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Inmaculada: terror religioso que no asusta ni al católico más conservador

Crítica 'Inmaculada' (Michael Mohan, 2024)

Inmaculada no es tan blasfema como se esperaba, pero al menos nos queda otro intento de Sydney Sweeney por tener una carrera versátil.

Reclutada por el padre Tedeschi (Álvaro Morte), Cecilia (Sydney Sweeney) viaja a Italia para tomar el hábito en un convento católico que resguarda una importante reliquia. El enclaustramiento se torna siniestro cuando la joven religiosa resulta embarazada “por obra del Espíritu Santo”, milagro que despertará las sospechas de Cecilia sobre las oscuras intenciones de sus superiores.

El gran problema de Inmaculada (Immaculate, 2024) es su terror religioso basado en los tópicos hollywoodenses más copiados del género: pájaros estrellándose en las ventanas, voces distorsionadas, monjas en las sombras, personas saltando desde las alturas y otros clichés de producciones sin ninguna ambición por romper el molde. La pretensión de generar controversia es superior a la originalidad de la propuesta; otro regreso a El Bebé de Rosemary (1968), donde todo el horror profano anunciado en el marketing se reduce a un morboso filicidio que cierra una larga cadena de ocurrencias inverosímiles.

Con un suspenso al nivel de El código Da Vinci (2006), el emergente Michael Mohan dirige esta convencional intriga alrededor de “la sangre de cristo” que nos deja muchas preguntas y poco asombro. Como thriller, carece de un desarrollo sólido que dé coherencia al milagroso embarazo de la protagonista, recurriendo a la violencia gráfica o a elementos sobrenaturales cuando la tensión no tiene solución por vía lógica. 

Si bien la ambigüedad puede ser una virtud en este tipo de películas, en el caso de Inmaculada se convierte en salida fácil para evitar complejidad en la trama. Nunca queda claro el rol de las monjas con velos rojos, en qué consisten los experimentos con el ADN o si hay fuerzas malignas involucradas en la conspiración, porque en el argumento son elementos  dispersos que no se conectan entre sí y tampoco tienen relevancia en la historia. 

Inmaculada: terror religioso que no asusta ni al católico más conservador
‘Inmaculada’ (Michael Mohan, 2024)

Varios personajes prescindibles cumplen una función meramente arquetípica, como el cardenal Merola (Giorgio Colangeli) o la madre superiora (Dora Romano), quienes ni siquiera son mínimamente perturbadores para explotar lo siniestro al interior de la vida conventual. Suspiria (1977) y otros clásicos del ocultismo sirven de modelos para el guionista Andrew Lobel, quien reproduce las fórmulas más efectivas del género al pie de la letra, sin darle una identidad propia a la película o rasgos que la diferencien del resto de producciones con similar temática.

La insurrección de la hermana Gwen o el arranque de celos de la hermana Isabelle (típicas víctimas colaterales) ocurren de forma tan predecible y arbitraria que llevan el suspenso al terreno de la farsa y el absurdo. Desde el prólogo hasta el final, Inmaculada sólo nos ofrece una literal sucesión de lugares comunes sin giros de tuerca, lo cual intenta alimentar un misterio resuelto desde la primera aparición en pantalla del villanesco Álvaro Morte. Por otro lado, la interpretación de Sydney Sweeney es notable, pero no suficiente para pasar por alto la mediocridad del filme. 

Como lo demostró La Primera Profecía (2024), cualquier vacío en el guion puede rescatarse con una sobresaliente ejecución de la cinematografía y el montaje. Sin embargo, la producción recurre al peor vicio del terror comercial: los jump scares. Lejos de aterrorizar, los redundantes sustos vuelven aún más obvio y fastidioso el rumbo del filme, porque únicamente suceden para remarcar que estamos frente a una película de terror. En cambio, el largometraje pudo tener (sin problemas) un desarrollo a fuego lento que se adentrara en la paranoia de la protagonista, una perspectiva mística menos siniestra o un horror corporal más salvaje e ingenioso, pues las cabezas reventadas a golpes ya empiezan a aburrir. 

Al final, Inmaculada no es tan blasfema como se esperaba, pero al menos nos queda otro intento de Sydney Sweeney por tener una carrera versátil. De hecho, si no fuera por la  actriz, se trataría de otra película de terror genérica perdida en la cartelera veraniega. Teniendo títulos recientes tan estimulantes y variados como Benedetta (2021) o Saint Maud (2019), el tema religioso le quedó grande a la visión de Michael Mohan (impulsada por Sweeney), un filme tan ingenuo y acartonado que no lograría incomodar ni al católico más ortodoxo.

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Irving Javier Martínez Ver todo

Licenciado en Comunicación. Redactor especializado en cine.

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