Ve estos cortometrajes mexicanos gratis en FilminLatino

Las siguientes son historias de cineastas mexicanos, las cuales se distinguen por su contundencia ante temas sociales, psicológicos y políticos. Disfruta de ellas en la sección Gratis MX de FilminLatino.

Señas particulares de Kenya Márquez (2007)

Un resistente y punzante vínculo primario entre madre e hijo caracteriza la relación de Ramona y Osvaldo. Él, a sus probablemente más de 40 años, depende de ella no solo para que su cena esté lista en la mesa, sino incluso para sus cuidados personales.

La desvergüenza en cómo Osvaldo trata a su madre es el gancho para introducirnos a un relato que gira alrededor de la pregunta: ¿quebrar ese lazo es lo mejor? Tal vez sí, pero en esta historia la forma es lo que importa, una forma que arrastra consecuencias desgarradoras.

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Los sitios y la paleta de colores del cortometraje construyen un ambiente consumido por el tiempo como representación de los efectos de dicha relación entre madre e hijo. Con ligeros tintes de comedia, Señas particulares es una ficción que destaca por la sencillez y fuerza de su guion y sus componentes dramáticos tales como el quiebre del mundo y sus reglas, así como la yuxtaposición de elementos de orden interior y exterior, como lo es la dimensión física y psicológica de los personajes. Tenemos una apariencia clave en ambos, la cual desde la primera escena nos revela aspectos indispensables que no se deberán perder de vista en el desarrollo de la trama.

Verde de Alonso Ruizpalacios (2016)

Ariel conduce una camioneta de traslado de valores. Quienes le acompañan cuentan anécdotas respecto a sus relaciones con mujeres, mientras a él lo invade una preocupación ante aquello que pronto cambiará su panorama: ser padre. Es interesante la disonancia entre la cercanía física y la cercanía emocional entre el protagonista y sus dos compañeros, tanto, que ambos personajes pasan por alto la preocupación que se expande por todo el ser de Ariel. Y aunque la interacción del protagonista con palabras es raquítica, logra externar una preocupación económica ante un panorama de clases.

Entre los trabajos que preceden el primer largometraje de Alonso RuizpalaciosVerde se distingue por una vorágine de sentimientos acumulados en la que se presenta con más fuerza el recelo a la moral. Al igual que en sus otros cortometrajes, (Café Paraíso y El último canto del pájaro cu) el director mexicano muestra una inquietud temática: el cómo limitamos nuestras acciones por el deber ser. El atrevimiento habita en nuestro ser, pero es más fuerte el actuar que ha delineado lo social.

La forma del momento climático se anticipa paulatinamente desde el inicio con el uso de la cámara. Nos sumergimos en la intranquilidad de Ariel mediante planos cerrados para después entrar a tomas abiertas que se dibujan con la posible “libertad” del protagonista. Ahí, en esa apertura, es donde se presentan las opciones. ¿Cuál será la elección? ¿Qué tanto somos capaces de renunciar al deber ser?  

Club Amazonas de Roberto Fiesco (2016)

Dos mujeres trans huyen de un ambiente de violencia y discriminación en el que es inevitable reflejarse en el otro. El contexto se revela con frases contundentes como: «Desde el momento en que te empiezas a vestir de chica prácticamente dejas de tener todos tus derechos». Y ese otro es más cercano de lo que quisieran: amigos y familiares, quienes hoy figuran en la lista de víctimas. Ellas no quieren ser las próximas, y este es el motivo por el que se dejan seducir por el sueño americano.

Al salir de su país natal, Honduras, es cuando la frontera sur de Tenosique, Tabasco, se vuelve su refugio, porque llegar al otro lado tampoco es el mejor camino. Y aunque en México aún no es inminente la discriminación y la violencia a la población LGBTTTI, hay grupos de personas que desde hace un par de décadas han decidido hacer la diferencia: el hogar-refugio para migrantes “La 72” y el “Club Gay Amazonas”.

