Créditos de ‘Mulán’ agradecen a instancias ligadas con abuso de derechos humanos

Faltan pocos días para el estreno en China de la reciente producción live action de Disney, y las controversias para la compañía aún continúan, pues en días recientes espectadores del país asiático notaron que en los créditos finales se agradece al comité de la Región Autónoma de Xinjiang Uigur del Partido Comunista Chino y el Buró de Seguridad Pública de Turpan. A ambas instancias se les ha señalado de estar involucradas en prácticas de abusos de derechos humanos hacia los ciudadanos de Uigur, región ubicada al noroeste del país gobernado por Xi Jinping, según información del portal NBC News.

La noticia ha hecho eco luego de conocerse que la producción de 200 millones de dólares tuvo grabaciones en esta región, donde población musulmana es detenida y encerrada en los centros de “reeducación” ubicados en la ciudad Xinjiang, esto de acuerdo al Washington Post. De acuerdo con los reportes, tales abusos obligan a los ciudadanos a olvidar su cultura, su lengua nativa y a aprender los estatutos del régimen de la República Popular China.

Te puede interesar: ‘Mulán’, primer live action sin nostalgia millennial

Además, trabajadores de los diferentes parques pertenecientes a la compañía de entretenimiento informaron al Daily Beast que Disney ha ocultado los resultados de pruebas COVID-19 realizadas a otros empleados, exponiéndolos a riesgos de contagios si es que los hubiera, pues se alerta sólo a los miembros de los sindicatos que dan positivo, mientras los demás empleados deben adivinar por qué sus compañeros desaparecen por días.

Estas nuevas polémicas, que ponen el reflector sobre la compañía, se suman a la lista de escándalos que ha devenido en el famosos #BoycottMulan, organizado para llamar a no consumir la película luego de las declaraciones que la actriz Liu Yifei, protagonista de Mulán, hizo a favor de la fuerza policiaca en el contexto de las protestas que se llevaron a cabo en agosto de 2019 en la ciudad de Hong Kong.

Te puede interesar: Boicot a ‘Mulán’ gana fuerza

Los espectadores de China que ya han podido ver el largometraje han externado sus impresiones, y no son esperanzadoras. Según datos del sitio RAID II, la inconformidad con la adaptación se ha reflejado a través de Douban, sitio oficial chino dedicado al puntaje de las películas, en el cual se observa que los votos de más de 50 000 usuarios le dan a Mulan la calificación 4.7 de 10.

Mulán: primer live action sin nostalgia millennial

 Irving Javier Martínez (@IrvingJavierMtz) 

Desde niña, Mulán (Liu Yifei) posee un poderoso qì (“chi”), el cual no puede desarrollar plenamente por el rol de las mujeres en la sociedad. Cuando el patriarca es llamado por el ejército, la chica decide ocupar su lugar e ir al campo de batalla. Con identidad masculina, Mulán ingresa al campamento de entrenamiento militar, donde se prepara una brigada que defenderá a China de la invasión comandada por la “bruja” Xianniang (Gong Li).

Junto a Pocahontas (1995), El Jorobado de Notre Dame (1996) y Hércules (1997), Mulán (1998) pertenece a una etapa en la que Disney recurría sin clemencia a licencias históricas, ocasionando retorcidos discursos difíciles de asimilar; una cosa era cambiar el final trágico de un cuento de hadas y otra modificar por completo la mitología enseñada en las aulas escolares. Esa alteración a las narrativas clásicas ocasionó poco a poco el desapego infantil, hasta la posterior incursión de Pixar con ideas “originales”. Al concebir a los live action un arma de marketing nostálgico, poco se podía rescatar del viejo material animado.

La nueva producción de Disney apela más al entretenimiento evocativo, que bien podría estar dirigido por Zhang Yimou o Hou Hsiao-Hsien, al margen de los límites permitidos por el antecedente animado. Es comprensible la dividida recepción, pues visualmente se deslinda de aquellos elementos humorísticos y fantásticos que llevaron al título a ser calificado de xenófobo en 1998, debido a la racialización cómica del dragón Mushu y otros personajes, favorablemente borrados en esta nueva versión. Omitiendo la comedia sobre la suplantación “travesti” (término usado en la caricatura), la nueva Mulán reduce la trama al descubrimiento del qì y sus alcances.  

