¿Te gustan los desafíos? Realiza un documental en 100 horas en DocsMX

Por: Karla León (@klls_luu)

Como cada año, el Festival Internacional de Cine Documental de la Ciudad de México, también conocido como DocsMX, abre sus puertas a jóvenes cineastas y aficionados del género documental para realizar, durante 100 horas, un cortometraje original y creativo que refleje su capacidad para incidir en problemáticas sociales. 

Con motivo de su decimoquinto aniversario, Reto DocsMX llegará a toda la República mexicana del 09 al 13 de octubre, además, como parte de una propuesta innovadora, contará con un tema en específico, que cada uno de los documentales participantes deberá abordar, mismo que será revelado horas antes de iniciar el tiempo comprendido de producción. 

Las postulaciones al reto podrán ser individuales o de un máximo de cinco integrantes, así mismo, tendrán la posibilidad de utilizar cualquier clase de videocámara para filmar el corto documental, por ejemplo, dispositivos móviles, cámaras semiprofesionales o drones. En esta ocasión, se impartirán cuatro talleres sobre realización cinematográfica durante el mes de septiembre, dos de ellos, abiertos al público en general. 

Los cortometrajes producidos deberán tener una duración máxima de 10 minutos, adicionalmente serán exhibidos en la plataforma de DocsMX del 16 al 23 de octubre, tiempo en el que serán votados a través del sitio oficial del Festival, para definir el Premio del Público. Por su parte, el Premio del Jurado será elegido por un panel integrado por cineastas, productores y académicos reconocidos por su trabajo y trayectoria profesional. 

Desde su creación, DocsMx se ha convertido en la principal productora de documentales en México, más de 300 producciones han recibido múltiples reconocimientos, entre ellos, un Premio Ariel a Mejor Cortometraje Documental, además de dos nominaciones por la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas en México. 

La convocatoria permanecerá abierta del 19 de agosto al 25 de septiembre. Consúltala aquí para más información.  

Tatiana Huezo: un cine para seguir vivos

Por: Eduardo Reyes (@EduardoReyesSer)

En el cine mexicano actual existe una realizadora cuya mirada sensible ha retratado violencia, injusticia e impunidad. Su trabajo da voz de esas víctimas que el Estado convierte en estadísticas, mostrando sus contextos, pérdidas y luchas personales. Desde el documental, Tatiana Huezo ha sido testigo, interlocutora o compañera implacable para ofrecernos relatos inquietantes de una realidad dolorosa y que casi siempre queremos evadir.

Nacida en El Salvador, pero residente mexicana desde los cuatro años, Tatiana se formó profesionalmente en el Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC). Su debut como directora fue en 1997 con el cortometraje de ficción Tiempo cáustico; en 2001 dirigió El ombligo del mundo y años más tarde, en 2004, viajó a Barcelona para cursar un máster en cine documental en la Universidad Pompeu Fabra. 

Tiempo después volvió a México y empezó a trabajar en su primer largometraje. En 2011 se estrenó El lugar más pequeño, documental situado en Cinquera, un pequeño municipio de El Salvador, donde los protagonistas son cinco familias quienes después de catorce años tras la guerra civil vuelven a sus orígenes para encontrarse con un pueblo desmoronado.

Este conflicto armado, iniciado en 1979 y concluido en 1992 entre el ejército gubernamental y grupos guerrilleros, es uno de los momentos más violentos en la historia de El Salvador. Entre muertos y desaparecidos, el número de víctimas es de 80 000, además algunos pueblos simplemente desaparecieron del mapa y sus pobladores se vieron obligados a huir.

A través de El lugar más pequeño Tatiana Huezo viaja hacia sus propios orígenes (su abuela paterna pertenece a Cinquera) para mostrar un relato lleno “de sensaciones, recuerdos, sueños y pesadillas. Donde el fondo es la capacidad que tiene el ser humano de reconstruirse, reinventarse y volver a reírse a carcajadas después de vivir una tragedia”, así lo explica la directora en una entrevista para el IMCINE.

En su ópera prima la cámara se sitúa entre la selva, camina detrás de sus personajes y atestigua sus quehaceres diarios en el campo o en sus casas, luego vuelve a perderse entre los árboles y registra los atardeceres mientras el viento, las aves y los grillos resuenan de fondo. Simultáneamente, las voces narran cómo su pueblo y sus familias les fueron arrancadas por el ejército: después del sufrimiento y de tantos años que han pasado no pueden hacer algo más que seguir viviendo. 

