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Crítica de ‘Amarga Navidad’: la osadía almodovariana de dirigir una película intencionalmente mala

Crítica de Amarga Navidad de Pedro Almodóvar

SINOPSIS: El director Raúl Rossetti (Leonardo Sbaraglia) decide regresar al cine con una ficción que cuenta la historia de Elsa (Bárbara Lennie), una realizadora con severos ataques de pánico que intenta ayudar a dos amigas en plena crisis emocional.  

Es inevitable que a mitad de proyección el espectador se pregunte: ¿de qué va Amarga Navidad (2026)? Intencionalmente, Pedro Almodóvar dirige una película sin vida ni sabor para llegar a importantes reflexiones sobre no explotar historias de vida que no nos pertenecen, incluso si se alteran nombres o eventos. No obstante, ¿era necesario producir una trama carente de sentido hasta los últimos minutos de metraje? El experimento solo resulta efectivo al tratarse del manchego, dado que nuestra admiración hacia el cineasta nos lleva a reconocer la intención de cada detalle en esa obra que se desmoronaría sin su último acto. 

El mismo problema sucedía en Madres paralelas (2021), donde un importante memorial a las víctimas del franquismo llegaba demasiado tarde en la historia. Esa falta de sensibilidad para fusionar discursos serios con sus típicos melodramas es algo decepcionante en las últimas películas del director, porque solo son telones de fondo que intentan justificar lo trivial y repetitivo de sus argumentos. Al tratarse de una autoficción en varios niveles, resulta llamativa la ausencia de juegos entre la realidad de Raúl (Sbaraglia) y la ficción en su guion, especialmente porque Amarga Navidad es del mismo creador de La mala educación (2004), donde la versión adulterada de los hechos no se sentía tan desechable como el drama de Elsa (Lennie) y sus largas conversaciones. 

Queda claro que la intención era referenciar a Ingmar Bergman con ese trío de mujeres enfrentando una guerra de verdades hirientes, mientras pasan unos días aisladas en Lanzarote; sin embargo, los personajes de ese universo alternativo viven sufrimientos tan lánguidos y difusos como la imagen pixelada del esposo infiel. El melodrama no alcanza su intensidad perfecta hasta el salvaje duelo actoral entre Aitana Sánchez-Gijón y Leonardo Sbaraglia, aunque ni siquiera ese arrebato de autocrítica logra darle profundidad a la ficción del alter ego femenino interpretado por Bárbara Lennie, quien tiene un talento por encima de su rol en la película.

Crítica de Amarga Navidad de Pedro Almodóvar
‘Amarga Navidad’ (2026)

Aun cuando toda su filmografía está construida a partir de referencias, Almodóvar ya nos había regalado su mejor trabajo en la autoficción (Dolor y gloria, 2019), por lo que su nueva película solo representa una pequeña nota al margen en su carrera. Entre lo valioso de Amarga Navidad se encuentra la honestidad del realizador respecto a su pérdida de “la gracia” que lo llevó a la fama. Con el diálogo final entre los personajes de Sánchez-Gijón y Sbaraglia, el director demuestra una madura conciencia sobre el estado de su genio creativo. Sin ser narcisista o arrogante, Almodóvar defiende sus frivolidades y lugares comunes como el resultado de explotar con las emociones y experiencias de la única persona a la que puede destruir sin piedad: él mismo.

Almodóvar ya nos había regalado su mejor trabajo en la autoficción (Dolor y gloria, 2019), por lo que Amarga Navidad solo representa una pequeña nota al margen en su carrera.

La autocrítica también salpica a otros colegas que han frivolizado narrativas ajenas a su realidad, llegando a distorsionar contextos políticos y sociales por el frívolo deseo de ganar un poco de notoriedad. En cambio, Almodóvar siempre retorna a sus “ataques de nervios”, con el riesgo de evidenciar que los años han apagado el fuego en sus personajes. Como lo ejemplifican las relaciones de los protagonistas con Santi (Quim Gutiérrez) y Bonifacio (Patrick Criado), incluso el desamor se ha vuelto más racional y silencioso en sus películas, dejando en el pasado remoto la pasión desbordada de una Marisa Paredes en La flor de mi secreto (1995). 

Es cierto que el trabajo de Almodóvar se desarrolla en un universo aparte, pero últimamente se ha vuelto demasiado burgués, olvidándose del desparpajo costumbrista que nos mostraba a la sociedad española filtrada a través de su mirada kitsch. El diálogo de Carmen Machi sobre el cine de culto demuestra un esfuerzo fallido por dar soltura y color a dramas que no tienen el toque coloquial del autor, un rasgo que no vemos con tanto ímpetu desde Volver (2006) y su multicultural tránsito entre provincia y ciudad. Con tanto personaje culto y “pijo”, Amarga Navidad termina convirtiéndose en una de las obras más anodinas del realizador, por más colorido que sea el diseño de producción

Ya que prefiere no volver a naufragar con otra comedia (Los amantes pasajeros, 2013), el director sustituye el humor con algunas dosis de “mal gusto”, como el striptease de Patrick Criado, recordándonos el espíritu queer que se ha desvanecido con el pasar de los años. En cambio, la producción decide apostar por cameos de celebridades que validen el prestigio del autor y lo acerquen a las nuevas generaciones, aunque esas apariciones rompan con el ritmo de la trama o distraigan al espectador. 

Crítica de Amarga Navidad de Pedro Almodóvar
‘Amarga Navidad’ (2026)

Mientras las incursiones del cineasta en habla inglesa mostraban una valiente exploración de nuevos géneros y formas visuales, Amarga Navidad es un regreso a su zona segura con los mismos colores y sonidos. Pau Esteve Birba (director de fotografía) utiliza el paisaje y los interiores para diseñar una atmósfera con aires de anuncio publicitario que intenta advertirnos sobre las trampas en la ficción, lo cual le viene bien a la película cuando descubrimos que esa ficción es deliberadamente plástica. 

Como todo gran artista, Almodóvar sobrevalora sus experiencias y pensamientos, situación que lo lleva a producir obras que funcionan conceptualmente, pero no ameritan un segundo visionado. Su nueva propuesta es como el diálogo sobre la voz de Chavela Vargas, ya que Amarga Navidad es una de las notas más bajas que el director ha dado a su público, lo cual no es por falta de calidad, sino debido al eco de trabajos más estridentes.

Irving Javier Martínez Ver todo

Licenciado en Comunicación. Redactor especializado en cine.

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