La inclusión de “la bruja” (Gong Li) da dualidad al relato, el cual plantea un debate ético entre ser fiel a un imperio que las marginaliza o convertirse en aliadas del oponente. Como sucedía con la desobediente protagonista de La Asesina (Hou Hsiao-Hsien, 2015), Mulán desafía el curso lógico del destino trágico al reclamar su estatus de guerrera. Al entender los actuales tiempos, los guionistas restaron importancia al “reveal” de identidad  y sus ambigüedades (incluyendo la heteroflexibilidad del Capitán Shang), dando prisa a la aceptación por parte del regimiento. Tal celeridad en la solución del conflicto da más minutos a las coreografías marciales y la lucha interna sobre la honestidad.   

El cine de artes marciales es la principal referencia estética, pues la atmósfera (relajada en espectacularidad) es más minimalista, siendo las rutinas coreográficas el elemento estelar. Cuando Niki Caro (directora) y Mandy Walker (directora de fotografía) hablan de “realismo cinematográfico” se refieren al canon chino del género, con el mínimo empleo de pantalla verde y en el cual los combates en el aire son más usuales que un dragón parlanchín; lo anterior también es una decisión corporativa para conciliar al personaje con el mercado asiático. Mas el intento resulta algo cuestionable, debido a la poca familiaridad de la directora con las producciones chinas, motivo que roza en la apropiación cultural (similar al caso de Guy Ritchie); además, se suma el reciente boicot por el agradecimiento a las autoridades de Xinjiang. A falta de Ang Lee, quien rechazó el proyecto en 2016, la participación del productor William Kong (El tigre y el dragón) es el elemento más significativo en la conformación de esta nueva dirección de la empresa para capturar al mercado chinoamericano (anticipando la aparición de Shang-Chi en el UCM).

En general, la película tiene trabas en la continuidad de secuencias. El más evidente es la escena del alud. ¿Cómo cruzó Mulán la barrera de guerreros? ¿Por qué los enemigos tiran el proyectil contra las montañas, teniendo antes tan buena puntería? A nivel argumental, al corte final se colaron recursos dramáticos innecesarios, como la venganza del jefe invasor a la muerte de sus padres, justificación psicológica que el secundario personaje no requería. También, la relación padre e hija es bastante irregular; si bien la voz en off introductoria anticipa una profundidad emotiva, el patriarca es reducido a un mero pretexto narrativo ocasional. Todos los fallos se deben al nexo argumental con el filme animado, el cual impuso limitantes en pro de un mínimo vínculo al clásico de los noventas.

La poca trascendencia de Mulán en la historia de Disney facilitó a la major implementar una nueva dirección en su revisión de clásicos animados; no obstante ¿este revival de las artes marciales es la mejor opción para llegar a las nuevas generaciones? Por el momento, el resultado final no defrauda como entretenimiento, pero sí carece de la esencia folclórica de sus referentes; es una occidentalización deslucida del género, como en su momento lo fue el Bollywood “cool” de Slumdog Millionaire (Danny Boyle, 2009) para India. Lo más rescatable: el minimalismo en la puesta en escena, la ausencia de escenas “calcadas” de la animación y la presencia de (LA GRAN) Gong Li como figura estelar del relato. El desenlace parece abrir las puertas de par en par a una secuela, la cual —sin compromisos de adaptación— podría desplegar una historia más compleja y sin los agujeros argumentales que restan impacto a este notable live action. 

Lo que debes saber de ‘Raya and the Last Dragon’, la próxima película de Disney

 

Durante la D23 (reunión del Club Oficial de Fans de Disney) del 2019, la actriz y cantante canadiense Cassie Steele presentó la que sería la próxima película de Walt Disney Feature Animation: Raya and the Last Dragon. Steele sería quien le daría la voz a su protagonista, la valiente guerrera Raya.

