¿Qué es un asesor de guion y por qué no tiene derecho a un crédito? | Entrevista

Por: María Isamar Cabrera Ríos

Su llamado al mundo cinematográfico fue más bien una cuestión de “timbrazo”, un asunto puramente accidental. Hijo de artistas plásticos y prospecto a seguir con la tradición familiar, “nada indicaba que yo pudiera ser cineasta”, expresa Fernando Flores Alvarado en entrevista con Zoom F7. El hecho no le agradaba; en cambio, la bioquímica sí. Entre guiños me hizo saber que aún sabe balancear ecuaciones de hidrógeno, “hecho absolutamente inútil en mi vida actual, pero de que sé hacerlo sé hacerlo”.

Fernando es un cineasta mexicano que se formó en el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC), hoy Escuela Nacional de Artes Cinematográficas (ENAC) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Le nació la cinefilia gracias a un vecino con quien iba al Centro Cultural Universitario (CUC) a ver películas, “a ver un cine que era distinto, no el cine que veías en las salas comerciales”. Y el timbrazo vino de este vecino que “un buen día” tocó a su puerta y le dijo:

Oye, hay una escuela de cine, vamos a hacer el examen. 

A lo que Fernando contestó: 

-Ah, pues bueno, vamos, ¿cuándo?

“Ahorita”, le dijo su vecino. Y así fue como realizaron el examen en ese momento, sin embargo, fueron rechazados por no haberse preparado. Al año siguiente, ya con tiempo suficiente para estudiar, presentó el examen y se quedó. “Fue un accidente muy afortunado”, comparte en entrevista. Su paso por la escuela de cine más antigua de América Latina le dejó una vasta experiencia en sonido y guion, lo cual se ve reflejado en su carrera profesional, pues 31 años de trayectoria lo respaldan como guionista.

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Las hazañas realizadas a lo largo de su carrera han sido dirigir la Escuela de Cine y Televisión del Centro de Estudios en Ciencias de la Comunicación (CECC Pedregal) y colaborar en la producción de más de 400 cortometrajes y programas de televisión universitarios. En 2014 fue nombrado por el exjefe de Gobierno de la Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera, presidente de la Comisión de Filmaciones de la Ciudad, cuyas funciones fueron velar por las escuelas de cine, por el subsidio y legalidad que protegiera a los cineastas y sus rodajes.

El guion: un nicho de oportunidad que nadie quiere aprovechar

En 1989, México ya estaba a las puertas del Nuevo Cine Mexicano, con creadores como Alfonso Cuarón y Alejandro González Iñárritu. Se dejaba atrás el cine de ficheras y las sexycomedias, y comenzaron a surgir casas productoras “hasta por debajo de las piedras”, competencia directa para Caosfilm —la productora de Fernando en ese entonces, hoy Secuencia Dos—. Sin embargo, debido a la demanda de sus clientes por el guion cinematográfico, decidió inclinarse por este servicio.  

Fernando pensó que había encontrado este nicho de oportunidad para su compañía gracias a su astucia e inteligencia; sin embargo, se dio cuenta de una cruda realidad que acongoja al ámbito cinematográfico en México: “¡Nadie hace guion, somos súper inteligentes! No, no es cierto. Lo que pasa es que en este país nadie quiere hacer guion. Es una monserga horrible sentarte a escribir 10 meses. No es que no sepan, más bien es que nadie lo quiere hacer”.

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 El coguionista anónimo  

El guionista ha trabajado para las productoras Lemon Films y Argos, y con directores como Emilio Portes, Issa López, Isaac Ezban, Jonás Cuarón y María Novaro. Sin embargo, si googleamos su nombre como parte de los créditos de algún filme, no aparecerá a comparación de “las 18 páginas que surgirán de teclear fotógrafos o directores mexicanos”. 

El trabajo del asesor de guion es complicado porque la mayoría de las veces no tienen derecho a estar en los créditos de una película, ya que no se pacta en los contratos. El miedo de las empresas es que por haber recibido asesoría de un consultor, este quiera aparecer en los créditos como coguionista, por lo que comenzaron a surgir cláusulas en los contratos, “OK, te dicen, le vamos a pagar cuatro sesiones de asesoría. Usted cobra tanto, le vamos a pagar un 12% más, pero no se puede acreditar”. 

El mayor reconocimiento que le dan a un consultor, explica el entrevistado, es el hecho de que el guionista agradezca la ayuda en la premier y “pida un aplauso para ti…y ya, te aplauden 40 tipos (…) es muy difícil armar un currículum”.

En México, el crédito del script doctor (asesor de guion) no está regulado como en el caso de Hollywood, España o Argentina. A comparación de las series inglesas cuyos nombres —el del capítulo y el del escritor — comparten aparición al inicio, “en México si bien te va el guionista aparece en el penúltimo crédito”. 

