De ahogarse juntos: el Narciso de Bojack Horseman y Don Draper
Una imagen a modo del Narciso de Hockney decora la oficina de Bojack Horseman. En la pintura de la serie, la estrella televisiva se contempla a sí mismo desde el filo de una alberca nadar cara abajo. El agua como símbolo es frecuente a lo largo de las seis temporadas de la producción, alcanzando un importante momento en el episodio Free Churro de la quinta.
Horseman monologa junto al ataúd de su madre, habla acerca de las incógnitas de su compleja relación. Sin lágrimas y por medio de bromas que caracterizan su humor ríspido, el protagonista de Horsin’ Around concluye que en su trágica dinámica familiar él y sus padres por lo menos se ahogaban juntos. Sufrían, aguantaban los embates mutuos, pero juntos.
El caballo de Raphael Bob-Waksberg (creador de la serie) convivirá también con las aguas para reconciliarse con su bondad. En Como pez fuera del agua reúne a un recién nacido caballo de mar con su padre y en Hacia altamar salva a Todd del grupo de improvisación de comedia que lo atrapa en un barco. No obstante, en el penúltimo capítulo de la producción (La vista en medio de la caída), Horseman por poco no la cuenta y obtenemos el payoff definitivo de su versión del Narciso.
Bob-Waksberg ha declarado su admiración por la serie Mad Men, en la cual acompañamos al publicista Don Draper en su arribo al éxito económico. Ambos, Horseman y Draper, provienen de hogares disfuncionales, ambos del medio oeste de Estados Unidos, ambos traumatizados y comparten una relación ambivalente con el agua. Necesario destacar que el Narciso de Horseman es también un fotograma del episodio Historia de dos ciudades de Mad Men.
Draper y Horseman miran en tercera persona, siempre observándose desde afuera para que, en el caso del primero, no se filtre su verdadera identidad y, en el del segundo, para que sus malas acciones no aneguen la vida de sus seres queridos. Más temprano que tarde, las cosas para ambos se salen de control y el agua está ahí como alivio o escapatoria.
El publicista pasa de nadar en una alberca como relajamiento a arrojarse inconscientemente al agua en una celebración; en otro altercado y durante un pitch publicitario, intenta vender la idea de un hombre que deja sus ropas en la playa para ir al mar, lo cual al espectador sugiere suicidio, mientras que para él representa descanso. Y es que en realidad tal vez no exista manera de que el conflicto de Draper lo deje descansar sino hasta su muerte.
No es casualidad que el retiro y la clínica a los que acuden estos protagonistas para salvarse estén cerca del agua. Tampoco lo es que Anna, la persona favorita de Draper, viva en California o que el encuentro final de Horseman con Todd, Diane y Princess Carolyn ocurra a orillas de un mar tranquilo. El agua como elemento religioso es el del bautismo, pero también el del diluvio: es renovadora o aniquilante.
Retrocedamos un poco más. Matthew Weiner, creador de Mad Men, formó parte de la mesa de escritores de Los Soprano. Tony es su personaje principal: el jefe de la mafia que sufrió un derrumbe psicológico tras el vuelo de los patos que vivían en su alberca, dicho sea de paso, el lugar preferido de él en la casa. El hombre que participó en la muerte de uno de sus mejores amigos y que después lo arrojó al mar. El padre que salvó a su hijo del suicidio en la piscina.
En un diálogo, Janice, la hermana de Tony, expresa: “A lot of anger is self-importance”, frase que se complementa con aquello que la Dra. Melfi explica de la depresión: “es ira contra uno mismo”. Bojack Horseman, Don Draper y el líder de Los Soprano son personajes violentos, si no con ataques físicos entonces emocionales, quienes reúnen un alto ego con la cualidad del autodesprecio.
Los tres alejan constantemente a los suyos y en sus intentos por poner sus vidas en orden, vuelven a la versión terrible de sí mismos que los ahoga. Al igual que en el mito de Narciso, la tríada de personajes se derrite frente a su incapacidad de distanciarse de su propia imagen, más claramente, de sus historias personales y del trauma; son incapaces de “no fetichizar su tristeza”, consejo de Ana Spanakopita a Bojack Horseman (“Don’t fetishize your own sadness”).
Los cúlmenes de los trabajos de Bob-Waksberg y Matthew Weiner no son indicativos de un final feliz. Las aguas están tranquilas, no llegan al cuello, pero tampoco bajemos la guardia. Más allá de sus capítulos de cierre, nos queda imaginar a Bojack y a Don negociar permanentemente con la bestia que llevan dentro. The Beast in Me, canta Johnny Cash.
Me gustaría leerte, ¿cuáles son tus episodios favoritos de Bojack Horseman y Mad Men?
Miguel Sandoval Ver todo
Me gustan las películas de Éric Rohmer y de Robert Bresson. Escribo en un intento por expresar lo inexpresable.