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La Vida es Bella: una historia imprescindible sobre la paternidad

la vida es bella 1

Por: Edgardo Ávalos 

La Vida es Bella, dirigida y estelarizada por Roberto Benigni no puede faltar en la lista de películas que enmarquen la paternidad. Estrenada en 1997, destaca por su originalidad, frescura y química de los personajes en pantalla; se trata de una película que conmovió a la crítica y al público en general con una fórmula exquisita entre romanticismo, comedia y melodrama.

Además de estar basada en el libro In the End, I Beat Hitler de Rubino Romeo Salmonì —un sobreviviente de Auschwitz— la trama retoma experiencias del propio padre de Roberto Benigni, quien pasó dos años en un campo de concentración, y que a modo de autoterapia contaba con humor sus memorias para no asustar a sus hijos.

La Vida es Bella

¿Qué historia cuenta La Vida es Bella

La historia comienza en 1930 y gira alrededor de Guido, desde el momento en el que conoce a su futura y amada esposa Dora, y continuará hasta ver cómo juntos crían a su pequeño hijo Giosué. La tragedia llegará a la familia cuando se vean víctimas de los campos de concentración de la Segunda Guerra Mundial. Pese al futuro nada favorable, Guido hará lo imposible, hasta poner su vida en riesgo, con tal de que su pequeño hijo no pierda la inocencia y alegría por vivir.

Tal intención derivó de una inquietud que Benigni guardaba desde hace años: rescatar la belleza del amor y el coraje desde la infancia. En sus palabras, «con esta película volví a recurrir a una cosa para mí muy importante, a la ingenuidad, la pureza, la simplicidad de la niñez».

«Esta es una historia sencilla, pero no es fácil contarla. Como en una fábula, hay dolor, y como una fábula, está llena de maravillas y felicidad».

La vida es bella 

Además de su valor en la entrañable relación padre e hijo que plantea, antes de Jo Jo Rabbit (Taika Waititi, 2020), La Vida es Bella comprobó que se pueden tocar temas delicados como la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto desde un enfoque humorístico y sin faltarle el respeto a las víctimas del conflicto, lo cual convirtió a la cinta de amor del larguilucho Guido y su hijo Giosué en la segunda película en lengua extranjera más taquillera en Estados Unidos.

La Vida es Bella no sólo fue un éxito en taquilla (recaudó poco más de 10 veces su presupuesto), sino que se llevó tres  Oscar en los Premios de la Academia de 1999: Mejor Película Extranjera, Mejor Actor y Mejor Música Original. Además de el Grand Prix del Festival de Cine de Cannes de 1998.

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