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Resident Evil: lo más importante no son los personajes, sino la experiencia del jugador

critica de resident evil Zach Cregger

SINOPSIS: Durante una tormenta invernal, el mensajero Bryan (Austin Abrams) debe trasladar un paquete médico a un hospital de Raccoon City. No obstante, el viaje es interrumpido por una epidemia que convierte a los contagiados en bestias mutantes que destruyen todo a su paso. 

Es momento de aceptar que a ninguno de los cineastas que han pasado por Resident Evil le ha importado genuinamente el canon de los videojuegos, pues en todos los productos previos sobresalía el esfuerzo por ajustar sus particularidades a formatos mínimamente rentables. En ese sentido, Zach Cregger tenía el camino libre para alterar a voluntad las reglas básicas de la franquicia, con el objetivo de dar mayor peso a lo esencial del universo: la experiencia del “jugador” promedio. Superficialmente, la historia consiste en un viaje básico del punto A al punto B, con ingeniosas ocurrencias para mantener la atención del espectador; no obstante, el gran movimiento del director y el guionista Shay Hatten fue incluir el “encanto” de un ordinario protagonista que llega al último nivel del juego por pura casualidad. 

A pesar de las críticas negativas a su vis cómica, Cregger ha creado la versión más siniestra y nauseabunda de Raccoon City, dado que las líneas narrativas de Resident Evil suelen ser más afines a un genérico cine de acción con demasiados personajes y gratuitos giros argumentales; dos elementos que se han salido de control en todas las adaptaciones para cine y televisión. El gran cambio en Resident Evil: Noche Cero (Resident Evil, 2026) es lo minimalista de una puesta en escena que da especial protagonismo a los clichés del videojuego, sin importar lo absurdo que resulte su cruce con un lenguaje cinematográfico más formal. 

Escenas como la persecución dando giros alrededor de una patrulla parecerán “humorísticas”, pero son parte de esa atmósfera que nos lleva a desesperarnos por no tener un control en las manos para manipular las acciones del mensajero. Los momentos hilarantes le permiten a la producción introducir características del videojuego sin que se vean gratuitas, haciendo más orgánico el artificioso diseño de planos subjetivos para buscar armas o abrir candados. La angustia del protagonista también nos ayuda a aceptar la lógica de un universo repleto de mutaciones arbitrarias y obstáculos sacados de la manga, pues las exageradas reacciones de Austin Abrams amortiguan lo disparatado en una cadena de sorpresas que nunca termina. 

Crítica de resident evil Zach Cregger
‘Resident Evil’ (2026)

La jugada de Cregger es exitosa porque el guion no tiene ambiciones a gran escala, ya que el principal propósito era lograr que este survival horror sirviera como punto de partida para establecer las bases de un terror cruel y salvaje que no tuviera piedad hacia sus personajes, sin importar que se trate de una niña indefensa o el propio protagonista. Tal exceso de fatalidad le permite al director explorar en el terreno de la sátira, donde la devastación es ocasionada por siniestras corporaciones que no calculan los riesgos de sus experimentos. En otras palabras, esta nueva versión de Umbrella Corporation operada por científicos imbéciles representa al mismo “progreso” tecnológico que está impulsando la inteligencia artificial hasta sus últimas consecuencias. 

Y en medio de esa falta de ética corporativa aparece Bryan (Austin Abrams), el mensajero con un sentido de la responsabilidad superior al de cualquier personaje de los videojuegos. Aunque las criaturas con tentáculos y vómito ácido deberían motivar el miedo de Bryan, existe otra preocupación con mayor peso en su cabeza: una inesperada paternidad. Sin importar las expectativas del fandom, el argumento de Resident Evil: Noche Cero es fiel al barroco imaginario de Cregger, donde los imperfectos protagonistas le dan más vueltas a sus problemas mundanos que al sórdido terror frente a sus narices. Después de todo, el conflicto del mensajero no parece tan vacío cuando vemos que conecta directamente con los escenarios más escalofriantes del metraje, como una niña clamando su ayuda o el paso por una sala de maternidad infectada. 

El gran acierto del director de Resident Evil: Noche Cero fue optar por la historia de una dolorosa metamorfosis, en lugar de reciclar personajes que no han sido tan efectivos en la pantalla grande.

Resident Evil: Noche Cero es el desahogo creativo de ese chico irreverente que fue Zach Cregger durante los dosmiles, secuestrando una franquicia fallida para llevarla por el camino menos satisfactorio para el público, especialmente durante sus últimos minutos. Tras superar el impacto del destino final de Bryan, el desenlace resulta el cierre perfecto para una película que intenta convencernos de que estamos en la versión extrema de Raccoon City, aniquilando sin compasión a un ser genuinamente entrañable. Esa deshumanización del protagonista puede parecer anticlimática, pero nos adentra con total crudeza en una zona cero que es capaz de dejar el sabor de boca más amargo en el espectador. Al final, el gran acierto del director fue optar por la historia de una dolorosa metamorfosis, en lugar de reciclar personajes que no han sido tan efectivos en la pantalla grande. 

Crítica de resident evil Zach Cregger
‘Resident Evil’ (2026)

Si bien lo siniestro debe ser lo más llamativo del filme, Dariusz Wolski (The Crow, 1994) nos obliga a centrar nuestra atención en su refinado gusto para iluminar “la larga noche” del mensajero. Ya sean las luces rojas de los vehículos o la linterna de un teléfono, el director de fotografía usa los recursos más artificiosos para dar nitidez a cada detalle de los mutantes, recurriendo a una sobreexageración de las fuentes de luz que se agradece. Visualmente, los efectos especiales son tan precisos que por primera vez son claras las diferencias entre el Virus-T y un apocalipsis zombie clásico, sin la necesidad de diálogos sobreexplicativos. A pesar de la “comedia” y su historia original, se trata de la producción que ha manipulado con mayor seriedad el canon de la franquicia, mostrándonos lo siniestro de Raccoon City en la escala exacta de los videojuegos; así que, si no puedes apreciar lo genial en la propuesta de Cregger, es porque posiblemente te ha cegado el fanatismo. 

Sin embargo, el mejor atributo de Resident Evil: Noche Cero es la actuación de Austin Abrams y su histérica comedia que sintetiza la torpeza de quienes no somos Jill Valentine, ya sea saltando una cerca eléctrica, huyendo de un perro zombie o dejando notas que después descubrirán los verdaderos héroes de la historia. Zach Cregger demuestra que una buena adaptación no solo consiste en respetar la trama original, sino en emular sus valores más abstractos, como la perspectiva subjetiva o la experiencia claustrofóbica de saber que no vamos a sobrevivir. En conclusión, este reinicio es apenas un vistazo a un aterrador Raccoon City que podrá recibir a todos los personajes icónicos de la franquicia… o no, porque el director se ha ganado el derecho de intervenir en la franquicia como mejor le parezca. 

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Irving Javier Martínez Ver todo

Licenciado en Comunicación. Redactor especializado en cine.

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