una tribu
‘Tengo que morir todas las noches’

Es así que el concepto más bello es el de la tribu, pues rescata la idea de la conformación de una sociedad que encuentra particulares formas de organización. Un grupo de personas que busca asegurar su persistencia, que se unen por una identificación y por el cuidado colectivo. No hablamos de individuos cuyas historias llegan a entrecruzarse, sino de una verdadera lucha que se convierte a lo colectivo ante la incertidumbre de su propia existencia… es una historia de unión y resiliencia en donde cada personaje se vuelve entrañable y donde se resalta el poder que conlleva encontrar esa tribu. Ahí está el carismático y artístico Blas, la mirada sensible y audaz de nuestro narrador Guillermo, la voz de Aída que clama por la libertad, el cariño y luz de Arti, el visionario y fuerte Carlo, la protectora y empática Gloria y la mujer valiente y resiliente que es Nova, entre muchas otras historias de quienes resistieron y nos abrieron camino.

Por su tratamiento de temas complejos que hoy en día aun se buscan sanar, la serie es una experiencia impactante que en momentos te rompe el corazón. Entre dichos temas atisbamos un descubrimiento en medio de un mundo heteronormado y con poca información o referentes a los cuales afianzarse. Los deseos no normativos buscan superar el susurro, el placer se encuentra en nuevas exploraciones, se aborda lo complicado que es salir (o no) del closet, ya sea desde la familia hasta un nivel mediático, vemos la dureza de la transfobia y, por supuesto, lo que representó el surgimiento del VIH/SIDA.

Bajo un contexto de discriminación se volvió sumamente complicada la supervivencia, pues los estigmas y el aumento de la homofobia crearon un rechazo social que derivó en tal punto, que personal médico se negaba a atender a las personas infectadas. Además, la condena social por parte de sectores conservadores —desde organizaciones religiosas hasta el nivel institucional— saboteaban los esfuerzos por difundir información para la prevención, ya que se pensaba en el VIH/SIDA como condenas para prácticas sexuales que eran consideradas impensables, por decir lo menos. 

'Tengo que morir todas las noches': la fuerza y calidez de una tribu
‘Tengo que morir todas las noches’

México sigue en esa búsqueda por generar obras audiovisuales que se comprometan con la existente complejidad y diversidad de personajes. Al ser rico en contextos, nuestro país tiene mucho que contar y explorar. Aquí es donde entra la importancia de producciones como la serie que hoy nos atañe. Personalmente hago una petición urgente por conocer las historias de una serie que no tuvo gran promoción, pero es de esas joyas mexicanas que puedes encontrar en Amazon Prime Video

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