Los próximos estrenos de Disney

Por: Guadalupe Arredondo 

Este año ha sido uno de los más esperados por los fans de Disney respecto a los nuevos estrenos. Últimamente han llegado a la cartelera diversas películas de esta compañía, como Dumbo, ante la cual se tenían grandes expectativas, en gran parte por la dirección de Tim Burton; sin embargo tuvo bastantes críticas negativas, e incluso en IMDB apenas alcanzó la calificación de 6,6/10. Otro de los más recientes estrenos fue Aladdín (Guy Ritchie) que igualmente no ha conseguido una gran valoración.

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A pesar las decepciones respecto a dichas producciones, siguen vivas las emociones ante los estrenos próximos, especialmente por Toy Story 4 y El Rey León.

Toy Story 4

Cuando creíamos que la historia de Woody y sus amigos había llegado a su final, con Andy yendo a la universidad y dejando a sus juguetes con una nueva dueña, después de nueve años Disney y Pixar sorprendieron con el anuncio de una cuarta entrega, lo cual la convirtió en una de las película más esperadas del año. La trama nos mostrará nuevas aventuras de los juguetes a lado de Boonie.

Las tres películas anteriores se distinguen por un gran guion y una extraordinaria producción; sin embargo, muchos fans consideran innecesario este regreso, pues argumentan que la historia ya había concluido con la tercera película. ¿Se podrá superar aquel final tan nostálgico que dio Toy story 3? Algunos críticos ya afirman que el filme cuenta con momentos de gran diversión y segundos llenos de diferentes emociones.

Estreno: 21 de junio

El Rey león (Jon Favreau)

Anteriormente la compañía de entretenimiento ha realizado adaptaciones de diversos clásicos animados con personajes de carne y hueso, teniendo una decente aceptación como el caso de La bella y la bestia (Bill Condon, 2017). Esta vez retomarán la historia de Simba, el futuro rey de la selva, quien tendrá que pasar diferentes trabas para llegar a dejar huella en su legado, como lo hizo su padre Mufasa.

El tráiler remonta a la mayoría del público a su infancia, con lo que se revela parte de la visión de la película, en la que Elton John entrará como compositor. ¿Será que Disney logrará una estupenda adaptación sin decepcionar a los fans?

Estreno: 19 de julio

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Maléfica (Joachim Ronning)

Angelina Jolie regresará con la interpretación de una de las villanas más escalofriantes que tiene Disney, quien en esta secuela se percibe más malvada, formando nuevas alianzas y enfrentándose a inéditos adversarios.

La historia, que continuará explorando la compleja relación entre el hada con cuernos y Aurora, se desarrolla varios años después de la primera película y contará con un elenco que incluye a Elle Faning (interpretando a la reina Aurora), Chiwetel Ejiofor, Robert Lindsay, Sam Riley, por mencionar algunos.

Estreno: 19 de octubre

Frozen 2  (Jennifer Lee, Chris Buck)

Hace tres días se dio a conocer el nuevo tráiler de lo que será la continuación de Frozen, que después de seis años regresará a la pantalla grande. Aun con el rotundo éxito que tuvo en 2013, tras conseguir dos Premios Oscar, uno a Mejor película de animación y otro a Mejor canción original por Let it go, los directores tardaron un año en confirmar si habría secuela o no.

El avance deja ver un poco de las aventuras a las que se enfrentarán Ana, Elsa, Kristoff y Seven, con una nueva integrante, de quien se desconoce el papel que jugará. Falta conocer las canciones que se usarán, pues son piezas fundamentales y en el caso de la primera entrega fueron por demás atractivas.

Estreno: 22 de noviembre

Star Wars: Episodio IX (J. J. Abrams)

El viaje del rey continúa y se dice que nada ha desaparecido realmente, esto es de lo poco que se logra ver en el tráiler, en el que al final se escucha la risa del Emperador Palpatine, lo cual muestra que posiblemente tendrá un papel protagónico. Respecto al nombre, que suscita diversas preguntas, el director ha expresado que todas serán aclaradas en el filme.

Estaba programada para ser estrenada el pasado mayo, pero será a fin de año cuando veamos la trama que se ubicará un año después de Star Wars: Los últimos Jedi, y que será la última película de este universo que contará con participación de John Williams.

