Los zombies y la navidad llegan a la cartelera de cine


estacion-zombiePor: Guadalupe Arredondo 

A continuación te recomiendo algunos estrenos que llamaron mi atención, espero que también llamen la tuya, ya que hay de todo un poco.

En estas fechas navideñas no podía faltar una película relacionada a ello, como Fiesta de navidad en la oficina (Josh Gordon, Will Speck) una comedia protagonizada por Jennifer Aniston. El elenco es muy amplio y lo venden como muy “bueno”, pero las críticas nos dicen que deja mucho que desear. fiesta

Por el trailer, podemos decir que es interesante y divertida. Los miembros de una empresa  deciden  realizar una fiesta navideña, “la mejor de la historia”, para impresionar a un cliente potencial y así salvar sus empleos. Se ha comentado que conforme avanza la historia, ésta se olvida de ser divertida.

Cuando hablamos de zombies se nos viene casi siempre a la mente la serie The walking dead, pero también hay diversos filmes sobre ellos, de gran calidad y otros que no se salvan de casi nada, como Guerra mundial Z  (Marc Forster, 2013). 

Estación zombie: tren a Busán ( Yeon Sang-ho) es una película realizada en Corea del Sur,  la cual contiene diversas escenas de acción y demasiado suspenso. Nos relata la historia de un hombre y su pequeña hija, quien decide darle como regalo de cumpleaños una visita hasta la casa de su madre, sin saber que la ciudad está en estado de emergencia. Al abordar el  tren comenzará  la supervivencia y la lucha para no ser infestados.

El fin del sueño americano es el debut como director del escocés Ewan McGregor. El contexto de un padre de familia, un hombre intachable con una vida estable, cambia cuando su hija Marry es acusada de un terrible crimen. El padre debe de empezar por aceptar la idea  de  que su hija es alguien capaz de desarrollar ideales y creencias ajenas a las suyas. Las criticas hablan muy bien de la historia y del elenco.

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¿Qué no haríamos por alguno de nuestros seres queridos? Un monstruo de mil cabezas (Rodrigo Plá) es una película mexicana,  la cual nos hace ver lo que una esposa y madre  puede hacer para salvar la vida de su  marido, quien está enfermo de cáncer. Uno de los problemas a los que se enfrenta Lorena (la esposa) es cuando su aseguradora le niega el tratamiento que puede salvar a su esposo; tal hecho la convierte en una persona con mucha ira.

No podíamos dejar de lado a Stanley Kubrick en nuestra recomendación, por eso te invitamos a que te des una vuelta a la Cineteca y aprecies las obras de este gran cineasta.  Dr. Insólito o Cómo aprendí a no preocuparme y amar la bomba,  es su séptima película, la cual después de cuatro décadas sigue sorprendiendo al espectador. Basada en la novela de Peter George,  la adaptación cinematográfica es muy destacada;  sus metáforas sexuales y un oscuro pesimismo reflejan la fragilidad del hombre frente a la fugacidad de la tecnología.

Espero que hayas podido elegir y nos cuentes en la semana qué tal te parecieron.

Cuando John Lennon dejó la música por el cine


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Por: Rodrigo Gutiérrez González

Tras cuatro años de arduo trabajo con éxitos musicales, giras y multitudes tras de ellos, The Beatles deciden darse un descanso en agosto de 1966. Durante los escasos dos meses de vacaciones, la banda toma rumbos diferentes, sin aclarar si estarían o no separándose.

Paul McCartney viaja junto con el productor de la banda, George Martín, a Estados Unidos para realizar la banda sonora de la película Luna de miel en familia; George Harrison parte a la India para perfeccionar su forma de tocar el sitar, bajo la tutela del músico hindú, Ravi Shanka; y Ringo Starr dedica su tiempo a pasar más horas con su esposa e hijo.

Mientas, John Lennon, en medio de una crisis marital con su esposa Cinthia, deprimido por su vida Beatle e incluso subido de peso, acompaña al director británico Richard Lester a Almería, España a filmar How I Won The War

Lennon siempre tuvo en la cabeza el cine, desde su pubertad, cuando visitaba los cinemas para ver alguna cinta protagonizada por Elvis Presley. Incluso, ya en la cima, John persuadió al manager de la banda, Brian Epstein, para que The Beatles realizara alguna película. Por lo que llamó a Richard Lester, quien aceptó en dirigir dos largometrajes para el cuarteto: A hard day’s night en 1964 y Help! en 1965.