Tempestad, su segundo largometraje, se estrenó en 2016 en el Festival Internacional de Cine de Berlín y llegó a las pantallas mexicanas el mismo año durante el festival Ambulante. Es un impactante testimonio de dos mujeres víctimas de la impunidad y la violencia que el Estado y el narcotráfico han perpetrado durante los últimos años en nuestro país.

Por un lado está Miriam Carvajal, quien trabaja en el aeropuerto de Cancún y un día es acusada injustamente de tráfico de personas, enviada a una cárcel dominada por el narcotráfico en Matamoros y liberada casi un año después por falta de pruebas. Por otro lado, Adela Alvarado trabaja en un circo itinerante y desde hace más de diez años busca a su hija Mónica, desaparecida presuntamente por hijos de judiciales.

Este documental es un viaje al interior de México. A lo largo de 2000 kilómetros de norte a sur somos compañeros de autobús de Miriam, quien regresa a casa después de ser liberada. Mientras presenciamos imágenes estimulantes, casi abstractas, de la lluvia cayendo sobre las ventanas, las líneas constantes que dibujan la carretera y las noches que oscurecen nuestra vista, escuchamos la voz de Miriam rememorando los detalles de su pesadilla. Luego el viaje se bifurca para seguir el camino de Adela, una maestra del arte circense quien noche tras noche colorea su cara antes de salir a escena. Pero entre las capas de base blanca, sombras amarillas y labial rojo vemos las grietas de un rostro marcado por los años, aquellos sumergidos en miedo, dolor y coraje de quien se aferra a la vida para seguir buscando a su hija.

En junio de este año, Tempestad fue incluida en la lista de “Las 100 mejores películas mexicanas de la historia”, coordinada por el sitio Sector Cine y en la que participaron 27 expertos en cinematografía nacional (entre periodistas, críticos, historiadores, académicos y productores). Al ocupar el puesto número seis, este documental es el mejor posicionado y Tatiana es la primera mujer en la lista de un total de nueve realizadoras (entre ellas María Novaro, Maryse Sistach y Lila Avilés, por ejemplo).

Ausencias es un documental de 27 minutos lanzado en 2015 y en el cual se aborda el sentimiento de vació ante la pérdida de un ser querido. El personaje principal es Lulú, quien cada día despierta con un profundo dolor y una ausencia que la debilita, pues hace más de cinco años su esposo y su hijo desaparecieron; fueron “levantados” quizá por el narcotráfico, pero esa sólo es una teoría de tantas posibles.

Tatiana nuevamente prioriza en la voz de una víctima para darle fuerza a su relato; cargada de angustia, pero también de optimismo, esperanza y fuerza, escuchamos a Lulú contando cómo ha cambiado su vida desde el momento en que sus dos personas queridas ya no volvieron. Mientras eso sucede, la cámara se pasea por todos los rincones de un departamento solitario y desolado, como un fiel registro del vacío interno que trae consigo esta mujer. 

Después de consolidar su carrera en el cine documental, Tatiana Huezo está trabajando en su primer largometraje de ficción. Lleva por nombre Noche de fuego y se centra en la amistad de tres niñas que viven en un pueblo mexicano en la montaña, donde la siembra de amapola vuelve a la región altamente peligrosa, especialmente para quienes nacen siendo mujeres. El rodaje se situó en un pequeño pueblo en la Sierra Gorda de Querétaro, aunque bien la historia podría ocurrir en cualquier otra región de México. La película está basada en el libro Ladydi, Prayers for the Stolen de Jennifer Clement, pero al final Tatiana se distanció del texto y realizó una búsqueda en su propia infancia para brindar una mirada más personal. 

Aunque Noche de fuego actualmente está en proceso de posproducción, en noviembre del año pasado presentó un avance en el Festival Internacional de Cine de Los Cabos; ahí declaró que uno de los trabajos más intensos “ha sido intentar poner las emociones de un ser humano en la piel de un personaje”, y ese reto lo confirma la labor de casting pues realizó pruebas con más de 800 niñas hasta encontrar a las indicadas. 

El trabajo de Tatiana Huezo es altamente reconocido y hasta el momento sus películas han viajado a más de 80 festivales por todo el mundo. También ha recibido premios en países como Argentina, España, Estados Unidos, Suiza y Alemania. Y en México ha hecho historia, pues es la primera mujer en ganar el Ariel a Mejor dirección en 2017 por Tempestad.

Su productor de cabecera, Nicolás Celis (el mismo que produjo Roma de Alfonso Cuarón), afirmó en una entrevista para la revista Quién que Tatiana es “una narradora innata; es de esas cineastas que tienen la virtud de tratar temas profundamente humanos de manera artística y bella”. 