El estreno de la película se llevaría a cabo el mes de noviembre de este año. Sin embargo, las evidentes condiciones mundiales obligaron al estudio a posponer su salida a la par que el equipo de 400 artistas detrás del proyecto se vio obligado a trabajar desde casa y mantener comunicación por vía zoom.

El 27 de agosto, el sitio Entertainment Weekly publicó el primer adelanto de la película en forma de imagen renderizada por computadora, en el cual se aprecia a Raya mirando al horizonte en una heroica pose a lado de su fiel compañero Tuk Tuk, descrito por Don Hall, nuevo codirector de la producción, como una especie de insectoide oso-armadillo. Hall y Carlos López Estrada son realizadores que también se han sumado como directores del proyecto, ambos trabajan junto a los codirectores Paul Briggs y John Ripa.

Don Hall dirigió Grandes héroes, película ganadora del Oscar a Mejor Largometraje Animado en 2014. También ha compartido crédito como guionista en otras películas animadas, entre ellas Las locuras del emperador (2000), Tierra de osos (2003) y Moana (2016) . En esta última también laboró en la parte de dirección.

En 2018, Carlos López Estrada dirigió su primer largometraje: Blindspotting, el cual formó parte del festival de Sundance. López Estrada es originario de la Ciudad de México, pero creció en Estados Unidos, donde dio sus primeros pasos dirigiendo videos musicales. Actualmente ha trabajado con artistas como George Ezra y Billie Eilish; de esta última dirigió el video When the party’s over.

El avance no sólo estuvo acompañado de la noticia del reemplazo de directores, también se reveló que la interprete de Raya ahora sería Kelly Marie Tran, actriz estadounidense de ascendencia vietnamita conocida por su papel de Rose Tico en la más reciente trilogía de Star Wars, cuyo talento ha descrito López Estrada como impresionante, pues incluso sus propuestas al improvisar han dado pie a modificar escenas para coincidir con su actuación.

Raya and The Last Dragon es la primera película de Disney Animation Studios inspirada en el sudeste asiático. La guionista Adele Lim, nacida en Malasia, ahora colabora con el dramaturgo de ascendencia vietnamita Qui Nguyen; para la historia toman influencias de la cultura vietnamita, tailandesa, camboyana, filipina, malasia y laoense.

La película tiene previsto estrenarse en salas de cine de Estados Unidos el 12 de marzo de 2021. Aquí te dejamos algunas de las imágenes dadas a conocer.

Los próximos estrenos de Disney

Por: Guadalupe Arredondo 

Este año ha sido uno de los más esperados por los fans de Disney respecto a los nuevos estrenos. Últimamente han llegado a la cartelera diversas películas de esta compañía, como Dumbo, ante la cual se tenían grandes expectativas, en gran parte por la dirección de Tim Burton; sin embargo tuvo bastantes críticas negativas, e incluso en IMDB apenas alcanzó la calificación de 6,6/10. Otro de los más recientes estrenos fue Aladdín (Guy Ritchie) que igualmente no ha conseguido una gran valoración.

Te puede interesar: Aladdin, el ¿necesario? regreso de los clásicos de Disney 

A pesar las decepciones respecto a dichas producciones, siguen vivas las emociones ante los estrenos próximos, especialmente por Toy Story 4 y El Rey León.

Toy Story 4

Cuando creíamos que la historia de Woody y sus amigos había llegado a su final, con Andy yendo a la universidad y dejando a sus juguetes con una nueva dueña, después de nueve años Disney y Pixar sorprendieron con el anuncio de una cuarta entrega, lo cual la convirtió en una de las película más esperadas del año. La trama nos mostrará nuevas aventuras de los juguetes a lado de Boonie.

Las tres películas anteriores se distinguen por un gran guion y una extraordinaria producción; sin embargo, muchos fans consideran innecesario este regreso, pues argumentan que la historia ya había concluido con la tercera película. ¿Se podrá superar aquel final tan nostálgico que dio Toy story 3? Algunos críticos ya afirman que el filme cuenta con momentos de gran diversión y segundos llenos de diferentes emociones.

