Crean protocolo de seguridad para filmaciones en México

Más de una industria se vio afectada por la emergencia sanitaria de COVID 19 y por supuesto la fílmica no fue la excepción. Tras el paro laboral que llevó a productores, cinefotógrafos, actores, modelos, maquillistas, personal de vestuario, iluminación y electricistas a resguardarse en sus casas, la Asociación Mexicana de Filmadoras (AMFI) junto a la Cámara Nacional de la Industria Cinematográfica (CANACINE) crearon un Comité de Seguridad de la Producción Audiovisual.

Las instituciones que integran dicho Comité son: 

  • AD´s México 
  • Asociación Mexicana de Filmaciones (AMFI) 
  • Asociación Mexicana de Productores Independientes (AMPI) 
  • Cámara Nacional de la Industria Cinematográfica, CANACINE SECCIÓN PRODUCCIÓN
  • Cámara Nacional de la Industria Cinematográfica, CANACINE SECCIÓN PROVEEDORES
  • Gerentes de Locaciones de México SC
  • Sociedad Mexicana de Autores de Fotografía Cinematográfica (AMC)
  • Productores Independientes de Medios Audiovisuales (PIMA)
  • Unión de Productores Mexicanos del Audiovisual (UP)

El Comité, en el que se unieron especialistas médicos y las instituciones, definió las medidas sanitarias para la mitigación de riesgos durante la reanudación de actividades. La Directora General de CANACINE, Tábata Vilar, explicó que se desarrolló un protocolo y un sistema de educación en línea para capacitar a todo el personal fílmico en cuanto a las nuevas disposiciones para las tareas dentro y fuera del set.

La información es sobre métodos de transmisión, síntomas, uso de equipo de seguridad, procedimientos para ingresar al área de trabajo, y demás temas afines.  También se habilitó el sitio web www.seguridadaudiovisual.mx en el que se puede consultar información tanto de la reactivación laboral, como de la mitigación de riesgos en los espacios de grabación.

La finalidad de estas medidas es cuidar la salud de todos los trabajadores y reactivar las operaciones de manera responsable y paulatinamente, siempre siguiendo los lineamientos emitidos por el Gobierno Federal. Unas de las medidas adoptadas son realizar la prueba PCR COVID 19 de forma continua para identificar posibles riesgos con antelación, y elaborar formatos de seguimiento para todos los colaboradores. 

Lorena Orraca, Socia y Miembro de la Mesa Directiva de AMFI, asociación civil creada para cuidar los intereses de la de la industria de la producción audiovisual comercial, aseveró que se encuentran listos, únicamente a la espera de la luz verde, para reanudar operaciones, pues han blindado al sector con medidas sanitarias acorde a las recomendaciones de la OMS y de la Secretaria de Salud, y que se estarán actualizando bajo los lineamientos del Gobierno Federal. 

Transmitirá Fortnite películas de Christopher Nolan


Después de que los jugadores de Fortnite presenciaron el trailer final de Tenet, la próxima película de Christopher Nolan, el 26 de junio también podrán ver películas del cineasta estadounidense como parte de los espectáculos en directo del videojuego. 


Los títulos que se transmitirán en el cine virtual de ‘Fiesta Magistral’, zona del videojuego donde no existen los balazos, son: El origen (2010), Batman inicia (2005) y El prestigio (2006). La distribución de las películas será de forma diferente en cada país y hasta en tres horarios. 

Por ejemplo, en México se podrá ver El origen, mientras que en Alemania se transmitirá El prestigio, y en Brasil Batman inicia. 
Con este evento, Fortnite amplia su lista de espectáculos virtuales, tales como los conciertos de Marshmello, Astronomical y el rapero Travis Scott.


Consulta aquí si tu país está disponible y qué película se transmitirá.

The Assistant: el silencio antes del #MeToo

Irving Javier Martínez (@IrvingJavierMtz)

Jane (Julia Garner) trabaja para un poderoso y prepotente productor de Hollywood; además, es ninguneada por los compañeros de oficina y su rutina laboral es desgastante. Un día recibe la orden de trasladar a “la nueva asistente” a una habitación de hotel, donde se encuentra el jefe. Motivada por la incómoda situación, Jane decide denunciar las malas conductas del directivo. The Assistant se desarrolla antes del #MeToo y la caída de Harvey Weinstein, a quien se hace una ambigua referencia en la película.

Aunque el estreno digital sucedió hace un mes, los críticos han mantenido a este título vigente con la intención de asegurar sus oportunidades de nominación para los Oscars 2021. Y no es para menos, pues el tema de The Assistant toca el polo pesimista que Bombshell (Jay Roach, 2019) no abordó, aquel donde no existe justicia y la víctima es coaccionada a callar bajo amenaza de despido. Lo que al inicio parece un depurado ejercicio de estilo contemplativo –inspirado en Jeanne Dielman, 23 quai du commerce, 1080 Bruxelles (Chantal Akerman, 1975)– se transforma en un grito ahogado pidiendo ayuda; la impotencia de conocer un crimen y no tener las pruebas válidas para denunciarlo.

