El vértigo de Hitchcock

vértigo de la altura

  1. m. Psicol. Sensación de inseguridad y miedo a precipitarse desde una altura o a que se pueda precipitarse otra persona.

La década de los cincuenta se define como un momento determinante para la historia del cine y sobre todo para la filmografía del maestro del suspense. Fue una época en la que Hollywood se consagra como la Meca del Cine, continúa el Star system y se presentan trabajos icónicos como Strangers on a train (1951), Dial M for a Murder (1954), Rear Window (1954) y demás cintas que hoy son un referente tanto del director como de la historia del cine mundial.

Y justo a finales de la década que vio florecer la economía de la posguerra en los Estados Unidos, se filmó Vertigo (1958) considerada la mejor película de todos los tiempos según el British Film Institute, desbancando a la ópera prima de Orson Welles: Citizen Kane (1941).

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La historia exhibe a un Scottie, un detective que fue retirado debido a un trastorno psicológico conocido como acrofobia, y por supuesto, el vértigo. Aun después del descanso involuntario, es contratado para un trabajo relativamente sencillo: seguir e investigar a Madeleine, quien comienza a tener un comportamiento anormal, por lo cual su esposo se preocupa y decide tomar cartas en el asunto.

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Estrenada en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián, la película no tuvo en taquilla una gran acogida. Por su parte, la crítica especializada de la época fue tibia ante la magnitud de una obra como lo es Vertigo.

La producción del filme conllevó la participación del ya conocido James Stewart y una de las estrellas más importantes de la época: Kim Novak. James llegó a afirmar que al principio no se concebía a sí mismo como Scottie, pero que “si Hitch pedía hacer algo, lo hacía”, y sin duda, resultó perfecto para el papel.

Vera Miles (Lila Crane en Psicosis) interpretaría a Madeleine, pero dimitió debido a su embarazo. Finalmente, Kim Novak dio vida al personaje femenino aunque no era totalmente del agrado del director. Novak no era la rubia que acostumbraba Hitchcock, quien se caracterizaba por cuidar al extremo cada detalle, especialmente en las estrellas femeninas y Novak se resistía al cambio físico, como teñirse el cabello. Esto trajo algunos problemas en el rodaje, pero se resolvieron pronto.

Vertigo es conocido por ser el primer filme que usó el Dolly zoom, que ha destacado posteriormente en otras películas fuera de la filmografía hitchcockiana como Jaws (Steven Spielberg, 1975), Godzilla (Roland Emmerich,1998) y Toy story (John Lasseter, 1996).

Se basó en la novela D’entre les morts de Boileau-Narcejac, de la cual Hitchcock compró los derechos y comenzó a trabajar en su adaptación cinematográfica y construir un thriller psicológico. Esto implicaría tocar temas de cierta manera delicados y hasta en esa década, considerados tabú en la industria hollywoodense como los problemas sexuales, creando un vínculo entre los síntomas comunes de algunas personas y lo que sucede con el protagonista.

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Habrá muchas personas que no consideren Vertigo como la obra maestra jamás realizada de la cinematografía mundial, se le podrá considerar anticuada y sin chiste, pero a lo largo de los años ha cobrado el lugar que los críticos y el público no le dieron en su momento.

En la técnica tiene todo el sello característico del realizador británico y que hasta la fecha se sigue imitando, robando y usado por nuevos y viejos cineastas que desean, al igual que el viejo Hitchcock, contar historias a través de un halo de luz que se proyectará en una gran pantalla.

Sebastián Ortiz 

Comunicólogo que habla mucho y escribe (mal) sobre cine, música y ciencia ficción.

 

La inevitable decadencia del amor

  • Después de Polisse, exhibida en la 56 muestra internacional de Cine, en Amor mío Maïwenn experimenta con una historia llena de drama y destrucción interna.

Las relaciones en pareja siempre son un tema para profundizar sobre la complejidad de la convivencia en par, la aceptación del ser amado y el hecho de prescindir de la individualidad para  conseguir una estabilidad emocional… ¿o no?

Maiwenn construye una historia con un suave punto de vista femenino, toca fibras sensibles al retratar situaciones en las que seguramente muchos se sentirán identificados: las etapas de una relación amorosa, desde su clímax hasta su decadencia, el proceso de enamoramiento, la decepción, hasta la infelicidad. Tras sufrir un accidente de esquí, Tony (Emmanuelle Bercot), se halla en un centro de rehabilitación, donde se toma tiempo para recordar la historia que vivió con Georgio (Vincent Cassel) .