Title: HOW I WON THE WAR ¥ Pers: LENNON, JOHN ¥ Year: 1967 ¥ Dir: LESTER, RICHARD ¥ Ref: HOW002AG ¥ Credit: [ UNITED ARTISTS / THE KOBAL COLLECTION ]

Con el antecedente laboral y la buena relación entre Lennon y Lester, éste lo invitó a colaborar en el filme en España, el cual es la adaptación de una novela de Patrick Ryan que refleja la creciente preocupación por la guerra de Vietnam en la década de los sesenta. Es una sátira bélica ambientada en la Segunda Guerra Mundial sobre un grupo de militares que construyen un campo de criquet a unos cuantos metros de las líneas enemigas.

El filme se estrenó sin pena ni gloría, aun con la publicidad de la aparición del líder de la banda del momento (que no pasó de los diez minutos.)

Sin embargo, la película, así como el pasó de John Lennon, dejaron huella en Almería. Un ejemplo claro es la Casa del Cine, un museo dedicado a los trabajos que la provincia costera española ha dado a la industria cinematográfica. Tiene como sede la casa Cortijo Romero, donde Lennon residió durante las grabaciones en España; también cuenta con una exposición permanente entorno a su estancia.

Asimismo, How I Won the War inspiró una película argentiba del 2013 llamada Vivir es fácil con los ojos cerrados¸ la cual trata sobre la historia real de Juan Carrión Gañán, un profesor de inglés que, al enterarse de las grabaciones del filme bélico, viaja a Almería para conocer a Lennon.

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Durante las seis semanas en las que estuvo en el país ibérico, a más de dos mil kilómetros de su fría y nublada Inglaterra, agobiado por sus problemas personales y con la incertidumbre de si la banda, su banda, seguiría junta, Lennon apostó por la nostalgia y la soledad de las bellas costas españolas de Almería, para recordar su infancia y aquel lugar donde solía jugar. Por lo que tomó su guitarra y un magnetofón portátil para grabar una versión esplendorosa de lo que sería una de las canciones más emblemáticas, no sólo de The Beatles, sino de la música en sí: Strawberry Fields Forever.

 

La lista de Schindler: quien salva una vida, salva al mundo entero

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Por: Leslie Valle

Septiembre de 1939: el Partido Nacionalsocialista invade Polonia. Judíos son asesinados a diestra y siniestra. Los sobrevivientes son internados en guetos o enviados a los campos de concentración donde realizan trabajos forzados.

En tal situación el empresario alemán Oskar Schindler (Liam Neeson) ve la ocasión perfecta para cumplir su sueño: prosperar económicamente; por ello se inmiscuye en las fiestas y asuntos del Partido Nazi —del cual es miembro—. Esto le permite crear una fábrica de artículos para cocina;  todo con la ayuda de un contable judío Itzhak Stern (Ben Kingsley), quien se convierte en el verdadero encargado del negocio. ¿La mano de obra? Ningún problema: toda proveniente de judíos polacos del gueto de Cracovia, la cual era la forma más barata y sencilla de conseguir trabajadores. De algo debían servir los contactos en las SS, ¿no?

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Poco a poco, lo que comienza como la oportunidad lucrativa perfecta, se transforma en todo lo contrario, ya que el corazón de Schindler se conmueve y no le importa quedarse en la ruina y arriesgar su futuro con tal de salvar alrededor de mil 100 judíos de manos del despiadado Amon Goeth (Ralph Fiennes) de ser enviados a Auschwitz —donde les esperaba un destino terrible—.

Basada en hechos reales, La lista de Schindler (Steven Spielberg, 1993) destaca de entre todas las de su tipo. Y es que, en un mundo plagado de películas sobre el Holocausto y la Segunda Guerra Mundial, ¿qué tiene ésta que la hace tan especial? Sencillo, la pulcritud con que se llevó a cabo: es una obra donde, en más de tres horas, nada sobra ni está de más (no por nada la Academia la honró con siete premios).

Dentro de los elementos más destacables de la cinta se encuentran el sonido y la fotografía:

La banda sonora (a cargo de John Williams) traslada y conmueve. No se trata ya sólo de las imágenes en pantalla, la música desgarra por sí misma y toma el lugar de un profundo lamento, materializando el dolor, hiriendo profundamente.

Por su parte, la fotografía (bajo la dirección de Janusz Kaminski) con los diversos planos utilizados, permite observar la situación tanto desde afuera como desde adentro, la diferencia en las tomas muestra cómo vivían pero también cómo se sentían todos los implicados. Además la utilización del blanco y negro, junto con los títulos indicando fechas y ubicaciones dan la impresión de que, por momentos, se trata de un verdadero documental.

