Saltar al contenido

Noche de fuego: la resistencia de la mujer en territorio de guerra

Noche de fuego: la resistencia de la mujer en territorio de guerra

Por: Guadalupe Arredondo

En 2006, el expresidente de México, Felipe Calderón, dio inicio a una supuesta guerra contra las drogas, la cual demostró ser una guerra interna entre cárteles del narcotráfico que reveló los nexos del estado con el crimen organizado; desde ese momento, el país se hundió en una extrema violencia. A más de una década, el saldo de la vidas de quienes no eran protagonistas de dicha guerra, continúa: tan sólo en 2020 se contabilizaron más de 12 000 personas de 200 comunidades que fueron desplazadas de sus hogares. Los estados más afectados han sido Michoacán, Chiapas, Oaxaca y Guerrero. Este último es el sitio que retoma Tatiana Huezo en su primer filme de ficción, Noche de Fuego (2021).

La sierra de Guerrero —lugar con siembras de maíz y rojos cultivos de amapola con clara presencia de sicarios— fue el sitio idóneo para que la cineasta desarrollará su película basada en la novela Prayers for the Stolen de Jennifer Clement (2014), y con ello continuar llevando a la pantalla grande historias que no sólo reflejan los estragos de la violencia en sitios particulares, sino enfocadas en dar visibilidad a voces históricamente silenciadas. En cada título, Tatiana complejiza y amplia lo presentado en su anterior trabajo. En Ausencias (2015) exhibió el tema de las desapariciones forzadas, mientras que en Tempestad (2016) siguió con la temática y la contextualizó en las injusticias y corrupción en el sector policial ligado al cártel más sangriento de la historia, Los Zetas. Ahora en Noche de Fuego los temas anteriores se cruzan y derivan en algo más particular: la resistencia de las mujeres rodeadas por el narcotráfico, quienes deben salvaguardar a sus infancias para que no se conviertan en una cifra más de mujeres reclutadas por criminales.

Desde el documental, y ahora con la ficción, la cineasta de origen guatemalteco se acerca a una realidad dolorosa. Desde el año 2000 hasta 2019, de acuerdo con datos de Pie de Página, se documentaron a más de 42 000 mujeres asesinadas y 62 000 desaparecidas. Muchos de los casos son perpetrados por grupos de poder; como menciona la feminista Laura Baptista González: las mujeres son un territorio donde esta violencia se expresa, y son propiedades de estos hombres –narcotraficantes-.

Su primera escena revela los métodos de supervivencia a los que se someten las comunidades. Ana, con tan sólo cinco años, y su madre Rita, cavan un hueco en la tierra del patio de su casa (como una tumba) para esconderse en caso de que los hombres de la sierra vayan por ella. Las madres saben que sus hijas viven en constante riesgo, por lo que prefieren mostrarlas como varones para que puedan llevar una vida más segura (algo que también vemos en Cómprame un revólver). No sólo Ana, también María y Paula se esconden en cabellos cortos y ropa holgada, pero se muestran en lazos de hermandad que entretejen a través de juegos, risas e imitaciones. Esto resulta un refugio para ellas, ya que son niñas obligadas a crecer y desarrollarse entre campos de amapolas, armas, fuerzas militares, pérdidas y sicarios. Una vida entre el fuego cruzado y consecuencias mortales de ser mujer.

Noche de fuego: la resistencia de la mujer en territorio de guerra

Noche de Fuego no pretende ser una película sobre sicarios, sino una entrega sobre la resistencia del cuerpo femenino dentro del territorio del narcotráfico, la banalización de las pérdidas (ya nadie se pregunta por qué desaparecen sus seres amados), las ausencias paternas, y sobre una población orillada a perpetrar la misma violencia de los sicarios, en una sierra donde los sitios tan comunes —como una peluquería o la escuela— no se salvan de los sucesos que agitan violentamente el agua del mar, que llega como una tempestad.

Noche de fuego: hay otras formas de narrar la violencia

En entrevista con El País, Tatiana Huezo mencionó que su objetivo era generar personajes complejos, «mujeres reales, huir de los clichés a toda costa de la figura femenina como se ha dibujado muchas veces en el cine mexicano», lo cual logra a partir de escenarios que maneja cuidadosamente para transmitir desde la ternura el horror de la sociedad, y con ello acerca al público a otra forma de mirar los estragos de la guerra. Además, al dar protagonismo a las mujeres reales que se arman a diario para sobrevivir, demuestra que existen otras maneras narrativas de abordar la violencia, sin normalizarla ni mostrarla sólo con sangre, tal como se acostumbra ver en las decenas de narcoseries y en el amarillismo del periodismo; producciones y espacios donde la audiencia es bombardeada de los sujetos que perpetran la violencia para idolatrarlos como “héroes”.

Finalmente, Noche de Fuego demuestra que todo es un ciclo, el cual reúne los mismos aspectos; sus habitantes no claudican, pero en cualquier momento pueden ser reclutados, asesinados o desaparecidos. Un ciclo de violencia que no tiene fondo, porque como dice Emmanuela Borzacchiello “cuando el contexto de violencia cambia y se vuelve más violento, ellos –los sicarios-  tienen que ser más violentos para ser reconocidos”. Ver la película es mirar un tema de suma importancia para cuestionar el porqué hoy todo el país se pinta de color rojo con más de 90 00 mil desparecidos, el porqué hay un crecimiento de al menos 12 nuevas organizaciones criminales esparciéndose por todo el territorio y dejando pueblos fantasmas con su paso y por qué el asesinato de mujeres es exacerbado. Un sinfín de violencias que deben permanecer en la memoria y en el grito de justicia.

Ve aquí el trailer de Noche de fuego 

Categorías

Crítica

Deja un comentario