Y justo esto es lo que más resalta de su cine: la manera de elegir momentos particularmente violentos con personajes atravesados por el dolor y, a partir de ahí, generar paisajes bellos, registrados por su fotógrafo, también de cabecera, Ernesto Pardo.

Las tomas abiertas en la selva de Cinquera que sugieren un ambiente aislado, nebuloso y melancólico, pero a la vez lleno de naturaleza y vida en El lugar más pequeño; Miriam nadando en un cenote que en momentos parece flotar libre por los aires en Tempestad; o el oscuro departamento de Lulú y la cámara que desde adentro registra la luz natural del exterior, mostrando que afuera de esas paredes existe un mundo más resplandeciente.

El cine de Tatiana se aproxima a la complejidad de la vida, pues nos lleva por las historias más brutales, pero genera atmósferas tan estéticas y sensoriales que sólo así notamos lo contradictorio que es este mundo. Su mirada brinda un mensaje contundente, pues sí habla de la violencia, pero siempre intenta huir de ella: en sus películas nunca hay sangre ni disparos, nos enteramos de la violencia a través de los testimonios de sus víctimas, conocemos sus anécdotas y eso nos confirma que el sufrimiento existe.

A través de su cine vemos cómo esa violencia nos transforma, nos detona miedo, coraje, resignación o lucha constante; reafirma que como humanos estamos llenos de recuerdos y que esos nos estremecen; Tatiana revela que somos vulnerables, frágiles, pero a la vez tenemos una fuerza incalculable pues somos capaces de reconstruirnos a nosotros mismos porque seguimos vivos.

Tío Yim: un documental con espíritu de lucha y mucha fiesta

La ópera prima de largometraje documental de la cineasta Luna Marán (Me parezco tanto a ti, 2011) es una búsqueda personal a través de las obras de su padre, Jaime Luna Martínez (como activista y compositor) para entender al hombre que ahora se encuentra en los últimos años de su vida. Es una despedida disfrazada de homenaje, cuya mirada nunca se deja de cuestionar sobre el amor, la libertad y la familia.

En términos generales, Tío Yim (2019) es una ventana hacia la visión y forma de organización que las regiones de la sierra Juárez en Oaxaca han formado durante años a través del concepto comunalidad. La joven directora nos permite explorar junto a ella un poco de la vida cotidiana del pueblo y sus logros, con la ayuda de una figura importante dentro del movimiento: su padre.

Pero las imágenes y entrevistas, tal como lo dice Luna, son un “pretexto para convivir con la familia”, un motivo para ilustrar el retrato de sus padres y hermanos desde una mirada más íntima que difiere del modo observacional explorado de manera brillante por grandes documentalistas durante años en nuestro país. 

La forma en la que se involucran los personajes de la familia Martínez durante el largometraje, incluida la directora cuya voz y rostro aparecen constantemente en pantalla, recuerdan al estilo del cineasta ruso Dziga Vértov (El hombre de la cámara, 1929) y al cinéma-vérité de Jean Rouch y Edgar Morin (Crónica de un verano, 1961); ambas visiones se compaginan con la de Marán, cuya verdad se revela ante la lente en forma de una canción: “y lloró, lloró, las mujeres que perdió”, o en una confesión hecha en la nostalgia del pasado. 

Al compás de la guitarra, el documental ilustra los recuerdos que se desprenden de tales letras; las imágenes mezcladas con la música sirven de catarsis, en diferentes formas y niveles, para los miembros de esta familia. Para Jaime suenan a la energía que destiló en su juventud para luchar por su pueblo; en Magdalena, las melodías evocan el amor y la pérdida, y al escuchar las canciones de su padre, la imagen del trovador ante los ojos de sus hijos es de respeto.

La mirada de Luna se une al trabajo de otros documentalistas como José Buil (La línea paterna, 1995) y Ricardo Castro (Adiós, adiós, adiós, 2019), quienes reflexionan sobre la pérdida paterna o materna… en el caso de la también productora, el trabajo de su padre como activista durante años, y la visión que llevó a cientos de personas, se han quedado en ella, transformándolas en su manera de hacer documental; una perspectiva de comunidad, una propuesta que va más allá de los canones más tradicionales de la antropología visual. 

En esta unión, nosotros los espectadores no podemos más que contemplar el esfuerzo de un pueblo por mantener sus derechos como prioridad ante las autoridades gubernamentales que antes se aprovechaban de sus recursos, una lucha que llevó a los pobladores de la Sierra de Juárez a replantearse la manera de ver al universo de una forma más humana, diferente a la que ofrece la competitividad en las grandes urbes. Somos invitados a mirar la fusión de la naturaleza con el espíritu. 