Estreno: Diciembre 

Aladdin: el ¿necesario? regreso de los clásicos de Disney

La primera Aladdin (Ron Clements y John Musker, 1992) es parte de los nuevos clásicos de Disney, realizada en su etapa de renacimiento durante la parte tardía de los 80 y los 90. Incluso fue brevemente la película animada más taquillera antes de que llegara El Rey León (Roger Allers y Rob Minkoff, 1994), otra obra mayor.

Como ya he dicho en otras ocasiones: en estricto sentido, no existe tal cosa como las películas necesarias. Digo, nadie puede llenar una forma a las majors y pedirles películas, ya sean originales o nuevas adaptaciones. Entonces, ¿qué tan necesario es el panorama actual del cine mainstream?

Ya que dijimos que el consumidor tiene realmente poca injerencia en la agenda de producción, es obvio que estamos inmersos en una nueva ola de remasterización de los Clásicos de Disney. Quizá ya no se recuerde por lo olvidable que fue el producto, pero esta malaria… digo, tendencia empezó -ya formalmente y como un camino a seguir por la productora- así como en 1994, con El libro de la selva (2017) ahora dirigida por Jon Favreau- y cuya mayor virtud fue una sorprendente utilización de la potencia gráfica del CGI. Antes hubo otras, pero con esa vieron que había dólares por la vereda de la nostalgia.

Si usted vio la primera, ha visto la mayor parte de ésta. Es la historia de Aladdin (Mena Massoud), una “rata callejera” con gran corazón que debe robar para vivir, robar para comer -espero haya entendido je, je-. En un encuentro fortuito, salva a la Princesa Jazmín (Naomi Scott) de sus propios guardias, pues ella escapó del Palacio para ver el mundo como es su anhelo. Se enamoran, pero no pueden casarse porque él no pertenece a la realeza. Luego se encuentra al genio (decente Will Smith), pide que eso cambie en el exterior, enfrenta al malo que quiere ser sultán y demás. Aunque existe el mismo hilo conductor del romance posible a pesar de las legislaciones arbitrarias y las distintas posiciones económicas, hay divergencias notables con respecto a la versión animada, especialmente en cómo se maneja la mentalidad y sus consecuentes discursos hacia el exterior, hacia el espectador.

Desde su anuncio, el corporativo roedor dejó ver que los pilares para este remake sería el respeto de la identidad étnica hacia los personajes, la multiculturalidad y que estaría “cargada de acción” -sea lo que eso haya significado-, siendo ese el motivo de la elección de Guy Ritchie para la dirección, teniendo un trasfondo en el cine coloquialmente conocido como “de acción”.

Aun con que sí hubo tal “fidelidad” étnica con la elección del actor protagónico oriundo de Medio Oriente, notamos que sólo hubo tal en el elenco secundario. Las elecciones de Will Smith -gringo- y Naomi Scott -quien tiene raíces ugandesas-indias-inglesas, más no mediorientales- en los papeles más importantes, revelan que tal proclamación en favor de la inclusión puede modificarse según las conveniencias económicas. No iban a poner a más de un nombre incipiente en los estelaristas.

Hablando del argumento, notamos que, conservando la esencia de la primera, hubo modificaciones sustanciales en el desarrollo. Los 38 minutos adicionales de ésta versión -128 contra 90- se van en un exagerado despliegue musical y cómico, en los que el relato se apoya principalmente en pequeños picos con Smith que no siempre son efectivos, además de desarrollar una subtrama crucial para los propósitos mercadológicos, discursivos y narrativos del filme: la coronación de una sultana.

En la antecesora, Aladdin es elegido por la Princesa Jazmín para ser su esposo, tras demostrar su buen corazón y una modificación que hace el sultán en las leyes de Agrabah. En ésta, Jazmín constantemente expresa su deseo de ser mandamás, abogando por su preparación y capacidades para gobernar.  Poco antes del final hay un número musical en el cual ella grita que no permanecerá callada y desvanece -literalmente- a los guardias que la tenían apresada. Con el avanzar de los minutos y tras una derrota ridícula de la versión más fome que pudieron recrear de un villano, ella se convierte en reina para ella cambiar la ley y poder casarse con el plebeyo. El -parcial- momento culminante de inclusión… de la agenda liberal estadounidense.

Ahora, usted puede pensar que este matiz ideológico es insertado a calza por propósitos de imagen pública y… tendría razón. De hecho, esto se siente inoportuno con el momento y la música es bastante deslucida. Sin embargo, considere que cada obra es testigo de su tiempo y este discurso en favor de la equidad de género es una idea que habla de nuestra época. Ya depende de cada quien las ideas que quiera aceptar y consumir.