Mediante tal remembranza conocemos a Tony, una mujer independiente, joven, segura, profesionista y atractiva, lo tiene todo. Geogio es una especie de magnate despreocupado con una personalidad recia, atractivo, seguro, toda una celebridad. La vida los ha juntado y su relación parece un “cuento de hadas”. Deciden tener un hijo y entonces todo tomará otra dirección. Georgio no puede dejar su pasado y Tony no está dispuesta a ceder ante esto. Así comienza una lucha interminable entre una ambivalencia de sentimientos; un amor y odio que lleva a la desesperación.

Maiwenn, en un excelente guión, pone en juego a los personajes, y su sólida construcción que presenta en un inicio, se ve afectada en el transcurrir de la historia. Las regresiones de los personajes y su reacción ante los nuevos obstáculos hacen realista no sólo sus interpretaciones, sino la cinta en su fondo y forma.

Sus tres actos están adecuadamente establecidos y elevan el filme, lo llevan al extremo y la audiencia lo logra sentir. La directora de origen francés entremezcla de una manera eficaz un mundo asincrónico, la rehabilitación de Tony (presente) y su pasado con Georgio.

Un reparto de primera; La magnifique interpretación de Vincent Cassel lo dejará como el villano en más de una ocasión, su larga y reconocida trayectoria hacen de él un actor orgánico y potente, cambiante de un segundo a otro. Por otra parte Emmanuelle Bercot encarna efectivamente a quien se va convirtiendo en una mujer inestable, codependiente, tensa y enojada que te desesperará por su falta de decisiones. Tal actuación le valió el premio a la mejor interpretación femenina por parte del jurado en Cannes.

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La fotografía nos muestra desde un inicio paletas de colores inclinadas a los fríos, como anticipando el porvenir irremediable de la pareja. Contrastando, la felicidad es mostrada con colores chillantes como rojos y azules. Durante las escenas de rehabilitación de Tony, los ambientes son más cálidos, interpretando una superación del declive interpersonal.

Esta fresca directora conoce bien la puesta en escena, pues además es actriz, pero sobre todo domina la trama que está contando y las intenciones que busca al mostrarla. El filme se resume como un Amour (2012) que puede ser tan compasivo como el de Haneke, o tan destructivo como el amor mismo.

Fan Valdés

Pedagoga de formación pero cineasta por convicción, artista plástica en el tiempo libre.

El nuevo nuevo testamento, ¿qué pasaría si Dios viviera en Bruselas?

Es egoísta pensar que fuimos hechos a imagen y semejanza de “el creador”, pero ¿qué pasaría si esto fuera verdad? Dios vive en Bruselas y es tan física y moralmente parecido a nosotros, controla todo desde su viejo ordenador y decide cuáles serán nuestras tragedias. Es maquiavélico y nada compasivo, su hobby favorito es hacer la vida imposible a los mortales y ha inventado una infinidad de maneras distintas de morir. Tiene todo el poder sobre el mundo terrenal.

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Su hija Ea se ha rebelado contra él. El mundo se ha vuelto inestable, ya que ahora todos conocen su fecha de muerte y Ea tendrá que buscar a seis apóstoles que le ayudarán a escribir “El Nuevo Nuevo Testamento” para abatir al malvado tirano.

La película, cuyo ingenioso guion fue co-escrito por Thomas Gunzig y Jaco Van Dormail, experimenta rompiendo la cuarta pared y alcanza el nivel de una comedia al estilo de El Gran Hotel Budapest: pulcra y elegante, bien lograda, con un humor que incluso trata algunos estereotipos de género de manera armónica y rompe en un suave y colorido desenlace.

La cinta condensa escenarios fantásticos y situaciones sinsentido. El diseño de producción es preciso y combina efectos especiales que dan un aspecto onírico a la trama, un tanto surreal. A esto se suma una maravillosa fotografía con planos cerrados que presentan a los personajes secundarios, y planos abiertos que muestran el “paraíso terrenal” en el que ha caído Ea. Esta increíble sensibilidad visual para contar la historia la hizo ganadora del premio del Cine Europeo a mejor dirección artística.

