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Crítica de ‘La Bestia’ (‘The Beast’): asombrosa y cautivadora

Crítica de 'La Bestia' ('The Beast') pelicula Bertrand Bonello

Protagonizada por Léa Seydoux, La bestia (The beast), nos adentra a un futuro distópico, a una sórdida atmósfera que se balancea entre el horror y la ambigüedad onírica.  

En un futuro distópico, donde la Inteligencia Artificial ha reducido drásticamente la demanda de trabajo, Gabrielle (Léa Seydoux) decide “purificar su ADN” para borrar sus emociones y conseguir un mejor empleo, ya que los sentimientos afectan la productividad y obstaculizan la toma de decisiones. El procedimiento consiste en retroceder en el tiempo, con el objetivo de eliminar los recuerdos de vidas pasadas, pero Gabrielle descubre que un hombre llamado Louis (George MacKay) ha sido una constante romántica a lo largo de los siglos, situación que la hará dudar sobre convertirse en un autómata sin alma. 

La bestia: la belleza del miedo y el horror de la insensibilidad 

Lo fascinante del cine de Bertrand Bonello (director) es su maestría para llegar a potentes discursos trascendentales mediante una densa capa de fantasía y surrealismo, los cuales dejan de ser una extravagancia autoral cuando al final se revela el trasfondo social de las imágenes. Como sucede con la crítica a la misoginia francesa disfrazada de erotismo en L’Apollonide: Casa de tolerancia (2011) o el terror social de Zombi Child (2019), La Bestia (La Bête, 2023) parte de una elemental ciencia ficción para reflexionar sobre un miedo personal a la insensibilidad de nuestra era. 

Sin importar que se trate del intenso romance de Gabrielle en 1910 o la pulsión criminal de Louis en 2014, Bonello critica el papel del sistema capitalista en la anulación de las emociones. Similar al desdoblamiento de la personalidad de Severance (Apple TV), en La Bestia, las organizaciones llevan a sus futuros trabajadores a una voluntaria renuncia de la personalidad, como metáfora de las opresivas culturas organizacionales que dominan el mercado laboral. A esto se suma el fantasma de la soledad, consecuencia inevitable de abandonar los placeres de la vida por alinearse a un mecanismo de producción libre de “sentimentalismos”. 

Fiel a su estilo, el cineasta incorpora a la fragmentada historia una sórdida atmósfera que se balancea entre el horror y la ambigüedad onírica. Similar a Nocturama (2016) y su noche de fiesta antes de la tragedia, La Bestia es otra película donde las consecuencias de jugar con el destino se acumulan hasta desencadenar el final más devastador para los personajes, como si se tratara del violento despertar de un sueño, sensación provocada tanto por la desestructurada trama como por su apartado visual. 

En esta ocasión, el director se pone aún más “vanguardista” con la incorporación de una green screen en el prólogo, anticlimáticas distorsiones de la imagen y un código QR en los créditos –la evolución directa del celuloide quemado en Persona (1966) o la película rebobinada de Funny Games (1997)–, recursos de metacine tan agresivos que incluso te obligan a activar la cámara en plena sala oscura.

Si bien se esperan esas rarezas en los filmes de Bonello, La Bestia es notable en su uso de figuras retóricas para llegar a la nada misma, pues la producción sabotea intencionalmente cualquier esfuerzo del espectador por entrar a una ficción convencional. Sin embargo, a pesar de sus múltiples excentricidades, el largometraje es asombroso y cautivador de principio a fin. 

Crítica de 'La Bestia' ('The Beast') pelicula Bertrand Bonello
‘La Bestia’ (Bertrand Bonello, 2024)

Inspirada por La bestia en la jungla de Henry James, el largometraje también es un compilado de ideas que circulan alrededor de Léa Seydoux como actriz; de hecho, el prólogo con pantalla verde recuerda a la fascinación hacia Maggie Cheung en Center Stage (1991) o  Irma Vep (1996), películas donde la ficción está hostilmente conectada al perfil de la intérprete real.

Seydoux entrega un trabajo apasionante, siendo básicamente el único soporte narrativo del complejo argumento, porque la invisible “bestia” vive gracias a los planos cerrados de su “rostro de muñeca” o a los desgarradores gritos durante el “día de la retribución”. Al final, ella es quien brinda la continuidad del suspenso, pues la obra depende completamente de la intensidad desbordada de sus gestos, ya sean propios del personaje o de la actriz, con el mismo valor para los fines experimentales del filme. 

La intención de crear un futuro vacío, sin personalidad de quienes lo habitan, le da a La Bestia una apariencia camp próxima a La piel que habito (2011) o al cine de Brandon Cronenberg.

Posterior al juego de formatos en Coma (2022), Bonello regresa a sus usuales formas evocativas, donde el montaje tiene el mayor peso narrativo en el caótico cruce de líneas temporales. La Bestia tiene la esencia del cine transgresor de los dosmiles, cuando la incomodidad y la ambigüedad eran moneda de cambio en la industria europea, lo cual contribuye a elevar la estética de distopía minimalista que ya hemos visto docenas de veces en el cine y la televisión.

La intención de crear un futuro vacío, sin personalidad de quienes lo habitan, le da a la producción una apariencia camp próxima a La piel que habito (2011) o al cine de Brandon Cronenberg, llena de memorables aciertos como el androide interpretado por Guslagie Malanda (Saint Omer) o la inundación de París. En conclusión, La Bestia es otro fascinante viaje al impredecible universo de Bertrand Bonello, donde todas las desmesuras y rarezas son en realidad reflejos distorsionados de la imperfecta y absurda condición humana.

La bestia ya está en cines de México

Irving Javier Martínez Ver todo

Licenciado en Comunicación. Redactor especializado en cine.

2 comentarios sobre “Crítica de ‘La Bestia’ (‘The Beast’): asombrosa y cautivadora Deja un comentario

  1. La verdad, todavía con la pelicula tengo un problema, toda la sección del futuro si, aunque agrega una capa extra de significado a la misma, el fantasma de la pretenciosidad sobrevuela toda la sección, prefiero el thriller informático del segundo capítulo, donde tanto la puesta en escena, la más arriesgada como el tema son los más interesantes, este hecho el que el segundo capítulo sea el mejor, es tanto merito del mismo como demerito del resto, aunque sin falta de imágenes seductoras (la gran fiesta), estas están llenas de diálogos explicativos y montaje torpe para amarrar el tema de la misma. Buena critica

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