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El desconocido del Gran Arco: la obsesión artística derrotada por la burocracia

critica de el desconocido del gran arco

SINOPSIS: Tras ganar un concurso francés para diseñar el nuevo edificio de La Défense, el arquitecto danés Johan Otto von Spreckelsen (Claes Bang) debe adaptarse a los obstáculos culturales que le impiden construir su colosal cubo de mármol y vidrio, además de tener que lidiar con las restricciones de Jean-Louis Subilon (Xavier Dolan) y las reservas creativas de un segundo arquitecto al mando, el director de obras Paul Andreu (Swann Arlaud). 

Aunque hay grandes diferencias entre sus intenciones discursivas, El desconocido del Gran Arco (L’inconnu de la Grande Arche, 2025) podría ser un apéndice perfecto para las ambiciones monumentales de El Brutalista (The Brutalist, 2024), ya que Stéphane Demoustier retrata a otro arquitecto devorado por una aristocracia extranjera, solo que ahora el lugar de los despóticos mecenas estadounidenses es ocupado por una volátil burocracia parisina. Sin llegar a los excesos narrativos de Brady Corbet, el cineasta francés también reflexiona sobre cómo las élites menosprecian a artistas que no pertenecen a la misma burbuja, a la vez que se apropian y explotan los rasgos anhelados de esas mentes creativas foráneas. En consecuencia, “el prestigio” se convierte en un atributo más valioso que las propiedades estéticas de una obra, pues tal jerarquía determina si se respetan o no los detalles particulares de una visión poética.

Sin embargo, El desconocido del Gran Arco no solo desarrolla la frustración de un genio derrotado por la política parisina; en realidad, también cuestiona la arquitectura especulativa y su obsesión por “conceptos” inviables que responden a la vieja mecánica de un mundo sin derechos laborales, restricciones urbanísticas ni presupuestos gubernamentales. El ficticio Otto von Spreckelsen encuentra apoyo en los ideales burgueses de François Mitterrand (Michel Fau), quien alimenta su obstinación con la aprobación de caprichos tan peligrosos como el uso de mármol no tratado.  

Crítica de El desconocido del Gran Arco
‘El desconocido del Gran Arco’ (2025 )

A partir de esa confrontación entre fantasía arquitectónica e ingeniería práctica, Demoustier captura la decadencia de un periodo histórico que oscilaba entre la racionalidad del progreso y la naciente posmodernidad; una idea ingeniosamente sintetizada por la breve aparición de Ieoh Ming Pei (Jiang Hong Chen) y su piramidal cierre a la arquitectura moderna. Aunque dicha ambientación no es fiel al pasado, la producción se esfuerza por reconstruir el ocaso ochentero del “encanto burgués” y el desenfado de una clase obrera que se burlaba de las instituciones, conformando una moralidad laxa que trágicamente choca con el hermetismo escandinavo del protagonista.  

Basado en un libro de Laurence Cossé, el argumento aprovecha los vacíos en la biografía del arquitecto para ajustar su temperamento al perfil interpretativo de Claes Bang, quien suele encarnar los absurdos dilemas existenciales del hombre contemporáneo. Esta adaptación deja a un lado los hechos para introducir actualizaciones muy concretas a la historia oficial, como darle a la esposa de Otto von Spreckelsen (Sidse Babett Knudsen) un rol activo en las negociaciones del proyecto, en lugar de representarla como una simple acompañante sin voz propia. Algunos cambios ayudan a que la película no solo sea un biopic descriptivo, sino un argumento con mensajes dirigidos al público del siglo XXI sobre el destino funesto de lo poético cuando el único valor relevante es el monetario. 

Si la producción hubiera seguido patrones hollywoodenses, la historia tendría un desarrollo dramático que enaltecería el virtuosismo de von Spreckelsen; sin embargo, el protagonista es dotado con un obstinado ego que es patéticamente herido por el sistema. Influenciado por el cine de Nanni Moretti, Demoustier convierte al infortunio del arquitecto en un elemento cómico que explota la cruda ironía de ser autor de una obra maestra y no poder intervenir en su creación. El director utiliza a los personajes secundarios de Knudsen, Xavier Dolan y Swann Arlaud como polos opuestos de una arrogancia artística que ya no tiene lugar en sociedades controladas por oligarquías. A la postre, la sátira resulta sutil y sofisticada porque se apoya en lo caricaturesco de varios personajes memorables, como el  Mitterrand alternativo de Fau o las intervenciones de Dolan en un grisáceo universo que no coincide con su histérica presencia. 

Crítica de El desconocido del Gran Arco
‘El desconocido del Gran Arco’ (2025)

A pesar de sus toques humorísticos, en El desconocido del Gran Arco predomina la solemnidad visual, donde “la analogía” es el principal recurso para enfatizar la conexión entre el arte contemporáneo y las formas “orgánicas” que integran lo cotidiano, algo ejemplificado con transiciones que van de una carnada a la maqueta del edificio o del mármol de Carrara a la comida italiana. Incluso la relación de aspecto (1.37:1) transforma al metraje en otro simbólico cubo, demostrando un discreto lenguaje audiovisual que está trastocado por el carácter obsesivo del protagonista. De igual forma, el espacio urbano se convierte en un escenario  inarmónico que lleva al límite la paciencia del arquitecto, siendo sus acabados desprolijos los verdaderos asesinos de von Spreckelsen. Lo anterior es una idea demasiado abstracta, pero la producción logra que sea tan fácil de entender mediante las losas imperfectas del pavimento o la imposibilidad para utilizar vidrio pegado. 

Aunque no se trata de un gran evento cinematográfico, El desconocido del Gran Arco es tan efectiva que hasta Xavier Dolan logra entregar una excelente actuación, a pesar de su limitado rango actoral.

Lamentablemente, tanta sutileza en el estilo cinematográfico no corresponde con el arco del personaje principal, ocasionando que la historia se sienta contenida y lenta cuando tenemos una visceral batalla entre estética y presupuesto. No obstante, esa frialdad es un rasgo que ya estaba presente en La fille au bracelet (2019), donde había un arriesgado contraste entre el saturado rojo del juzgado y la fría iluminación de Sylvain Verdet. Afortunadamente, la fotografía es más convencional en El desconocido del Gran Arco, ya que David Chambille (Nouvelle Vague, 2025) prioriza la creación de una atmósfera hostil que transmite acertadamente el desprecio del protagonista hacia la “imperfección” de un país ajeno. 

Aunque no se trata de un gran evento cinematográfico, El desconocido del Gran Arco es tan efectiva que hasta Xavier Dolan logra entregar una excelente actuación, a pesar de su limitado rango actoral. Gran parte de ese mérito se debe al paso de Demoustier por el Departamento de Arquitectura del Ministerio de Cultura, lo cual fue una experiencia que le permitió capturar la imposibilidad de respetar una “visión creativa” cuando tantas personas intervienen en la construcción. El resultado final es un largometraje con auténtico aspecto vintage que transforma lo anecdótico en una notable pieza sobre el fracaso y lo injusto que es ese canónico panteón de los grandes maestros. 

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Crítica

Irving Javier Martínez Ver todo

Licenciado en Comunicación. Redactor especializado en cine.

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