La Primera Profecía: una precuela a la altura del clásico de los 70
La Primera Profecía perturba al público mediante una sugestiva atmósfera, sin recurrir a los efectivos jump scares o al “sacrilegio” escandaloso y gratuito.
La novicia Margaret Daino (Nell Tiger Free) viaja a Italia para ayudar en el orfanato administrado por la orden que preside su mentor, el cardenal Lawrence (Bill Nighy). De inmediato, la joven descubre que hay una custodia especial para Carlita, una huérfana de comportamiento extraño, cuyo pasado guarda un secreto que el padre Brennan (Ralph Ineson) investiga desde las sombras.
Si bien no era difícil superar a las tres secuelas y al remake de The Omen (1976), sorpresivamente, La Primera Profecía (The First Omen, 2024) resultó estar a la altura del clásico dirigido por Richard Donner; incluso, es comprensible que para algunos cinéfilos esta precuela esté por encima del filme de los 70. En esencia, la nueva entrega replica la trama escrita por David Seltzer: Nell Tiger Free sustituye a Gregory Peck en la investigación del misterio, se recrean algunas muertes (como el suicidio de la niñera) y se imita la intriga religiosa del primer largometraje. Sin embargo, una impecable estética de terror vintage complementa a la película en su simpleza argumental.
La directora novel Arkasha Stevenson aporta a esta natividad demoniaca un brutal arsenal de importantes referencias que homenajean al giallo italiano, el nunsploitation y (sobre todo) al horror psicológico de Posession (1981). La realizadora prioriza el estilo visual sobre los convencionalismos del género, para dar al espectador una experiencia basada en las siniestras conspiraciones al interior de la iglesia católica y un terror corporal que explota la bestialidad gráfica de la violación.
Es imposible no pensar en Repulsión (1965) cuando Margaret (Tiger Free) yace confundida en el piso tras su primera experiencia sexual o en El bebé de Rosemary (1969) durante la concepción de Damien Thorn, porque la producción logra ingeniosamente replicar el terror filmado durante plena liberación sexual, derivado de los últimos esfuerzos del conservadurismo por reprimir el cuerpo femenino mediante la moral o el deber maternal. Momentos como el parto de la joven romana —simulando una violación “de adentro hacia afuera”, en palabras de la directora— nos revelan un horror sin medias tintas, parecido al de Polanski o Zulawski, pues la brutalidad visual (sea simbólica o gráfica) es tan potente y clara que ni siquiera permite al espectador cuestionar el subtexto de las imágenes.
Lamentablemente, se trata de una precuela que debe dar antecedentes al filme del 76, siendo su predecible conspiración religiosa el único lastre del filme. Los guionistas intentan desorientar al espectador con varios plot twists, pero es inevitable descubrir desde la primera media hora el secreto oculto en los expedientes de “Scianna”.
No obstante, lo anterior fue una decisión aceptable, ya que complicar la historia de Margaret habría creado un desequilibrio entre La Profecía (1976) y su precuela, como sucede (por poner un ejemplo) con Alien (1979) y la enmarañada saga Prometheus. El suspense de La Primera Profecía se siente elemental, aunque la película protagonizada por Gregory Peck tampoco ofrecía demasiados recursos narrativos para explotar, más allá de un compilado de rocambolescas muertes. En definitiva, se trata de un innecesario contexto que pudo omitirse en beneficio del ritmo y la duración, pues la retorcida dinámica conventual ya era suficiente para entender la misión de sus diabólicas monjas.

A falta de un buen guion, Stevenson se aferra al cine de culto para perturbar al público mediante una sugestiva atmósfera, sin recurrir a los efectivos jump scares o al “sacrilegio” escandaloso y gratuito. La directora sabía de antemano en qué momentos del metraje la audiencia descubriría los hilos que mueven el horror, pero lejos de ocultarlos los estilizó para crear imágenes inolvidables. Siendo una mezcla entre Don’t Look Now (1973) y Los demonios (1971), el mal es representado como una vampírica fuerza al acecho, presente en el viento que agita el hábito de la hermana Angélica (Ishtar Currie-Wilson) y el fuego consumiendo su cuerpo.
Muy similar al trabajo de Mike Flanagan en Doctor Sueño (2019), Stevenson dirige una respetuosa revisión del clásico setentero y al mismo tiempo nos regala su carta de presentación en la industria cinematográfica. Nell Tiger Free también ofrece lo mejor de su rango actoral, el cual pasa de ser la repetición de su Leanne Grayson (Servant), al inicio del filme, a convertirse en otra brutal demostración de cómo el mejor cine de terror está siendo dominado por mujeres, ya sea delante o detrás de cámaras. En términos generales, La Primera Profecía es una película fascinante que, sin lugar a dudas, merece ser tratada con la misma seriedad que su referente.
La primera profecía está en cines de México
Categorías
3 comentarios sobre “La Primera Profecía: una precuela a la altura del clásico de los 70” Deja un comentario ›