Nuisance Bear: mucho más que otro documental sobre extinción
SINOPSIS: Un oso polar joven intenta sobrevivir en la provincia canadiense de Manitoba, hasta que las autoridades de control animal lo trasladan al norte de la región, donde habita una comunidad Inuit. En Arviat vive el narrador Mike Tunalaaq Gibbons, quien cuenta los peligros de vivir entre osos y cómo los vecinos del sur han borrado paulatinamente su identidad.
La ópera prima de Gabriela Osio Vanden y Jack Weisman lanza una fuerte crítica contra el ecologismo que obstaculiza la visibilidad de problemas que solo son evidentes mediante planos muy cerrados. El corto homónimo del 2021 fue apenas un vistazo que mostraba las mismas imágenes genéricas de cualquier producción sobre especies en peligro de extinción. Sin embargo, Nuisance Bear (2026) es un proyecto más amplio que incluye el testimonio de una aldea que comparte con la fauna el mismo proceso de extinción, salvo que las adversidades enfrentadas por los pueblos nativos son convenientemente excluidas de los debates ambientalistas.
La diferencia entre lo impersonal del cortometraje y la voz cálida de Mike Tunalaaq Gibbons en la versión extendida supone un contraste que intencionalmente ejemplifica el vacío humanista en los típicos documentales narrados por celebridades, donde complejas realidades son simplificadas en beneficio del entretenimiento. Con diez años de investigación in situ, la pareja de realizadores enfatiza la yuxtaposición de dos perspectivas unidas por la misma pregunta: ¿quién es el invasor? El giro posterior al traslado de un oso polar desde la provincia de Churchill hacia la aldea de Arviat revela el trasfondo colonialista cuando se “protegen” animales expulsándolos hacia los márgenes de las zonas industriales, donde también habitan los grupos sociales históricamente segregados.
Es emotivo descubrir que las palabras del narrador no solo tienen valor descriptivo, porque nos comparte el doloroso testimonio de una tragedia que involucra a los osos exportados por “los sureños”. La voz de Mike Tunalaaq Gibbons es el recurso principal que aporta profundidad a la labor de los cineastas, puesto que las palabras del líder comunitario son el verdadero hilo conductor de las imágenes. Aunque el trabajo de no-ficción toma el riesgo de mostrar a la población de osos polares como un peligro latente en Arviat, el mismo narrador honra el vínculo ancestral con los mamíferos, recordándonos nuestras conexiones con las faunas locales que han sido apartadas del territorio que les pertenece.
Nuisance Bear termina convirtiéndose en una desoladora reflexión sobre despojos territoriales y culturales. Fue inteligente iniciar el metraje con las imágenes filmadas en Churchill, ya que el operativo de patrulleros desatado por la cercanía entre osos y humanos es una representación gráfica de la absurda insistencia de considerar a la naturaleza como algo salvaje y corregible. Sin importar el impacto catastrófico de la industrialización, “los blancos sureños” responsabilizan de la crisis a quienes llevan siglos habitando en la tundra. Temerariamente, el documental cuestiona cómo “el ecologismo” es un recurso sesgado que los invasores utilizan para justificar el sometimiento de pueblos indígenas mediante restricciones que ponen en riesgo su sobrevivencia, pues los ancianos han sido privados de su autoridad y la mayor parte de sus conocimientos se han perdido en el tiempo.
Cruzar la frontera entre humanos y naturaleza también parece estar determinado por privilegios, tal como lo ejemplifican las excursiones turísticas del documental. El corte final remarca la condescendencia hacia ciertas frivolidades primermundistas que contribuyen a la destrucción de la vida silvestre, como el alterar un ecosistema por el simple capricho de ver a “los últimos” osos polares del planeta. El mismo dilema ético enfrenta cualquier incursión cinematográfica o televisiva motivada por el simple voyeurismo, debido a que la cruda realidad va más allá de las descontextualizadas imágenes de animales filmados con teleobjetivos.
Nuisance Bear plantea que es imposible hablar de naturaleza sin analizar los conflictos sociales del entorno.

Similar a All That Breathes (2022), también producido por Teddy Leifer, Nuisance Bear plantea que es imposible hablar de naturaleza sin analizar los conflictos sociales del entorno. El narrador rompe las expectativas del público cuando dice “aquí no hay extinción”, porque resta ingenuidad a una mirada que presenta abandonos más trágicos que el propio exterminio; una óptica decepcionante y confusa para varios críticos anglosajones. La cámara de los cineastas captura desde la desorientación hasta la búsqueda de alimento en la basura, demostrando que toda la logística para llevar osos polares al norte es otro protocolo de “limpieza” que tiene paralelismos con las crisis migratorias de cualquier continente.
Con el giro de perspectivas a la mitad del metraje, los directores también cuestionan a los documentales que solo muestran ecosistemas deshabitados, eliminando a las personas que conviven con la flora y la fauna filmada. Irónicamente, los nativos suelen colaborar con muchos equipos de producción para luego ser borrados del paisaje. En contraste, Nuisance Bear retrata la cotidianidad inuit en asentamientos forzosos y la complicada relación con los osos que transitan por sus calles.
Tras casi una década de investigación, la producción evolucionó de una cámara montada en trípode a contar con seis directores de fotografía que transformaron al discreto proyecto de recién egresados en un título que merece ser musicalizado por el popular Cristóbal Tapia de Veer (The White Lotus). El montaje también fue crucial para pasar del intrascendente cortometraje a un documental que conmueve cuando Mike cuenta su historia o durante las múltiples escenas que nos muestran el destino incierto de los osos polares.
Efectivamente, “ninguna historia es sencilla”, pero Gabriela Osio Vanden y Jack Weisman encuentran enfoques que plasman los matices en la problemática coexistencia de fauna y humanos, especialmente cuando ambos son expulsados de su hogar. Para algunos podrá parecer que Nuisance Bear no llega a ningún lugar, pero en realidad aborda tópicos contradictorios con el activismo panfletario, evidenciando lo complicado de analizar problemas cuando se vive a kilómetros de distancia.
Categorías