La doncella: una historia a favor de la libertad

En el vivo combate, los pezones
que se embisten, parecen dos pitones
trabados en eróticas pendencias,
y en medio de los muslos enlazados,
dos rosas de capullos inviolados
destilan y confunden sus esencias.
El beso de safo (Efrén Rebolledo)

 

Park Chan-Wook cuenta con uno de los sellos más reconocibles y atractivos entre los cineastas contemporáneos. Desde el primer vistazo a la fotografía en cualquier título de su filmografía (en la mayoría elaborada por Chung Chung-Hoon), ofrece una invitación a un espectáculo que se promete descomunal y jovial; sus imantes colores y composiciones acompañan fielmente a personajes cuyos frenéticos destinos son ineludibles, pero también inciertos.

La violencia en sus historias se maneja con mesura, y las escenas en las que emerge suelen ser las más recordadas, ya que están lejos de ser un recurso gratuito que engancha por el morbo: representan un fuerte impacto en el arco dramático de los personajes. Sin embargo, me parece que un elemento algo opacado, justamente por la violencia, es el erotismo y su tratamiento igual de grandioso en las películas del director coreano.

La doncella (2016) se sitúa en la primera mitad siglo XX, en una Corea ocupada por el imperio japonés. A Sook-hee, una joven analfabeta perteneciente a una familia de estafadores, le encomiendan hacerse pasar por criada y así participar en un ambicioso timo ideado por un embustero que se presenta como el Conde Fujiwara, cuyo plan es quedarse con la herencia de una doncella japonesa llamada Hideko.

En la primera parte conocemos a los personajes desde los ojos de Sook-hee, quien a pesar de tener una personalidad temeraria, también es bastante incauta e impulsiva. Su misión se ve comprometida al enamorarse de su víctima, a quien debe convencer para casarse con el supuesto conde Fujiwara, el cómplice que se transforma progresivamente en su oponente a la par que sus sentimientos se fortalecen con Hideko.

En la segunda parte, Hideko recibe la estafeta del protagonismo, y es quien nos permite ver el plan completo de Fujiwara. Además, conocemos realmente a su tío Kouzuki, quien obliga a su sobrina a leer literatura erótica ante un grupo de hombres aristócratas. Me parece fundamental destacar la forma en que Kouzuki y los demás hombres (entre ellos Fujiwara) disfrutan del erotismo, pues las lecturas de Hideko son un espectáculo en el que la degradación de la figura femenina, acompañada de sumisión, está siempre presente. Queda claro que el consumo de su erotismo no tiene propósitos recíprocos.

Las visiones sexuales masculinas que se exponen son egoístas y torpes, incapaces de obtener placer con una mujer sin recurrir al forcejeo o participar en una estrategia de engaño. Lo más importante para el villano de la película es, sin duda alguna, su virilidad. No es gratuito que (disculpen el spoiler) la manera en la que Fujiwara rescata su miembro de ser mutilado es al contar una anécdota falsa sobre cómo le quitó la virginidad a la mujer más deseada en la trama, esto mientras fuma un cigarro que expulsa un humo azul con letales venenos que matan a su captor. Un elemento fálico acompañado de un color asociado a lo varonil.   

En contraste, las escenas sexuales lésbicas contienen empatía, son conscientes de sus propios cuerpos y capaces de proyectarlos para un goce mutuo, impulsadas también por el cariño y afinidad de sus personalidades. Incluso se presenta un mismo acto sexual en dos escenas con sus respectivas visiones: una parte considera que juega con la inocencia y su contraparte con la lujuria, pero ambas disfrutan de entenderse la una a la otra mientras enlazan sus esencias, sostienen sus manos y celebran una plenitud compartida. El apretón de manos del final lo asocio a un saludo de la paz, una criada coreana y una doncella japonesa en un acto, ante todo, de amor puro; como si el filme celebrara los tratados de reconciliación de 1965 entre Sur-Corea y Japón.

La doncella es una de las grandes joyas del cine coreano contemporáneo y otra razón para aplaudir la obra de Park Chan-Wook. Ante el surgimiento de grandes discusiones a raíz de denuncias sobre abusos, es indispensable reflexionar sobre la empatía y el acto consensuado. Considero a esta película notable como una oda a la pasión compartida, una crítica al disfrute egoísta y una historia a favor de la libertad.

Los mejores plano secuencia

Las escenas sin cortes se han popularizado al grado de considerarlas una signatura de determinados cineastas y fotógrafos. No obstante, los plano secuencia son tan viejos como el cine mismo, y el número de ellos que hay en el mundo del séptimo arte es tan diverso como la complejidad de su realización.  En este top se conmemoran los plano secuencia de cinco memorables películas que son tan reconocidos como la cinta misma, por su compleja ejecución, duración y la calidad narrativa.

