The Father: un retrato de la fragilidad humana

Por: Karla León (@klls_luu)

Anthony (Anthony Hopkins) es un hombre de la tercera edad que reside en un rústico y acogedor departamento en los suburbios de Londres. Dentro de un ambiente lleno de claroscuros, es arropado por la rutina, la música clásica, una pintura, el té de la tarde, su reloj y su hija Anne (Olivia Colman), con quien mantiene una relación que fluctúa entre la protección y el reproche; sin embargo, con el paso del tiempo, sus recuerdos —y su realidad— comienzan a tornarse cada vez más frágiles y desatan su vulnerabilidad.

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Concebida desde una obra de teatro del propio director (Le Père, 2012), la ópera prima de Florian Zeller resulta sumamente conmovedora que dialoga con el proceso y la evolución de la demencia senil y su convivencia con la cotidianidad. En comparación con títulos como Still Mine (2012) o Still Alice (2014), The Father (2020) apuesta por una mirada muy profunda y solemne —y hasta cierto punto transgresora— de lo que implica olvidar.

Zeller, quien anteriormente prestó el argumento para consolidar la película francesa Floride (Le Guay, 2015), construye esta narrativa desde la empatía y se aleja de las posturas externas. Bajo un mismo escenario de tonos cálidos y objetos azulados, acompañamos a Anthony en un abrumante camino de deterioro y desorientación, cuyas piezas hemos de unir para brindarle sentido a los rostros, situaciones y saltos en el tiempo que, paulatinamente, desmoronan su memoria y su realidad.

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La gran apuesta en The Father son sus coprotagonistas. De manera entrañable, Anthony Hopkins (para quien originalmente fue planeado el papel) se sincera con su personaje y lo hace completamente suyo. A lo largo de cada escena juega entre la debilidad, la picardía, la rudeza, el miedo y la añoranza; se hace pequeño y grande, encuentra un lugar seguro en la música y en el tiempo y, de tanto en tanto, nos recuerda que la vejez, bajo las reglas de esta enfermedad, resulta una etapa dolorosa e incomprendida.

Junto a Hopkins, la madurez y el talento indiscutible de Olivia Colman se complementan para ofrecernos el punto de vista de quien ahora debe asumir el rol de protectora.  A través de Anne, la actriz representa incomprensión, excusas, miedos, sobreprotección, malentendidos, pero, también, sufrimiento, dilemas, compasión y amor. En positivos y negativos, logra representar un sinfín de perfiles que surgen durante el desarrollo de este duro padecimiento que, sin más, rebasa a pasos agigantados la existencia de Anthony.

Parte de la selección oficial de Sundance, Toronto y San Sebastián, y galardonada con dos premios BAFTA por Mejor Actor y Guion Adaptado, The Father encuentra su valor en una distintiva y detallada propuesta cinematográfica. La fotografía, bajo la dirección de Ben Smithard, es el resultado de un delicado juego de planos y movimientos de cámara, los cuales —con un inteligente uso de la luz— nos colocan dentro de un laberinto que se transforma, una y otra vez, en realidades alternas.

Tal y como lo aclara Zeller, el escenario que ofrece, ahora de manera tridimensional, se manifiesta como un personaje adicional en la trama. Podríamos asegurar que el departamento, cuyos objetos van y vienen, se trata de la mente de Anthony. Las deducciones son infinitas, y gracias al magnífico trabajo de edición de Yorgos Lamprinos, se desorienta al espectador como una estrategia para que desarrolle la complejidad de la historia y reconozca la posición de los personajes.

Los detalles de la película son significativos. En los diálogos, las actuaciones, el vestuario y el arte, logramos ubicar ciertos elementos que sirven como referencia para comprender el desgaste emocional de cada una de las figuras a cuadro. El diseño de producción dota de nuevos simbolismos y percepciones, lo que hace que se sumen nuevas suposiciones sobre el destino de Anthony y las decisiones de quienes lo acompañan, muchas veces, desde la periferia.

Nominada en seis categorías de los premios Oscar, incluida Mejor Película, Mejor Montaje y Mejor Guion Adaptado, The Father se perfila como una de las favoritas durante la ceremonia; sin embargo, uno de los momentos más esperados de esta entrega es la (posible) segunda victoria de Anthony Hopkins como Mejor Actor por su invaluable trabajo como protagonista. Anteriormente, recibió la estatuilla por El silencio de los inocentes (1991). Al igual que Hopkins, los reflectores apuntan hacia Olivia Colman —a quien vimos recientemente en la cuarta temporada de The Crown como merecedora al Oscar por Mejor Actriz de Reparto.

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Por lo pronto, la tan aclamada cinta continúa siendo vanagloriada por mostrar una situación pocas veces retratada con tanta vehemencia. En pocas palabras, The Father duele como experiencia cinematográfica, te hace construir nuevas realidades y plantearte el tema de la vejez y las enfermedades degenerativas como una posibilidad para atenderlas desde otras perspectivas. “Siento como si estuviera perdiendo mis hojas. No tengo dónde reposar la cabeza”, dice Anthony, quien demuestra (desde un panorama que lo regresa a sus inicios) que la vida, tan efímera como extensa, se concibe bajo la fragilidad humana.

Ve aquí nuestro programa dedicado a The Father:

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