El documental evidencia la pobreza, la poca tolerancia a la diferencia, la discriminación y la violencia desde una mirada que ofrece indicios para alejarse de las conjeturas ante la comunidad LGBTTTI. La defensa de la vida y de la dignidad están primero. Se puede huir de un lugar, pero no del ser. Ellas han decidido ser, aunque eso represente una lucha.

Las mejores películas mexicanas del 2018

¿Cómo se recordará en la historia del cine mexicano al 2018? Digo, probablemente sea un año más o menos común de acuerdo a los estándares. Posiblemente los números reflejen que se mantuvo el promedio de 150-180 películas producidas y muchas menos estrenadas, así como sucedió en 2017 (con 176); lo mismo con el número de asistentes a las salas, cifra que sólo parece ir en incremento… excepto con películas mexicanas, lo que tendrá que ser atendido por la nueva administración.

Ahora, fuera de la frialdad del anuario estadístico, este año fue particularmente interesante en la pantalla para el cine mexicano. Hubo un aparente mayor atrevimiento en el tipo de historias que se pretendieron contar y, también, un mejor uso de la gramática fílmica en los dos lados del espectro: las “comerciales” y las de “nicho”, por ponerlo de alguna manera.

Como es común, en estas épocas comparto mi conteo que repasa el cine mexicano que pudo verse este año. Primero, en las menciones honoríficas, las cintas que tuvieron algún mérito:

La boda de Valentina, El vigilante, Guerrero, Todo mal, Tamara y la catarina, El club de los insomnes, Ayotzinapa: El paso de la tortuga, Los adioses, Lo mejor que puedes hacer con tu vida, Rush Hour (entraría, pero pudo verse en 2017), Mente Revólver, Ana y Bruno y El buquinista.

10. La 4a compañía (Amir Galván y Vanessa Arreola)

Ganadora de una cantidad récord de Arieles en 2017 y apenas estrenada, La 4a compañía es una interesante exploración a la vida carcelaria mexicana en una etapa dura como los años 70. En México (y, si se quiere, en cualquier parte) es necesario e inevitable chingar o ser chingado. Ésta es una virtuosa representación de la famosa Ley de Herodes, decreto no escrito que rige buena parte de la vida del mexicano común.

9. De la infancia (Carlos Carrera)

Enlatada por casi 10 años y dirigida por Carlos Carrera -alguien que no es ajeno a la censura en su quehacer cinematográfico- De la infancia es una propuesta que impacta por su brusquedad y que sirve como un efectivo retrato de la niñez mexicana de clase baja: la que lidia con carencias, terribles problemas familiares y un entorno que no hace más que arrebatarles la inocencia (tesitura recalcada en la película). “Infancia es destino”, dijeron por ahí.

8. Hasta los dientes (Alberto Arnaut)

El único documental de la lista. Esta cinta revisa y (re)denuncia el asesinato de dos estudiantes del Tecnológico de Monterrey, presentados como “sicarios armados hasta los dientes” -de ahí el título-, ocurrido en 2010. Además de la íntegra investigación, el filme cuenta con gran fluidez y potencia un relato que indigna y, a la vez, recuerda el estado de derecho que padecemos los habitantes de este país. La pertinencia del filme documental en un país como México.

7. Cría puercos (Ehécatl García)

Aborda la recuperación de Esmeralda, una señora anciana que debe reencontrar la motivación por la vida tras la muerte de su esposo y la ausencia de su unigénito. En el transcurso, la vida la unirá con un cerdo que, aparte de mascota, será una parte fundamental para su proceso de duelo y aceptación del porvenir. Un virtuoso relato de la sensibilidad femenina, de la pérdida, el abandono y el encuentro con uno mismo.

6. La camarista (Lila Avilés)

Gran ganadora en el Festival Internacional de Cine de Morelia, La camarista es un filme de tintes minimalistas que aborda el relato de una empleada de hotel, quien dentro de las habitaciones y pasillos, debe encontrar el brillo interior para su existencia, aún estando atrapada en las vidas ajenas. Un relato sorprendentemente desolador y realista que exhibe el interior de estos seres usualmente invisibles.

