Desde allá, o la tragedia de los que no saben sentir

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Por: Stephanie Valdés Govantes (@fan_nekobasu)

¿Cómo amar en la adultez cuando en nuestros primeros años carecimos de cariño? A esta reflexión nos lleva el director venezolano Lorenzo Vigas mediante una historia llena de realismo, con matices en las actuaciones y un intrigante ritmo en el montaje. De esta forma, Desde allá desemboca en un entramado de desamor, obsesión, frialdad y frustración.

Su estética plagada de bokehs (desenfoques) denota aspectos importantes de la trama y del personaje principal, Armando, quien se pierde en la densa capa de difuminados; no lo vemos definido, pero sabemos que vaga por ahí. Está desconectado del mundo, pero enfocado en el suyo.

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Así, el cineasta trata la obsesión de un hombre incapaz de generar sentimientos hacia otras personas. Encuentra el refugio sexual en el voyeurismo y disfruta de observar primero a jóvenes para después llevarlos a su casa ofreciéndoles dinero, como buscando el peligro al deambular por las favelas de Caracas.

Vigas no pudo utilizar a mejores actores; Armando es interpretado por el chileno Alfredo Castro, quien hace un espectacular y crudo papel; sus vaivenes enfatizan su inestabilidad emocional, no exagerando, sino con una interpretación neutra. Cuenta con algunos momentos llenos de paternalismo y otros anteponiendo el rechazo; ambivalente, con el rostro caído todo el tiempo provocando un giro que inteligentemente el director lleva hasta el desenlace. Para Luis Silva el mérito también es grande, ya que es la primera película en la que actúa. Él interpreta a Elder, un adolescente ladrón callejero que despierta en Armando una fuerte atracción. Totalmente contrario a Armando, Elder, con cierto aprecio construido en sus tres dimensiones es un personaje intenso y fuerte.

Existen varios momentos en los que ambos convergen en una latente pulsión de muerte. Son profundos y contrastantes: la pasividad y la agresividad en un mismo plano. Sin duda, generar tal tensión actoral es obra de un excelente trabajo de dirección.

Además, el ingenio del realizador encaminó un exquisito diseño de producción. Destaca la utilización de desenfoques que hacen ver a Armando como un fantasma caminando entre las coloridas calles de Caracas y las cálidas paletas de colores durante su voyeurismo.  Los colores neutros que decoran su casa, y hasta los azules dentro de su lugar de trabajo en su oficio como técnico dental, forman una parte esencial del rompecabezas de la narrativa.

La ópera prima del director fue acreedora al León de Oro en Venecia, convirtiéndose en el primer filme latinoamericano en lograr el máximo reconocimiento en este festival.

Trailer 

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