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Pili Groyne, quien le da vida a Ea, es inteligente y decidida. Físicamente proyecta mucha fuerza y ternura; a la vez, contrarresta su decadente estructura familiar y el personaje de Benoit Poelvoorde, un arrogante, gruñón, descuidado y grosero dios. Por su parte, Yolande Morieu interpreta a una diosa sumisa con poca, pero efectiva participación que sorprenderá hacia el final.

El nuevo nuevo testamento atrae la atención de la audiencia no sólo por sus chistes, sino por un montaje que se vuelve dinámico, característica que también se halla también en el guión, el cual con las micro-historias de los personajes secundarios se vuelve más complejo.

Fan Valdés

Pedagoga de formación pero cineasta por convicción, artista plástica en el tiempo libre.

Desde allá, o la tragedia de los que no saben sentir

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Por: Stephanie Valdés Govantes (@fan_nekobasu)

¿Cómo amar en la adultez cuando en nuestros primeros años carecimos de cariño? A esta reflexión nos lleva el director venezolano Lorenzo Vigas mediante una historia llena de realismo, con matices en las actuaciones y un intrigante ritmo en el montaje. De esta forma, Desde allá desemboca en un entramado de desamor, obsesión, frialdad y frustración.

Su estética plagada de bokehs (desenfoques) denota aspectos importantes de la trama y del personaje principal, Armando, quien se pierde en la densa capa de difuminados; no lo vemos definido, pero sabemos que vaga por ahí. Está desconectado del mundo, pero enfocado en el suyo.

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Así, el cineasta trata la obsesión de un hombre incapaz de generar sentimientos hacia otras personas. Encuentra el refugio sexual en el voyeurismo y disfruta de observar primero a jóvenes para después llevarlos a su casa ofreciéndoles dinero, como buscando el peligro al deambular por las favelas de Caracas.

Vigas no pudo utilizar a mejores actores; Armando es interpretado por el chileno Alfredo Castro, quien hace un espectacular y crudo papel; sus vaivenes enfatizan su inestabilidad emocional, no exagerando, sino con una interpretación neutra. Cuenta con algunos momentos llenos de paternalismo y otros anteponiendo el rechazo; ambivalente, con el rostro caído todo el tiempo provocando un giro que inteligentemente el director lleva hasta el desenlace. Para Luis Silva el mérito también es grande, ya que es la primera película en la que actúa. Él interpreta a Elder, un adolescente ladrón callejero que despierta en Armando una fuerte atracción. Totalmente contrario a Armando, Elder, con cierto aprecio construido en sus tres dimensiones es un personaje intenso y fuerte.

Existen varios momentos en los que ambos convergen en una latente pulsión de muerte. Son profundos y contrastantes: la pasividad y la agresividad en un mismo plano. Sin duda, generar tal tensión actoral es obra de un excelente trabajo de dirección.

Además, el ingenio del realizador encaminó un exquisito diseño de producción. Destaca la utilización de desenfoques que hacen ver a Armando como un fantasma caminando entre las coloridas calles de Caracas y las cálidas paletas de colores durante su voyeurismo.  Los colores neutros que decoran su casa, y hasta los azules dentro de su lugar de trabajo en su oficio como técnico dental, forman una parte esencial del rompecabezas de la narrativa.

La ópera prima del director fue acreedora al León de Oro en Venecia, convirtiéndose en el primer filme latinoamericano en lograr el máximo reconocimiento en este festival.

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El documental que reúne a Hitchcock y Truffaut

El cine según Hitchcock es el santo grial de los estudiantes en las escuelas de cine. El libro es el resultado de una serie de entrevistas que el director François Truffaut le realizó al maestro del suspenso durante varios días. En el escrito lo mismo se encuentran anécdotas que secretos del discurso fílmico del cineasta británico. Dicho texto es ahora un manual de carácter académico y  referencia obligada de todo cinéfilo.  Kent Jones se sumerge aún más en el proceso de creación de la obra para su documental Hitchcock/Truffaut.

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Tener a dos leyendas del séptimo arte es un gran atractivo, sin embargo Jones desea complementar la perspectiva alrededor del binomio, es por ello que recluta a un brillante grupo de creadores contemporáneos, entre los que destacan Martin Scorsese y David Fincher. La inclusión está completamente justificada, la influencia de Hitchcock en cada uno de los realizadores permite que se desmenuce su técnica, así como el gran número de aportaciones que legara al arte cinematográfico.