5. Sueño en otro idioma (Ernesto Contreras)

Además de presentar un conmovedor relato sobre la culpa, el amor y la aceptación, Sueño en otro idioma destaca por su interesante postura indigenista y su comentario sociopolítico. Aparte de su provechosa realización donde resalta el trabajo fotográfico en exteriores complicados, considero que su importancia radica en la relación que tuvo con la audiencia. Fue más breve de lo que creí que sería, pero ésta cinta realmente motivó una conversación alrededor de ella que pudo competir por cierto tiempo con la aplanadora Marvel.

El público nacional se interesó por una cinta alejada de los géneros comúnmente explotados a gran escala en el cine mexicano, lo que fue un fenómeno interesante y francamente sorprendente.

4. Ayer maravilla fui (Gabriel Mariño)

Dentro de su monotonía (y monocromática existencia), unos personajes solitarios tienen la habilidad -y maldición- de cambiar de cuerpo, por ende de vida, de un momento a otro. La mayor sorpresa en el año fílmico mexicano es esta cinta de matices surrealistas que goza de una gran capacidad para maniobrar con los giros dramáticos y una interesante creatividad para manejar con su diégesis. Una ensoñación, una realidad alterada y/o, simplemente, una cinta atrevida y de interesante realización.

3. Tiempo compartido (Sebastián Hofmann)

Tiempo compartido, según su propio director, resulta inclasificable dentro de algún género, pero modela virtuosamente la aventura pesadillesca de unos vacacionistas que terminan compartiendo habitación en un hotel, dentro de la modalidad del tiempo compartido.

Un excelente suspense psicológico de virtuosa realización, gran manejo del ritmo narrativo y exposiciones interesantes sobre la explotación laboral, los sistemas piramidales (laborales y sociales) y la atrocidad personal en la convivencia humana. Un peculiar recorrido del aparente paraíso a la inclemente desdicha.

2. Museo (Alonso Ruizpalacios)

Museo, segunda película del ya reconocido director Alonso Ruizpalacios, rememora -de cierta forma- el atraco al Museo Nacional de Antropología e Historia ocurrido en 1985. Aunque el hilo conductor es el robo, Ruizpalacios regresa a los subtextos discursivos de su anterior cinta, como son la búsqueda de la realización, la desmitificación y la incertidumbre en la inestable juventud.

Además, con el desdén que tiene con las formalidades fílmicas, logra conjuntar un interesante discurso cinematográfico que, aparte de ser congruente con su relato, comienza con las bases de una formación estilística. La película mexicana más interesante del año.

1. Roma (Alfonso Cuarón)

Fuera de las indiscutibles virtudes formales de esta película que la constituyen como una obra mayor de Alfonso Cuarón, Roma ha motivado una entusiasta conversación (o discusión, dependiendo del ánimo) alrededor del cine mexicano, algo que no sucedía desde hace un rato. Una obra eminentemente opulenta y un vistazo atemporal al México eternamente claroscuro.

Mauricio Hernández

(R) egresado de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Colaborador en la Revista Encuadres. 

Museo y el impasse de la juventud


¿Lo hará o no? Es la ansiedad latente en la víspera de navidad. La respuesta es sí. Juan (Gael García) llegará con un bolso, pero no con el atuendo ni al lugar donde su familia lo espera. Él prepara una mochila para lo contrario; y el de Santa es un vestuario que no está a su medida. Con él va Wilson (Leonardo Ortizgris), su devoto acompañante. Ambos son jóvenes estudiantes de veterinaria que se desarrollan en la pregunta ¿qué es más fuerte, el atrevimiento recóndito del ser o el actuar que ha delineado la moral? Cuestionamiento medular en las tramas de Alonso Ruizpalacios.

