Children of Men: una denuncia anticipada del futuro decadente

Por: Cuauhtémoc Juárez Pillado (@cuaupillado) 

 

“Si la ayuda y la salvación han de llegar sólo puede ser a través de los niños.
Porque los niños son los creadores de la humanidad”

 Maria Montessori

“El mundo se está yendo a la mierda” es una frase que escuchamos a diario en la calle, en internet, en las fiestas o en los restaurantes. Vivimos una época complicada en la cual la sensación general es de hartazgo y malestar. Los medios de comunicación nos bombardean con noticias cada vez más pesimistas y nuestras acciones como seres humanos no ayudan del todo a la conservación de nuestro planeta, acelerando la llegada del apocalipsis.

En este periodo de guerras y pandemias, es normal que el ser humano se pregunte si sobrevivirá al siglo XXI o si se aplazará su extinción. Las increíbles capacidades creativas de los artistas nos han regalado un sinfín de posibilidades sobre cómo será nuestro final, desde el cine hasta la literatura. Irónicamente, también hemos pensado en algún rayo de esperanza que le ofrezca a nuestra especie la mínima posibilidad de subsistir en ese porvenir apocalíptico.

Children of Men (Alfonso Cuarón, 2006) es uno de esos futuros pensados como probables para el fin de la humanidad. Basada en el libro homónimo de la escritora británica P.D James, esta película fotografiada por Emmanuel Lubezki aborda un futuro distópico en el año 2027 -cada vez más cercano- cuando la humanidad es completamente infértil y los gobiernos mundiales colapsan poco a poco debido a la violencia y a su imposibilidad de controlar los flujos migratorios que llegan a las últimas naciones que continúan en pie, como el Reino Unido.

En este mundo entregado al caos, Theo (Clive Owen), un desilusionado activista, es contactado por su expareja para escoltar a un sitio seguro a Kee (Claire Hope Ashite), una refugiada extranjera que lleva en su vientre el primer embarazo en 18 años. En una carrera contrarreloj, Theo tiene que proteger a Kee ya que su bebé no sólo es la última esperanza de la humanidad, también es el objetivo principal de algunos grupos que lo desean para sus ambiciosos intereses políticos.

Desde su estreno en 2006, Children of Men continúa vigente por dos cuestiones fundamentales: la visionaria fotografía y el minucioso trabajo de dirección. El ojo de Emmanuel Lubezki dota a la película de un estilo cuasi documental (con una imagen fría y sucia para remarcar ese futuro caótico) y su cámara en mano retrata una inestabilidad que ahorca a los personajes y a esa sociedad a punto de colapsar. Planos secuencias tan revolucionarios, como la emboscada del automóvil en el bosque o la de Theo buscando a Kee dentro del edificio sitiado por el ejército en Bexhill, continúan siendo alabadas por su complejidad técnica. En cuanto a la dirección, Cuarón ofrece un trabajo bastante cuidadoso respecto a la puesta en escena y al ritmo, el cual no para en ningún momento (aunque habrá quien sienta al segundo acto un poco lento). Gracias a tal equilibrio entre la destreza técnica y la habilidad narrativa, es que se le considera una de las mejores películas del director, si no es que la primera.

La fotografía y la dirección también se beneficiaron por el talento actoral que estuvo a la altura de un proyecto tan complejo en emociones. La capacidad de Clive Owen para llevar en sus hombros la película se evidencia a medida que ésta avanza y en cada nuevo obstáculo que a su personaje le toca superar. Secundarios como Julianne Moore, Chiwetel Ejiofor o Michael Cane también ofrecen perspectivas particulares de esa sociedad desahuciada (aunque también con algunas miradas llenas de esperanza) y nos ayudan a comprender mejor lo que está en juego.
La película es aterradora por lo mucho que se parece a nuestro presente. A 14 años de su estreno se siente tan actual debido a los problemas que nos afectan como sociedad. Desde los crecientes flujos migratorios que buscan mejorar sus vidas hasta los gobiernos que ejercen la violencia sobre sus ciudadanos, pasando por las guerras y las epidemias.