Estreno: 21 de junio

El Rey león (Jon Favreau)

Anteriormente la compañía de entretenimiento ha realizado adaptaciones de diversos clásicos animados con personajes de carne y hueso, teniendo una decente aceptación como el caso de La bella y la bestia (Bill Condon, 2017). Esta vez retomarán la historia de Simba, el futuro rey de la selva, quien tendrá que pasar diferentes trabas para llegar a dejar huella en su legado, como lo hizo su padre Mufasa.

El tráiler remonta a la mayoría del público a su infancia, con lo que se revela parte de la visión de la película, en la que Elton John entrará como compositor. ¿Será que Disney logrará una estupenda adaptación sin decepcionar a los fans?

Estreno: 19 de julio

Te puede interesar: Las series más esperadas para cerrar el 2019 

Maléfica (Joachim Ronning)

Angelina Jolie regresará con la interpretación de una de las villanas más escalofriantes que tiene Disney, quien en esta secuela se percibe más malvada, formando nuevas alianzas y enfrentándose a inéditos adversarios.

La historia, que continuará explorando la compleja relación entre el hada con cuernos y Aurora, se desarrolla varios años después de la primera película y contará con un elenco que incluye a Elle Faning (interpretando a la reina Aurora), Chiwetel Ejiofor, Robert Lindsay, Sam Riley, por mencionar algunos.

Estreno: 19 de octubre

Frozen 2  (Jennifer Lee, Chris Buck)

Hace tres días se dio a conocer el nuevo tráiler de lo que será la continuación de Frozen, que después de seis años regresará a la pantalla grande. Aun con el rotundo éxito que tuvo en 2013, tras conseguir dos Premios Oscar, uno a Mejor película de animación y otro a Mejor canción original por Let it go, los directores tardaron un año en confirmar si habría secuela o no.

El avance deja ver un poco de las aventuras a las que se enfrentarán Ana, Elsa, Kristoff y Seven, con una nueva integrante, de quien se desconoce el papel que jugará. Falta conocer las canciones que se usarán, pues son piezas fundamentales y en el caso de la primera entrega fueron por demás atractivas.

Estreno: 22 de noviembre

Star Wars: Episodio IX (J. J. Abrams)

El viaje del rey continúa y se dice que nada ha desaparecido realmente, esto es de lo poco que se logra ver en el tráiler, en el que al final se escucha la risa del Emperador Palpatine, lo cual muestra que posiblemente tendrá un papel protagónico. Respecto al nombre, que suscita diversas preguntas, el director ha expresado que todas serán aclaradas en el filme.

Estaba programada para ser estrenada el pasado mayo, pero será a fin de año cuando veamos la trama que se ubicará un año después de Star Wars: Los últimos Jedi, y que será la última película de este universo que contará con participación de John Williams.

Estreno: Diciembre 

Aladdin: el ¿necesario? regreso de los clásicos de Disney

La primera Aladdin (Ron Clements y John Musker, 1992) es parte de los nuevos clásicos de Disney, realizada en su etapa de renacimiento durante la parte tardía de los 80 y los 90. Incluso fue brevemente la película animada más taquillera antes de que llegara El Rey León (Roger Allers y Rob Minkoff, 1994), otra obra mayor.

Como ya he dicho en otras ocasiones: en estricto sentido, no existe tal cosa como las películas necesarias. Digo, nadie puede llenar una forma a las majors y pedirles películas, ya sean originales o nuevas adaptaciones. Entonces, ¿qué tan necesario es el panorama actual del cine mainstream?

Ya que dijimos que el consumidor tiene realmente poca injerencia en la agenda de producción, es obvio que estamos inmersos en una nueva ola de remasterización de los Clásicos de Disney. Quizá ya no se recuerde por lo olvidable que fue el producto, pero esta malaria… digo, tendencia empezó -ya formalmente y como un camino a seguir por la productora- así como en 1994, con El libro de la selva (2017) ahora dirigida por Jon Favreau- y cuya mayor virtud fue una sorprendente utilización de la potencia gráfica del CGI. Antes hubo otras, pero con esa vieron que había dólares por la vereda de la nostalgia.

