Exterminio: el templo de huesos. DaCosta conquista la zona de los infectados
Mientras el Dr. Kelson (Ralph Fiennes) inicia el proceso de re-humanización de Alpha Samson (Chi Lewis-Parry), Spike (Alfie Williams) es capturado por la secta del psicópata Sir. Jimmy Crystal (Jack O’Connell con apariencia de Jimmy Savile), donde encontrará una aliada en la subversiva Jimmy Ink (Erin Kellyman).
Si no había quedado claro que los humanos son los verdaderos monstruos en la saga, Exterminio: el templo de huesos (28 Years Later: The Bone Temple, 2026) lo viene a confirmar con una de las secuencias más violentas del cine reciente, a cargo del villano-teletubbie de Jack O’Connell, donde se materializa la tortura anunciada por el poema Boots de la primera entrega. Durante los sucesos en la granja de Cathy (Mirren Mack) descubrimos que la presentación bizarra de Los Jimmies (The Fingers) al final de Exterminio: La evolución (28 Years Later, 2025) era la entrada siniestra a una despiadada bacanal de destripamientos, tortura y reflexiones sobre la pérdida de la fe.
Siguiendo con el formato de coming-of-age, Alex Garland (guionista) continúa la educación sentimental de Spike a través del cruel camino de la religión o lo que resta de ella, pues mientras la película anterior giraba en torno a la emancipación del primer hogar, la secuela trata sobre la renuncia a todos los dogmas. En cierto sentido, los sobrevivientes de este nuevo episodio experimentan epifanías que los llevan a despertar de algún tipo de control: Spike se aleja de su padre, Jimmy Ink desafía a Sir. Jimmy Crystal (representación del pasado idealizado) y Samson recupera su conciencia. A pesar de la brutalidad, la suma de dichos arcos da como resultado un luminoso viaje hacia el final de un oscurantismo desatado por el virus de la furia.

Para ser más explícito en sus mensajes, Garland utiliza dualidades que representan las transiciones emociones de los personajes, como el cielo y el infierno o la brutalidad “humana” de Jimmy contra la bestialidad salvaje de Samson; contrastes simbólicos que Nia DaCosta (directora) explota para desarrollar un espectacular clímax en el osario del Dr. Kelson. También la saga da un gran paso adelante en la solución final de la infección, aceptando que “los otros” son una variante más en el nuevo espectro social. La explicación “psiquiátrica” del estado de los infectados sirve para entender que la verdadera amenaza siempre serán los enemigos recurrentes: la iglesia, el ejército y psicópatas solitarios como Sir Jimmy Crystal.
Aunque el argumento va por caminos ya recorridos, como el Negan de The Walking Dead, lo extravagante en la caracterización de los Jimmies o el personaje de Ralph Fiennes da varios toques de autenticidad a la franquicia. De igual manera, es original que estemos frente a un proceso de “deszombificación”, donde el verdadero terror es desatado por seguidores de un culto que surgió en una civilización que ya estaba en decadencia antes de la pandemia. Garland convierte a la nostalgia del villano millennial hacia la cultura pop de su niñez en reflejo de la ingenuidad de una generación que no sabe enfrentar la vida adulta. De alguna forma, los encuentros del joven Spike con el Dr. Kelson y todos los “Jim” (Aaron Taylor-Johnson, Jack O’Connell y próximamente Cillian Murphy) le ofrecen la visión panorámica de un mundo que nos es tan diferente al exterior de la zona cero.
Paradójicamente, la dirección de Nia DaCosta regresa a la saga un poco del espíritu de Exterminio (28 Days Later, 2002), añadiendo más infectados de los marcados en el guion original de Alex Garland. Las contribuciones creativas de la cineasta marcan sobresalientes variaciones a las divagaciones de Boyle y Garland, produciendo un merecido descanso al sentimentalismo del largometraje anterior con un horror más visceral. El cambio de tono entre películas deja claro que DaCosta no fue contratada como “directora por encargo”, sino el fichaje intencional de quien aportara el grado perfecto de oscuridad que este episodio necesitaba.

Tras ver Hedda (2025) queda claro que la realizadora es experta en atmósferas densas y pesimistas, estética que es producto de una nueva colaboración con Sean Bobbitt (director de fotografía), el responsable del infierno sureño de 12 años de esclavitud (12 Years a Slave, 2013). Aunque la dirección y el montaje de Exterminio: el templo de huesos son menos barrocos que lo filmado por Boyle, DaCosta entrega una propuesta efectiva que antepone el suspenso a la estética, logrando una continuidad narrativa que resarce el daño provocado por el anticlimático final de Exterminio: La evolución.
Como película bisagra, la producción cumple con la misión de llevar la historia a un nuevo nivel argumental y técnico, previo al esperado regreso de Cillian Murphy a la franquicia. Incluso las composiciones de la oscarizada Hildur Guðnadóttir marcan una drástica evolución en la solemnidad de la historia, integrando piezas musicales que oscilan entre lo sacro y lo tribal. De hecho, la banda sonora y el soundtrack sintetizan el concepto metafísico del filme, construyendo un “camino espiritual” que concluye con el Dr. Kelson convertido en un Dios involuntario que entrega el fuego de la conciencia a una nueva humanidad. Al final, todas esas ideas existenciales son transformadas por DaCosta y Garland en un impresionante espectáculo de terror “zombie” y psicópatas asesinos.
Aunque la dirección y el montaje de Exterminio: el templo de huesos son menos barrocos que lo filmado por Boyle, DaCosta entrega una propuesta efectiva que antepone el suspenso a la estética, logrando una continuidad narrativa que resarce el daño provocado por el anticlimático final de Exterminio: La evolución.
No obstante, a pesar de la violencia, las películas de Exterminio integran una saga esperanzadora que confía en la naturaleza bondadosa de los humanos, incluso cuando han perdido su voluntad y conciencia. Además de darle forma y continuidad a tales ideas, Nia Dacosta se enfrenta al reto de domar a dos indomables bestias actorales como Fiennes y O’Connell, llevándolos a peligrosos límites histriónicos que caerían en lo grotesco si no tuvieran a una cineasta tan talentosa dirigiéndolos. Por su parte, el destino de Spike estará determinado por las reflexiones finales sobre la guerra y los enemigos enunciadas por Cillian Murphy, anticipando una conclusión que seguramente tomará el camino narrativo más inesperado. Crucemos los dedos para que esa tercera parte sea filmada.
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