Las escenas de Children of Men sin problema pasan por material grabado en un país extranjero para un noticiero matutino. Es sorprendente cómo en la película las jaulas usadas para separar a los migrantes nos recuerdan a aquellas instalaciones en McAllen, Texas, donde debido a una de las políticas de cero tolerancia más polémicas del presidente Donald Trump, familias detenidas eran separadas de sus hijos por cruzar la frontera ilegalmente.

No obstante, aún existe espacio para la esperanza. Dentro de un mundo caótico y condenado a morir, el nacimiento de un bebé resulta ser un milagro capaz de detener la guerra con sólo un lamento, aunque sea sólo por unos instantes. Más allá de las referencias bíblicas hacia nuestros María y José distópicos, Dylan (el recién nacido) representa un faro de esperanza para la humanidad, una nueva oportunidad de reparar el daño hecho al planeta y así mejorar su futuro. Por lo tanto, Children of Men no sólo funciona como una denuncia anticipada del futuro decadente que probablemente nos aguarda, es también una invitación a mejorar el futuro de nuestras infancias y juventudes que han pasado desapercibidas o ninguneadas por esta sociedad que se esfuerza en destruirse a sí misma. Sin llegar a lo moralizante, la entrega es un recordatorio de las consecuencias de nuestros actos y cómo se puede redimir la humanidad para obtener un poco de esperanza.

¿Galo Olivares co-dirigió la fotografía de Roma?

Por: Gerardo Herrera (@El_Lyndon)  y Leticia Arredondo (@leetyAV 

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Galo Olivares en el rodaje de Roma. Foto: Carlos Somonte

Galo Olivares, egresado del Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC), tiene el crédito de operador de cámara y colaborador cinematográfico en Roma (2018)película dirigida por Alfonso Cuarón y la cual ganó tres premios Óscar: Mejor dirección, Mejor película extranjera y Mejor fotografía.

De ambos créditos, destaca la ambigüedad del de ‘colaborador cinematográfico’, ya que nunca había sido utilizado en una producción cinematográfica.

Zoom F7 tuvo acceso a documentos que muestran a Galo Olivares como Co-director de fotografía, en concreto a las hojas de llamado, la que refiere al primer día y al último día de filmación, y las cuales indican que Olivares participó como co-director de fotografía al igual que Alfonso Cuarón, por lo que se trata de un trabajo en conjunto.

Una pregunta surge del proceso posterior al rodaje ¿Qué llevó a modificar el crédito de Galo Olivares?

Primer día de rodaje:

DOP: Hace referencia por sus siglas en inglés a Director de fotografía.

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Último día de rodaje:

DOP: Hace referencia por sus siglas en inglés a Director de fotografía.

llamado D108.xls

 

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Previamente al acceso de estos documentos, Zoom F7 realizó un análisis del trabajo de Galo Olivares en dicha película:

 

Exhibirá la Cineteca Nacional filmografía completa de Cuarón

Con Gravedad (2013), Alfonso Cuarón alcanzó el reconocimiento y gran visibilidad en el extranjero al ganar dos Premios de la Academia por Mejor dirección y Mejor edición (junto a Mark Sanger). En poco menos de un mes el cineasta podría ampliar esta lista de galardones con su más reciente película: Roma (2018), nominada en diez categorías, incluida Mejor película y Mejor dirección.

A partir del 22 de febrero, la Cineteca Nacional proyectará la filmografía completa del cineasta nacido en la Ciudad de México, lo cual representa una oportunidad para acercarse a las inquietudes y convenciones creativas que han definido su labor desde los años 80, ya que la programación también contempla Cuarteto para el fin del mundo (1983), cortometraje que Cuarón realizó a los 22 años, siendo todavía estudiante del CUEC. Es un trabajo que narra la historia de un joven que vive solo en un apartamento de la Ciudad de México, sumido entre la indiferencia, el aburrimiento y la soledad frente al mundo que le rodea.