La estructura del documental es la misma del libro. Se comienza con la incursión casual de Alfred en arte de dirigir, de ahí se desglosa a detalle su filmografía. La diferencia radica en la oportunidad de escuchar de viva voz a los protagonistas del celuloide, mediante los audios originales que Truffaut recopiló. El choque de estilos y la eterna curiosidad frenética del cineasta francés quedan de manifiesto en contraste con el ritmo lento y sobrio del británico. Es fácil vincularles con sus respectivas maneras de hacer cine; el primero apasionado como pocos, el segundo brutal en la forma.

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La fotografía juega un papel fundamental. Truffaut se trasladó a Los Ángeles acompañado de una intérprete y un fotógrafo: Phillippe Halsman, quien elaboró una serie a blanco y negro que el mismo Hitchcock se encargó de dirigir. A leguas se nota en las imágenes el nivel de intimidad que lograron, allí se presagia la amistad entrañable que entablaron hasta la muerte de Hitchcock. Las instantáneas suplen al video, la voz en off y un ligero movimiento digital añaden cierto dinamismo, fundamental para no cansar al espectador.

Sin embargo, no todo es miel sobre hojuelas. La duración del documental se asemeja más a la de un telefilme que a la de una película per se, algunas declaraciones quedan en lo anecdótico y se ven opacadas por intervenciones más específicas como las de Scorsese, quien no pierde oportunidad de aportar en lo teórico. Además, varios conceptos que se abordan en la obra original pasan desapercibidos.

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Hitchcock/Truffaut es un documento imprescindible, que funciona como introducción al libro en el que está basado o para quien no sea un ávido de la lectura, es un documental que presenta y desarrolla a dos de los directores con mayor influencia en la historia del cine. El documental ya es una referencia necesaria para cinéfilos y creadores por igual.

Gerardo Herrera

Guionista, cofundador y editor de Zoom F7

 

 

El matrimonio o convertirse en una langosta

Probablemente enamorarse no es una opción; quizá sea inherente a la lista de acontecimientos que deben marcar la vida del ser humano. El amor se sitúa en la cotidianidad para sacudirla; transgrede la mirada, las aspiraciones y lo que hasta entonces considerábamos límites. Y sin duda, dejarnos bañar por esa brisa que el cuerpo del otro desprende, trae consecuencias inimaginables, dolorosas y alegres. Porque tal vez el fin del amor es ese, transformarnos a partir de los contrastes.

Sin embargo, nos han obligado a mirar a tal sentimiento a través de los convencionalismos sociales: la vida en pareja, el matrimonio, los hijos; encausándolo a los mecanismos de dominio que cada sociedad necesita. Y es justo en este terreno donde el cineasta Yorgos Lanthimos realiza su tercera película, The lobster, en la cual muestra un contexto que ha convertido al enamoramiento en algo repugnante. Ahora está en las leyes que debes tener pareja, ¿los sentimientos? No importan, el único objetivo es un lugar exento de soltería.

El protagonista es David, interpretado por Colin Farrell, quien es llevado al hotel-cárcel en el momento en que se queda soltero. Ahí tendrá que encontrar pareja en poco más de un mes, por lo que irá a fiestas en las que todos lucen igual, los hombres visten traje y las mujeres el mismo vestido floreado.

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Hasta este momento podría señalarse que los golpes de efecto sufren de naturalidad. Aparentemente son forzados, sin embargo tal sensación responde al propio ambiente, donde todo es mecánico, incluso el sexo. Las interacciones se alimentan de la falsedad y no podría ser de otro modo, ya que sólo es necesario ser práctico, la razón: la relación debe basarse en algo que funciona. Y de aquí se desprende la duda ¿es mejor estar solo? David desea averiguarlo en el bosque, donde los mismos individuos del hotel cazan a fugitivos como él.

Ahí se encontrará con otra cárcel, pero al aire libre. En el bosque hay líderes que vigilan todos los movimientos, porque aquí es crimen relacionarte, tener sexo, y obviamente, enamorarte. Aun con tal control, David halla a seres más naturales y empatiza con una mujer, contrariamente a su estancia en el hotel. El protagonista quebranta las reglas en ambos sitios y las consecuencias serán desgarradoras.

