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Aguacuario: el cortometraje mexicano que llega a la Berlinale 

Aguacuario cortometraje berlinale 2024

La amistad ha inspirado infinidad de historias en el cine al ser una de las relaciones más puras entre los seres humanos. Aunque si de inocencia hablamos, la amistad de los niños le gana por mucho a la de los mayoresJosé Eduardo Castilla, director de Aguacuario, aprovecha su historia familiar en Coatzacoalcos, Veracruz, para hacernos reflexionar sobre el candor propio de la infancia que nos permitía acercarnos al otro sin mayor miedo, prejuicio o preocupación que disfrutar el presente.  

Vinzent (Hugo Benítez Guerra) y Viviana (Marsell Moreno Cruz) se conocen una tarde cerca del malecón mientras el primero espera a su hermano, quien se ha ido a entregar un par de garrafones de agua. Viviana irrumpe la tranquilidad de Vinzent sin pena; su arrojo y seguridad llaman la atención desde la primera manifestación. Esa valentía es el pilar de Aguacuario: ella es la que propone, la que hace que las cosas sucedan, la que cambia el rumbo y la que hará de esa tarde algo extraordinario. Dicha personalidad requiere de su contraparte para el tono hilarante que propone la historia: Vinzent, un chico perezoso y tímido.

Aguacuario: el cortometraje mexicano que llega a la Berlinale 

Aguacuario: el cortometraje mexicano que llega a la Berlinale 
Aguacuario

Aguacuario está inspirado en una purificadora de agua que tenía mi abuelo en Coatzacoalcos, Veracruz, en la colonia Del Tesoro. Mi familia materna es de Coatzacoalcos, en mi infancia estuve en esta purificadora, que era el negocio familiar. Ahí los primos, mis hermanos, a todo mundo nos tocó repartir agua. Cerró en 2012, cuando Coatzacoalcos se puso pesado. Los recuerdos más lindos de mi infancia ocurrieron ahí.

José Eduardo Castilla (vía Imcine)

Aunque se rehusa a desobedecer las ordenes de su hermano, Vinzent termina cediendo a las ideas de Viviana, y es así como comparten un raspado, andan en el triciclo, juegan en el mar, viven el atardecer, sin importar si mañana se volverán a ver. Pero no sólo eso; sin quizá darse cuenta aprenden uno del otro (Vinzent ha comprendido que la basura no puede ir tirándose por ahí).

El cortometraje también nos permite una reflexión sobre el tiempo y en lo que se convierte la vida una vez que crecemos y las obligaciones invaden nuestra vida. Esto al presentarnos paralelamente lo que hacen los niños y el hermano de Vinzent; mientras ellos disfrutan andar por el malecón, el otro no hace más que fatigarse por la entrega de los garrafones, pero no sólo eso: debe aguantar a su clienta, una señora a la que escuchamos juzgar al otro a partir de prejuicios. Incluso, el pasar del tiempo se percibe diferente en cada situación, lo cual deriva en una sensación de cómo crecer nos ha quitado la fortuna de disfrutar de las cosas más sencillas de la vida: tomar el sol, andar sin prisa.

Aguacuario es una oda a los momentos propios de la niñez, a las tardes en Veracruz, cuyo esmero en la forma (resaltan el montaje y la fotografía) no descuida el fondo. Forma parte de la sección Generation KPlus de la Berlinale 2024, donde se proyecta del 20 al 25 de febrero. Otros trabajos mexicanos que se presentan en el festival son: La cocina (Alonso Ruizpalacios), Yo vi tres luces negras (Santiago Lozano Álvarez), Nanacatepec (Elena Pardo, Azucena Losana) y Batalla en el cielo (Carlos Reygadas, 2005).

 

 

Lety Arredondo Ver todo

Cofundadora de Zoom F7.

Twitter: @LeetyAV

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