El Joker y el Carnaval de Referencias 

Quiero ser claro. No me mal interpreten, no comenzaré con la vieja confiable de los fans del DCU: hay que ser comiquero para entender y disfrutar estas películas. A lo que me refiero es: siendo un personaje tan conocido, querido y profundamente ligado a la cultura popular, todos tenemos, en buena medida, gran conocimiento y aprecio por el Joker. Retrata perfectamente el opuesto a Batman y como polares, se tocan en muchos lugares de su construcción. Por eso es que la adrenalina recorre tu cuerpo a lo largo de toda la película de Todd Phillips. Sabes qué viene, entiendes que lo que se plasmó en la pantalla tiene una larga, muy larga construcción en diversos formatos, sabes a dónde vamos todos en la sala y ya quieres llegar para celebrarlo en el Carnaval de referencias. 

Si bien nos han dado pistas del origen de este personaje, una tras otra lo hacen más inverosímil y eso genera un gran interés en él. Ahora, en los cómics nos hablan de una triada de bromistas que han despistado al mejor detective de la historia. El Joker ha evolucionado con los problemas que son cada día más evidentes en nuestra sociedad, desde el caricaturesco inicio del mismo, hasta sus versiones más brutales y retorcidas. Estamos frente al Señor Villano, el representante del mal en la tierra, el mismo que en este juego de paradojas simbólicas ha puesto una sonrisa en nuestros rostros. 

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No es de extrañarse que se tengan esas reacciones frente al filme, el personaje siempre da para reflejar todo lo que está mal en nuestra cultura, en nuestra idiosincracia, sociedad, relaciones personales, imaginación, en todos lados. ¿Ya olvidamos Killing Joke (Moore, Bolland y Higgins, 1988)? ¿Las bien logradas interpretaciones de Ledger y Nicholson? ¿Los aportes de la serie animada (1992)? Ha caminado con nosotros para demostrar nuestra enfermedad. Por eso tanta controversia hoy, en el tiempo de la corrección política y la tolerancia aplastante de la individualidad, el humor ácido y la ofensa rebuscada. 

Y en principio, ese es un error en la narrativa, pero un gran acierto en el cómo se presentan las cosas y sobre todo en la actuación. Hay una necesidad implacable de racionalizar al Joker. De demostrar lo patético y enfermizo que tiene que ser alguien así de desquiciado, porque no hay otra razón para que algo así exista. Se nos olvida el material de origen, las viñetas de un cómic. Uno de los mayores esfuerzos propagandísticos para sacar de la gran depresión a la sociedad, si no se exagera, no se entiende, ni atiende el problema. 

De esto sufre la película casi en todo su metraje. Quiere explicar todo, justificar y convertir en verosímil, algo que de entrada, sabemos no es así. El pretexto para contar la historia es nuestro querido Guasón, el tema: el problema evidente de violencia y el fácil acceso a las armas en un estado de moral distraída con muchos golpes de pecho, de abandono a las personas que necesitan ayuda, el manejo de la información por los medios y la caricatura que hacemos de todo lo que nos rodea, políticos mesiánicos y con buen ojo para la coyuntura, en fin. Un retrato. 

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Desde este retrato vemos un Gotham desde el piso, en las calles, en las peores circunstancias, algo como lo que quiso hacer la serie live action (Heller, 2014) y no pudo lograr. Puede ser cualquier megalópolis del planeta. Pero el grado de locura es característico de las historias de Detective Comics. La ciudad se vuelve un personaje más, un testigo de las atrocidades por las que todos pasan día a día, un experimento sádico de convivencia y desamparo.

Que no se nos olvide, la película tiene objetivos bien marcados. 1. Gustar al gran público y 2. gustarle a la crítica. Por eso no escatima en referencias. Que necesitamos regresar al cine de autor de los setenta, ¡venga! La puesta en cámara es un manantial de referencias, el ritmo, la foto, la iluminación y los encuadres perfectamente cuidados para lograrlo. Que necesitamos una fuente de inspiración, ¡toma una re escritura de Taxi Driver (Scorsese, 1976), bueno no tanto, pero entienden la idea. ¿Que vamos a contar la historia de un personaje roto? ¿Les gustó El Maquinista (Anderson, 2005)? ¡Ahí lo tienen! ¿Qué tal un poquito de Buffalo Bill como en The Silence of the Lambs (Demme, 1991)? Por eso don Robert queda perfecto, nada mejor que una figura de época para satisfacer. Funciona. 

Por eso no le importa centrarse en la gran actuación de Phoenix. Él levanta la película en todo momento, ¿cómo? Con su gran talento y cierto nivel de autoreferencia. El patricidio de Gladiador (Scott, 1999), el devenir, dudar, caer, sufrir y ascenso (o descenso) en The Master (Thomas Anderson, 2013), You Were Never Really Here (Ramsay, 2017), Her (Jonze, 2014) y Señales (Shyamalan, 2002). Sabemos que además tuvo mucho que ver en la toma de decisiones de este filme, sabía lo que quería y lo consiguió.

Hace uso de elementos catárticos conscientes como el baile e inconscientes, la risa. Sabemos que no procesa bien lo que está sucediendo, nos lo dice hasta el cansancio, pero siempre encuentra un punto para ser libre y sobre salir, por eso su coronación en medio del caos funciona tan bien. Y hablando de eso, nada puede salir mal con White Room de fondo, mientras montas un par de tributos y planteas el nuevo estado del orden.

La ambientación sonora está perfectamente diseñada. La música nos pone en un contexto temporal, de actitud y desenfreno. Mientras tanto, el Score nos eleva al grado de locura en que va el personaje. La intención perfectamente marcada en las notas nos lleva a sus pasos de baile y por supuesto a lugares conocidos en las aventuras del murciélago. Sabes que estás en Gótica.

Por otro lado, he visto en tantos formatos y tantas veces la muerte de los Wayne que ya habían perdido el sentido, hasta que las vi en este contexto, el caos, el nacimiento al unísono de las contrapartes, de las concepciones del bien y el mal, de los caballeros de la noche. Además, cerrando con un chiste a lo Killing Joke, hasta el Cap entendió esa referencia. 

Evidentemente, la película cojea por pretender y lograr complacer a todos sus públicos, pero se levanta cada que propone, que intenta y se sale un poco de su lógica para recordarnos que estamos frente al señorón de la villanía. No es perfecta pero es un gran experimento. Esto podría iniciar una reformulación de lo que quieren lograr en Warner. Puede abrir camino a una nueva era en el cine de los encapuchados o ser un punto y aparte siempre.

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