Salvo la primera secuencia donde vemos una agraciada interpretación del número de apertura Noches de Arabia, Aladdin del 2019 se percibe más como una actualización estrictamente discursiva de un argumento cuyo ritmo y realización tiene muchos aspectos desdichados -¡vea la pantalla verde!-, que una nueva adaptación fílmica de un clásico. Pero bueno, al menos no mostraron tanto esa versión azul perturbadora de Will Smith, a quien vemos rapear en el acto de los créditos. Ya ve que el rap es muy de la cultura árabe. Disney siempre fiel.

Mauricio Hernández

(R) egresado de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Colaborador en la Revista Encuadres.

La bella respuesta a las bestialidades cinematográficas

Por: Rafael Ramírez III

(Con spoilers)

Comenzaba el 2010 y la Walt Disney Picture Company tomaba la arriesgada decisión de producir una nueva versión de la historia de La Bella Y La Bestia. El reto consistía en crear una película “live action” de su versión musical de 1991.

Disney tenía muchos factores en su contra: más de 20 adaptaciones distintas, tanto cinematográficas como televisivas de la historia original de Gabrielle-Suzanne Barbot de Villeneuve (un cuento escrito en 1771); incluyendo la versión de Jean Cocteau de 1946, que fue magníficamente innovadora para su época (diversos efectos visuales y sonoros, técnicas escenográficas y un cuidadoso maquillaje), la versión checa, Panna A Netvor del director  (gótica, más oscura y grotesca), la más reciente versión francesa del 2014 dirigida por Christophe Gans (que pese a no ser del gusto absoluto de la crítica y la audiencia, fue más apegada a la historia original y contó con una animación muy bien trabajada, además del protagonismo de dos de los más grandes actores de Francia actualmente: Vincent Cassel y Léa Seydoux); y también, lógicamente, la propia versión animada de Disney, un éxito rotundo (la primera película animada en ser nominada a la categoría de Mejor Película en los Oscar) y que ha tenido más de veinte años para darse a conocer y ganarse el cariño de generaciones enteras.

Por si esto fuera poco, a Disney se le sumaba el inconveniente del inminente repudio de la crítica y el innegable desprecio por parte del público, de las recientes adaptaciones “live action” o secuelas de las aclamadas versiones animadas y musicales, tal es el caso de Maléfica (Robert Stromger, 2014), Cinderella (Kenneth Branagh, 2015) Alice Through the Looking Glass (Tim Burton, 2016), e incluso,  El Libro de la Selva (Jon Favreau, 2016), que aun con su sorprendente animación fue percibida de manera insípida por la audiencia. Después de enlistar estos factores, el panorama pinta desolador… sin embargo el resultado fue exquisito, ¿cómo lo lograron?

En 2014 Bill Condon firmó contrato con Walt Disney Picture Company para dirigir la película. El neoyorkino de 62 años que ganó el Oscar de Mejor Guión Adaptado por Gods And Monsters (1998), dirigió Dreamers (2006) y, lo que más nos atañe para este propósito, escribió la adaptación cinematográfica del musical Chicago (Rob Marshall, 2002) basado en la obra de Maurine Dallas Watkins, creando la base de un filme eufórico, enigmático y de ritmo maravilloso, que se alzó con seis premios Oscar y otros 49 galardones alrededor del mundo. Con este trasfondo, Condon parecía ser el cineasta ideal.

El primer acierto de Condon fue aprobar una historia –una reescritura del guion- que respeta delicadamente la versión animada de 1991 pero complementada con algunas oportunas variaciones.

Si se puede poner en cifras, el 75% de la trama es exactamente igual a la animada, hay un 20% que consiste el algunas variaciones que llegan incluso a corregir huecos o errores de la versión animada. Un 5% del filme es un cúmulo de chistes nuevos quizá forzados, pero que a fin de cuentas cumplen con su propósito de hacer reír a la audiencia y no desvían la atención ni la emoción. Nótese la inclusión de personajes afroamericanos y homosexuales. La Bella Y La Bestia dejará gratamente satisfechos a quienes esperan un respeto y cuidado hacia la versión de 1991, pero también otorgará elementos que satisfarán a aquellos que buscan algo innovador.

