Céline Sciamma y su trilogía coming of age: de ‘Water Lilies’ a ‘Girlhood’
Por: América Mateos
Cerca de sus 30 años, Céline Sciamma presentó en el Festival de Cannes una película ambientada entre piscinas públicas, prácticas de nado sincronizado y relaciones sáficas. Así, Water Lilies (2007) marcaba el debut de una realizadora francesa que años después alcanzó el reconocimiento internacional gracias a Retrato de una mujer en llamas (2019), que logró decenas de nominaciones. Sin embargo, antes de ese gran capítulo en su carrera, Sciamma dedicó casi una década de su filmografía a retratar un territorio íntimo y pudoroso: la adolescencia; entre 2007 y 2014 dirigió Water Lilies, Tomboy y Girlhood, tres películas que plasman su mirada acerca de la feminidad y la identidad.
A continuación ahondamos en cada una de estas películas.
Céline Sciamma y el camino de Water Lilies a Girlhood

Water Lilies: la ópera prima de una cineasta inesperada

Céline Sciamma no llegó al cine pensando en dirigir. Licenciada en Literatura Francesa por la Universidad Paris Nanterre, imaginaba su futuro en la escritura. Quería ser guionista o crítica cinematográfica; la dirección, según ha contado, le parecía un terreno “dominado por los hombres”.
Todo cambió durante su paso por La Fémis, considerada la escuela de cine más importante de Francia. Su proyecto de titulación llamó la atención de su profesor, el director Xavier Beauvois, quien la convenció de que nadie mejor que ella podía llevar esa historia a la pantalla. Aquel escrito terminaría convirtiéndose en Water Lilies.
Si bien no obtuvo premios en Cannes, Water Lilies recibió el Prix Louis-Delluc du Premier Film, uno de los reconocimientos más prestigiosos del cine francés. El largometraje introdujo muchas de las inquietudes que más tarde definirían la filmografía de la directora. Ambientada en una piscina pública de Cergy —la ciudad donde creció Sciamma—, la película sigue a Marie (Pauline Acquart), una adolescente fascinada por Floriane (Adèle Haenel), la integrante más popular del equipo de nado sincronizado en el suburbio.
A través de esta relación, la directora explora el despertar del deseo y la revelación de la orientación sexual, una perspectiva habitual dentro del género coming of age. Lo que comienza como admiración pronto se transforma en una obsesión que obliga a la joven Marie a redescubrirse.

Casi como un relato autobiográfico, Sciamma se basa en la admiración temprana que le tuvo al deporte acuático.Una influencia que la propia cineasta ha relacionado es Olympia (1938), el documental dirigido por Leni Riefenstahl, considerándolo un espectáculo que mostraba que detrás de la feminidad del cuerpo de la mujer había un cansancio oculto por la agilidad de los movimientos bajo el agua; mismo que compara con ser una joven a inicios de la pubertad.
Planos largos, escasa musicalización y una puesta en escena rigurosamente controlada, sin lugar a la improvisación: Sciamma desde Water Lilies configura los elementos que definirían su estilo. Así como en Retrato de una mujer en llamas se destaca la nula presencia masculina, en su ópera prima crea un suburbio repleto de adolescentes, sin ningún adulto en pantalla, misma característica que seguiría empleando, en menor medida, en Tomboy (2011) y Girlhood (2014).
Tomboy: la libertad de reinventarse

Sciamma explora la otra cara del despertar sexual a tres años de su primer largometraje. Tras pasar menos de un mes escribiendo el guion, Tomboy (2011) se filmó en solo 20 días, centrando la historia en el cuestionamiento de la identidad de género con su protagonista de 10 años. La historia sigue a Laure, una niña que, tras mudarse con su familia a un nuevo vecindario durante el verano, decide presentarse ante un posible grupo de amigos como un niño, Mikael. Con ello, la directora también cambia de escenario: las piscinas y competencias de natación dejan paso a partidos de fútbol, paseos en bicicleta y tardes de juegos junto al lago.
La cineasta llegó a describir la película como una especie de cuento infantil con elementos de thriller. La tensión surge de una mentira que, paradójicamente, le ofrece libertad a la figura protagónica. Al llegar a un nuevo hogar, Laure descubre que ser Mikael le permite asumir un rol de género distinto, alejado de las expectativas que otros han construido.
La necesidad de encajar atraviesa toda la historia. A diferencia de Water Lilies, donde el conflicto nace del descubrimiento del deseo, aquí la pregunta central gira en torno a quién se puede ser cuando desaparecen las categorías de femenino y masculino impuestas por la estructura social.
Girlhood: encontrar una identidad en la comunidad

Tras dos películas marcadas por historias íntimas y casi atemporales, Sciamma amplió su mirada con Girlhood (2014). La cinta nace de la inquietud de mostrar una historia contemporánea. A diferencia de Water Lilies y Tomboy, donde resulta difícil identificar una época específica, aquí el uso de celulares y el soundtrack donde destaca Diamonds de Rihanna nos transporta a los 2010.
La protagonista, Marieme, es una adolescente negra que vive en las afueras de París, en un entorno marcado por la violencia y la precariedad. Con un hermano que asumió un rol de autoridad paterna, y ella misma encargándose del cuidado de sus dos hermanas menores en sustitución de su madre, parece haber perdido su juventud prematuramente, hasta que conoce a un grupo de tres chicas de su edad, con quienes encuentra un espacio de pertenencia que transforma su vida.
Al igual que Laure se convierte en Mikael en Tomboy, Marieme adopta una nueva identidad autonombrándose Vic al integrarse a Lady, Fily y Adiatou. Estructurada por capítulos, el largometraje muestra la sororidad que le otorga a la protagonista integrarse a una pandilla ante un lugar que parece repleto de reglas impuestas por un patriarcado.
Por primera vez en la filmografía de Céline Sciamma la comunidad ocupa el centro del relato con una mirada explícitamente política, abarcando la desigualdad social a la que se enfrentan las comunidades inmigrantes en las periferias de la capital de Francia, como el barrio sudafricano en el que viven los personajes.

Transformando a la protagonista en Vic, Sciamma explora a una amistad de mujeres como uno de los elementos claves de la etapa adolescente. Misma temática que abordará en una etapa adulta con la sororidad y la autonomía de la mujer durante el siglo XVIII en Retrato de una mujer en llamas.
Durante la primera etapa de su carrera, Céline Sciamma configura un retrato de las distintas formas en que se construye la identidad de la figura femenina y queer. Para su filmografía posterior, con Retrato de una mujer en llamas y Petite Maman (2021), se desprende de la travesía de formar la identidad para contar historias de romance y familia. Aun así, manteniendo la mirada femenina sigue examinando la experiencia de ser disidente en sus filmes.
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