La legislación nacional relacionada a esta materia es un asunto pendiente desde hace ya varios años. Para Flores Alvarado es muy extraño que el cine siendo tan entrañable y sinérgico, al mismo tiempo esté profundamente desunido. Recuerda que ante la amenaza del retiro de los fideicomisos se formaron juntas virtuales en la plataforma Zoom para discutir y proponer soluciones ante este hecho; comenta que en un inicio, de ser 150 personas congregadas en la plataforma, pasaron a ser solo siete en las últimas sesiones, “tiene que pasar algo realmente grave para que los cineastas se unan”.

 El script doctor durante la pandemia 

Häxan (Benjamin Christensen, 1922) y Aelita (Yákov Protazánov, 1924) son los últimos filmes que el entrevistado vio. Asegura que “ver cine es una de las pocas cosas que la pandemia no nos ha quitado”, pues al haber una apertura para ver cine en la red éste se democratizó.

La pandemia por COVID-19 puso en evidencia una doble crisis que enfrenta la industria fílmica en México: por un lado, el tema de los fideicomisos, y por el otro, la distribución y exhibición. Ambos temas son motivo de reflexión para buscar nuevas formas de hacer cine, “los productores tendrán que reevaluar y reinventar la forma de producir películas”.

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Cabe recordar que en mayo de 2020 se presentó en la Cámara de Diputados la iniciativa para desaparecer 109 fideicomisos, argumentando opacidad y discrecionalidad en el uso de recursos públicos, entre ellos el Fondo de Inversión y Estímulos de Cine (Fidecine) —que brindaba apoyos financieros y de inversión para producir, postproducir, distribuir y exhibir largometrajes a través de convocatorias públicas a nivel nacional—. Cinco meses después se aprobó su extinción, lo cual generó, en su mayoría, rechazo por parte de la comunidad cinematográfica del país.

“Nuestra pieza más deseada para nosotros los guionistas es el dictamen”, un documento —encargado por el productor— que abarca en aproximadamente 40 páginas un análisis detallado junto a extensas sugerencias, requisito de organismos gubernamentales como el Instituto Mexicano de Cinematografía (IMCINE) para otorgar estímulos fiscales para la realización del proyecto. 

Dos semanas antes de entregar la carpeta, a Secuencia Dos “le llovían” llamadas por parte de los productores. Tan solo en 2019 esta compañía realizó 15 dictámenes y hoy, debido al tema de los fideicomisos y la pandemia por COVID-19, trabajan en uno solo. 

Desarrollo de historias mexicanas

Uno de los problemas que enfrentan los guionistas en México, explica, es su lejanía con el productor, lo cual contrasta con la estrecha relación que este último mantiene con el director. “Existe un divorcio, a pesar de que hay guionistas desde hace 120 años”.

El segundo gran problema, nos comparte el entrevistado, es que hay productores empeñados en filmar lo que ellos mismos escriben, “lo cual me parece respetable siempre y cuando no se haga con dinero público”. Señala que como consecuencia de esto se producen “películas fáciles, escritas bajo cliché, que no aportan realmente novedades al lenguaje cinematográfico como evolución, pero que son películas rapiditas y que al público mayoritario le gustan, pero que son resultado de asesorías anuladas”. 

Por ello, argumenta, esas producciones se convierten en filmes comerciales que no perfilan en festivales, premios o reconocimientos más allá de lo que deja la taquilla; por lo cual los productores deben comprender que el cine también es un discurso y como tal debe trabajarse argumentativamente. 

Su consejo a las nuevas generaciones de guionistas es que tomen el riesgo de escribir temas y en géneros distintos con resoluciones diferentes y evadir lugares comunes. Invita a los jóvenes guionistas a tener una capacidad combativa. “Es un medio de trabajo muy muy difícil, pero se compensa con otras cosas como la docencia, la creación personal y la cinefilia.

Visibilizar historias

Admirador de la película El río y la muerte (Luis Buñuel, 1955) y de la filmografía de Fernando de Fuentes como Vámonos con Pancho Villa (1936) y Hasta que perdió Jalisco (1945), Fernando Flores manifiesta su pasión por los proyectos que está desarrollando con su compañía Secuencia Dos, establecida en Querétaro, y que “muy afortunadamente es un trabajo que se hace online”, pues tienen clientes de España, Argentina, Estados Unidos y, dentro del país, de Veracruz, Colima, México y Guadalajara —dos estados donde más se produce— según datos del Anuario Estadístico de Cine Mexicano 2019.

A pesar de percibir que a Querétaro le faltan cinco o seias años para que empiece a realizar las primeras producciones importantes, el director general de Secuencia Dos está dispuesto a estar en el proceso para apoyar a la entidad a lograrlo. 

Esta entrevista es resultado del Taller de redacción y periodismo cinematográfico, impartido por Zoom F7. 

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