Si usted vio la primera, ha visto la mayor parte de ésta. Es la historia de Aladdin (Mena Massoud), una “rata callejera” con gran corazón que debe robar para vivir, robar para comer -espero haya entendido je, je-. En un encuentro fortuito, salva a la Princesa Jazmín (Naomi Scott) de sus propios guardias, pues ella escapó del Palacio para ver el mundo como es su anhelo. Se enamoran, pero no pueden casarse porque él no pertenece a la realeza. Luego se encuentra al genio (decente Will Smith), pide que eso cambie en el exterior, enfrenta al malo que quiere ser sultán y demás. Aunque existe el mismo hilo conductor del romance posible a pesar de las legislaciones arbitrarias y las distintas posiciones económicas, hay divergencias notables con respecto a la versión animada, especialmente en cómo se maneja la mentalidad y sus consecuentes discursos hacia el exterior, hacia el espectador.

Desde su anuncio, el corporativo roedor dejó ver que los pilares para este remake sería el respeto de la identidad étnica hacia los personajes, la multiculturalidad y que estaría “cargada de acción” -sea lo que eso haya significado-, siendo ese el motivo de la elección de Guy Ritchie para la dirección, teniendo un trasfondo en el cine coloquialmente conocido como “de acción”.

Aun con que sí hubo tal “fidelidad” étnica con la elección del actor protagónico oriundo de Medio Oriente, notamos que sólo hubo tal en el elenco secundario. Las elecciones de Will Smith -gringo- y Naomi Scott -quien tiene raíces ugandesas-indias-inglesas, más no mediorientales- en los papeles más importantes, revelan que tal proclamación en favor de la inclusión puede modificarse según las conveniencias económicas. No iban a poner a más de un nombre incipiente en los estelaristas.

Hablando del argumento, notamos que, conservando la esencia de la primera, hubo modificaciones sustanciales en el desarrollo. Los 38 minutos adicionales de ésta versión -128 contra 90- se van en un exagerado despliegue musical y cómico, en los que el relato se apoya principalmente en pequeños picos con Smith que no siempre son efectivos, además de desarrollar una subtrama crucial para los propósitos mercadológicos, discursivos y narrativos del filme: la coronación de una sultana.

En la antecesora, Aladdin es elegido por la Princesa Jazmín para ser su esposo, tras demostrar su buen corazón y una modificación que hace el sultán en las leyes de Agrabah. En ésta, Jazmín constantemente expresa su deseo de ser mandamás, abogando por su preparación y capacidades para gobernar.  Poco antes del final hay un número musical en el cual ella grita que no permanecerá callada y desvanece -literalmente- a los guardias que la tenían apresada. Con el avanzar de los minutos y tras una derrota ridícula de la versión más fome que pudieron recrear de un villano, ella se convierte en reina para ella cambiar la ley y poder casarse con el plebeyo. El -parcial- momento culminante de inclusión… de la agenda liberal estadounidense.

Ahora, usted puede pensar que este matiz ideológico es insertado a calza por propósitos de imagen pública y… tendría razón. De hecho, esto se siente inoportuno con el momento y la música es bastante deslucida. Sin embargo, considere que cada obra es testigo de su tiempo y este discurso en favor de la equidad de género es una idea que habla de nuestra época. Ya depende de cada quien las ideas que quiera aceptar y consumir.

Salvo la primera secuencia donde vemos una agraciada interpretación del número de apertura Noches de Arabia, Aladdin del 2019 se percibe más como una actualización estrictamente discursiva de un argumento cuyo ritmo y realización tiene muchos aspectos desdichados -¡vea la pantalla verde!-, que una nueva adaptación fílmica de un clásico. Pero bueno, al menos no mostraron tanto esa versión azul perturbadora de Will Smith, a quien vemos rapear en el acto de los créditos. Ya ve que el rap es muy de la cultura árabe. Disney siempre fiel.