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En este apartado destaca la utilización del color, y es que aunque la película está completamente rodada en blanco y negro existe un elemento a color en la escena del desalojo del gueto de Cracovia: una niña pequeña vestida con un abrigo rojo se pasea entre la furia de los miembros de las SS y los montones de muertos y judíos asustados; de esta forma, junto al personaje principal, el espectador se conmueve y la realidad le golpea la cara y sacude la conciencia. No podemos hacer otra cosa: quedamos prendados a ese abrigo que, posteriormente, se reconoce entre una montaña de cadáveres. Ese tinte rojo se convierte en el parteaguas de la historia, es lo que marca el antes y el después del proceder de Oskar Schindler: muestra que aun en las peores situaciones se esconden vestigios de humanidad.

El filme cierra con broche de oro: con un epílogo que muestra cómo Schindler y su lista con los nombres de 1100 judíos permitieron la vida de muchísimas generaciones; enfatizando que “quien salva una vida, salva al mundo entero”.

Trailer:

Ficha técnica

Dirección: Steven Spielberg.

Guión: Steven Zaillian.

Reparto: Liam Neeson, Ben Kingsley, Ralph Fiennes, Caroline Goodall, Jonathan Sagall,        Embeth Davidtz.

Música: John Williams.

Fotografía: Janusz Kaminski.

Año: 1993.

 

Las viejas estrellas de la noche capitalina

Vuelve ahí/ Cabaretera / Vuelve a ser lo que antes eras / En aquel pobre rincón.

-La Sonora Santanera

María José Cuevas tardó nueve años en la realización de  este documental que retoma los títulos del célebre filme de Luis Buñuel, Belle de Jour (1967) y de la sexicomedia Bellas de noche (Miguel M. Delgado, 1975) con la intención de dar a conocer la vida de algunas de las vedettes más espectaculares que se adueñaron de la vida nocturna de la Ciudad de México.

Pero más que un documental, Cuevas nos presenta un diario personal con figuras como Lyn May, Wanda Seux, Princesa Yamal, Rossy Mendoza y Olga Breeskin, vedettes que dominaron los escenarios durante las décadas de los sesenta y setenta, años tan lejanos.

Bellas de noche sigue a las cinco mujeres, de edades ya avanzadas pero que tienen una rutina de ejercicios y tratamientos cosméticos para detener el paso del tiempo, además de una serie de recuerdos de los años que las hicieron brillar. Además de confesiones interesantes, secretos muy íntimos y anécdotas que no quisieran recordar.

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Tiene grandes aciertos en el aspecto de dirección, como la confianza que depositaron las mujeres en la directora, quien logra llegar a esa parte de confidencia que espectador siempre espera ver reflejada; María José logra entiende las situaciones en las que viven, siendo de bonanza o en las que no están tan favorecidas. La fotografía es genérica, por decirlo de algún modo, lo cual no molesta, ya que se compensa en otros aspectos como las anécdotas y los testimonios que se recogen.

La película ha sido galardonada en los festivales donde se ha presentado, debido a los tópicos que aborda: la soledad, el abandono y la búsqueda de una respuesta a todas las dudas que se tienen a lo largo de la vida (quizá de una manera muy superficial o limitada por parte de las estrellas del pasado), y los episodios más trágicos, como la estancia en la cárcel de Princesa Yamal, hasta la conversión al cristianismo por parte de Olga Breeskin.

A final de cuentas es una visión que nunca se quiso ver del mundo del espectáculo, ese que quedó sepultado tras los sismos del 85 y que dejó secuelas permanentes en estas cinco ex vedettes que buscan un revival, esa segunda oportunidad que todos los seres humanos queremos. Pero que en este giro tan injusto es difícil conseguirlo. Y llega a ese punto climático con Wanda Seux, quien hace un grito desesperado que va de la mano con el cáncer que la aqueja ante la gente del medio que puede contratarla.

Emotiva y reflexiva; una especie de desintoxicación al cine comercial que abunda tanto en las carteleras de todo el año. Al ritmo de la música tropical de la Sonora Santanera se escucha ese verso de Carlos Colorado que reza, al calor de las cubas pintaditas: Fue en un cabaret donde te encontré bailando…

Sebastián Ortiz 

Comunicólogo que habala mucho y escribe (mal) sobre cine, música y ciencia ficción.