Aunque la mayoría de sus películas han sido producidas en el extranjero, los tres títulos mexicanos son los más representativos en su trabajo. Su ópera prima Sólo con tu pareja (1991), desarrollada como una madura comedia de enredos, es una de las películas mexicanas más relevantes de la década de los 90. En ella conocemos a Tomás Tomás, quien sufre la venganza de una enfermera y amante pasajera que le hace creer que padece SIDA. Es también la primera colaboración de Emmanuel Lubezki como director de fotografía.

Y tu mamá también (2001), la cual Cuarón realizó después de la producción estadounidense Grandes esperanzas (1998), es la road movie que lo certificó como uno de los grandes talentos de la actualidad cinematográfica. En ella dos amigos adolescentes de diferentes clases sociales emprenden un viaje en coche hasta una playa oaxaqueña, acompañados por una mujer española que padece una enfermedad terminal. El filme es una de las obras indispensables del cine mexicano.

Por su parte, Roma (2018) Ganadora del León de Oro en la Muestra de Venecia, está inspirada en la infancia del director mexicano. Entre los escenarios que recrea la película figuran diversos sitios emblemáticos de la capital y sucesos trágicos como el llamado “Halconazo”, sucedido en junio de 1971.

El sello de la dupla de producción estadounidense y británica está presente en la filmografía de Cuarón con GravedadNiños del hombre (2006) y Harry Potter y el prisionero de Azkaban (2004), las cuales también se incluyen en esta retrospectiva.

Redacción. Con información de la Cineteca Nacional.

Las mejores películas mexicanas del 2018

¿Cómo se recordará en la historia del cine mexicano al 2018? Digo, probablemente sea un año más o menos común de acuerdo a los estándares. Posiblemente los números reflejen que se mantuvo el promedio de 150-180 películas producidas y muchas menos estrenadas, así como sucedió en 2017 (con 176); lo mismo con el número de asistentes a las salas, cifra que sólo parece ir en incremento… excepto con películas mexicanas, lo que tendrá que ser atendido por la nueva administración.

Ahora, fuera de la frialdad del anuario estadístico, este año fue particularmente interesante en la pantalla para el cine mexicano. Hubo un aparente mayor atrevimiento en el tipo de historias que se pretendieron contar y, también, un mejor uso de la gramática fílmica en los dos lados del espectro: las “comerciales” y las de “nicho”, por ponerlo de alguna manera.

Como es común, en estas épocas comparto mi conteo que repasa el cine mexicano que pudo verse este año. Primero, en las menciones honoríficas, las cintas que tuvieron algún mérito:

La boda de Valentina, El vigilante, Guerrero, Todo mal, Tamara y la catarina, El club de los insomnes, Ayotzinapa: El paso de la tortuga, Los adioses, Lo mejor que puedes hacer con tu vida, Rush Hour (entraría, pero pudo verse en 2017), Mente Revólver, Ana y Bruno y El buquinista.

10. La 4a compañía (Amir Galván y Vanessa Arreola)

Ganadora de una cantidad récord de Arieles en 2017 y apenas estrenada, La 4a compañía es una interesante exploración a la vida carcelaria mexicana en una etapa dura como los años 70. En México (y, si se quiere, en cualquier parte) es necesario e inevitable chingar o ser chingado. Ésta es una virtuosa representación de la famosa Ley de Herodes, decreto no escrito que rige buena parte de la vida del mexicano común.

9. De la infancia (Carlos Carrera)

Enlatada por casi 10 años y dirigida por Carlos Carrera -alguien que no es ajeno a la censura en su quehacer cinematográfico- De la infancia es una propuesta que impacta por su brusquedad y que sirve como un efectivo retrato de la niñez mexicana de clase baja: la que lidia con carencias, terribles problemas familiares y un entorno que no hace más que arrebatarles la inocencia (tesitura recalcada en la película). “Infancia es destino”, dijeron por ahí.

