Dalia sigue aquí: memoria, recuerdos y una búsqueda interminable

Por: Juan Barrios

Y pensar que no te vuelvo a ver. Pasan los días y no te encuentro.

Perder a un familiar es un proceso muy doloroso que todas las personas vivimos a lo largo de nuestra existencia. Tener que decir adiós a alguien a quien amamos es una situación difícil de asimilar, y una acción que deseamos evitar. Cuánto más cuando ese familiar fue arrebatado, desaparecido, secuestrado.

Hablar de la desaparición forzada en México es hablar de una problemática que ha estado creciendo desde el 2006, cuando la guerra contra el narcotráfico estalló, hecho que causó que el país se convirtiera en un campo de guerra entre las Fuerzas Armadas y el crimen organizado. Actualmente, son más de 37 000 familias las que buscan día tras día a sus seres queridos que les fueron arrebatados. 

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Dalia sigue aquí (Nuria Menchaca, 2019) es para honrarlas a ellas, a ellos.

Quiero creer que todo está bien, y todos nuestros juegos vuelven.

La historia se centra en cómo Dalia, acompañada de su gallina Pelusa, cada día sale en búsqueda de su desparecido papá; todo para darse cuenta de que su versión de lo sucedido es muy diferente a lo que en realidad pasó. Nuria Menchaca nos mueve en cada minuto con una animación hecha a mano alrededor de tres momentos que definen la trama: el proceso de de Dalia, la búsqueda de su papá y los flashbacks que muestran poco a poco el contexto en el que existen estos personajes y cómo se desarrolló el suceso trágico que termina con su separación.

Quizás el aspecto que más sobresale de todo el metraje es, sin dudas, el lienzo de periódico que se usa para contar la historia. Más de 5200 hechos noticiosos relacionados con casos de corrupción, injusticia social, desapariciones o actos de criminalidad se logran apreciar entre los trazos hechos a mano de la historia, recordándonos que, muy a pesar de ser una ficción, su base es algo que pasa todos los días en México.

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Otro detalle que resalta es el uso del color. En Dalia sigue aquí las únicas personas que tienen colores diferentes y más vívidos a los cafés de los demás personajes son Dalia y su papá cuando se remite a los recuerdo de los momentos que vivieron juntos. Y después de la separación, la única constante que se ve son las banderas naranjas que los buscadores usan para marcar los espacios donde estaban enterrados los cuerpos. Se podría decir que son los puntos de conexión entre los muertos y los vivos. El naranja, como color fuerte que llama la atención desde una distancia lejana, sirve para ser un puerto entre el familiar que busca y el familiar buscado; un faro para que los desaparecidos regresen y, a modo metafórico y real, sus familiares puedan sentirlos una última vez en tierra.  

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Con una hija recostada en el pecho de su anciano padre, Dalia sigue aquí busca generar un sentimiento de consuelo para las familias que siguen buscando, de confort para quienes han sufrido una pérdida. Recordar siempre que, a pesar de la distancia física que se tiene en el presente, la memoria y los recuerdos hacen que valga la pena el buscar hasta encontrar.

Este texto es resultado del Taller de redacción y periodismo cinematográfico, impartido por Leticia Arredondo Vázquez, editora web de Zoom F7. 

Dalia sique aquí: 

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