Tío Yim es una obra personal e íntima en la que el pasado se mezcla con el presente y este con el futuro para perdonar las ausencias y entender los errores de un padre cuya ausencia-presencia estuvo marcada por el alcoholismo y la trova, pero también por las ganas de ayudar. Casi desde el inicio hasta los últimos instantes del largometraje, la muerte se respira en cada instante, pero no como algo tabú y, aunque es inevitablemente dolorosa, la cineasta la aborda como algo natural. 

Es la confrontación del protagonista con su mortalidad un encuentro que él acepta tranquilamente sentado en la sala de su casa, acompañado de su familia y sus recuerdos de aquellos días de fiesta, al lado de su guitarra que tocará una vez más, una última vez.

Period. End of Sentence: mujeres que fabrican sus propias toallas sanitarias

Por: Fernanda Ramos (@MFer_Diosdado)

“¿Me creerías si te dijera que aún existen personas que creen que la menstruación es una enfermedad?” Aunque suene disparatado, en pleno siglo XXI, los habitantes de las zonas rurales de India aún tienen estas creencias. Tanto hombres como mujeres no cuentan con la información básica sobre la menstruación; a todos les da vergüenza hablar del tema.

Bajo la producción de Netflix, la directora Rayka Zehtabchi documentó en 26 minutos la forma en que la menstruación es concebida por los habitantes del Distrito de Hapur en India. Esta ha sido satanizada a tal grado que nadie cuenta con la preparación para cuando sucede, pues al ser concebida como algo negativo, a las niñas les apena contar que han experimentado su primer periodo, guardando para sí mismas sus dudas y angustias.

El problema se agrava debido a que ellas no tienen acceso a toallas sanitarias. En su lugar usan telas, sin embargo, las toman de improviso de sus casas y muchas veces no cumplen con la higiene necesaria. Otro aspecto que muestra el documental es la deserción escolar, debido a que las escuelas tampoco cuentan con sanitarios: cambiar las telas es complicado y deben hacerlo al aire libre.

Una persona clave a quien conocemos es el inventor Arunachalam Muruganantham, galardonado con varios premios de los que destaca la distinción Padma Shri por su contribución en el área del servicio social, uno de los reconocimientos más altos otorgado por el Gobierno de India. Muruganantham inventó una máquina para fabricar toallas sanitarias a bajo costo, con el fin de solucionar la escasez de este producto, pues menos del 10% de la población puede comprar una.

La idea principal fue combatir el riesgo sanitario que representaba no tener acceso a toallas sanitarias, pero Muruganantham rápidamente se dio cuenta de que las máquinas también podían ser un medio de trabajo para las mujeres y de esa forma ayudarlas a realizarse tanto económica como personalmente. Es por eso que Muruganantham ha declinado más de una vez las ofertas de varias corporaciones para comprar su empresa y se ha dedicado a entregar sus inventos a mujeres en zonas rurales.

Period. End of Sentence ha sido una revolución en la industria cinematográfica: fue galardonado con el Premio Oscar a Mejor cortometraje documental en su edición 92, la cual ha pasado a la historia porque fue la noche en la que 15 mujeres fueron premiadas con una estatuilla. Un logro en la Academia al reconocer el trabajo de las mujeres más allá de las mejores actrices.

Ver este documental no sólo es un fuerte golpe de realidad, sino también de esperanza e inspiración. En una sociedad sumida en el machismo, las jóvenes añoran ser reconocidas por sus logros y no por los de sus maridos o los de sus padres; es así como la independencia económica es el primer paso para crearse un camino en la sociedad. En unos cuantos minutos percibimos que cada vez que una niña, adolescente o mujer sueña, la revolución femenina está sucediendo.

Aun si eres del público a quien le aburren los documentales, Period. End of Sentence es para ti, pues en su corta duración el ritmo nunca decae. Una entrega para reforzar ideales feministas, y la cual logra sacar algunas lágrimas de felicidad al ver a otras mujeres triunfar.

Los imperdibles de Docs MX 2019

Por: Cuauhtémoc Juárez Pillado (@cuaupillado)

Como un proyecto que surgió en 2006 al apostar por el cine documental, el Festival Internacional de Cine Documental DocsMX ha logrado acercar al público a distintos contextos sociales, políticos e históricos, así como vislumbrar mundos posibles y otras formas de colaboración entre el ser humano con su entorno.