8. Hasta los dientes (Alberto Arnaut)

El único documental de la lista. Esta cinta revisa y (re)denuncia el asesinato de dos estudiantes del Tecnológico de Monterrey, presentados como “sicarios armados hasta los dientes” -de ahí el título-, ocurrido en 2010. Además de la íntegra investigación, el filme cuenta con gran fluidez y potencia un relato que indigna y, a la vez, recuerda el estado de derecho que padecemos los habitantes de este país. La pertinencia del filme documental en un país como México.

7. Cría puercos (Ehécatl García)

Aborda la recuperación de Esmeralda, una señora anciana que debe reencontrar la motivación por la vida tras la muerte de su esposo y la ausencia de su unigénito. En el transcurso, la vida la unirá con un cerdo que, aparte de mascota, será una parte fundamental para su proceso de duelo y aceptación del porvenir. Un virtuoso relato de la sensibilidad femenina, de la pérdida, el abandono y el encuentro con uno mismo.

6. La camarista (Lila Avilés)

Gran ganadora en el Festival Internacional de Cine de Morelia, La camarista es un filme de tintes minimalistas que aborda el relato de una empleada de hotel, quien dentro de las habitaciones y pasillos, debe encontrar el brillo interior para su existencia, aún estando atrapada en las vidas ajenas. Un relato sorprendentemente desolador y realista que exhibe el interior de estos seres usualmente invisibles.

5. Sueño en otro idioma (Ernesto Contreras)

Además de presentar un conmovedor relato sobre la culpa, el amor y la aceptación, Sueño en otro idioma destaca por su interesante postura indigenista y su comentario sociopolítico. Aparte de su provechosa realización donde resalta el trabajo fotográfico en exteriores complicados, considero que su importancia radica en la relación que tuvo con la audiencia. Fue más breve de lo que creí que sería, pero ésta cinta realmente motivó una conversación alrededor de ella que pudo competir por cierto tiempo con la aplanadora Marvel.

El público nacional se interesó por una cinta alejada de los géneros comúnmente explotados a gran escala en el cine mexicano, lo que fue un fenómeno interesante y francamente sorprendente.

4. Ayer maravilla fui (Gabriel Mariño)

Dentro de su monotonía (y monocromática existencia), unos personajes solitarios tienen la habilidad -y maldición- de cambiar de cuerpo, por ende de vida, de un momento a otro. La mayor sorpresa en el año fílmico mexicano es esta cinta de matices surrealistas que goza de una gran capacidad para maniobrar con los giros dramáticos y una interesante creatividad para manejar con su diégesis. Una ensoñación, una realidad alterada y/o, simplemente, una cinta atrevida y de interesante realización.

3. Tiempo compartido (Sebastián Hofmann)

Tiempo compartido, según su propio director, resulta inclasificable dentro de algún género, pero modela virtuosamente la aventura pesadillesca de unos vacacionistas que terminan compartiendo habitación en un hotel, dentro de la modalidad del tiempo compartido.

Un excelente suspense psicológico de virtuosa realización, gran manejo del ritmo narrativo y exposiciones interesantes sobre la explotación laboral, los sistemas piramidales (laborales y sociales) y la atrocidad personal en la convivencia humana. Un peculiar recorrido del aparente paraíso a la inclemente desdicha.

2. Museo (Alonso Ruizpalacios)

Museo, segunda película del ya reconocido director Alonso Ruizpalacios, rememora -de cierta forma- el atraco al Museo Nacional de Antropología e Historia ocurrido en 1985. Aunque el hilo conductor es el robo, Ruizpalacios regresa a los subtextos discursivos de su anterior cinta, como son la búsqueda de la realización, la desmitificación y la incertidumbre en la inestable juventud.

Además, con el desdén que tiene con las formalidades fílmicas, logra conjuntar un interesante discurso cinematográfico que, aparte de ser congruente con su relato, comienza con las bases de una formación estilística. La película mexicana más interesante del año.

