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Engendro: el género necesita más rarezas como la mente de Hanna Bergholm

critica de la pelicula engendro

SINOPSIS: Tras un parto complicado, Saga (Seidi Haarla) sospecha que algo extraño sucede con esa criatura que es intolerante al sol y se alimenta de su sangre, a pesar del esfuerzo de su esposo (Rupert Grint) por normalizar el salvaje comportamiento del siniestro bebé. 

Hanna Bergholm irrumpió en el terror con una premisa desconcertante, principalmente porque al finalizar Cría siniestra (Pahanhautoja, 2022) no quedaba claro si estábamos frente a una fantasía formal o un alucine que no requería tanta seriedad. Con Engendro (Yön lapsi, 2026) se confirma que a la directora finlandesa le gusta irritar al espectador, incluso si eso implica rozar el absurdo y el ridículo. No obstante, aunque sus extravagantes fantasías llegan a desorientar sobre el tema principal de sus películas, la cineasta logra que la naturaleza oscura de sus “bestias” se quede grabada en nuestras memorias. 

Quizás el mayor problema de Engendro sea lo llamativo de las referencias cinéfilas que integran su mitología, siendo El bebé de Rosemary (Rosemary’s Baby, 1968) la más importante, lo cual termina convirtiéndose en el principal soporte para llevar al espectador hacia escenarios y situaciones reconocibles. Lo anterior es perjudicial para los tópicos planteados por la ficción, porque ocasiona que la surrealista y existencial metamorfosis de la protagonista sea confundida con otra historia genérica sobre crisis maternales. 

Crítica de la película Engendro Hanna Bergholm
‘Engendro’ (2026)

Lo mejor es cuando la producción finlandesa se aproxima más a Las buenas maneras (As Boas Maneiras, 2017) que a lo comercial de Nightbitch (2024), puesto que el estilo de Bergholm no solo es gratuito horror corporal mezclado con drama, sino una arriesgada exploración en los rastros salvajes que la evolución no ha podido borrar de nuestra naturaleza. Como folk horror, Engendro cumple con el principal requerimiento: entender que lo “salvaje” no actúa por maldad, sino siguiendo el curso de ciclos que los humanos suelen perturbar. 

La idea de “devolver” al bosque lo que le pertenece recuerda bastante al argumento de la islandesa Lamb (2021), pero con una difusa metáfora sobre la depresión posparto. Aunque no es tan directa como Cría siniestra, los guionistas (Ilja Rautsi y Hanna Bergholm) retoman su mirada crítica hacia una burguesía obsesionada por las apariencias y “los buenos modales”, sin importar el estado disfuncional de los núcleos familiares. Como producción nórdica, la película remarca lo impersonal de las relaciones afectivas en las altas sociedades europeas, las cuales consideran como “molestia” cualquier individuo que contradiga las normas del establishment. Al final, dicha frivolidad termina siendo devorada por un reino silvestre que siempre reclama su ancestral supremacía. 

La visión de la directora es auténtica, pero su búsqueda de originalidad la lleva a lugares extraños que ahuyentan al espectador promedio. Todo tiene lógica dentro del relato, pero siempre aparecen elementos que lucen descuidados o improvisados, ya sea alguna locación, el diseño de efectos especiales o un mal actor secundario. De manera forzada, Bergholm insiste en darle a su ficción un estilo de “cuento infantil” que irrita cuando el terror toma mayores proporciones, porque lo sobrenatural se convierte en un inoportuno deus ex machina que cierra la historia sin ninguna delicadeza. 

Crítica de la película Engendro Hanna Bergholm
‘Engendro’ (2026)

El desarrollo del horror como fábula adulta con moraleja incluida resulta más ingenuo que transgresor, pues los guionistas toman demasiados riesgos innecesarios para llevar a los protagonistas al límite con la única razón de construir momentos shockeantes o puntualizar su mensaje sobre la maternidad. Sin embargo, el hecho de que la película se reduzca a un duelo de actuaciones, sin tanta información que sature la trama, evita que Engendro replique los excesos que convertían a Cría siniestra en una rareza fílmica, en lugar de una propositiva reinvención del género. Otro logro notable son las actuaciones de Seidi Haarla y Rupert Grint, quienes dan sentido a las excentricidades de la historia, aportando una capa de terror psicológico con esos arrebatos actorales que recuerdan a la bizarra dinámica familiar de Servant (Apple TV). 

Aunque Engendro copia muchos clichés, se agradece que el horror no involucre fuerzas diabólicas, mostrando una creativa búsqueda de inspiración en la naturaleza, el folclore y otras fuentes que diversifiquen los arquetipos del género.

La edición y los planos de Cría siniestra ya tenían cierta gracia, pero el montaje de Engendro es más sofisticado al estimular los sentidos mediante transiciones sugestivas –como el cruce entre la fecundación y el parto– o ese exasperante diseño de los llantos de Kuura. Desde los créditos iniciales es evidente que lo evocativo tiene mayor peso que lo explícito, lo cual es exaltado por un diseño de producción que arranca con la potente imagen de un árbol creciendo al centro de una habitación. Bergholm vuelve a recordarnos lo aterrador de las sombras, conceptualizando a un siniestro bebé oculto en los rincones oscuros de ese hogar rodeado por un bosque que Pietari Peltola (Dogs Don’t Wear Pants, 2019) “embellece” en todas las estaciones. 

Servant: drama pesimista disfrazado de terror

Aunque copia muchos clichés, se agradece que el horror no involucre fuerzas diabólicas, mostrando una creativa búsqueda de inspiración en la naturaleza, el folclore y otras fuentes que diversifiquen los arquetipos del género. Si bien sus excesos sacan alguna risa involuntaria, Engendro se siente como si la directora se estuviera acercando a una disruptiva obra maestra, pues Hanna Bergholm continúa mejorando una fórmula que comienza a destacar entre toda la oferta de cine nórdico que llega a nuestras pantallas.

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Crítica

Irving Javier Martínez Ver todo

Licenciado en Comunicación. Redactor especializado en cine.

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