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Alpha: más que obvia, arbitraria

alpha Julia Ducournau

Después del éxito de Titane (2021), en la que Julia Ducournau amalgamó temas como la familia, el placer sexual a partir de lo mecánico y la fluidez de la identidad,  Alpha (2025), su más reciente largometraje (que compitió por la Palma de Oro en el Festival de Cannes) apuesta por ser más accesible para el público, lo cual logra a medias. La directora ejecuta un ejercicio confuso en su visión de la crisis del Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH) y nos sitúa en un mundo donde la enfermedad endurece fisiológicamente a quienes la sufren, convirtiéndolos en esculturas de un material brillante.

Aun si la obviedad del padecimiento que retrata no fuera un defecto en sí, el problema es que Ducournau complica la narración innecesariamente (aún más en su último tramo). Pero antes de llegar a esto, también ocurren algunos errores de continuidad, como el brazo de la protagonista Alpha, que sangra profusamente en la escena de un beso y después ya no, sin mostrar cómo se ocupó de un hecho tan preocupante. Asimismo, en la escena de la comida familiar, Amin aparece y desaparece de cuadro inexplicablemente (volveré más adelante a este punto).

A estos detalles —los cuales habría que debatir si se pueden pasar por alto—, se contrastan las bellas imágenes de un momento tierno entre Alpha y su abuela, quien busca quitarle el espanto y la abraza. O el del bar donde la vida se impone a la tristeza de saber que los días están contados y que afuera la crisis es tan potente que ya no hay sitio en el hospital. La cineasta construye momentos poderosos como los anteriores y alterna entre el drama familiar y el social, cuyas expresiones más destacables de este último están en las escenas que mitifican el virus y su cura (llamándolo “viento rojo”) o que lo cubren de prejuicios sobre su modo de transmitirse, dos polos de un mismo problema: la desinformación.

Critica alpha Julia Ducournau
‘Alpha’ (2025)

Alpha choca contra el muro de la piscina escolar, su cabeza sangra y nuestro personaje avanza aturdida hacia los otros nadadores. La cámara toma desde los pies a los chicos que huyen en el agua y luego un picado con grúa muestra el tamaño del miedo. Temor es la idea con la que Ducournau trabaja, desplazándose de los linderos de la Nueva Carne en Titane a la exposición de cuerpos que enferman progresivamente en Alpha, sin monstrificarlos violentamente, sin entrar en la dinámica de la película de terror a ultranza.

Porque en Alpha el temor es infundado por consecuencia de la desinformación y su reverso es la piedad, valor que encarna la actriz Golshifteh Farahani en su papel de médico, madre de Alpha y hermana amorosa de Amin, adicto a una sustancia que sospechamos es heroína. La intérprete iraní carga con los matices más humanos del filme; es con ella que nos damos cuenta de que Alpha no intenta sumarse a las narrativas impactantes del body horror.

El mayor problema de la película, como ya se dijo, ocurre en su tramo final, particularmente los últimos treinta minutos, cuando en un juego de flashbacks y temporalidades, Ducournau centra el protagonismo en la adicción de Amin; este ejercicio que debía destilar complejidad, relega el drama social (¿qué pasó con la gente que suplicaba por atención en el centro médico?) y sucede una vez que el conflicto principal de Alpha ha sido resuelto. Acto seguido, Ducournau cierra la película con una secuencia que podría pertenecer más al cine de lo fantástico y con la que, lamentablemente, afecta las leyes de su mundo que no es tan distinto al de nosotros.

Crítica de Alpha peliícula de Julia Ducournau
‘Alpha’ (2025)

Ahora bien, hay quienes sostienen que Amin es un fantasma materializado por el trauma y que su desintegración en el culmen es simbólica. Que su cuerpo mortal falleció en una cama de hospital y que lo último que vemos es la liberación de su espíritu en la ventisca. Lamentablemente, incluso si errásemos en nuestra lectura de Amin como un mortal que vuelve a la vida de su familia, la lógica del fantasma tampoco se sostiene: en primer lugar, porque Amin juega futbol con Alpha y otras personas para las que a todas luces es visible. Segundo, porque cómo nos explicamos que le sirvan un trago en el bar o que compre heroína; si la materialización del fantasma es voluntaria y si Amin deseaba estar ahí, entonces también deseaba estar en la comida familiar y ser plenamente visible (cuando está a cuadro), aunque nadie se dirige a él, como si no existiera.

Alpha pierde el camino siendo una historia que se enreda en sí misma y en sus fundamentos. Ofusca su posibilidad de ser más accesible para un público que sin duda disfrutará los momentos musicales a cargo de Portishead, Nick Cave y Tame Impala.

Es decir, Ducournau parece admitir que cuando Amin está en la pantalla es porque elige materializarse, y si se materializa, si es de carne y hueso, es porque escoge ser visible. Esto significa que hay una contradicción en la naturaleza fantasmal que plantea la directora, ya que en su propuesta de este recurso prima la ambigüedad sino que la arbitrariedad conveniente.

Finalmente, Alpha pierde el camino siendo una historia que se enreda en sí misma y en sus fundamentos. Ofusca su posibilidad de ser más accesible para un público que sin duda disfrutará los momentos musicales a cargo de Portishead, Nick Cave y Tame Impala. El mayor handicap de la realizadora fue envolver de complejidades un filme que pudo funcionar linealmente. Si acaso temió la directora de Junior (2011) no estar a la altura de su aclamada Titane por sus múltiples capas de interpretación, es algo que no sabemos, sin embargo, las piezas de Alpha no consiguen encajar porque también podrían pertenecer a rompecabezas distintos.

Alpha cuenta con las actuaciones de Golshifteh Farahani, Emma Mackey y Tahar Rahim, sólo por mencionar algunos intérpretes. Se estrenará el 04 de junio en cines de México. 

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Crítica

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Miguel Sandoval Ver todo

Me gustan las películas de Éric Rohmer y de Robert Bresson. Escribo en un intento por expresar lo inexpresable.

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