Madame Web: el ocaso del cine de superhéroes
Madame Web ni siquiera alcanza el calificativo de “es tan mala que es buena”. La película es un desastre por fallidas decisiones del estudio, no porque el proyecto sea una provocativa rareza desmesurada.
Tras casi morir en un accidente, la paramédica Cassandra Webb (Dakota Johnson) adquiere el poder de la clarividencia; visiones que le permiten salvar a tres adolescentes (Sydney Sweeney, Isabela Merced y Celeste O’Connor) de ser asesinadas por el villano Ezekiel Sims (Tahar Rahim), un magnate obsesionado con sueños premonitorios sobre su muerte.
El Universo Extendido de Spider-Man producido por Sony no es peor que las últimas fases del UCM de Disney, pero sí más descarado en su indiferencia por la calidad de los productos. Madame Web (2024) es la última entrega de un género cinematográfico en decadencia, desgastado por la falta de guionistas talentosos, un uso indiscriminado del CGI y (sobre todo) la ambición de los CEOs y demás directivos que controlan la industria. Lo más grave de esta película es que logró llegar a salas, pese al conocimiento de todos los involucrados sobre lo desastroso del producto final, algo vaticinado por la extraña gira promocional de Dakota Johnson.
A grandes rasgos, los productores intentaron emular la fórmula de Jessica Jones (ABC Studios), convirtiendo a Cassandra Webb en una “heroína” alternativa para prescindir del trabajo creativo (y el presupuesto) que implicaría reproducir el mundo mágico de los cómics, como sucedió con el cabello cortado de Medusa en Inhumans (ABC Studios) o el dragón de Iron Fist (ABC Studios) que nunca vimos en pantalla. Nada en Madame Web nos convence de estar en el nacimiento de alguno de los Peter Parker vistos en No Way Home (2021), porque todas las referencias al Spider-Verso son redundantes e irrelevantes por su obviedad.
La elección de una directora involucrada en los contenidos de Marvel para Netflix no es casualidad: Madame Web se siente como el piloto de una serie que irá reduciendo recursos con el pasar de las temporadas. Lo peor es que Sony ni siquiera planeaba convertir a la película en una franquicia, pues el largometraje es otro experimento para desempolvar personajes secundarios del “mundo arácnido” y ver si alguno logra ser mínimamente rentable para lucrar con él, hasta que la audiencia lo aborrezca; más o menos el destino de las entregas de Venom o del universo principal de Marvel si insisten en colarnos héroes secundarios como Echo o Ironheart.

Mucho se ha hablado sobre los absurdos diálogos del filme, pero el lenguaje visual también es una cadena interminable de malas decisiones. El montaje liderado por Leigh Folsom Boyd –quien también colaboró en Black Widow (2021) y No Way Home– intenta dar complejidad al anodino argumento, pero los arbitrarios déjà vues de Cassandra, el ritmo irregular del filme e injustificados movimientos de cámara (que pretendían conectar con El Hombre Araña de Sam Raimi) sólo vuelven más farragosa a una producción que ni siquiera se preocupó por sentar las mínimas bases lógicas para justificar los poderes de la protagonista. De hecho, no se necesitaba explicar nada, porque Spider-Man: A través del Spider-Verso (2023) ya nos había dejado claro cómo funcionaba la Red de la Vida y el Destino; la directora y el equipo de escritores de Madame Web solo debían colgarse de la cosmovisión del filme animado, algo que tampoco pudieron hacer bien.
La desvergüenza por parte de Sony de repetir al mismo dúo de guionistas de Morbius (Matt Sazama y Burk Sharpless) es todo un misterio, aunque podría responder a la idea del “bien o mal, pero que hablen”, porque el filme de Jared Leto ha tenido una lenta reivindicación como cine basura de culto. Lamentablemente, Madame Web ni siquiera alcanza el calificativo de “es tan mala que es buena”. La película es un desastre por fallidas decisiones del estudio, no porque el proyecto sea una provocativa rareza desmesurada, como sí fue el estreno Argylle (2024) la semana anterior. Madame Web no da cringe, ni provoca risas involuntarias: sólo es pésima por mediocridad.
Similar a The Marvels (2023) o Ant-Man y la Avispa: Quantumanía (2023), la película de Sony carece de una verosímil representación del tiempo, el espacio y cualquier ley o principio que rija a este universo. La directora y los guionistas no tienen límites para hacer que los eventos más absurdos sucedan, como un viaje exprés a Perú cuando Cassandra es la mujer más buscada en Nueva York o una triple proyección astral sacada de la manga para salvar al trío de adolescentes. Sin embargo, la mayor atrocidad de este filme son sus últimos segundos, con las cuatro protagonistas convertidas en heroínas para justificar la publicidad engañosa con los trajes oficiales.
Es un crimen lo que Sony hizo con ese puñado de estrellas protagonistas: desaprovecharon la espectacular química entre Dakota Johnson y Adam Scott, eliminaron todas las escenas de acción de las Spider-Girls que Sydney Sweeney ha presumido por todos lados y convirtieron a Tahar Rahim (tras una racha de reconocimientos por El Mauritano) en el hazmerreír de la crítica geek. Trágicamente, Madame Web fue el primero de tres estrenos vinculados a Spider-Man que el estudio lanzará durante 2024 y por lo visto en avances, Kraven y Venom 3 deberán ser al menos sobresalientes para levantar el entusiasmo de un público desencantado con este “universo” sin motivos para existir.
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