Saltar al contenido

Film Club Café: así nació el refugio donde el cine se ve, se conversa y se comparte

Entrevista con Raúl Ojanguren, fundador del Film Club Café

El Film Club Café es un lugar con una esencia única. Luego de bajar las escaleras que dan a la banqueta, lo primero que uno encuentra son la cartelera y pósters impresos con los estrenos mensuales a un costado de la entrada. Ya al interior, bajo una iluminación cálida y acabados de madera, envuelve el aroma a café y atrapa la vista la increíblemente robusta colección de películas físicas cuyos estuches están brandeados con la identidad visual del lugar y organizados en orden alfabético de acuerdo con el apellido de los directores y directoras. La sala es pequeña, aunque íntima, conformada por al rededor de 25 butacas. En definitiva, es el lugar perfecto para lo único mejor que propiamente ver cine, que es conversarlo y compartirlo.

Por: Alexis Ruiz 

Ir al cine es un privilegio que no todos pueden gozar en México. En promedio, una persona asiste 1.64 veces al año, según el Anuario Estadístico del Instituto Mexicano de Cinematografía (IMCINE) 2025. Por otra parte, las películas más taquilleras del mismo año fueron solamente blockbusters de los grandes estudios, de los que Lilo & Stitch, A Minecraft Movie, Jurassic World: Renace, Cómo entrenar a tu Dragón y el Conjuro 4: los últimos ritos conforman el top cinco. Todas provenientes de franquicias o propiedades intelectuales. Y en el top 10 de producciones mexicanas con mayor taquilla están Mesa de Regalos, ¡Qué huevos Sofía!, Mirreyes Contra Godínez. Las Vegas entre otras que rebasan las 1,100 copias de exhibición.

En otras palabras, la única o el único par de veces que gran parte de la población mexicana asiste a una sala de cine es para consumir éxitos taquilleros nacionales e internacionales. Aún así, existen 801 espacios alternativos a lo largo del país que proporcionan una oferta cultural y cinematográfica distinta a las grandes producciones. En el Estado de México, por ejemplo, existen 34 espacios alternativos de exhibición, de los cuales solo tes se sitúan en Naucalpan, y de estos, dos son administrados y financiados por organizaciones del estado: el Teatro Cuahutémoc (también conocido como Teatro IMSS Naucalpan) y el Centro Cultural Acatlán, de la UNAM. El único foro alternativo particular con derechos de exhibición en el municipio es el Film Club Café Satélite, cuya relevancia yace en formar “parte de toda la maquinaria que conforma la industria [cinematográfica]. Esa es su trascendencia”, en palabras del fundador y principal administrador, Raúl Ojanguren, con quien platiqué sobre el origen, concepto, historia, retos y presente de este proyecto ubicado a las afueras de la capital. 

Entrevista con Raúl Ojanguren, fundador del Film Club Café
Foto: Alexis Ruiz

Film Club Café, que lleva 20 años de existencia, funciona no solo como una exhibidora independiente de películas, sino como un lugar diseñado para conversar con amigos y desconocidos sobre “actividades de las que se puede compartir: el cine, el café, conciertos, exposiciones y cursos. En todas ellas las personas comparten y platican en torno a lo que les gusta”, comenta su fundador.

En un panorama como este, cabe hacerse la pregunta, ¿cómo sobreviven espacios de exhibición alternativos en el Estado de México que proyectan, en su mayoría, cine mexicano e internacional independiente o hasta filmes de culto como Saló o los 120 días de Sodoma, tales como el Film Club Café de Satélite?

A 20 años de la fundación del Film Club Café de Satélite: “la base siempre fue compartir sobre cine”

Entrevista con Raúl Ojanguren, fundador del Film Club Café
Foto: Alexis Ruiz

Entrevista con Raúl Ojanguren, fundador del Film Club Café

¿Cómo surge el cineclub, desde la idea, concepto hasta su apertura en 2006?