1. Roma (Alfonso Cuarón)

Fuera de las indiscutibles virtudes formales de esta película que la constituyen como una obra mayor de Alfonso Cuarón, Roma ha motivado una entusiasta conversación (o discusión, dependiendo del ánimo) alrededor del cine mexicano, algo que no sucedía desde hace un rato. Una obra eminentemente opulenta y un vistazo atemporal al México eternamente claroscuro.

Mauricio Hernández

(R) egresado de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Colaborador en la Revista Encuadres. 

Roma: el México claroscuro

Guillermo Del Toro dijo alguna vez: “hay películas que son como una caja de cereal. Te comes todo el cereal y al fondo hay un juguetito”. Retomando esa analogía en una conferencia de prensa sobre Roma, Alfonso Cuarón mencionó que “Gravity fue esa caja de cereal y me saqué ese juguetito. Ese juguetito generalmente se traduce en algo más grande con más producción, más estrellas… Yo tomé la decisión de utilizarla para regresar a México y hacer la película que he soñado…”

Así, entendemos a Roma como obra soñada, la cual aborda la historia de una familia clasemediera -ubicada más arriba que abajo- que habita en la colonia homónima. El hilo conductor se enfoca en Cleo (magnífica Yalitza Aparicio), la empleada doméstica de aquella casa.

El relato personal de Cleo es el principal agente narrativo; vemos la interacción con sus cohabitantes -mayormente en su condición de trabajadora-, su relación con su círculo cercano y con un entorno fundamentalmente ajeno por cuestiones de clase. Ahí estaría la primera línea discursiva de la cinta, así como uno de los motivos primordiales del diseño fotográfico en blanco y negro: exponer el contraste en la sociedad tan diversa de la Ciudad de México y del país entero.

Esto es visible desde el seno de aquella familia. Cleo y su compañera Adela (Nancy García) tienen raíces indígenas mixtecas puras, y trabajan, como ya dijimos, de servidumbre para un clan de cómoda posición socioeconómica que puede darse lujos como ir a vacacionar en una casa en el bosque y practicar la salvaje caza deportiva, de piel clara y con gran desinterés por el acontecer social en su país. En varios momentos podemos notar cierta indiferencia de los patrones hacia la nana, quien es ignorada y apartada de conversaciones grupales o que simplemente es incapaz de compartir la alegría por el automóvil nuevo que llegó a la casa. Sin embargo, este tratamiento de contraposiciones constantes no es elaborado desde la condescendencia, sino desde una perspectiva humanista de reconocimiento y respeto hacia aquellos que suelen permanecer oscurecidos, un vistazo hacia los que suelen ser olvidados. Es la memoria otro elemento fundamental.

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La utilización del blanco y negro suele ser un recurso para marcar un cambio temporal. Este filme está creado enteramente desde la evocación; es el propio Cuarón quien, en el personaje del pequeño Pepe (Marco Graf) -delata su identidad con algunos diálogos un poco irreales por su sapiencia para un niño de esa edad-, está inserto como un personaje más de su remembranza. Esta elección de color potencía las expresiones y, deliberadamente, los tonos de la piel de quienes comparten el espacio. Así notamos con mayor detalle las emociones asentadas en las vivencias de esta familia: las descontroladas risas de los hermanos, el desasosiego de la madre (espléndida Mariana de Tavira) al ver su matrimonio desmoronarse, el terror de la abuela al ser amenazada con un arma… Toda esta mezcla de revoluciones sensitivas conforma este intenso melodrama trágico (trágico por determinados sucesos que no adelantaré, pero son sumamente impactantes) con matices autobiográficos.