En su decimocuarta edición, que se realizará en la Ciudad de México del 10 al 19 de octubre, el festival contará con 13 sedes en las que destacan la Cineteca Nacional, Cine Tonalá, Centro Cultural Universitario, Parque México y Ciudad Universitaria. 

De mil 373 títulos, el equipo a cargo de la programación eligió 110 documentales provenientes de 32 países, los cuales estarán divididos en 11 secciones temáticas. Este año se contará con 10 premios del Jurado, un premio Doctubre MX, un premio de la crítica, un Docs Talks (espacio de discusión entre espectadores y cineastas) y la proyección de sus tradicionales rally’s de realización (Reto DocsMX y Reto Doctubre).

A continuación cinco proyecciones imprescindibles: 

#Female Pleasure (Barbara Miller, 2018)

¿Qué relación tienen las mujeres con su sexualidad sin importar la cultura o religión? Sobre esta cuestión se desarrolla el documental, el cual nos muestra a mujeres de distintas regiones del mundo hablando del placer sexual y cómo el cuerpo femenino está sujeto al deseo masculino y a la procreación.

#Female Pleasure será el título que inaugurará el festival el 10 de octubre a las 19:00 horas en el Teatro Esperanza Iris. Se contará con la presencia de la directora suiza, quien previamente trabajó en el documental nominado al Oscar War Photographer.

Oblatos, el viento que surcó la noche (Acelo Ruiz Villanueva, 2018)

Reconocido con el Premio del Público en el reciente Festival Internacional de Cine de Guadalajara, aborda la historia de Guaymas y Toño, quienes estuvieron presos en el Penal de Oblatos (Guadalajara) por ser miembros de la Liga Comunista 23 de Septiembre, la guerrilla urbana más grande de México en los años setenta.

Ambos se fugaron del penal el 22 de enero de 1976 en una compleja operación que tomó por sorpresa a las autoridades policíacas. El documental relata cómo organizaron la fuga, por qué se manifestaban y cuál es su lucha actual. 

La Disgrâce (Didier Cros, 2018)

Cinco personas cuyos rostros están malformados, o gravemente desfigurados, son retratados en el famoso estudio parisino Harcourt, donde las estrellas más grandes de Francia han sido inmortalizadas. Los cinco sujetos manejan un perfil discreto en su vida cotidiana, pero en el estudio experimentan un cambio y es su oportunidad de redefinir la forma en que se ven a sí mismos.

Los protagonistas expresan con franqueza sobre su alteridad y el proceso de aceptación; al hablar sobre sus luchas nos obligan a reflexionar sobre nuestras ideas preconcebidas e insensibilidades. Un hombre con la mandíbula destruida por el cáncer concluye que él no es el “monstruo”: las reglas establecidas por la sociedad lo son.

Las sanadoras (Rodrigo Occelli, 2019)

En México, donde la guerra contra las drogas ha generado cientos de miles de muertos y desaparecidos, la legalización de la mariguana ha sido un tema recurrente en el actual gobierno, aunque sin avances claros.

Este documental nos acerca a las mujeres mexicanas –y de otros países de Latinoamérica- quienes corren el riesgo de ir a la cárcel por practicar el autocultivo para su uso medicinal. Su lucha no ha sido fácil pero no descansarán hasta lograr la legalización de esta planta.

Born in Gambia (Natxo Leuza Fernandez, 2019)

Seleccionado en 40 festivales alrededor del mundo, este cortometraje, que forma parte de la sección Fragmentos, nos muestra la vida de Hassan, un niño que vive en la calle. Su hermano fue acusado de brujería y quemado vivo delante de él, por lo que huye de su casa para no tener el mismo destino. Hassan lleva consigo una grabadora con la que nos cuenta cómo es su vida en Gambia, un país hermoso pero anclado en peligrosas tradiciones. 

Para más información de la selección oficial, sus categorías y los horarios de las funciones, te recomendamos visitar su página web.

La utopía de la mariposa: buscar la justicia desde la antropología y la danza

Las historias sobre desapariciones y homicidios dolosos se escuchan cada vez más y con más fuerza en nuestro país. Y aunque su cotidianidad acapare los noticieros, no quiere decir que las pérdidas sean menos significativas. Tan sólo recordemos que 2018 se consideró como el año más violento del que haya registro en el territorio nacional; cifras que no dejan indiferente a nadie.

Ante el evidente desinterés de las autoridades por brindar algún tipo de respuesta, los familiares de las víctimas han recurrido a utilizar sus propios medios para hacerse visibles. Este es el caso de Lucas Avendaño.