Un punto vital se encuentra en el impecable soundtrack. Bill Condon llamó a Alan Menken, el compositor original de 1991, quien hizo arreglos a las viejas canciones conocidas y, además, incluyó cuatro nuevas. El resultado: arreglos maravillosos, la inclusión del clavicordio en casi todos los temas, así como de acordeón y otros instrumentos, hacen que todo se sienta fresco. Los nuevos temas están colocados estratégicamente para sorprender positivamente a la audiencia y son presentados paulatinamente, es decir, las primeras dos canciones tienen una duración corta y las otras dos son más extensas. Estos arreglos instrumentales convergen perfectamente con las voces.

Por cierto, la voz de Emma Watson es una exquisita sorpresa que se acopla perfectamente con el ritmo, tono de las canciones y con eel personaje. Más allá de las necesarias y comunes modificaciones, así como arreglos a su voz, Emma demuestra tener un talento nato que aún no ha sido explotado. Diferénciese de su homónima amiga Stone, cuya voz no pudiera acotar correctamente un solo falsete en La La Land.

Hablando taxativamente de las actuaciones, Emma Watson hace un buen trabajo, aunque nada demasiado sorprendente, sus risas y llantos son correctos, sin exageraciones ni atenuantes. Ha sido duramente criticada por sus detractores, sin embargo, en ciertos momentos demuestra intachablemente sus capacidades actorales. Por su parte, Dan Stevens despunta con la correcta ejecución de un personaje que demuestra euforia y cólera tanto como cariño y ternura. El disfraz a su rostro no esconde su expresión y la correcta modulación de su voz.

Las demás actuaciones son acertadas dentro de un filme que presume ser para un público infantil y juvenil. Un dato curioso es que Ian McKellen fue excluido de la versión de 1991 para el mismo personaje, “Din Don”, pero se ha retomado para esta versión. Un gran acierto de Condon es el elegir un reparto mayoritariamente británico, no contaminando la gracia y elegancia del relato, ni imponiendo actores demasiado reconocidos.

Si se habla de La Bella Y La Bestia del 2017 se deben destacar tres puntos fundamentales: la animación, la escenografía y el vestuario. Sobre la escenografía y el diseño de arte, no nos sorprendamos si en 2018 vemos a sus diseñadores ganar un Oscar. La villa en su totalidad y el castillo (exteriores e interiores) están esmeradamente diseñados en su afán por reflejar la Edad Moderna de Francia. El vestuario, diseñado por Jacqueline Durran (encargada del diseño para Atonement, Anna Karenina, Pride And Prejudice, del director Joe Wright), es otro complemento perfecto para reflejar la época, se recalca la variedad de colores y texturas.

La animación, tanto de La Bestia como de los muebles y objetos, resulta intachable, con un sinfín de detalles y ornamentaciones. Sobre el rostro de La Bestia se ha discutido mucho y se ha reprochado que luce demasiado “humano”; al final, podemos decir que, en efecto, es un rostro de características más humanas que el de la versión animada, pero cumple con el propósito de adecuarse a las facciones del actor Dan Stevens, denotando la galantería y ternuras necesarias del personaje. La fotografía de Tobias A. Schliessler también es impecable.

La Bella Y La Bestia es una bella respuesta a las bestialidades cinematográficas que se han hecho recientemente en cuanto al remake y el live action se refiere. Demuestra que se puede recrear una historia respetando su esencia, y al mismo tiempo conceder nuevos elementos que no la perjudiquen, sino por el contrario, le den fuerza. Además, da una lección de cómo usando asertivamente elementos cinematográficos como la música, los efectos visuales o la escenografía, se puede revitalizar una historia que vuelva a emocionar al espectador añoso, pero que conmueva y atrape al espectador nuevo.

Este filme nos enseña que la fuerza de un musical está en el guion pero que también es menester elegir a los interpretes musicales con cuidado. Que vale más una actuación y voz de calidad que un rostro bello o una gran fama. Que al género musical se le debe de respetar y, en un filme, se pule capa a capa.

También nos deja la lección que quizá el error de películas live action como Alice Through The Glass o Cinderella, o incluso secuelas como Logan o T2 Trainspotting es que no se pueden sostener por sí mismas, que exigen al espectador conocimiento (a veces absoluto) de sus respectivas precuelas o versiones originales, y que, sin tal referencia, la película se siente vacía, gris o es totalmente inentendible.