Igualmente joven es el director; joven por su afán de explorar el impasse de esta etapa de la vida, enfocándose en una de sus principales disyuntivas: el deber ser y la libertad. En sus primeros pasos (los cortometrajes Café paraíso y El canto del pájaro cucú), el autor utiliza la experiencia onírica y los recuerdos para trasladar a sus personajes a los escenarios donde la moral y las expectativas decaen. Son seres que sólo en la memoria, en los sueños y en la imaginación responden a sus pasiones o a aquello que los atormenta.

En Verde ya se observa otro uso de los recursos, tanto de realización como narrativos, para mostrar tal sentir. Y de la aspiración y el anhelo se conduce a la acción, lo cual acentúa el drama; los puntos climáticos ofrecen una respuesta a esas interrogantes que previamente se esbozaron; vemos las (posibles) consecuencias de la decisión. En Güeros, Alonso refuerza el dilema a partir del tema sociopolítico y económico, empleando a personajes que buscan el hogar faltante en un ambiente de discrepancias. Esto delinea y acrecenta la confusión del impasse: el contexto también está lleno de frustración, decae cada día, pende de un hilo, es borroso como el estado emocional de los personajes; todo puede ser razón de desconfianza. 

Dicho elemento cobra igualmente importancia en Museo, donde la incompetencia de la autoridad se toca directamente en pocos momentos, pero con la suficiente fuerza: una noticia en la radio informando que se describieron incorrectamente las piezas robadas, la guardia del Museo cumpliendo solamente con pasar por una sala, los militares que confunden las piezas invaluables con artesanías comunes, y cómo un par de desubicados que no invierten en técnicas de escape viajan desapercibidos en esta especie de road movie homenaje a Y tu mamá también. Desde la crítica, Alonso exhibe un entorno faltante de cohesión en los tópicos evidentes por los que transita la película, particulares como la poca consideración al patrimonio cultural y la mínima preocupación ante el reciente sismo del 85, y otros de orden global como el capitalismo y su modelo dicotómico.

Otra de las características en las convenciones temáticas del director mexicano es la amistad; determinante en la etapa que nos ocupa. La amistad sublimada no a partir de la alegría y la felicidad, sino del conocer al otro, de aceptar las disonancias con nuestra forma de ser. Porque finalmente la amistad es amor en otra forma; el idilio es sólo el comienzo. En ambos largometrajes este punto no sólo es punzante, sino uno de los pilares del conflicto. 

Con Museo, en la que Alonso recurre al suspenso y mantiene su sello en el guion al dinamitar nuevamente la dimensión social y psicológica, se completa un momento que marcó la historia de México; ahí en una ficción envuelta en música fértil para un abanico de emociones, exploramos el lacerante estado de quienes consumaron un crimen que inconscientemente se esperaba: para que el Museo recibiera cientos de visitas, las vitrinas tuvieron que estar vacías. Rescatando ingredientes excepcionales de la cultura mexicana, tal como la literatura de Castaneda y las ficheras, nos ofrece eso que por más investigaciones que se realicen sobre el robo del siglo no conoceremos, y nos deja la pregunta ¿fue Alonso quien se amoldó a la historia o la historia se amoldó a las inquietudes de Alonso?

Leticia Arredondo

Cofundadora y editora de ZOOM F7. Escribo sobre cine y fotografía.

La generación que está cambiando al cine mexicano

Por: Omar Sánchez  (@SanchezGarcia_O)

El 2017 se convirtió en uno de los años más importantes en la carrera del cineasta tapatío Guillermo del Toro. Desde el estreno de su nueva película La forma del agua en el Festival Internacional de Cine de Venecia, el director mexicano no ha dejado de recibir elogios y reconocimientos por su trabajo; el más reciente el Oscar a Mejor película. En el mismo caso encontramos a Iñarritu y Cuarón y así, “Los tres amigos”  han protagonizado el origen mexicano en el panorama internacional del cine en los últimos años.

¿La forma del agua es lo mejor de Guillermo Del Toro?