Mi idea original era fundar un videoclub, a raíz de que tenía una gran cantidad de películas en físico y pensaba “qué flojera tenerlas en la casa y que nada más yo las vea”, quería compartirlas con más gente y hacer algo tal como lo era Blockbuster o Videocentro. No obstante, con el tiempo Blockbuster se come a Videocentro y después toma un camino más comercial y termina centrándose únicamente en cine comercial y en los estrenos más recientes. Si querías ver Casablanca no la ibas a encontrar jamás. Así, al poco tiempo di con El Videódromo, situado en Coyoacán y en La Condesa; ellos traían una idea muy similar a la mía: dar a renta ese otro cine no comercial y que es difícil de conseguir. Aunque me encantó el lugar, con el paso del tiempo noté que era la misma dinámica que Blockbuster: entrar, agarrar tu película y largarte lo más pronto posible. Las personas no interactuaban entre sí. Yo no quería eso ni algo que solo me diera dinero y ya… deseaba compartir mi gusto por el cine con personas que también lo quisieran compartir. Esa siempre fue la base, compartir.

¿Cómo fue entonces el arranque del proyecto?

Cuando me lo tomé en serio, me di cuenta que tenía que buscar diferentes formas de generar dinero con el que pudiera sostener el espacio, adicional a la renta de películas, pues el negocio de la renta ya iba en declive. Así que una vez en Aguascalientes me encontré con un videoclub que enfrente tenía una cafetería… observé que adentro las personas veían las películas que rentaban en el videoclub. Entendí entonces que una cafetería era lo que necesitaba para complementar la exhibición de las películas. Es un buen pretexto para sentarte en una mesa y platicar sobre lo que viste. Es el café y el cine.

También escribí una especie de lista de deseos, pensando en qué otras actividades se pueden compartir: el cine, las mesas, el café, las paredes… usarlas para exposiciones. Y luego se me ocurrió emplear la sala no solo para las películas, sino para conciertos y exposiciones más grandes. Los cursos que hacemos también tienen que ver con compartir. Incluso cualquier persona que venga con una idea, cuya base sea la misma, la de compartir, siempre las acepto.

Entrevista con Raúl Ojanguren, fundador del Film Club Café
Videoteca del Film Club Café. Foto: Alexis Ruiz

¿Qué tan difícil fue traer gente al inicio para las distintas actividades que había? 

Mucho, estamos hablando que en 2006 yo me iba a repartir flayers a toda la zona en Satélite… era una friega y un dineral. Al poco tiempo abrí las redes sociales y ya empezó a jalar más, pero sí tomó tiempo y esfuerzo. En un inicio éramos tres socios, pero de ellos uno nunca hizo nada realmente, el otro puso dinero, pero después ya no se involucró, así que finalmente me quedé yo haciendo todo.

Con todas estas dificultades ¿alguna vez pensaron en cerrar?

Sí, muchas, muchas veces. Me deprimió mucho que, al comenzar a usar el espacio para conciertos, traía bandas increíbles y no venía casi nadie, o a veces nadie. Aún así, siempre que me bajoneaba, ocurría consecutivamente otro suceso que me animaba… O en ocasiones solo me ponía a hacer cuentas con mi chava y me percataba que en realidad iba creciendo el lugar, que iba todo bien y que solo estaba cansado. 

¿Cómo te fue con la pandemia?

De hecho, cuando llegó la pandemia, debía seis meses de renta, más otro año que se sumó por el confinamiento. Ahí me surgió la idea de dar cursos en línea para generar dinero; iban desde filmografías, historia del cine, lenguaje cinematográfico. Sacaba de cinco a ocho cursos a la semana y se me llenaban todos. Por otro lado, hice una campaña de donaciones para salvar el Flim Club, y cuando vi la cantidad de dinero que logré recaudar de personas que le tenían cariño al espacio, de otras que ni conocía, de antiguos clientes que vinieron durante toda su preparatoria e incluso transferencias desde Europa… se me salían las lágrimas al darme cuenta del trabajo que ya había logrado a lo largo de todos estos años.