Además, la cinta presenta una sólida crítica a la sociedad e instituciones de ese tiempo, sustentada principalmente en revivir uno de los peores abusos de poder que se recuerden en la historia de México: El Halconazo. La represión de una manifestación estudiantil vista desde una tienda departamental fifí refuerza el discurso de confrontaciones constantes: los pudientes contra los desposeídos, las estructuras gubernamentales contra el propio pueblo, los jóvenes de ese tiempo contra el arcaico sistema; y de fondo, el ruido del “Goya” y los cánticos furiosos de la marcha. De nuevo, la memoria y la historia juntas en una potentísima secuencia de gran virtud técnica y narrativa.

Cuarón cineasta igualmente aparece. Por ejemplo: recuerda cuando mira impresionado la imagen de unos astronautas en pantalla grande, y ahora entendemos eso como inspiración para la posterior Gravedad (2013). Asimismo, utiliza el entorno para reforzar una posible declaración política, así como hiciere en Y tu mamá también (2001). Aquí, notorio en el abarrotado hospital del seguro social que no se da abasto para la atención y cuyo personal utiliza un lenguaje que evidencia desprecio por los pacientes; en los desgastados afiches del candidato del partido oficial ahora presidente, o en la pared pintada con publicidad de una cementera que contextualiza sobre el momento del país, donde oficialmente imperaba la diatriba en favor de la “ transformación a la modernidad”.

Separada de las convenciones de su etapa en el cine hollywoodense -fase que, de no haber formado parte de su carrera, no habría podido crear este ambicioso anhelo-,el largometraje se entiende como el punto culminante de su trayectoria, autorrefiriéndose constantemente y presumiendo la potencia a nivel de realización que pudo exhibir en su cuestionada película “oscareada”. Las recompensas de comer todo el cereal.

Roma no sólo funciona como una amplia exploración al México de los 70 (aunque eternamente claroscuro), también significa la consolidación autoral de Alfonso Cuarón al ejecutar como hombre orquesta (pues hace de director, guionista y codirector de fotografía) su pieza magna, indiscutiblemente opulenta, con tal profundidad y sinceridad. Una obra espeluznantemente actual y un bello tributo para Libo -la verdadera Cleo-.

Mauricio Hernández

(R) egresado de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Colaborador en la Revista Encuadres. 

 

Alfonso Cuarón: Las claves para entender su estilo

Analizamos el estilo de uno de los cineastas mexicanos más sobresalientes de la última década.

Cinco imperdibles road movies

Por

Sebastián Ortiz Casasola

Leticia Arredondo

Estar en una carretera en medio del desierto, conduciendo un poderoso automóvil, es quizá el sueño de muchas personas. Aquellas a quienes sólo les interesa presionar el acelerador y escapar…o llegar a un sitio, y no siempre precisamente físico. En el cine, tal experiencia ha sido retratada un gran número de veces en lo que conocemos como “road movies”. En ellas, el camino suele ser más importante que el destino; ahí, en la carretera, se dibujan aventuras, pero también se desdibujan alegrías entre tragedias y decepciones.

1. ¿Y tú mamá también?  (Alfonso Cuarón, 2001)

La película más icónica del cineasta mexicano. Exquisita mezcla de juventud, amistad, y de un deseo de escape a cualquier sitio lejos de las expectativas morales de la alta sociedad mexicana; todo bajo una fotografía natural y en la que los actores más importantes de la generación muestran una amistad aparentemente infranqueable ante toda adversidad.

Tenoch y Julio, interpretados respectivamente por Diego Luna y Gael García, realizan un viaje acompañados de una española a una playa desconocida. En aquellas horas en la carretera, cada uno da detalles de su propia vida, lo cual llevará a que se conozcan realmente; con esto se plantea una interesante premisa: conocer al otro puede ser la peor forma de alejarse de una persona. Es de las películas más importantes del conocido “Nuevo cine mexicano”.

