Entrevista con Tatiana Huezo: la documentalista del cine mexicano
Tatiana Huezo nació en El Salvador, aunque muy pequeña llegó a México. La guerra civil de los 80 en su país la vivió de lejos, una guerra en la que murió parte de su familia. Fue hasta 1989 cuando volvió a su tierra natal, donde presenció manifestaciones de ese estado de guerra, como los toques de queda. Estaba en la adolescencia, y por primera vez la directora ahora nominada a siete premios Ariel por su cuarto largometraje, El Eco, encaraba las pérdidas de la guerra.
Aquel acercamiento a El Salvador sembró el interés de Tatiana Huezo por sus claves temáticas, como la pérdida, pero también cómo abordarlas. En El lugar más pequeño del mundo (2012) nos acerca a sus personajes a través de características que enseguida convirtió en cualidades, como la yuxtaposición de imágenes y voz en over, los planos generales, el uso del sonido y el campo vacío.

Es así como en su primer largometraje nos adentra en cómo la guerra impactó en este lugar, cómo seres queridos fueron arrebatados, cómo el miedo se apoderó de su vida y también cómo lograron vivir después de las atrocidades. En sus siguientes películas, Tempestad (2016) y Noche de Fuego (2021), la cineasta continúa sobre el tema de la violencia, especialmente la del narcotráfico en territorio mexicano. Aunque es en la segunda donde transita, entre la oscuridad de sus temas y en la luminosidad que dan la fotografía de Dariela Ludlow, a un nuevo tópico: el tratamiento del arrojo, la inocencia y la honestidad propios de la infancia.
Posteriormente, El Eco funciona como una entrega todavía más profunda de la infancia. Conocemos durante un ciclo escolar a los niñas y niños de una comunidad de Chignahuapan, Puebla, donde hasta 2020 se contabilizaba una población de 104 habitantes. Al igual que en Noche de fuego, los personajes son complejos; críticos con su entorno, rebeldes, amorosos, trabajadores, soñadores…
Entrevista completa con Tatiana Huezo
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