Bayoneta, ¿cuánto pesan los fantasmas?

Por: Omar Sánchez (@SanchezGarcia_O)

A “Bayoneta” ni siquiera le gusta que le digan así. Le parece que se trata de un arma que no está a la altura de sus dotes como boxeador. Sin embargo, así le llaman, así le han llamado y así le llamarán.

Las circunstancias están dadas e importan mucho, al grado de que la escena que abre la película es un flashback. Es claro que es un momento que debe marcarnos y quedarse en nosotros, tal como lo hace en el personaje principal de esta historia, interpretado por Luis Gerardo Méndez.

De ahí en adelante todo parece estar atascado y congelado. El frío parece inmovilizar a la cámara que persigue imágenes de espacios abrumados por el hielo y de luces que dan brillo a la nieve que cae. Este ambiente gélido no solo se materializa en las calles del lejano país nórdico de Finlandia, sino también en la intención de la cinta, que es entumir a su propia historia y desolarla.

“Bayoneta” es ese tipo de boxeador tijuanense con un futuro promisorio que ahora ya despierta en las frías calles de los barrios de Finlandia y que pasa sus días más bien abajo del ring. Solo alguien con un ímpetu absoluto de no mirar hacia atrás y de huir del pasado podría ser ese tipo de boxeador. Un hombre que además tiene ese dolido y lastimero hábito de llamar hasta el otro lado del mundo para no hacer más que escuchar la voz del otro lado de la bocina y no atreverse a hablar.

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Es así que la película dirigida por Kyzza Terrazas se aleja de contarnos la forma en que un personaje logra todo partiendo de la nada solo a base de lucha y esfuerzo. Por el contrario, explora el estado de la nada, cuando las cosas ya poco importan, porque nada puede ganarle al peso del pasado.

El hoyo en el que se ve atrapado el protagonista también se distancia de las razones apegadas al exceso y a la autodestrucción a la que estamos acostumbrados que se nos cuenten como consecuencia del éxito. De cualquier forma, esas razones todo tienen que ver con el boxeo y lo que lo rodea, por lo que su pérdida de identidad se hace más grande.

 

Se trata de una película dominada por el frío: en sus colores, sus personajes, su historia, su fotografía, su música, sus interpretaciones, en fin, todo su estilo. Un frío que sencillamente puede alejar a un sector del espectador, pero por otro lado también puede calar y pesar.

Los fantasmas nunca se irán, así como el nombre de “Bayoneta”. La autorreconciliación y el perdón están donde deben estar, sin embargo, a veces hace falta viajar miles de kilómetros y sentir el frío hasta los huesos, para recordar en dónde se deben buscar.

Omar Sánchez estudió Comunicación y Medios Digitales en el ITESM CEM. Es articulista en ZoomF7 y tiene un videoblog sobre cine mexicano en Sector Cine.

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