2. Little Miss Sunshine (Jonathan Dayton y Valerie Faris, 2006)

Una familia disfuncional cuya hija menor tiene eldeseo de participar en un concurso de belleza infantil. Aunado a esto, la mamá tiene que encargarse de cuidar a su hermano, quien trató de suicidarse. Todos los planes cambian cuando la niña es seleccionada en el certamen y deben llevarla hasta la soleada California. A bordo de una combi, la familia completa va hacia la competencia donde sucederán todo tipo de experiencias y fuertes golpes a los planes que uno se traza para el futuro.

3. Natural Born Killers (Oliver Stone, 1994) 

Cuenta la leyenda que Quentin Tarantino vendió dos guiones para poder financiar su ópera prima Reservoir Dogs (1992). Uno de éstos llegó a manos de Oliver Stone, quien lo modificó para terminar siendo la historia satírica y crítica sobre dos asesinos que circulan por las carreteras de Estados Unidos.

El amor que se profesan estos dos personajes y la mediatización de sus crímenes muestran sin pedantería la pobreza cultural de un cierto sector estadounidense. Tarantino la odia, pero es sin duda una gran película y las actuaciones de Julliete Lewis y Woody Harrelson son memorables.

4.Wild at heart (David Lynch, 1990) 

El maestro Lynch, fiel a su estilo, nos presenta a una pareja de forajidos interpretados por Nicolas Cage y Laura Dern, mezclando la inspiración de las películas de Elvis Presley con elementos surrealistas. Todo sucede después de un escape de la cárcel hacia Nueva Orleans y una persecución para acabar con Sailor (Nicolas Cage). Ganadora de la Palma de Oro de Cannes en 1990, tiene todos los elementos necesarios de una road movie.

5. Easy Rider (Dennis Hopper, 1969) 

Un par de motociclistas emprenden un viaje cruzando Estados Unidos con el fin de llegar a Mardi Gras, con el dinero suficiente que puede ofrecerles el tráfico de cocaína. Con los paisajes desérticos del país del norte, la película se convirtió en un ícono de la contracultura biker. Catapultó la carrera de Dennis Hopper y hasta la fecha es la road movie más destacada.

Sí, amigos, es un top cinco, pero creemos que a esta lista no le caerá mal un par de títulos más.

6. Dulzura americana (Andrea Arnold, 2016) 

La crudeza y el goce enmarcados en una fotografía impecable, que aprovecha al máximo la hora mágica para destacar los rostros de sus personajes, jóvenes que recorren las carreteras de los Estados Unidos con el objetivo de vender suscripciones de revistas, ¿el motivo? Ilusiones desvanecidas a una corta edad, exigencias no cumplidas, un ambiente familiar violento, y muchas razones que suelen quebrar la adolescencia.

Sin exageraciones muestra lo sombrío de la juventud occidental, una juventud que habita un lugar en el que el dinero es primordial, donde cada segundo cuesta.

Marihuana, alcohol, y un soundtrack que suena bastante fuerte, son imprescindibles en la carretera. Cuenta con una muy disfrutable actuación de Sasha Lane.

7.Güeros (Alonso Ruizpalacios, 2014) 

Una historia de contrastes en todo sentido, en la que destaca la relación de dos hermanos, uno residente en la capital de México y otro en Veracruz. Uno güero y el otro no. El primero completamente desubicado y el segundo, conocedor del orbe capitalino.

Quizá la película mexicana más destacada del 2014, en la que cuatro jóvenes recorren las avenidas de la Ciudad de México en búsqueda de un rockero que no es precisamente una estrella de la escena.  A Alonso Ruizpalacios le resulta inevitable mostrar el descontento social universitario y la distinción de clases.

Emmanuel Lubezki: Las claves para entender su estilo. | Videoensayo

¿De qué hablamos cuando decimos “ciencia ficción”?

El proto cine o la experimentación de diversos procedimientos previos a la fotografía y al cine se enfocaban al método científico. Uno de esos ejemplos es el revolver fotográfico del astrónomo francés Pierre Janssen, el cual usó con poco éxito en el Tránsito de Venus de 1874, pero logró un primer recurso narrativo visual: el timelapse.

