“No esperen a sentirse completamente listas”: Ingrid Jigar (de Cine y Mujer) invita a las mujeres a contar sus historias
Junto a sus colaboradoras Eva Jigar, Mariel Roldán, Nayashell Ramírez, Sofía Adame y Evangelina García, Ingrid Jigar trabaja día a día para reducir la brecha de género dentro del audiovisual a través de espacios de formación, acompañamiento y difusión.
Por: América Mateos
En 2020, en plena pandemia, Ingrid Jigar creó junto a un grupo de amigas Cine y Mujer, una plataforma digital dedicada a visibilizar, formar y acompañar a mujeres dentro de la industria cinematográfica. Lo que comenzó como un blog impulsado desde el confinamiento se transformó con el tiempo en una comunidad de creadoras enfocada en la formación, el intercambio de conocimientos y la creación de redes.
Egresada de la Licenciatura en Teatro con especialización en Estudios Cinematográficos de la Universidad Veracruzana y con una maestría en Dirección y Producción por la Universidad de La Laguna, Jigar transitó por la actuación, la dirección teatral y la dramaturgia, hasta que encontró en el guion su principal oficio. “Cuando era más joven y comenzaba a escribir, gran parte de las personas que revisaban mi trabajo eran hombres. Muchas veces las observaciones que recibía sobre mis historias partían de una visión que no correspondía con lo que yo quería contar. Eran comentarios que hoy puedo identificar como profundamente atravesados por una mirada misógina, aunque entonces no tenía las herramientas para nombrarlo…”, comparte en entrevista con ZoomF7.
La falta de una mirada femenina en la formación de quienes aspiran a la realización cinematográfica se refleja en cifras del Anuario Estadístico de Cine Mexicano 2025 del Instituto Mexicano de Cinematografía (IMCINE). Las mujeres facilitadoras de cursos, carreras o talleres no llegan ni al 40%, existiendo una brecha frente al más del 60% que representan los hombres al frente de las aulas. Frente a esta realidad la trayectoria de Ingrid destaca como una de las voces que buscan revertir esa desigualdad. Asimismo, en el informe observamos que solo el 28.9% de los largometrajes en proceso de producción fueron dirigidos o codirigidos por mujeres.
A seis años de su creación, Cine y Mujer ha impulsado talleres de videoensayo para infancias, adolescencias y mujeres adultas, además de residencias para guionistas, cineclubes y el club de lectura ‘Ellas a través de la literatura’. La realizadora también ha sido beneficiaria del PECDA Jóvenes Creadores y del FOCINE del IMCINE con su cortometraje Un verano con Matilde, próximo a estrenarse, y desarrolla actualmente la versión de largometraje de su corto de terror Miedo de mí, proyecto que fue seleccionado en la incubadora FantasoLab en Colombia.

En entrevista, Ingrid Jigar reflexiona sobre su trayectoria, los desafíos que enfrentan las mujeres dentro de la industria cinematográfica y la importancia de construir espacios donde nuevas voces puedan desarrollar sus historias.
La apertura a nuevas narrativas y crear comunidad entre mujeres creadoras: Una entrevista con Ingrid Jigar
Como guionista y realizadora, ¿cuál ha sido tu historia y camino dentro del cine mexicano?
Siempre quise estudiar cine, pero en ese entonces no había tantas opciones de formación. Me enfoqué en el teatro, en la dirección y la dramaturgia; también aprendí a actuar porque sentí que era necesario para saber dirigir. Esa formación me ayudó muchísimo a la hora de escribir personajes.
Tiempo después tomé talleres, hice una maestría, pero nada me llevaba realmente a entender cómo escribir para el cine, que es muy diferente a otras formas narrativas. Fue hasta que entré al curso de guion del Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC) que encontré las herramientas. Ahí descubrí que mi oficio era el guionismo: encontré una gran pasión en cómo estructurar historias, en qué contar y cómo contarlo. Aunque he dirigido y quisiera dirigir más, soy guionista y me encanta.
¿Cómo ha impactado el hecho de ser mujer en tu formación y desarrollo dentro de la industria cinematográfica?