Pero el cine mexicano guarda a muchos más “amigos” y “amigas”, que si bien no tienen el mismo seguimiento mediático y tampoco se igualan en producción, trayectoria o taquilla, sí se trata de cineastas que han sido reconocidos en prestigiosos festivales alrededor del mundo y de quienes es importante seguir su trabajo, ya que se trata de cine 100% mexicano.

El ejemplo más reciente es Alfonso Ruizpalacios, quien en el Festival Internacional de cine de Berlín ganó el Oso de Plata a Mejor guion por Museo (2018), que además está protagonizada por Gael García. Esta narra el robo que se presentó en el Museo Nacional de Antropología en la navidad de 1985. Ruizpalacios regresó a Berlín, donde también llevó a su ópera prima Güeros (2014), una road movie urbana filmada en blanco y negro, en la que se tomó la libertad de romper la pantalla con un claquetazo que fue dejado en el corte final.

Ahora vamos al Festival de Cine de Sundance 2018, donde dos proyectos mexicanos fueron premiados. Se trata de Tiempo compartido (2018) la segunda película de Sebastián Hofmann que se llevó el premio por Mejor guion, escrito por Julio Chavezmontes y por el propio director. En esta ocasión el cineasta de 38 años presenta la historia de dos familias que por error se encuentran compartiendo una habitación en un centro vacacional. Protagonizada por Luis Gerardo Méndez, Tiempo compartido parece consolidar el despegue de la carrera que Hofmann inició con Halley, en 2013.

El otro premio fue para Nigth of fire (2018) de Tatiana Huezo, cuya cinta Tempestad fue la elegida meses atrás para representar a México tanto en los premios Oscar como en los Goya, situación nada común para un documental. Con una formación como fotógrafa, que se plasma en sus filmes, Tatiana ha tomado el rumbo del documental y tras su largometraje debut El lugar más pequeño (2011), la directora regresó el año anterior con Tempestad, que con gran rigor periodístico y con una belleza narrativa y cinematográfica retrata la violencia y la desaparición forzada en nuestro país. Un trabajo trascendental que seguramente se convertirá en referencia del quehacer documental en México.

No podemos olvidar a Michel Franco, quien en 2017 regresó al festival más importante de cine del mundo: Cannes, que parece sentarle muy bien. La película Las hijas de abril  (2017) compitió en la sección Una Cierta Mirada, en la que ganó en 2012 por Después de Lucía. Definitivamente se trata del director cuyas películas han sido las más vistas de esta lista, pues ha contado con una distribución bastante importante. Un director que siempre ha expresado que el cine se puede hacer pensando en el público, sin que esto signifique que el autor pierda poder o credibilidad en su obra. Tras cinco largometrajes en los que ha puesto a sus personajes en situaciones extremas que buscan cuestionar la moral, Michel Franco, se ha convertido en el mexicano más galardonado en Cannes.

Amat Escalante es otro de los directores mexicanos que han tenido mayor reconocimiento internacional. Con su más reciente películaLa región salvaje (2016), que logró su estreno en pantallas mexicanas hasta inicios de este año, obtuvo el premio a Mejor director en el Festival de Venecia. Desde sus dos primeras cintas, Sangre y Los bastardos, Escalante dejó claro ser un director al que había que seguirle el camino. Pero fue con Heli (2013) cuando entendimos que se trataba de un cineasta cuyas películas cuentan con una valiosa personalidad. Con su más reciente producción, lo reafirmó; sin dejar de lado su estilo hiperrealista hizo una película de género fantástico que retrata como ninguna otra la violencia en nuestro país.

Finalmente está David Pablos, quien presentó su segunda película, Las elegidas (2015)en la edición 2015 de Cannes. Un filme que plasma de manera íntima, dolorosa y veraz la trata de personas en México. Las elegidas también fue la ganadora del Ariel en 2016.

Natalia Beristáin, Carlos Carrera, Ernesto Contreras y Everardo González son solo algunos nombres de cineastas que igualmente han sido reconocidos internacionalmente durante su carrera y que estrenarán película durante el 2018.

