La Sustancia: podría ser el mejor body horror que verás en tu vida
Por su estilo, La Sustancia es única en su género. Con influencias de El Resplandor (1980) y David Cronenberg, resulta una bomba sensorial que conquista a cualquier amante del body horror.
Tras ser despedida por su edad, la estrella del fitness Elisabeth Sparkle (Demi Moore) recibe la oportunidad de volver a la juventud mediante una extensión mejorada de sí misma llamada Sue (Margaret Qualley). Sin embargo, todo comienza a descontrolarse cuando Sue rompe el equilibrio que “La Sustancia” indica en sus instrucciones, convirtiendo la vida de Elisabeth en una pesadilla.
Aunque se movía bajo los convencionalismos del cine de explotación y venganza, con ecos de I Spit on Your Grave (1978), Revenge (Coralie Fargeat, 2017) era una propuesta fresca que navegaba por las turbias aguas de una caótica fantasía sin frenos, en búsqueda de nuevas maneras de sacudir a la audiencia.
Evidentemente, la película conectaba con un mensaje sobre la violencia de género, pero lo estridente de sus imágenes daba más la apariencia de macabro cuento sensual que resucitaba de golpe al morboso Nuevo Extremismo Francés. A la distancia, ese primer largometraje fue un inmejorable experimento que le permitió a la realizadora explorar zonas del horror que estarían presentes en su próxima aventura cinematográfica: La Sustancia.
Feminismo y body horror en La Sustancia
El estilo grotesco de La Sustancia (The Substance, 2024) es único en su género, porque rompe las barreras entre erotismo y repulsión de una forma tan salvaje y abrupta que es imposible esquivar el impacto de escenas tan inquietantes, donde la belleza hegemónica no está muy lejos de la fealdad putrefacta.
Construyendo un puente entre Seconds (John Frankenheimer, 1966) y el anime coreano Beauty Water (2020), la cineasta francesa crea otra retorcida pesadilla sobre la fáustica obsesión de la humanidad por la eterna juventud; un tópico clásico, pero que se vuelve aún más oscuro cuando el capitalismo entra en escena mediante dos figuras: una que potencializa el problema (Hollywood y sus estándares de belleza) y otra ofreciendo la solución (la omnipresente corporación detrás de “La Sustancia”). A partir de esa elemental base argumental, Fargeat arranca con su bestial carnaval de deformidades y sangre a chorros.
Ya puedes leer el guion de La Sustancia
Con fuerte influencia de El Resplandor (1980) y el cine de David Cronenberg, la película sumerge al espectador en un estado alterado de la realidad. De hecho, es en ese aspecto visual donde la directora introduce el mayor rasgo feminista del filme, presentando al sexismo como algo más vomitivo que la propia metamorfosis de la protagonista.
Del mismo modo que el cuerpo desnudo de Kevin Janssens perdía toda sensualidad al convertirlo en una bestia asesina, Fargeat hace que todo el ambiente masculino alrededor de Elisabeth y Sue sea desagradable y nauseabundo, desde el ridículo vecino Oli (Gore Abrams) hasta el asqueroso productor interpretado por Dennis Quaid.

Sin embargo, ese “coro” de desagradables hombres no le produce tanto odio a la protagonista como su propio cuerpo. En forma de siniestra fábula sobre el hambre de fama, la directora nos adentra al autodesprecio que sienten las mujeres en su búsqueda de la validación masculina, aunque los jueces sean patéticos despojos humanos.
El hecho de tener como protagonista a Demi Moore es un statement muy poderoso sobre la cosificación de las personas en la industria del entretenimiento, ya que la intérprete ha soportado durante décadas la etiqueta de “mala actriz” impuesta por la industria, el público y la crítica. En ficción y realidad, el estrellato se vuelve un “sello de calidad” que marca la vigencia de la supuesta perfección del cuerpo femenino. Desde su particular imaginario, Fargeat solo retuerce una idea que ha pasado por la mente de cualquier mujer sobre su propia anatomía.
Así como Julia Ducournau llevó el “cuerpo gestante” a niveles extremos en Titane (2021), Fargeat convierte el “ideal fitness” en una irritante pesadilla, explotando el prostético de una manera tan profesional, que ni siquiera las aberraciones más alucinantes y toscas del desenlace son capaces de romper la shockeante fantasía de descomposición en vida. Es decir, todo es tan verosímil y fascinante de principio a fin, incluso cuando la violencia adquiere toques de humor… porque sí, el filme también coquetea con la comedia oscura y lo hace muy bien.
La fotografía de Benjamin Kracun —quien también trabajó en el cruce de comedia romántica y venganza feminista llamada Promising Young Woman (2020)— y el montaje (a cargo de Jerome Eltabet, Valentin Féron y la propia directora) hacen que la apariencia del filme sea más impactante de lo visto en Revenge.
Hay un brillante esmero en que cada plano estimule el cerebro del espectador como un taladro sin pausa, motivo por el cual La Sustancia está lejos de convertirse en el típico capricho de enfant terrible. Coralie Fargeat dirige una bomba sensorial con la mayor sofisticación visual posible, cumpliendo el sueño de cualquier amante del body horror. En resumen, se trata de la bacanal audiovisual que homenajearán y adorarán los creadores del cine de horror del mañana.
La Sustancia llega a cines de México el 19 de septiembre, con la distribución de MUBI Latinoamérica.
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