Creo que influyó mucho más de lo que entendía en ese momento. Por eso tardé más en llegar a mi pasión: ser guionista. Cuando era más joven y comenzaba a escribir, gran parte de las personas que revisaban mi trabajo eran hombres. Muchas veces las observaciones que recibía sobre mis historias partían de una visión que no correspondía con lo que yo quería contar. Eran comentarios que hoy puedo identificar como profundamente atravesados por una mirada misógina, aunque entonces no tenía las herramientas para nombrarlo…
Ante eso, tomé la decisión de guardar mis historias y dedicarme a producir proyectos de otros. Me estaba invisibilizando a mí misma, pero el sistema no me estaba dando lo que necesitaba como guionista. No fue sino hasta que tomé una clase con la investigadora Elisa Rashkin, quien tiene el libro Mujeres cineastas en México (2015), que se abrió algo en mí: sí hay mujeres que han hecho cine, muchas más de las que nos cuentan.

¿Consideras que existe una sensibilidad o perspectiva particular que las mujeres están aportando hoy al cine mexicano?
Sí, aunque no diría que es exclusivo de las mujeres. Creo que gracias al feminismo se ha abierto una ola de posibilidades de historias en el cine, de ir recolectando otros puntos de vista.
Por años, siempre todo fue contado desde el patriarcado: la figura masculina rige, y abajo o al lado está todo lo demás. Lo bello de este momento es que ya no nada más se habla de mujeres, sino también de la comunidad queer, de otras culturas, de otros pueblos. Son como estas voces que se van sumando y que dicen: “aquí también hay historias”. Creo que ahorita hay urgencia por no contar desde la figura narrativa de “El héroe”, y preguntarnos desde otros personajes, desde otras miradas.
Desde proyectos como Un verano con Matilde, que explora la relación entre una nieta y su abuela, ¿cómo definirías tu mirada como creadora?
Parte de mis proyectos parten de inquietudes personales. En el caso del cortometraje Un verano con Matilde lo hice desde lo autorreferencial. Temas como la pérdida también están en el corto El mar, la mar, amar (2019). También me llama la desigualdad: escribí una adaptación de Ofelia en Hamlet para reivindicar su papel, el por qué la trataban de loca cuando en realidad no lo era. Quería contar la otra cara de la moneda. Siento que mis historias han sido siempre como levantar una piedra y ver qué hay debajo: los personajes a los que siempre se ha pasado de largo.
Hay un ensayo que se llama La teoría de la bolsa de la ficción (1986), de Ursula K. Le Guin, que me llegó fuerte: propone que siempre hay otras personas alrededor viviendo esos momentos, con otras vivencias. Esos son los temas que me mueven: otras perspectivas, otros viajes internos.
¿Cómo surge Cine y Mujer y qué necesidades busca atender dentro de la industria?
Surge durante la pandemia. Estaba estudiando guion en el CCC, en línea, y sentí la necesidad de hacer algo más. Me pregunté qué herramientas tenía. Decidí comenzar un espacio para hablar de cine hecho por mujeres. Luego propuse hacer talleres en línea de videoensayo porque quería que las chicas no le tuvieran miedo a tomar una cámara y contar una historia. En plena época de contingencia se creó un espacio de contención: historias muy poderosas, íntimas, que cuando se comparten dejan de ser solo personales y se vuelven colectivas. Lo que nos mueve es justo esto: compartir el conocimiento que a mí me costó mucho trabajo obtener.
De acuerdo con cifras del IMCINE 2025, solo el 28% de los largometrajes registrados en México fueron dirigidos por mujeres. Desde tu perspectiva, ¿qué sigue frenando una participación más equitativa en la realización cinematográfica?
A las mujeres todavía nos sigue pegando mucho el síndrome de la impostora: siempre querer estar más preparada, sentir que falta algo, que no eres suficientemente competente comparada con tus compañeros. Eso es algo histórico que se nos ha puesto como mujeres, ese techo de cristal. Yo misma lo viví: llevaba años queriendo crear pero no me sentía lista.
