Los ojos del mar, ¿qué hacer con el recuerdo?

Por: Leticia Arredondo

“Para mí no han muerto, porque nunca vi muertos”, ¿qué hay entonces? Recuerdos. Aquí aparece Hortensia, la amiga de un grupo de hombres que fue víctima de un naufragio en Tuxpan, Veracruz. Ella era el rostro de alivio que los esperaba al finalizar cada embarcación, y quien soltó las amarras del último barco en el que partieron. Después vino la tragedia: de los cinco pescadores y un biólogo nada se sabe. Hubo y aún hay lágrimas, pero ella usa el recuerdo como un motor para seguir aliviando a los pescadores, aunque ahora ya no estén en la superficie del mar.

Hortensia recolectará las cosas más representativas, o más queridas, para llevarlas al lugar donde por última vez convivieron aquellas manos encargadas de separar kilos y kilos de peces y mariscos; al sitio donde no sabemos qué era más fuerte, si el sonido de las olas, el soplo del viento o el hedor de la pesca.

Nuestra protagonista tiene un pasado tormentoso, caracterizado por el desprecio hacia su persona y por ser vista más como un objeto. Pero su perfil filantrópico es el que le permite sanar su pasado. En su misión de acercarse a la familia para juntar aquellas fotografías, estampas religiosas, y demás objetos pertenecientes a los hombres, se desenvuelve como la protectora que siempre fue, y quien ahora llevará los recuerdos al sitio donde no les faltara cuidado: al mar.

Así es como este personaje femenino hace suyo el documental, con ese rostro firme y esa candela propia de tierras veracruzanas; con una filosofía alejada de maniqueísmos, la cual nos muestra que siempre podemos darle el tono que deseamos a nuestro presente. Es de reconocerse este enfoque desde el que nos acercamos a una tragedia, alejada de una mirada centrada en el dolor.

La historia de Hortensia se entrelaza con la historia no del naufragio, sino de las condiciones laborales, de las recónditas características del sector pesquero, de lo peligroso que suele ser esta profesión y de cómo se consolidan los lazos a bordo del barco. Ser pesquero es sinónimo de gran paciencia y de valentía, y Los ojos del mar nos invita a mirar a esta parte de México.

Una vez más José Álvarez profundiza en el tema de la fe.  Desde su primer documental, Las flores del desierto, al director le han inquietado las diferentes formas en las que ésta se practica. En este caso, el cineasta muestra cómo los pescadores practican la fe por medio del contacto con la naturaleza. 

Todo esto acontece en escenas definidas por una fotografía que con gran calidad resalta lo intimista de la historia. El encargado es Sebastián Hoffman, quien también se desempeñó en este departamento en Eco de la montaña (Nicolás Echevarría, 2014) y Canícula (José Álvarez, 2012). José Álvarez llegó al momento justo y encontró al personaje con el que Los ojos del mar se une al grupo de documentales que están mostrando la calidad del cine mexicano. 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s