 

 

No es más que Xavier Dolan

juste-la-fin-du-mondePor: Citlalli Vargas Contreras

“Esto sólo puede ser un adelanto del fin del mundo.” -Arthur Rimbaud

Tenemos la concepción de que las relaciones con nuestros consanguíneos y agregados deben ser copiadas de los modelos perfectos que Hollywood y la publicidad que nos muestran. Una familia, fuera de casa, es pura felicidad y amor, aunque dentro del hogar siempre existe un ático, un desván o un sótano, real o imaginario, donde guardamos los secretos más oscuros del núcleo familiar.

En Juste la fin du monde, el director quebequense Xavier Dolan, explora precisamente el lado más enigmático de la parentela a través de la historia de Louis (Gaspard Ulliel), un escritor de teatro que, luego de doce años, regresa a la casa materna para anunciar que pronto morirá.

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La visita de Louis se torna un recorrido a través de las variopintas personalidades de los miembros de su estirpe: su cuñada Catherine (Marion Cotillard), una mujer nerviosa, tímida y reservada que calla más de lo que le gustaría; su hermana menor Suzanne (Léa Seydoux), quien se la pasa drogada y odia los convencionalismos que, sin embargo, tiene que soportar por presión de su madre; su hermano Antoine (Vincent Cassel), impaciente, intempestivo, violento como un huracán pero sensible bajo su coraza; y su madre (Nathalie Baye), quien ha desistido de intentar dejar el cigarro y sólo busca proteger a sus hijos, aunque no los entienda en lo más mínimo.

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A diferencia de las anteriores cintas de Dolan, Juste la fin du monde es extremadamente angustiante, incluso más que su cuarta película, Tom à la ferme, con la que comparte el hecho de que ambas son adaptaciones de guiones de teatro. La narrativa es lenta y se desarrolla principalmente en la casa en un lapso de menos de un día que, sin embargo, parece eterno.

Siendo fiel a la ya conocida estética de Xavier, la película está, además, colmada de planos cerrados, principalmente de los rostros de los personajes, lo cual provoca una sensación de claustrofobia al no poder ver más allá de sus narices. Asimismo, la cinematografía de André Turpin se dedicó a llenarla de tonalidades amarillas que recuerdan aquella frase de Borges que dice, “Verás el color amarillo y sombras y luces. La ceguera gradual no es cosa trágica. Es como un lento atardecer de verano”.

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Por otra parte, Dolan vuelve a dar en el clavo con la selección musical que ambienta perfectamente los ambientes indicados. Esta vez, el soundtrack incluye temas como I miss you de Blink 182, Spanish Sahara de Foals, Natural Blues de Moby y hasta Genesis de Grimes.

Este drama le valió a Dolan, ya más que reconocido en Cannes, el Grand Prix y el Premio del Jurado Ecuménico durante el festival de este año, además de que ha sido seleccionado para participar como el candidato canadiense a Mejor Película Extranjera en la 89 edición de los Premios de la Academia.

Sin embargo, la crítica trató con brutalidad la cinta del joven director, tachándola de ser un film extremadamente pretencioso, lento e irritante. Incluso en los portales Rotten Tomatoes y IMDb, la cinta alcanzó, respectivamente, 44% en el Tomatómetro y 7.2/10, siendo las calificaciones más bajas de sus cintas. Ante esto, Dolan declaró que ésta era su mejor y más madura película y, sinceramente, yo estoy de acuerdo con él.

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Juste la fin du monde representa un quiebre más en su carrera, así como lo fueron en su momento Laurence Anyways, Tom à la ferme y Mommy, un rompimiento con el paradigma de enfant terrible esteta en el que han buscado encasillar desde sus inicios al cineasta. Claramente ya no es el chico de 19 años que filmó J’ai tué ma mère pero tampoco es el joven adulto de hace dos años que realizó Mommy. Xavier Dolan ha sabido cómo diferenciar cada una de sus películas a pesar de que hay elementos en ellas que se repiten, como la evocación a la madre y el amor no correspondido, y justo eso es lo más destacable de él, que nunca se ha quedado en el mismo lugar, ni siquiera lo intenta, ya que constantemente busca maneras de moverse de su zona de confort e innovar en determinados aspectos con cada film que hace. Por otra parte, es cansado que la crítica siga haciendo hincapié en que exista un personaje homosexual cuando Xavier, a pesar de ser gay, ha manifestado que ése no es el punto central de sus historias.

El sexto film de Dolan es, después de todo, el ático, desván o sótano donde se guardan los secretos oscuros que ha sido dejado abierto a propósito para que nosotros, espectadores, nos adentremos en ese aspecto oscuro del núcleo familiar que, a muchos, no nos es tan indiferente. A final de cuentas, no es más que el fin del mundo.