Entrevista con Raúl Ojanguren, fundador del Film Club Café
Raúl Ojanguren. Foto: Alexis Ruiz

¿Cómo dan las distribuidoras contigo para exhibir filmes independientes?

Al principio busqué a las distribuidoras, pero me mandaban a la chingada, así que yo exhibía de forma gratuita películas en pirata incluso antes de estrenarse, hasta que me di cuenta que, por disposición legal, debía pagar los derechos de exhibición; los pagué y el momento clave vino con el estreno de La Vida de Adele (2013). La distribuidora Mantarraya la trajo a México después de ser la ganadora en Cannes y me buscaron como una alternativa para proyectarla, debido a que las dos grandes exhibidoras del país la quitaron a la semana de su estreno, a pesar de que, según lo que me contaron, durante esos días llenaron absolutamente todas las salas. Sin embargo, llegó alguna película comercial… de Marvel, creo, y simplemente la quitaron, sin apertura para negociar y sin importar que le estaba yendo muy bien. Así fue que dieron conmigo y con otros espacios independientes. Después de eso, me fue más fácil conectarme con otras distribuidoras.

¿Cómo es el trato con distribuidoras tanto de cine mexicano como internacional? 

Desde aquella vez con Mantarraya acordamos 50% y 50%, y a la fecha sigo manejándolo así con todas.

Con el panorama de la industria del cine actualmente, en el que las más taquilleras son puras franquicias y, por otra parte, el cine mexicano en general se ve poco ¿ha aumentado o se ha mermado la asistencia al Film Club Café?

Ha aumentado… a partir de la pandemia la asistencia fue aumentando mucho, aunque es cierto que los estrenos de cine mexicano traen muy poca gente, porque las personas creen que el cine nacional son solamente comedias románticas. 

¿Cuáles fueron los estrenos del año pasado que más gente atrajeron al Film Club Café?

Frankenstein de Guillermo del Toro. Nunca había visto algo así: tuve 18 funciones y todas se llenaron. Muchas tienen su audiencia, pero ninguna como esa. He intentado meter algunas de Netflix, pero la gente no las pela.

Para mantener un espacio independiente como este, ¿qué es lo que te genera más ingresos?

Por mucho, la cafetería. Sin embargo, siempre pienso que el Film Club Café es como una mesa con varias patas: al menos de cuatro a seis debe tener. Además de los alimentos, está la taquilla, los conciertos, y rento el espacio para cumpleaños o eventos particulares, los cursos que doy, membresías anuales, la renta de películas, ciclos de cine, etcétera. Pero esa posibilidad me la ha dado la trayectoria y la reputación del lugar… bueno, y que por fin le aprendí después de 20 pinches años. También ayuda que solo tengo una trabajadora, pues me pienso como el concepto del one man show, es decir, procuro resolver casi todo yo, ya que si tuviera empleados, definitivamente ya hubiera cerrado en la pandemia. Es muy difícil mantener un lugar así con trabajadores.

¿Hay planes a futuro para el Film Club Café? Por ejemplo, ampliarlo, abrir más sucursales.

Ninguno. Estoy abierto a recibir cualquier idea, pero por lo pronto, mi plan es que siga existiendo como un espacio alterno de exhibición. Ser parte ya de toda la maquinaria que conforma la industria… es su trascendencia.

Entrevista con Raúl Ojanguren, fundador del Film Club Café
Foto: Alexis Ruiz

Unos días después de realizar la entrevista, acudí a la función del clásico de culto Saló, o los 120 días de Sodoma (P. Paolo Pasolini, 1975) a las 8:00 pm en el Film Club Café como parte de su ciclo The Criterion Colection y pude observar la materialización de su sueño hecho realidad: grupos de personas que conversaban en torno a la cinta y sobre cine en general, antes y después de la función. Personas que parecían tener una larga amistad entre sí, además de con Raúl, al grado de acordar espontáneamente pasar a cenar tacos posterior al cierre del local. Éramos solamente tres los recién integrados.

Categorías

Entrevistas

Deja un comentario

Descubre más desde ZoomF7

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo