Saltar al contenido

La voz de Hind Rajab: la impotencia como otra forma de horror

La voz de Hind Rajab

La voz de Hind Rajab es otro filme valioso que dimensiona la gravedad del genocidio, a partir de una postura frontal que no ha sido mostrada por ninguno de los directores más progresistas del Norte global.

Los operadores de la Media Luna Roja Palestina reciben la llamada de Hind Rajab, una niña de cinco años que quedó atrapada durante un ataque del ejército israelí a la ciudad de Gaza. Mientras Rana (Saja Kilani) mantiene a la víctima en línea, Omar (Motaz Malhees) presiona a su jefe (Amer Hlehel) para que envíe una patrulla de rescate al lugar.  

Aunque el cine de Kaouther Ben Hania (directora y guionista) no tiene la aceptación mayoritaria de la crítica, debido a las formas de abordar tópicos sociales, es indiscutible que sus películas dejan huella en el espectador, ya sea por las ingeniosas formas de explotar la controversia o sus emotivos métodos para llegar al corazón del público. Por tal motivo, La voz de Hind Rajab (Sawt Hind Rajab, 2025) requiere cierta cautela durante su visionado, pero no por el mensaje del filme o su postura sobre los crímenes de Israel, sino debido a la calidad del formato y cómo se construye el “drama”. 

Sin reservas, Ben Hania se toma el atrevimiento de mezclar audios originales con el formato de bottle movie, abordando la angustia desencadenada por la impotencia frente al genocidio en Gaza; sin embargo, el docudrama resulta irregular en el desarrollo de la recreación de los hechos. Visibilizar las voces de las víctimas es fundamental, pero los mecanismos de la cineasta para desarrollar “el suspenso” restan seriedad a la propuesta, principalmente, porque la dramatización intenta llevar al extremo un shock emocional que ya es estimulado por la simple reproducción de los audios originales.

Visibilizar las voces de las víctimas es fundamental, pero los mecanismos de la cineasta para desarrollar “el suspenso” restan seriedad a la propuesta, principalmente, porque la dramatización intenta llevar al extremo un shock emocional que ya es estimulado por la simple reproducción de los audios originales.

Las desbordadas actuaciones (supuestamente, sin ensayos con las grabaciones) convierten a los enfrentamientos entre colegas en un ruido innecesario que distrae de otros conflictos éticos que enfrentaron los verdaderos miembros de la organización. Lo anterior ocasiona que la calidad del formato tenga mayor parecido a un producto televisivo, donde todas las ideas deben ser redundantes, ya que se subestima la capacidad del público para interpretar sutilezas discursivas en el lenguaje cinematográfico. En otras palabras, el mensaje que llega al receptor es el correcto, pero el medio no es del todo apropiado.

'La voz de Hind Rajab' (Ben Hania, 2025)
‘La voz de Hind Rajab’ (Ben Hania, 2025)

No obstante, conociendo su trabajo previo, Kaouther Ben Hania pudo ser más cruda en sus formas, mostrándonos a Hind Rajab en el lugar del ataque o a la patrulla enviada para su rescate. En cambio, la realizadora opta por un escenario que podría ocupar la mayoría del público, sin ninguna posibilidad de detener la violencia. Lo mejor de la producción es cuando se olvida del drama para convertirse en un espejo de la rabia colectiva frente a la masacre, representada de forma acertada mediante rostros superpuestos en los vidrios de la oficina o un arranque de furia contra la indiferencia de otros colaboradores. 

Las carencias artísticas del filme son compensadas por su carácter persuasivo, pues la producción pone todo su esfuerzo en compartir con el público la experiencia de “sentirse cómplice”. La incorporación de los audios originales le permite a los involucrados exponer la crueldad del ejército israelí sin mucho espacio para la controversia o contraataques de los detractores del genocidio, rasgo que aporta mucho valor a la misión social de la película. 

Al igual que No Other Land (2024), la película tunecina pone especial énfasis en los inhumanos mecanismos del Estado de Israel para desmoralizar a la población civil y blanquear la imagen de su ejército, los cuales son expuestos de forma directa mediante la representación documental de los hechos. 

La voz de Hind Rajab no solo aborda un caso particular, también versa sobre quienes fallecen al brindar asistencia a las víctimas, porque pareciera que la simple intención de ayudar ocasiona que los muertos se multipliquen. El largometraje denuncia cómo los movimientos del ejército buscan responsabilizar a las organizaciones internacionales por los decesos, ya sea debido a la inmovilización de su personal o por enviar equipos de rescate a una muerte segura. A tal conflicto se suma un sistema burocrático que entorpece la comunicación en beneficio de la narrativa israelí, por lo que Kaouther Ben Hania convierte a la espera de la “luz verde” en una siniestra angustia que nos adentra al horror de la crisis humanitaria en Gaza. 

Al igual que No Other Land, La voz de Hind Rajab pone especial énfasis en los inhumanos mecanismos del Estado de Israel para desmoralizar a la población civil y blanquear la imagen de su ejército, los cuales son expuestos de forma directa mediante la representación documental de los hechos.

Con creces, el docudrama cumple su función social al cuestionar la condescendencia del mundo frente a las víctimas palestinas, las cuales solo son documentadas como cifras en los medios internacionales. Siguiendo el metalenguaje de Las cuatro hijas (Les filles d’Olfa, 2023), La voz de Hind Rajab es otro filme valioso que dimensiona la gravedad del genocidio, a partir de una postura frontal que no ha sido mostrada por ninguno de los directores más progresistas del Norte global.

¿Ya viste La Voz de Hind Rajab, qué te pareció?

Categorías

Crítica

Irving Javier Martínez Ver todo

Licenciado en Comunicación. Redactor especializado en cine.

Deja un comentario

Descubre más desde ZoomF7

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo