Día de muertos: la enorme oportunidad fallida

En 2017 se estrenó una película que fue un acto de franca apropiación cultural descarada y peor aun, recibió apoyo de una secretaría de Estado (la Secretaría de Cultura) para su exhibición en un circuito que no frecuentaba esos productos. Supongo que ya sabe a qué película me refiero y quiénes la produjeron.

El éxito de ese largometraje -¡y hasta ganador del Oscar!- involucró más factores fuera de lo narrativo que espero abordar después. Otro de los matices alrededor de la cinta fue la existencia de un work-in-progress con la misma temática alrededor de la festividad, también animada y, peor (¿mejor?) aún, ésta sí era totalmente mexicana: Día de muertos

Según ideada desde 2004, registrada en 2007 y prevista a estrenarse en 2017, pero retrasada por saberse imposibilitada de competir con su contraparte disneyiana, Día de muertos tuvo un “fogueo” en festivales cuando se presentaban “teasers”. El golpe mediático se dio al usar la carta de “nosotros sí somos cine mexicano”, pues lograron dividir al público entre los defensores de la verdadera película sobre el Día de muertos contra el rapaz imperialismo -pero vieron la otra de cualquier forma- y quienes tomaron Coco como bastión de la representación en el mainstream. De verdad, esas personas existieron. Los creadores oriundos de Guadalajara tenían ligeramente la balanza de su lado, ahora sólo faltaba la pantalla.

Dirigida por Carlos Gutiérrez Medrano, la película muestra -no cuenta- las aventuras de tres hermanos, entre quienes destaca Salma (Fernanda Castillo demostrando la importancia de tener actrices de doblaje con preparación), la chica aparentemente huérfana que tiene el anhelo de conocer a sus padres y tener a alguien a quien ponerle un altar el 2 de noviembre. Después se desenvuelve una historia con muchos enredos en la que intervienen códices, hechizos, guardianes de puertas, ajolotes, la ausencia de la muerte y otros elementos que son más ornamentales que narrativos.

Quiero pensar que los productores y el director sabían de antemano que, en este punto de la historia, es parcialmente imposible competir económicamente y en público con el monopolio del entretenimiento que representa Disney-Pixar, especialmente en cuanto a producciones animadas se refiere. Digo, supuestamente por eso se retrasó el estreno. Es así que la única manera en la que se puede competir, especialmente con un público tan cautivo como el mexicano, es en la base: el argumento.

El matiz de la muerte y su ausencia era interesante y daba para crear un relato extenso, pero fue ignorado por la común odisea con pretensiones épicas y chistoretas… es decir, emular un relato Disney. No insinúo que se tuviera que abandonar la comedia ni los elementos anecdóticos, pero tampoco llegar al abuso como para que sean lo destacable de la película. El desarrollo está lleno de resoluciones convenientemente esperadas, incongruencias y líneas tan explicativas que son burdas. Además, los actos lucen inconexos entre sí, lo que afecta al ritmo.

Es probablemente la tendencia del género, pero no es una manda. De nuevo, en animación computarizada no se puede competir con Disney. Fue muy ambicioso e inocente quizá el querer igualar la calidad milimétrica de esos trabajos que disponen de un extenso número de colaboradores y recursos cuasiinfinitos para detallar toda estructura. Los “teasers” que anduvieron festivaleando por ahí tenían un bonito cuadro de unas velas que lucían bastante reales y, de hecho, los primeros minutos de la cinta tienen una apariencia decente. Sin embargo, con el pasar de las escenas, la calidad de la animación parece decrecer, haciendo notorios varios movimientos antinaturales de las figuras y errores en la física de los cuerpos. Aquí es cuando me pregunto: ¿por qué esa necedad de querer incurrir en la competencia del CGI, cuando recientemente ha habido productos en 2D sumamente interesantes y virtuosos en, por ejemplo, el cine iberoamericano?

Finalmente, es absolutamente ridículo y absurdo que una película que anteriormente usó la carta de la nacionalidad para alzarse como la verdadera historia sobre una tradición, esté hablada originalmente en inglés. Eso no solamente es un sinsentido, sino que forzó a la producción a echar mano de un terrible doblaje, el cual incluso se aprovecha cuando no se ven los personajes; no dan frente a “la cámara” para hacer chistes cutres en una notoria necesidad de inyectar gracia a una trama desabrida, cuyos momentos más brillantes son de risa involuntaria, como esa caída hilarante de Sara García.

Día de muertos es una enorme oportunidad fallida. Tanto armar controversia, usar el rol de desfavorecidos -que sí son, no digo que no- y años en la realización… para tal resultado. Además, deja ver, como en muchísimas películas mexicanas, la aspiración inconsciente inserta en su psicología. Y externa porque hay muchos momentos que se parecen a su contraparte gringa. Yo nomás digo que la canción final de Coco es Recuérdame… y la de acá es Perdóname. Yo nomás digo.

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