No Other Land: cámaras y testimonios como única arma de la resistencia
Lo más notable de No Other Land es que no se trata de otro documental desde la condescendiente perspectiva “blanca”, como la visita express de los periodistas extranjeros para obtener fotografías de Harun Abu Aram y la miseria humana.
A lo largo de cinco años, los periodistas Basel Adra y Yuval Abraham han documentado la expulsión de los habitantes de Masafer Yatta por parte del ejército israelí, mediante demoliciones clandestinas que intentan convertir la región en “zona de entrenamiento militar”. El filme se centra en la experiencia familiar de Adra y la defensa de su comunidad, donde el padre del cineasta ha tenido especial protagonismo.
Hay una palabra que destaca en todo el documental: ACTIVISMO, especialmente porque es la única defensa con la que cuentan los habitantes de Cisjordania, quienes han resistido a los esfuerzos inhumanos de Israel por borrarlos físicamente y de la memoria histórica. Como menciona la narración de Basel Adra, “la gente comenzó a filmar” cuando el final ya era inminente y solo quedaba registrar en videos los últimos días de la vida cotidiana en Masafer Yatta, antes de regresar a las cuevas o huir hacia las ciudades.
Las imágenes más fuertes de No Other Land (2024) son las que nos muestran a los residentes “armados” con cámaras (proporcionadas por activistas extranjeros desde el año 2000), mientras son encañonados por militares y colonos. Lo que aborda este documental no solo es la crónica del desplazamiento; también evidencia los mecanismos de terror contra las comunidades palestinas, donde la mínima protesta pacífica despierta el espíritu vengativo de un ejército lleno de furia xenofóbica.

Lo que aborda No other land no solo es la crónica del desplazamiento; también evidencia los mecanismos de terror contra las comunidades palestinas, donde la mínima protesta pacífica despierta el espíritu vengativo de un ejército lleno de furia xenofóbica.
El trabajo colectivo de los cineastas Hamdan Ballal, Rachel Szor, Basel Adra y Yuval Abraham intenta demostrar que no se trata de un conflicto bélico en el remoto Medio Oriente, en realidad es una cadena de crímenes que ha sido posible gracias a la indiferencia del mundo entero. Ni siquiera imágenes tan crudas como el ataque a Harun Abu Aram o la demolición de una escuela son suficientes para detener la silenciosa y gradual ocupación del territorio “en disputa”. Como menciona Adra en entrevistas, lo único que evita la expulsión masiva de personas en Cisjordania es la importancia que Israel da a su imagen ante la comunidad internacional, lo cual explica el nivel de violencia que desata una cámara grabando la brutalidad militar.
Lo más notable de No Other Land es que no se trata de otro documental desde la condescendiente perspectiva “blanca”, como la visita express de los periodistas extranjeros para obtener fotografías de Harun Abu Aram y la miseria humana. El registro de Adra y Abraham incluye el genuino estado de ánimo de los habitantes, quienes intentan conservar la esperanza en medio de tanta destrucción e impunidad. Las risas a la mañana siguiente de una persecución, las pláticas nocturnas mientras esperan el siguiente ataque o los niños ayudando a limpiar los daños son secuencias que conforman una mirada compasiva de la devastación, sin la porno-miseria que le fascina al intelectual público europeo y estadounidense.
El documental también nos da una aproximación al exterminio cultural impulsado por el apartheid, pues la expulsión de los pueblos hacia las ciudades tiene por objetivo aniquilar la identidad nacional de Palestina. Destacar particularidades cotidianas del pueblo y la vida familiar de Adra es un esfuerzo desesperado para dejar constancia de lo que inevitablemente desaparecerá, sin importar el riesgo de morir en el intento o ser tachado de “agitación antisemita”, como sucedió durante el paso de la película por la Berlinale.

El incidente en Alemania solo evidenció el nivel de encubrimiento internacional sobre una ocupación que beneficia a ciertos sectores políticos y sociales, los cuales tergiversan cualquier tipo de protesta contra la violencia anti-Palestina. Por el contrario, el documental muestra los claroscuros en las relaciones entre ambos lados de la frontera, mediante la relación de Yuval Abraham y Rachel Szor (periodistas y realizadores israelís) con los habitantes de Masafer Yatta; una diferencia cultural que no representa ningún problema significativo, pues existe una importante fracción de israelís y comunidad judía en contra de los genocidios cometidos por el gobierno invasor.
La presencia de Abraham en el documental es quizás lo más radical de su mensaje, ya que valida una idea sabida por todos: no hay mayor factor de desigualdad que las fronteras. Las mismas conversaciones entre amigos están atravesadas por los privilegios y marginalidades determinadas por los pocos kilómetros de distancia entre sus lugares de nacimiento. Dicha inequidad es ejemplificada al inicio del documental, cuando Adra dice a Abraham: “quieres que todo se solucione en 10 días y regresar a casa”, como respuesta a la ansiedad del israelí por la poca repercusión de su cobertura. El documental es incisivo en la disparidad de condiciones, pero tampoco juzga, solo lo pone sobre la mesa como parte del contexto ocasionado por la militarización de la región.
Más allá de exponer un problema, No Other Land visibiliza la resiliencia del ciudadano común frente a la amenaza de grupos armados, sin importar que se trate de militares o criminales. El cuarteto de cineastas israelí-palestino crea un desgarrador documental que convierte a la incertidumbre en un terror que no conoce fronteras. Después de ver este impresionante ejercicio de no-ficción, no empatizar con la causa de Masafer Yatta solo significa una cosa: que el espectador en realidad no tiene corazón.
Categorías
Un comentario sobre "No Other Land: cámaras y testimonios como única arma de la resistencia " Deja un comentario ›