La forma de seguir avanzando es no quitar el dedo del renglón: desde los jurados, desde las convocatorias, desde qué historias se financian, desde quién está en el aula. Procurar la equidad. No ignorar. A su vez, fuera de la Ciudad de México el reto es distinto: todavía en muchos lugares está estigmatizado dedicarse al cine o a las artes, y las familias no siempre dejan a las chicas formarse en estos campos.

¿Cómo transforma la participación de más mujeres guionistas en las historias que se cuentan y la representación femenina dentro del cine mexicano?
Cambia desde la estructura misma de cómo se concibe una historia. Hay modelos que ya están agotados, como “El viaje del héroe”, que pone a las mujeres como el premio si el protagonista cumple su objetivo. Existe el viaje de la heroína como respuesta a eso, pero tampoco se trata de ponerlo al revés: la idea es que hay viajes internos que no son llegar al gran premio al final. Hay otras formas de contar. Las narrativas han ido evolucionando con apertura a las disidencias.
¿Qué retos persisten en los procesos de formación y producción cinematográfica para las mujeres?
Uno de los más grandes es encontrar espacios donde puedas exponer tu trabajo sin que te lo censuren o te lo juzguen desde una mirada que no entiende desde dónde estás contando. Cuando eres creadora y quieres contar algo, te pones en un lugar vulnerable. Si no vas con la gente indicada, pueden causar un miedo que te haga guardar tus historias por años.
También creo que la paridad en las escuelas de cine es clave. Por ejemplo, en el CCC ya existe una búsqueda de paridad. Si hay cierto número de lugares disponibles para una generación, se procura que exista un equilibrio entre hombres y mujeres. No es una cuestión de excluir a alguien, sino de reconocer que históricamente las mujeres hemos tenido menos oportunidades de acceso a estos espacios. Incluso puede haber una diferencia mínima a favor de las mujeres para ayudar a compensar esa desigualdad histórica. Para mí, ese tipo de medidas son importantes porque permiten que más mujeres puedan formarse, desarrollar proyectos y eventualmente incorporarse a la industria cinematográfica. Creo que ese modelo debería extenderse a otras escuelas, no solo en la Ciudad de México.
A seis años de la creación de Cine y Mujer, con proyectos de formación como residencias para guionistas y talleres como Chicas que vuelan, ¿consideras que existen cambios dentro del interés y la participación de las mujeres en la realización audiovisual en México?
Sí, los hay. Siento que hay más chicas que están creando, se están animando. El club de lectura lleva dos años y ya somos entre 10 y 15 personas constantes. Eso no es poco: la constancia es lo que construye comunidad. También hay chicas de fuera de Xalapa que nos piden replicar actividades en la Ciudad de México, y eso vamos a hacer pronto.

¿Qué tan importante es que existan plataformas como Cine y Mujer para generar redes, acompañamiento y profesionalización entre creadoras?
Siguen siendo muy urgentes. Hay testimonios de chicas que me dicen que vienen al taller porque en otros espacios no se sienten seguras de compartir ese tipo de historias. Aquí sienten que pueden exponerse. Y eso es lo más valioso: crear el espacio donde las historias lleguen a buenas manos. Cine y Mujer también ha ido creciendo hacia la producción: mi último cortometraje (Un verano con Matilde) va a salir como coproducción de Cine y Mujer. La idea es que al rato no sean solo mis proyectos, sino también seguir impulsando los de otras creadoras, desde la gestión y la producción. Y creo que hay que seguir buscando que la gente de la industria conecte con las que van empezando: eso también es parte de la misión.
Finalmente, ¿qué mensaje le darías a las jóvenes que desean dedicarse al cine y escribir sus propias historias?
No esperen a sentirse completamente listas para empezar. Muchas veces pensamos que todavía nos falta algo más para poder contar nuestras historias y esa sensación puede acompañarnos durante años.
Yo les diría que trabajen con las herramientas que tienen hoy. Que se atrevan a escribir, filmar y compartir aquello que consideran importante. Cuando volteo a ver el 2020, al hacer esa página (Cine y Mujer) con lo que tenía, estoy muy orgullosa. Las historias que quieren contar también merecen existir, y muchas veces el primer paso consiste simplemente en animarse a hacerlo.
Categorías