Sin bien los “Tres amigos” viven momentos cumbre en sus carreras, no podemos olvidar ni a los grandes que les abrieron un espacio y que han continuado haciendo cine, como Arturo Ripstein, Felipe Cazals o Jorge Fons; pero tampoco a los nuevos cineastas, quienes están demostrando que cuando se hace bien, el cine de este país está a la altura del mejor del mundo. Conocer, reconocer y valorar el cine hecho en nuestro país es crucial para nuestra industria y cultura.

Omar Sánchez estudió Comunicación y Medios Digitales en el ITESM CEM. Es articulista en ZoomF7 y tiene un videoblog sobre cine mexicano en Sector Cine.

Güeros: ¿los contrastes son inconciliables?

 

“Que las piedras de nuestra casa se confundan con el resto de las piedras”

En más de una ocasión el “Preferiría no hacerlo” de Herman Melville nos ha seducido en el abismo de la juventud, esa etapa en la cual queremos salir de casa, pero al mismo tiempo desearemos hallarla en el lugar donde elijamos escapar.

Güeros (2014), de Alonso Ruizpalacios, nos sitúa en tales escenarios al presentarnos personajes que buscan ese hogar simbólico en un contexto de discrepancias sociales y políticas. Todo en un país de escalas. Y a través de la escala de grises, nos invita a preguntarnos: ¿los contrastes son inconciliables?

Güeros poster

Tomás (Sebastián Aguirre) y Sombra (Tenoch Huerta) son hermanos. Uno residente en la Ciudad de México y otro en Veracruz. Uno güero y el otro no. El primero completamente desubicado y el segundo, conocedor del orbe capitalino.

Sin embargo, esta última afirmación resulta epidérmica, porque la llegada de Tomás a la capital será el detonante para que su hermano mayor conozca otra ciudad de México, aquella que se mueve, la que es desastrosa y en donde es necesario correr a cada momento. Por lo tanto, Tomás es quien enciende la tensión en el personaje de Sombra, quien se halla en pleno ocio a lado de Santos (Leonardo Ortizgris), su compañero de casa. Por su parte, Ana (Ilse Salas) aparece respondiendo a la pregunta inicial: los opuestos son sólo a nivel superficial.

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Juntos enfrentarán una serie de peripecias guiadas por una huelga en la UNAM (que hace referencia a la ocurrida en 1999) y la búsqueda del rockero Epigmenio Cruz. Lo dicho es un aspecto destacable en la trama: al no especificar que se trata del año 1999, ni mostrarnos la música que pudo “salvar el rock mexicano”, deja al espectador la libertad de colocar aquella efervescencia estudiantil y música con la que se identifica.

Por otra parte, el término “güeros” nos refresca planteamientos que ocuparon la pluma de Nietzsche hace más de 100 años: la sensación de distanciamiento que genera una contraposición, a partir de la cual se derivan términos valorativos en la sociedad; por ejemplo, lo bueno y lo malo. “¿Quiénes son los de aquí, y quiénes son los de allá?”, se pregunta Sombra, el estudiante al que tachan de esquirol, quien está en “huelga de la huelga”, quien transita en los dos extremos sin pertenecer a uno.

Güerosfilm

La película resulta un diálogo entre épocas, de ahí que coexistan elementos que nos sitúan en el 2014, pero también en el ambiente universitario de final de los noventa, lo que podría señalarse como una contradicción. Sin embargo, en Güeros todo deriva en una balanza en la que se equilibra el pasado con el presente, la música de Agustín Lara con el ficticio Epigmenio Cruz. El ideal de defender la educación, y la desidia. Y finalmente, de las risas que provocan los personajes “hay que ver lo que hay detrás”.

ENTREVISTA CON ALONSO RUIZPALACIOS

Leticia Arredondo

Cofundadora y editora de ZOOM F7. Escribo sobre cine y fotografía.