La Bella Y La Bestia, se sostiene por sí misma y cualquier espectador, conozca o no las versiones anteriores, puede entenderla y disfrutarla. Calificación: 4/5.

Trailer: 

 

Ficha técnica

Director: Bill Condon

Productor: Todd Lieberman, David Hoberman.

Guion:  Stephen Chbosky, Evan Spiliotopoulos (basados en la obra de Gabrielle-Suzanne Barbot de Villeneuve)

Dirección de fotografía: Tobias A. Schliessler.

Reparto:  Emma Watson, Dan Stevens,  Luke Evans.

Edición:  Virginia Katz .

Música:  Alan Menken .

País: Estados Unidos.

Año: 2017

 

Life, animated: la magia de Disney

Te oigo mejor cuando no te estoy mirando. El contacto visual es incómodo. La gente nunca entenderá la batalla a la que me enfrento para poder hacer esto.

-Wendy Lawson.

El cine abre mundos, descubre espacios y nos enfrenta a seres de todas las características, invita a la reflexión y en el mejor de los casos emociona. El séptimo arte es una herramienta cuya accesibilidad es mayor a la de otras artes, el videocassete permitió condensar los filmes para verlos a través de la televisión. A partir de dicho avance técnico la infancia de muchos se marcó por las incontables horas frente al aparato viendo todo tipo de películas; ese es el caso de Owen Suskind aunque a diferencia de muchos, el joven es autista.

 La travesía del muchacho estadounidense es reconstruida a partir del testimonio de los padres, del propio Owen y de imágenes de archivo obtenidas a partir de grabaciones caseras. Hasta ahí la convención se a utilizado un sinfín de ocasiones en el genero documental. ¿Qué distingue a Life,animated de los demás? El pequeño pasó su niñez mirando obsesivamente la obra de Disney, dicha afición es utilizada por Roger Ross el director para reconstruir el interior de Suskind con animaciones que buscan representar aquello que ocurre dentro de una persona con autismo. Es ahí, donde el documental responde al título que toma prestado de la obra homónima de Ron Suskind.

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Una segunda interpretación se puede otorgar al nombre; a los tres años el infante perdió el habla y fue sólo a través de los diálogos de las cintas animadas que los padres fueron capaces de traer al pequeño de vuelta. Desentrañar la personalidad de Owen a través de los personajes de Disney acompañado de las animaciones hace del filme una experiencia diferente a la del documental común.

La recreación se complementa a partir del segundo acto con la aventura de la emancipación, se nos presenta a Owen en la adultez, un hombre casi independiente pero siempre limitado por su incapacidad para socializar, los conflictos se trasladan del dibujo animado a lo perturbador que resulta entablar relación con los demás. Los temas abandonan la fantasía para introducirse en la cotidianidad de lo real. El dilema se acentúa para alguien que sólo entiende el mundo a partir de la ficción. Los amores principescos se trasladan a la ruptura que padece el propio Owen, quien vive una relación basándose en el canon del cine de princesas.

 La filmografía de la productora fundada por Walt Disney libera al protagonista al tiempo que le educa, un arma de doble filo que le posibilita la superación al tiempo que coarta toda construcción verosímil de la realidad. Como reza el título, la vida de este joven autista se mira siempre a través del cristal impuesto por la narrativa de las películas, él responde con diálogos memorizados, carece de amigos pero se los inventa, recupera a Sebastián y Yago de La Sirenita y Aladdin para sobrellevar la depresión, para entender aquello que no comprende.

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El cariño paterno obstruye una posibilidad superior: la exploración profunda del autismo a través de casos similares a los de Owen. Ron Suskind no sólo es uno de los personajes en la trama, también funge como productor ejecutivo.Este hecho limitó la opción de indagar más allá de lo que pudiera ofrecer su hijo como personaje que padece y por momentos el documental se estanca en la exaltación de las habilidades del joven para memorizar diálogos o representarlos a través de dibujos e incidentes re inventados. La crónica se resume a una historia de vida aunque bien pudo ser una exploración superior.

Life, animated es una obra  perfectamente construida que roza los dilemas del autismo, sin embargo se limita al mostrar únicamente la historia de Owen y sus respectivos logros. Una oportunidad de descifrar una manera distinta de percibir el mundo queda apartada en el afán de exaltar tan solo a un personaje.

Gerardo Herrera

Guionista, cofundador y editor de Zoom F7