En cuanto a su forma, La utopía de la mariposa (Miguel J. Crespo, 2019), producido por Plumas Atómicas, se desarrolla de manera sencilla; se limita a entregar los elementos necesarios como la música incidental, ambiental, los planos generales y a detalle, y algunos archivos de stock (como actas constitutivas y ordenes por parte del encargado del caso en este momento).

Sin embargo, esa simpleza condicionada por el presupuesto de filmación debido al recién nacimiento de esta casa productora de no ficción llamada Todo lo que somos, no le desmerece el tratamiento hecho a Lucas, su protagonista y a quien seguimos principalmente en un viaje realizado desde Oaxaca hasta la Ciudad de México con el propósito de acercarnos a los motivos de la desaparición de su hermano Bruno, sucedida el 10 de mayo del 2018.

El corto documental presenta a Lucas, el artista muxe más importante de la región del istmo de Tehuantepec y cuya visión de “romper las fronteras” lo ha llevado a combinar sus dos grandes pasiones: la antropología y la danza; ambas como herramientas divulgadoras para hablar sin necesidad de palabras sobre su origen y las de sus raíces, las zapotecas.  

Más allá de mostrar el lado creativo de su protagonista, La utopía de la mariposa revela a una persona rota, debido en gran medida a la negligencia judicial de la que está siendo víctima. Alguien que sin mayor remedio, al igual a los hombres y mujeres de Soles negros (Julien Elie, 2018) tuvo que juntar coraje, salir a la calle y luchar por respuestas para llegar a esa utopía: la de encontrar a su hermano con o sin ayuda de las autoridades, la de ser libres sin importar el género o las preferencias, y donde el gobierno escuche, no simplemente prometa.

La utopía de la mariposa forma parte del ciclo ‘FICM presenta en linea’ y puedes verlo aquí.

Para enterarte de más funciones te recomendamos seguir su página de Facebook.

Me llamaban King Tiger: el retrato del líder chicano

Por: Gustavo E. Ramírez (@gustavorami_)

A mitad de la década de los 60, en el momento cumbre del movimiento por la tierra que encabezaba en Nuevo México, Reies López Tijerina era admirado e incluso frecuentado por figuras morales de la talla de Malcolm X y Elijah Muhammed. No era un personaje político común, y tampoco sus enérgicos discursos acerca de la autonomía del pueblo hispano en los Estados Unidos y la defensa simbólica de las tierras que alguna vez le pertenecieron a México. Magnéticas, las palabras de Reies tenían algo de religioso, un misticismo de profeta alimentado por un mito que el líder fue construyendo entorno a sí mismo, como elegido de Dios, mesías de un pueblo marginado que también parecía proclamar: «God Speaks Spanish Too».

La Alianza de Mercedes, organización política que King Tiger –como también era conocido López Tijerina– fundó en 1963 y lideró hasta 1967, lleva casi 50 años de haber sido extinguida tras una maniobra judicial que terminó por enjuiciar y desaparecer a su carismático líder. No obstante, las huellas de su breve paso por la historia reciente estadounidense están bien presentes.

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Muestra de ello son la serie de testimonios que el documentalista mexicano Ángel Estrada Soto recoge entre historiadores, expertos en los movimientos civiles de Estados Unidos y miembros de la comunidad chicana para Me llamaban King Tiger, una película que rememora (y para muchos podría develar) la figura de un personaje que, a mitad de camino entre la lucha por la resistencia política y el llamado religioso, consiguió visibilizar políticamente a una minoría poco tomada en cuenta en el panorama nacional de Estados Unidos.

Salvo una introducción en leve modo thriller que culmina –microspoiler aquí– con la aparición del propio Reies Tijerina poco antes de su muerte en 2015, Me llamaban King Tiger es un documental convencional en forma; sin embargo, el retrato que lleva a cabo resulta en un envolvente y justo reconocimiento a un personaje del que tampoco intenta ocultar defectos o contradicciones.

Gustavo E. Ramírez 

Coordinador editorial en la Cineteca Nacional. Especialista en cine documental.

 

M: el peligro del silencio

“Ni mi alma ni mi cuerpo me pertenecían a mí ni a Dios”, nos dice Menahem Lang en un plano contenido en la oscuridad propia de la noche, en esa atmósfera en la que confesar se vuelve regla. Este inicio siembra la característica visual sobre la que se edifica el documental, y la del protagonista es una frase que revela la crueldad de los actos de los que fue víctima.