Mauricio Hernández

(R) egresado de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Colaborador en la Revista Encuadres.

Life, animated: la magia de Disney

Te oigo mejor cuando no te estoy mirando. El contacto visual es incómodo. La gente nunca entenderá la batalla a la que me enfrento para poder hacer esto.

-Wendy Lawson.

El cine abre mundos, descubre espacios y nos enfrenta a seres de todas las características, invita a la reflexión y en el mejor de los casos emociona. El séptimo arte es una herramienta cuya accesibilidad es mayor a la de otras artes, el videocassete permitió condensar los filmes para verlos a través de la televisión. A partir de dicho avance técnico la infancia de muchos se marcó por las incontables horas frente al aparato viendo todo tipo de películas; ese es el caso de Owen Suskind aunque a diferencia de muchos, el joven es autista.

 La travesía del muchacho estadounidense es reconstruida a partir del testimonio de los padres, del propio Owen y de imágenes de archivo obtenidas a partir de grabaciones caseras. Hasta ahí la convención se a utilizado un sinfín de ocasiones en el genero documental. ¿Qué distingue a Life,animated de los demás? El pequeño pasó su niñez mirando obsesivamente la obra de Disney, dicha afición es utilizada por Roger Ross el director para reconstruir el interior de Suskind con animaciones que buscan representar aquello que ocurre dentro de una persona con autismo. Es ahí, donde el documental responde al título que toma prestado de la obra homónima de Ron Suskind.

1life-animated-pelicula-roger-ross-williams

Una segunda interpretación se puede otorgar al nombre; a los tres años el infante perdió el habla y fue sólo a través de los diálogos de las cintas animadas que los padres fueron capaces de traer al pequeño de vuelta. Desentrañar la personalidad de Owen a través de los personajes de Disney acompañado de las animaciones hace del filme una experiencia diferente a la del documental común.

La recreación se complementa a partir del segundo acto con la aventura de la emancipación, se nos presenta a Owen en la adultez, un hombre casi independiente pero siempre limitado por su incapacidad para socializar, los conflictos se trasladan del dibujo animado a lo perturbador que resulta entablar relación con los demás. Los temas abandonan la fantasía para introducirse en la cotidianidad de lo real. El dilema se acentúa para alguien que sólo entiende el mundo a partir de la ficción. Los amores principescos se trasladan a la ruptura que padece el propio Owen, quien vive una relación basándose en el canon del cine de princesas.

 La filmografía de la productora fundada por Walt Disney libera al protagonista al tiempo que le educa, un arma de doble filo que le posibilita la superación al tiempo que coarta toda construcción verosímil de la realidad. Como reza el título, la vida de este joven autista se mira siempre a través del cristal impuesto por la narrativa de las películas, él responde con diálogos memorizados, carece de amigos pero se los inventa, recupera a Sebastián y Yago de La Sirenita y Aladdin para sobrellevar la depresión, para entender aquello que no comprende.

life-animated-pelicula-roger-ross-williams1

El cariño paterno obstruye una posibilidad superior: la exploración profunda del autismo a través de casos similares a los de Owen. Ron Suskind no sólo es uno de los personajes en la trama, también funge como productor ejecutivo.Este hecho limitó la opción de indagar más allá de lo que pudiera ofrecer su hijo como personaje que padece y por momentos el documental se estanca en la exaltación de las habilidades del joven para memorizar diálogos o representarlos a través de dibujos e incidentes re inventados. La crónica se resume a una historia de vida aunque bien pudo ser una exploración superior.

Life, animated es una obra  perfectamente construida que roza los dilemas del autismo, sin embargo se limita al mostrar únicamente la historia de Owen y sus respectivos logros. Una oportunidad de descifrar una manera distinta de percibir el mundo queda apartada en el afán de exaltar tan solo a un personaje.

Gerardo Herrera

Guionista, cofundador y editor de Zoom F7