La doncella: una historia a favor de la libertad

Por: Miguel Portal 

En el vivo combate, los pezones
que se embisten, parecen dos pitones
trabados en eróticas pendencias,
y en medio de los muslos enlazados,
dos rosas de capullos inviolados
destilan y confunden sus esencias.
El beso de safo (Efrén Rebolledo)

 

Park Chan-Wook cuenta con uno de los sellos más reconocibles y atractivos entre los cineastas contemporáneos. Desde el primer vistazo a la fotografía en cualquier título de su filmografía (en la mayoría elaborada por Chung Chung-Hoon), ofrece una invitación a un espectáculo que se promete descomunal y jovial; sus imantes colores y composiciones acompañan fielmente a personajes cuyos frenéticos destinos son ineludibles, pero también inciertos.

La violencia en sus historias se maneja con mesura, y las escenas en las que emerge suelen ser las más recordadas, ya que están lejos de ser un recurso gratuito que engancha por el morbo: representan un fuerte impacto en el arco dramático de los personajes. Sin embargo, me parece que un elemento algo opacado, justamente por la violencia, es el erotismo y su tratamiento igual de grandioso en las películas del director coreano.

La doncella (2016) se sitúa en la primera mitad siglo XX, en una Corea ocupada por el imperio japonés. A Sook-hee, una joven analfabeta perteneciente a una familia de estafadores, le encomiendan hacerse pasar por criada y así participar en un ambicioso timo ideado por un embustero que se presenta como el Conde Fujiwara, cuyo plan es quedarse con la herencia de una doncella japonesa llamada Hideko.

En la primera parte conocemos a los personajes desde los ojos de Sook-hee, quien a pesar de tener una personalidad temeraria, también es bastante incauta e impulsiva. Su misión se ve comprometida al enamorarse de su víctima, a quien debe convencer para casarse con el supuesto conde Fujiwara, el cómplice que se transforma progresivamente en su oponente a la par que sus sentimientos se fortalecen con Hideko.

En la segunda parte, Hideko recibe la estafeta del protagonismo, y es quien nos permite ver el plan completo de Fujiwara. Además, conocemos realmente a su tío Kouzuki, quien obliga a su sobrina a leer literatura erótica ante un grupo de hombres aristócratas. Me parece fundamental destacar la forma en que Kouzuki y los demás hombres (entre ellos Fujiwara) disfrutan del erotismo, pues las lecturas de Hideko son un espectáculo en el que la degradación de la figura femenina, acompañada de sumisión, está siempre presente. Queda claro que el consumo de su erotismo no tiene propósitos recíprocos.

Las visiones sexuales masculinas que se exponen son egoístas y torpes, incapaces de obtener placer con una mujer sin recurrir al forcejeo o participar en una estrategia de engaño. Lo más importante para el villano de la película es, sin duda alguna, su virilidad. No es gratuito que (disculpen el spoiler) la manera en la que Fujiwara rescata su miembro de ser mutilado es al contar una anécdota falsa sobre cómo le quitó la virginidad a la mujer más deseada en la trama, esto mientras fuma un cigarro que expulsa un humo azul con letales venenos que matan a su captor. Un elemento fálico acompañado de un color asociado a lo varonil.   

En contraste, las escenas sexuales lésbicas contienen empatía, son conscientes de sus propios cuerpos y capaces de proyectarlos para un goce mutuo, impulsadas también por el cariño y afinidad de sus personalidades. Incluso se presenta un mismo acto sexual en dos escenas con sus respectivas visiones: una parte considera que juega con la inocencia y su contraparte con la lujuria, pero ambas disfrutan de entenderse la una a la otra mientras enlazan sus esencias, sostienen sus manos y celebran una plenitud compartida. El apretón de manos del final lo asocio a un saludo de la paz, una criada coreana y una doncella japonesa en un acto, ante todo, de amor puro; como si el filme celebrara los tratados de reconciliación de 1965 entre Sur-Corea y Japón.

La doncella es una de las grandes joyas del cine coreano contemporáneo y otra razón para aplaudir la obra de Park Chan-Wook. Ante el surgimiento de grandes discusiones a raíz de denuncias sobre abusos, es indispensable reflexionar sobre la empatía y el acto consensuado. Considero a esta película notable como una oda a la pasión compartida, una crítica al disfrute egoísta y una historia a favor de la libertad.

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