M (Yolande Zauberman, 2018) muestra la historia de Menahem Lang, un judío ortodoxo que desde los siete años fue objeto de violaciones en su tierra natal, la ciudad israelí de Bneï Brek. Diez años antes, en un video que fue retomado por la televisión, uno de sus violadores admitió su responsabilidad. Aun con ello, Lang no recibió el apoyo de la comunidad. Desde entonces no pisa su tierra natal en la que aún viven sus padres, a quienes no ve desde hace 15 años. 

El detonante de la trama es el regreso de Menahem a Bneï Brek¿en búsqueda de venganza? Inicialmente así se perfila la misión. En este primer acto se reitera la exposición de los crímenes; el interés de la cineasta francesa se resiste a abandonar el señalamiento y el sentido iracundo del personaje. Pero conforme se recorren las calles de un lugar distinguido en apariencia por la cordura, las experiencias de Menahem escalan el tópico de la victimización y la necesidad de la justicia; nos adentran en un panorama desolador y complejo, en el que se confronta y cuestiona el papel de diversas convenciones: la familia, la cultura, el lugar de origen, el cuerpo y la sexualidad.  

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El relato del protagonista se transforma en una entrada a otras historias igualmente perturbadoras. Lejos de los lugares de comunión de la vida ortodoxa, el personaje esboza un grito colectivo. Son platicas que trastornan y manifiestan la magnitud de los actos de violación. La cámara de Yolande y el desenfado de Menahem al acercarse a otros hombres, quiebran los códigos de una agrupación hermética e incluso alcanzamos a ver que está atrapada en un circulo vicioso: hay víctimas que después perpetraron los mismos actos. 

M adolece al agregar un punto que no termina de aportar. La exploración del tema de la sexualidad es natural a partir de la narración de los otros hombres; uno de ellos no concibe que dos mujeres puedan tener relaciones sexuales, otro, previamente al matrimonio, confiesa su incomodidad a la idea de tener sexo con mujeres, cuando siempre lo ha tenido con hombres, sin embargo el tema de la transexualidad entra sin una clara intención. Al principio, el personaje transexual funciona para conocer la inquietud de Menahem. Cuando su compañera le comparte que a partir de que ella se convirtió se siente liberada, él, ahora un consolidado actor, expresa su deseo de ir tras esa misma sensación de liberación, ya que huir de su lugar natal no fue suficiente. El tópico retorna en el tercer acto, pero igualmente sin resolución alguna.

Menahem halla la redención en una pizca de ecos que le indican que el panorama puede cambiar a uno menos doloroso. También encuentra el consuelo en una comunidad con la que le es imposible no identificarse aunque está alejado de los elementos físicos que definen a un habitante de Bneï Brek; el poder del regreso a casa es innegable.

M desarrolla un valioso argumento que lejos de juicios reduccionistas como el bien y el mal, responde a la cuestión de la identidad al mostrar cómo el pasado subsiste a nuestra esencia, pero también que es posible transgredir sus huellas. Yolande Zauberman logra exponer hechos turbios y trascender el plano de la denuncia.

Leticia Arredondo

Cofundadora y editora de ZOOM F7. Escribo sobre cine y fotografía.

 

Nueva Venecia: las esperanzas de una aldea flotante

Por: Gustavo E. Ramírez (@gustavorami_)

El caserío flotante que da forma al pequeño pueblo colombiano de Nueva Venecia, en las cercanías de Barranquilla, es una suma de reflejos, colores radiantes y sonidos acuáticos. Aunque descansa completamente sobre el agua del Mar Caribe que anega la Ciénega Grande de Santa Marta –una de las más extensas del continente–, en él hay escuelas, tiendas, una iglesia y hasta una cancha de futbol, el deporte favorito de muchas de las 3,000 personas que habitan la comunidad pesquera. Es un paraíso suspendido entre los azules del agua y el cielo nítido, con calles “pavimentadas de mar” para las lanchas –única forma de transporte– y techos de paja que resguardan a los venecianos de la intensidad solar. Sin embargo, no todo es tan bondadoso, porque hace exactamente 18 años, el 22 de noviembre del 2000, un comando paramilitar en busca de simpatizantes del grupo guerrillero ELN ingresó al pueblo de noche y asesinó a 39 hombres, muchos de ellos en las puertas de la iglesia. Desde entonces Nueva Venecia ha tenido que resurgir del apagón que significó esa masacre, y su resistencia al hundimiento físico y moral es el objeto principal detrás del más reciente estreno del documentalista uruguayo Emiliano Mazza (Multitudes, 2013) y la productora mexicana de documentales Martha Orozco (Cuates de Australia, 2011; Lecciones para una guerra, 2012).

