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Bestia: horror subdermis en la dictadura

Bestia cortometraje hugo covarrubias ensayo autor miguel sandoval zoomf7

Bestia (2021) es un cortometraje que en sus 15 minutos nos introduce en la rutina de una mujer aparentemente normal, con desayunos que incluyen bizcochos y mermelada. Digo aparentemente porque trabaja para la dictadura chilena, torturando mujeres en un sótano junto a su perro. Basada en la figura de Íngrid Olderöck, esta producción de Hugo Covarrubias es un vistazo al horror que se construye en la mente de alguien que se dedica a servir a los oscuros propósitos de la política

De padres germanos, Íngrid creció en un ambiente limitado a esta cultura, aunque en territorio chileno. Bestia la muestra hecha de porcelana, pues según el directorse buscaba trabajar con la estética de muñecas europeas”, adecuada para el contexto alemán; su semblante casi indiferente y la ausencia de diálogos ayudan a concentrarnos en sus acciones, desde donde llegan la culpa, el placer y el miedo que experimenta. A su vez, vemos construirse el extraño vínculo con su perro, con el que comparte la comida y su dormitorio. 

El trayecto en el bus se repite más de una ocasión, su arribo a una casa donde firma su entrada, baja al sótano y pone música disco en una grabadora. Íngrid entrenaba canes para torturar a los opositores de la dictadura, crimen por el que se ganó el mote de ‘La mujer de los perros’. Es interesante cómo Covarrubias cita a David Lynch entre sus influencias, ya que, salvando las distancias, hay un horror que se inscribe en la cotidianidad de los suburbios de Chile, los cuales, a pesar de  los abusos militares que se efectuaban a plena luz del día, podían ocultar acontecimientos más terribles aún.

Y es que, a propósito, en Bestia es como si el horror fungiera por capas: primero en las calles, luego en el sótano y después en la intimidad de Íngrid, quien tiene pesadillas habitadas por gente sin rostro (los desaparecidos de la dictadura) o con su perro degollado (cuenta en entrevista que degollaron a sus perros en su patio trasero). El personaje empieza a sufrir delirios persecutorios, se unta mermelada para que su perro le haga sexo oral, sueña despierta que destroza su casa con una medalla nazi a la vista en su alacena. 

En Bestia parece que el horror fungiera por capas: primero en las calles, luego en el sótano y después en la intimidad de Íngrid.

La monstruosidad llega al límite cuando también (quizá) bajo la forma de la alucinación, el personaje tiene relaciones con su perro. Cuando, por otro lado, en la calle le disparan en el cráneo. Acerca de este último punto, Olderöck confiesa que el altercado afectó su memoria, posible razón por la que vemos que la bala borra del hogar sus pertenencias, devolviéndonos al orificio craneal en la porcelana. No obstante, la gente sin rostro la persigue como castigo, incluso en el avión a otro país. Sobre los motivos del atentado, se sugerirá que fue por “saber demasiado”.

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‘Bestia’ (Hugo Covarrubias, 2022)

Me parece interesante el uso de la música en Bestia, que, aunque no tratándose de una canción reconocible, me remonta al Tony Manero (Pablo Larraín, 2008), película también ambientada en la dictadura chilena donde un hombre de edad está obsesionado con el personaje interpretado por John Travolta. Ambos protagonistas chilenos son acompañados por la música disco en sus crímenes, dándole una dimensión obscena y oscura a este género que en Estados Unidos convivía con la liberación sexual, la fiesta y la reintegración afroamericana. 

La otra canción en la radio que perfila la cotidianidad de Íngrid, empieza a disolverse, entregándonos un piano y una sección de cuerdas que se traducen en tensión; también sonidos electrónicos y el marcaje de un reloj se fusionan con alucinaciones del personaje, temeroso de perder su diario, del cuchillo que gira en la mesa sin saber exactamente por qué, de la máquina de escribir en un prado de muerte. 

Íngrid Olderöck falleció en 2001 a causa de una hemorragia digestiva, hasta su muerte se consideró leal a Augusto Pinochet. Debido a la bala alojada en su cráneo, fue separada de sus cargos militares y diagnosticada con demencia. Respecto a los delitos de lesa humanidad de que era acusada (rapto, secuestro, tortura, desapariciones), nunca se declaró públicamente culpable; en cambio, dijo a la periodista Claudia Donoso que se sentía con la consciencia tranquila, cumpliendo simplemente con las funciones que le ordenaron.

Fuentes consultadas: El Agente Cine, Revista Écfrasis

Puedes ver Bestia en MUBI o gratuitamente en YouTube

 

Miguel Sandoval Ver todo

Me gustan las películas de Éric Rohmer y de Robert Bresson. Escribo en un intento por expresar lo inexpresable.

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