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Además de la dimensión social, la trama se vale efectivamente de la dimensión física, remarcando la opresión del contexto. No hay control sobre el cuerpo mismo, si los personajes no consiguen pareja en los 45 días, se convertirán en un animal de su propia elección. David elige la langosta, de ahí el título de la película. Con sus propias leyes, igualmente radicales que las del hotel, en el bosque las personas sufren castigos que violentan su cuerpo.

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Las características de la película se tornan extremas, pero como en toda distopia, lo único que Yorgos ha hecho es tomar los prejuicios que se tienen respecto a la soltería y las expectativas que la sociedad ha sembrado sobre la forma en que nos relacionamos con el otro.

En entrevista con la revista española Fotogramas, el director comentó que una de sus intenciones fue mostrar una visión honesta de las relaciones humanas, que tienen un lado romántico que está en permanente lucha contra una cara más cínica. Y sin duda lo logra gracias a un guión sólido y destacables actuaciones: Collin Farrell, Rachel Weisz y Léa Seydoux resultan un trío seductor de personalidades, del que emana la crueldad, la esperanza, la incertidumbre y la desesperación, los ingredientes principales de esta historia.

Leticia Arredondo

Cofundadora y editora de ZOOM F7. Escribo sobre cine y fotografía.

 

Taxi Teherán y el deseo de hacer cine

Yo le paro el taxi.
-Osmani García

Jafar Panahi forma parte de la nueva ola iraní, movimiento fundamental en la historia contemporánea del séptimo arte que lo mismo mama de la Nouvelle vague francesa que del neorrealismo italiano. Sin embargo, el principal aporte proviene del contexto caracterizado por una brutal represión. El director atrae a cinéfilos, expertos y público por igual; Taxi Teherán no es la excepción, fondo y forma coexisten en una obra enmarcada lo mismo en la cámara de piedra que en la rigidez del régimen.

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La película se puede criticar a partir de dos vías: la del espectador casual y la del experto que hurga hasta lo más profundo para comprender cualquier expresión artística. La puesta en cámara se limita a las potencialidades de una cámara “de seguridad” al interior de un taxi, manejado por el propio director. Es decir, que los movimientos de cámara se reducen a unos cuantos travellings y una temblorosa cámara en mano a cargo de una directora de fotografía de tan solo 9 años.

Lo interesante es el ir y venir de los personajes, del cliente ocasional, heterogéneo. El pueblo iraní desfila ante nuestra mirada en un cruce ficción-documental. Panahi los incita, provoca y consciente, cada ser que ocupa el asiento afelpado del vehículo rememora al pueblo italiano de postguerra retratado por Visconti o De Sica. Quien espere un conflicto tradicional se verá obligado a abandonar la sala, aquí premia lo cotidiano, una suerte de microconflicto estático o repentino dependiendo del pasajero que aborde el transporte.

Para el espectador eventual resulta una experiencia sumida en el tedio, el plano largo se ve favorecido ante la carga de información que proporciona cada persona, siempre dialogada, pocas veces la acción se impone a la palabra. Podría surgir el cuestionamiento ¿por qué un cineasta decidiría incursionar en el transporte público? ¿cuál es el afán de capturar el viaje de cada viandante?

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La respuesta es simple: el amor al cine, el placer de contar historias a través de cualquier medio hasta las últimas consecuencias. Cuando uno se encuentra con el contexto que circunda al realizador, comprende la valía de la obra. Jafar Panahi fue encarcelado por 88 días ¿su crimen? Hacer cine. Películas que se consideran una afrenta en contra del gobierno, cintas que defienden a la mujer colocándola en situaciones “exclusivas de hombres” o que denuncian. A partir del encarcelamiento el director se juega la vida tentando al sistema. Oculto entre las sombras, al interior de un vehículo. Captando la esencia de su patria por medio del habla cotidiana de sus habitantes.

El experimento es una extraordinaria afrenta cuya enseñanza fundamental, más allá de técnicas o teorías reside en la pasión desbordada por el anhelo de crear. Que no encuentra absolutamente ningún obstáculo cuando es la razón esencial del vivir. Panahi no enseña cine con esta película, tampoco nos dice cómo hacerlo. Su lección es que si uno tiene el deseo hará hasta lo imposible por lograrlo ya que como dijera Aristóteles: “Sólo hay una fuerza motriz: el deseo.”

Gerardo Herrera

Guionista, cofundador y editor de Zoom F7