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La cámara del cinefotógrafo colombiano y también director de documentales Ricardo Restrepo –en uno de sus últimos proyectos antes de su muerte en el 2017– igualmente parece flotar entre las casas del pueblo “palafito” (de viviendas construidas sobre estacas en la superficie del agua). Resplandecen los destellos de mar reflejados sobre las paredes, las barcas con nombres pintados o los rostros de los pescadores curtidos por el sol. En la escuela secundaria local algunos adolescentes evocan sus sueños a petición de una maestra: unos quieren convertirse en médicos, otros en ingenieros; algunos más en futbolistas profesionales.

Y es que junto a la narración de una bella historia fantástica escrita por un cuentista local integrando parte de la historia de Nueva Venecia, es precisamente el futbol el leitmotiv que amalgama muchos de los elementos que dan forma al segundo largometraje de Emiliano Mazza. Así, la reconstrucción de la característica cancha sobre el agua del pueblo –particularidad que según el mismo documentalista fue la primera cosa que llamó su atención para hacer la película– no sólo funciona como uno de los hilos que conducen su intimista exploración sobre la psique y las esperanzas de una aldea flotante, sino como una poderosa metáfora de la superación del dolor, la belleza de su tranquilidad isleña y las miras hacia un futuro más brillante, más cálido, tal vez como el sol que cae sobre la cuadrícula de esta isla de madera fijada en el centro de una extensión del mar. En medio de todo esto, el homenaje de Nueva Venecia al pueblo “veneciano” también irradia su propia luz de película destacada en el actual panorama del documental latinoamericano.

Gustavo E. Ramírez Coordinador editorial en la Cineteca Nacional. Especialista en cine documental.

El buen cristiano: un invaluable documento histórico

Por: Gustavo E. Ramírez (@gustavorami_)

Guatemala, 1982. El general Fernando Romeo Lucas García, entonces presidente del país, fue derrocado por una sublevación del ejército que colocó al general retirado y excandidato a la presidencia Efraín Ríos Montt al frente del poder. En medio de un complicado momento político de la prolongada Guerra Civil Guatemalteca (1960-1996) que incluía el avance de diferentes grupos guerrilleros como el Ejército Guerrillero del Pueblo (EGP), el breve gobierno de Ríos Montt –derrocado tan solo un año después– se caracterizó por su brutalidad represiva, aniquilando a miles de campesinos pobres de la región de El Quiché y provocando el desplazamiento forzado de muchos más como parte de operaciones militares que arrasaron comunidades enteras de indígenas mayas. A la dureza genocida del presidente de facto (no poco común entre los regímenes fascistoides de la época en Latinoaérica) se agrega una peculiaridad: Ríos Montt era un obstinado miembro de la iglesia protestante que justificaba cada acción en nombre de Dios y se conducvo ía –como él mismo declaró alguna vez– «con un fusil en una mano y una biblia en la otra».

El buen cristiano, opera prima de la directora guatemalteca egresada del Centro de Capacitación Cinematográfica de México (CCC), Izabel Acevedo, parte del juicio político por genocidio realizado a Ríos Montt 30 años después en su país, en mayo de 2013, para revisitar uno de los momentos más duros de la historia centroamericana reciente. Con imágenes de archivo que muestran ciertos discursos televisivos del fugaz dictador, así como reveladoras entrevistas a algunos de sus colaboradores más cercanos intercaladas con el registro del juicio, la película da forma a un invaluable documento histórico. Por ella, igual desfilan los testimonios de desfachatados exmilitares, empresarios que colaboraron en la trayectoria política del presidente de facto –más tarde fundador de un poderoso partido de derecha en Guatemala–, repugnantes abogados abonados a su defensa jurídica e indígenas de la etnia ixil –probablemente, la que más sufrió la embestida militar durante su mandato– que vivieron en carne propia la persecución y las vejaciones desatadas por su terrorismo de estado.

Lleno de un lenguaje técnico que ahonda en el desarrollo jurídico del caso Ríos Montt, El buen cristiano es más el necesario documento de un momento histórico fundamental de Guatemala que una pieza de no-ficción con grandes valores técnicos o formales. Su más grande acierto reside en la agitación de una memoria asentada –pese a la cercanía temporal–, algo que se mueve en el fondo de la identidad rota de los pueblos y que poco a poco va transitando del dolor silenciado al clamor por la justicia.

Gustavo E. Ramírez Coordinador editorial en la Cineteca Nacional. Especialista en cine documental.