Funciones en la Ciudad de México http://bit.ly/2fPvuZo

Trailer:

Kubrick en la Cineteca Nacional | Videorecorrido

Más de 900 piezas entre proyecciones, objetos originales, fotografías, vestuario y más, forman parte de la exposición Stanley Kubrick: La exposición. 

¿De qué hablamos cuando decimos “ciencia ficción”?

El proto cine o la experimentación de diversos procedimientos previos a la fotografía y al cine se enfocaban al método científico. Uno de esos ejemplos es el revolver fotográfico del astrónomo francés Pierre Janssen, el cual usó con poco éxito en el Tránsito de Venus de 1874, pero logró un primer recurso narrativo visual: el timelapse.

El cronofotógrafo o revolver fotográfico fue uno de los precursores de lo que a finales del siglo XIX se conoció como cinematógrafo. Justo este aparato registró un evento astronómico importante y el cual sin querer fue inspiración para que en 1902 Georges Méliès filmará la adaptación de la novela de Julio Verne: El viaje a la luna, también inspirada en Los primeros hombres en la luna de H.G. Wells.

La película muestra un viaje fuera de la tierra y una serie de aventuras que tuvieron un impacto sumamente fuerte en las personas que la vieron el año de estreno. A partir de esto, vemos cómo en género literario se convirtió en uno cinematográfico y no se ha dejado de desarrollar a lo largo de la historia del cine.

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En 2013, el cineasta mexicano Alfonso Cuarón presentó Gravity, su segunda película de ciencia ficción y que aborda un tema que para el cúmulo de naciones encargadas de la Estación Espacial Internacional (EEI) resulta muy preocupante: la basura espacial.

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En más de 100 años, la visión de George Méliès quedó corta en comparación de lo que Cuarón e hijo plantearon en Gravity, en la vida real, la exploración espacial ya es algo común en países desarrollados, no a la velocidad que hubieran querido Arthur C. Clarke y Stanley Kubrick, pero es ya una realidad.

A su vez, la ciencia ficción no sólo se ha relacionado con el espacio, hay corrientes que derivan de este género o se complementan. Como el punk (Cyberpunk, steampunk, dieselpunk, atompunk, por mencionar algunas). Éstos obedecen a las tendencias científicas de las épocas, como el positivismo, el desarrollo de los motores de combustión interna, el inicio de la era atómica y la democratización de las computadoras como herramientas comunes.

image4A lo largo de la historia del cine se han presentado películas de ciencia ficción con una carga narrativa impecable, efectos especiales y temáticas universales. Por ejemplo: Metrópolis (Fritz Lang, 1923) la cual aborda tópicos inconcebibles para la época en la que vio la luz, o Wall E (Andrew Stanton, 2008) donde el asunto es la polución provocada por los hábitos de consumo.

Es en este tipo de temáticas donde se sustenta uno de los valores principales del género: la desesperanza para el ser humano. Tal es el caso de uno de los autores favoritos de Hollywood: Philip K. Dick, quien refleja la perdida de aquello que nos caracteriza como humanos.

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Pero no toda la ciencia ficción es así, hay casos como el de Star Wars, la saga que creó George Lucas, en la que a pesar de ser una alegoría de muchos héroes de la mitología griega, termina con un final feliz o complaciente para el público. Pero hay filmes que entrarían como subgénero y a las cuales no se les reconoce como como tal, y me refiero principalmente a las película de superhéroes, tan en boga hoy en día.

Desde mediados de la década pasada, la empresa Marvel ha plagado las carteleras del mundo con su Universo Cinematográfico, donde presentan las historias de héroes conocidos como Iron Man, Capitán América etcétera y que hasta hace pocos años compiten contra Detective Comics; pero esa es una historia que abordaremos después.

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¿Porque a los superhéroes no se les considera ciencia ficción?, ¿Hay algo que no sepamos que los separa del grupo? Si revisamos Captain América: Civil War (Russo Brothers, 2015) observamos que comparte elementos que la narrativa de la ciencia ficción ha utilizado, por ejemplo personas con poderes que no caracterizan a ningún ser humano común y corriente; los efectos especiales, mundos paralelos…en fin, diversos conceptos que entrarían dentro del género que nos ocupa, pero por alguna razón no se le considera dentro de tal.

La ciencia ficción ha formado la visión del futuro, con algunos aciertos o no. Ahora, cuando en la vida común contamos con la tecnología que era impensable para Méliès o los Lumiere, imaginar el futuro es tan común como revisar este texto en una página de internet.

Sebastián Ortiz 

Comunicólogo que habala mucho y escribe (mal) sobre cine, música y ciencia ficción.