El cronofotógrafo o revolver fotográfico fue uno de los precursores de lo que a finales del siglo XIX se conoció como cinematógrafo. Justo este aparato registró un evento astronómico importante y el cual sin querer fue inspiración para que en 1902 Georges Méliès filmará la adaptación de la novela de Julio Verne: El viaje a la luna, también inspirada en Los primeros hombres en la luna de H.G. Wells.

La película muestra un viaje fuera de la tierra y una serie de aventuras que tuvieron un impacto sumamente fuerte en las personas que la vieron el año de estreno. A partir de esto, vemos cómo en género literario se convirtió en uno cinematográfico y no se ha dejado de desarrollar a lo largo de la historia del cine.

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En 2013, el cineasta mexicano Alfonso Cuarón presentó Gravity, su segunda película de ciencia ficción y que aborda un tema que para el cúmulo de naciones encargadas de la Estación Espacial Internacional (EEI) resulta muy preocupante: la basura espacial.

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En más de 100 años, la visión de George Méliès quedó corta en comparación de lo que Cuarón e hijo plantearon en Gravity, en la vida real, la exploración espacial ya es algo común en países desarrollados, no a la velocidad que hubieran querido Arthur C. Clarke y Stanley Kubrick, pero es ya una realidad.

A su vez, la ciencia ficción no sólo se ha relacionado con el espacio, hay corrientes que derivan de este género o se complementan. Como el punk (Cyberpunk, steampunk, dieselpunk, atompunk, por mencionar algunas). Éstos obedecen a las tendencias científicas de las épocas, como el positivismo, el desarrollo de los motores de combustión interna, el inicio de la era atómica y la democratización de las computadoras como herramientas comunes.

image4A lo largo de la historia del cine se han presentado películas de ciencia ficción con una carga narrativa impecable, efectos especiales y temáticas universales. Por ejemplo: Metrópolis (Fritz Lang, 1923) la cual aborda tópicos inconcebibles para la época en la que vio la luz, o Wall E (Andrew Stanton, 2008) donde el asunto es la polución provocada por los hábitos de consumo.

Es en este tipo de temáticas donde se sustenta uno de los valores principales del género: la desesperanza para el ser humano. Tal es el caso de uno de los autores favoritos de Hollywood: Philip K. Dick, quien refleja la perdida de aquello que nos caracteriza como humanos.

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Pero no toda la ciencia ficción es así, hay casos como el de Star Wars, la saga que creó George Lucas, en la que a pesar de ser una alegoría de muchos héroes de la mitología griega, termina con un final feliz o complaciente para el público. Pero hay filmes que entrarían como subgénero y a las cuales no se les reconoce como como tal, y me refiero principalmente a las película de superhéroes, tan en boga hoy en día.

Desde mediados de la década pasada, la empresa Marvel ha plagado las carteleras del mundo con su Universo Cinematográfico, donde presentan las historias de héroes conocidos como Iron Man, Capitán América etcétera y que hasta hace pocos años compiten contra Detective Comics; pero esa es una historia que abordaremos después.

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¿Porque a los superhéroes no se les considera ciencia ficción?, ¿Hay algo que no sepamos que los separa del grupo? Si revisamos Captain América: Civil War (Russo Brothers, 2015) observamos que comparte elementos que la narrativa de la ciencia ficción ha utilizado, por ejemplo personas con poderes que no caracterizan a ningún ser humano común y corriente; los efectos especiales, mundos paralelos…en fin, diversos conceptos que entrarían dentro del género que nos ocupa, pero por alguna razón no se le considera dentro de tal.

La ciencia ficción ha formado la visión del futuro, con algunos aciertos o no. Ahora, cuando en la vida común contamos con la tecnología que era impensable para Méliès o los Lumiere, imaginar el futuro es tan común como revisar este texto en una página de internet.

Sebastián Ortiz 

Comunicólogo que habala mucho y escribe (mal) sobre cine, música y ciencia ficción.