 OldBoy (2003)

Park Chan Wook adapta el manga Oldboy en la cinta que es la tesis de la venganza por antonomasia. Muestra al protagonista de la película Dae Su Ho (Min Sik Choi)  luchando en un pasillo largo contra 20 hombres. El único detalle agregado en la postproducción fue el cuchillo que se le clava en su espalda. El esfuerzo de los actores fue extenuante en una escena que se filmó 17 veces, y el plano dura 2 minutos con 36 segundos.

La idea de filmarlo de izquierda a derecha, enfrentando a una cantidad imposible de adversarios, da la sensación de que el personaje está en un mundo irreal, y lo que está enfrentando en realidad es su propia desesperación. Una obra maestra del director coreano.

The Shining (1980)

Las películas de Kubrick siempre son un must en cualquier top que conmemora la calidad visual y técnica. No podíamos dejar de mencionar el steadyshot de The Shining cuando Danny Torrance pasea tranquilamente en su triciclo a través de los pasillos del Hotel Overlook.  La pulcritud de escenas compuestas siempre en perspectiva frontal, el limpio movimiento de tracking con la cámara detrás del niño, la tranquilidad del lugar, y el silencio con el único sonido de las llantas del triciclo cuando se va moviendo te traslada inmediatamente a un ambiente paranormal.

Aunque la escena no es tan larga como otras, y tiene cortes después de que llega a la habitación 23, genera más expectativa,  y bueno,  ya sabemos lo que sucede después. Simetría casi perfecta.

Touch of Evil (1958)

Esta es una película de referencia académica. Touch of Evil de Orson Welles, traza una escena magistral que establece un punto argumental y dura tres minutos con 20 segundos. El ritmo de la escena y el movimiento de cámara va con los personajes: plasma un mundo que te atrapa desde el segundo uno por las acciones que sucede. Una grúa lleva la cámara, comenzando en un plano detalle de un extraño artefacto en las manos de un hombre, y después empieza a moverse. Calles oscuras y siluetas de gente pasando por todas partes centrando tu atención dentro del plano, pero también fuera de él en una composición brillante de movimiento.

Uno de los mejores comienzos en la historia del cine, una tremenda escena del cine negro que inspiró a muchos cineastas actuales para trazar el ritmo de sus escenas con puntos argumentales.

 Soy Cuba (1964)

La industria cinematográfica rusa tenía la intención de promocionar el comunismo cubano a nivel internacional con el enfoque revolucionario del sistema socialista en plena crisis de los misiles; esto dio como resultado por mano del cineasta soviético Mijail Kalatozov uno de los mejores planos secuencia en la historia del cine en una cinta que con la caída de la URSS se perdió todo conocimiento de ella.

El plano secuencia más memorable es la escena del funeral donde una toma en close up pronto se convierte en un plano general de las calles de la ciudad de La Habana, y pasa desde ángulos altos de un edificio, entrando y saliendo por ventanas, sin perder de vista la marcha fúnebre de un estudiante asesinado.

La cinta está llena de proezas técnicas, y está filmada casi toda con lente gran angular. Rescatada por la distribuidora estadounidense Milestone Films de Nueva York en 1994, Martin Scorsese y Francis Ford Coppola maravillados por su calidad, ayudaron en su presentación y relanzamiento de la película en 35mm.

The Children of Men (2006)

Con muchos elementos y técnicas traídas de directores de antaño, Alfonso Cuaron (director) y Emmanuel Lubezki (fotógrafo) realizaron esta obra maestra llena de planos secuencia  que sin duda supera todavía a otras cintas que el fotógrafo y el director han hecho cada uno por su cuenta.  Siempre se habla de la escena del carro por su calidad y compleja realización, pero el plano secuencia más largo de la película también es magistral.

En medio de una ciudad hundida en la destrucción, Theo Faron (Clive Owen) y sus acompañantes son perseguidos por rebeldes y el ejército en uno de los plano secuencia más complejos que se hayan visto. El número de personajes y elementos incluidos en esta larga escena son extraordinariamente precisos.

La escena dura seis minutos con 18 segundos, pero es casi imperceptible, y el recorrido de los personajes es sumamente largo no tanto por el trayecto sino por la cantidad de acciones. Una persecución y una acción tras otras para un posterior escape de aquel caos en un futuro no tan descabellado, donde terroristas utilizan de escudo a civiles contra un gobierno tiránico y fascista.

Una de las escenas de combate más feroces y mejor logradas de todos los tiempos, destacando que el punto argumental, el epílogo de la película y el clímax están contenidos en este plano secuencia.

En cada escena debe haber una coordinación y organización de elementos vitales para la vida del plano,  una puesta en cámara dinámica, con una buena puesta en escena, creando una diversidad tremenda y focalizando la atención del espectador hacia donde el cineasta desea, donde a veces el resultado es más recordado que el resto de la película.

Luis Zenil Castro 

Productor audiovisual y dibujante.