Si bien la referencia a The Weinstein Company es evidente, la directora Kitty Green desdibujó todas las alusiones al lujo hollywoodense, para convertir a la austera oficina en una impersonal empresa opresiva y claustrofóbica; de esas que compiten por liderar los rankings Great Place to Work, pero tienen serios problemas internos. En el filme, la responsabilidad no solo es del depredador, sino de todo el sistema organizacional que lo protegió durante décadas. La dinámica en el piso muestra una desventaja de Jane frente a los otros “asistentes” varones, porque ella es la única con tareas “domésticas”, bajo excusa de ser “la nueva”. Después de investigar en Australia, Gran Bretaña y Estados Unidos, la realizadora armó un patrón recurrente que permitiera a la audiencia identificarse, objetivo logrado a la perfección, pues The Assistant es un escenario reconocible en los ambientes laborales de cualquier sector.

Sin embargo, Jane no es la única víctima, también sus similares masculinos reciben agresiones verbales y físicas del productor, solo que ellos lo asumen como un mal inevitable en la meritocrática escalada organizacional. La condescendencia es la peor práctica de esos entornos corporativos, pues convierte al acoso de los jefes en un “reto profesional” para alcanzar el éxito. Miles de vacantes incluyen dentro de los perfiles la “tolerancia a la frustración” y la “proactividad”, términos que suponen un filtro entre candidatos aguantadores y “débiles”. En el cine, entregas como El diablo viste a la moda (David Frankel, 2006) o Un amanecer glorioso (Roger Michell, 2010) romantizan dicho consentimiento a la explotación del empleado, bajo la falsa promesa de un beneficio mayor.

El filme ahonda en las recurrentes “microagresiones” del sector y cómo determinan la deserción de mujeres en la industria del cine, lo que a la larga se ha manifestado en desproporcionadas cuotas de género. Parte del impacto de The Assistant en la audiencia estadounidense se debe a la cruda puesta en escena, la cual simula en hora y media la sensación de ralentizada jornada laboral. Comúnmente, el montaje sintético es empleado para mostrar vidas por debajo de la media económica –como sucede en La Camarista (Lila Avilés, 2018)–, donde la privilegiada y voyerista audiencia está distante del conflicto y se siente conmovida por los personajes en precarias condiciones laborales. Sin embargo, en el largometraje de Green, tales espectadores están viéndose reflejados y reconocen su propia miseria (sean empleadores o empleados), generando un acercamiento inmediato al conflicto… bastante incómodo de asimilar.

Las agresiones sexuales y psicológicas contra las mujeres es un asunto normalizado desde las universidades y prácticas profesionales, donde no se prepara a los egresados para denunciar dichas conductas. El lento formato del filme permite centrar la atención en los pequeños rastros de la violencia generalizada, que va desde una taza abandonada hasta humillantes llamadas telefónicas. El cine de Kitty Green cataliza ideas a la espera del espectador inconsciente sobre su propia responsabilidad. The Assistant es un golpe a nuestra supuesta rectitud moral, evidenciándonos como victimarios pasivos de un sistema corrupto liderado por depredadores.

Cinco recientes películas románticas que no te puedes perder 

Por: Karla León (@klls_luu)

Seamos sinceros, las películas románticas son ideales para hacernos suspirar y pasar un buen rato entre líos amorosos, la búsqueda de la felicidad perfecta, la correspondencia de un amor imposible y apasionado, e incluso para soltar un par de lágrimas cuando el camino de los protagonistas se torna, por demás, tormentoso. 

El término “romántico” se desprende de la literatura y, bajo este principio, se refiere a la expresión libre de la emociones y los sentimientos del autor para descubrir su propia representación de la tristeza. No obstante, con el paso del tiempo, y la adaptación de este concepto a la cinematografía, el romance se transformó para darle vida a las cualidades del amor y la pasión, así como para conmover al espectador. 

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La primera obra que se consideró parte del cine romántico fue el polémico y pequeño filme El Beso (1896) de William Heise, en el que se muestra a una pareja conversando unos cuantos segundos y, posteriormente, se dan un beso. La popularidad de este fragmento trascendió no sólo por la época o su gran número de espectadores, sino por tratarse del primer beso en la historia del cine. 

Adicionadas con toques humorísticos, de suspenso o drama, la fórmula narrativa de estas películas se ha vuelto un tanto predecible, a tal punto que reconocemos con facilidad los finales inesperados, los puntos dramáticos, o bien, los diálogos enternecedores y melosos que los personajes sueltan de tanto en tanto. Sin embargo, siempre hay nuevas producciones que nos llevan más allá de lo común. 

Los caminos son infinitos y, muy a pesar de los prejuicios que podamos tener entorno a este género, las películas románticas, o también llamadas chick flicks, son una excelente apuesta cuando se trata de superar un trago amargo, reforzar relaciones o simplemente entretenernos. A partir de esta premisa, te presentamos cinco títulos de romance que destacan por una trama interesante, novedosa o vivaz y que, además, proponen algo más allá de los ya conocidos clásicos del amor. 

Un día lluvioso en Nueva York (Woody Allen, 2019)

Gatsby (Timothée Chalamet) y Ashleigh (Elle Fanning) son una joven pareja que decide viajar un fin de semana a Nueva York para que ella pueda realizar una asignación periodística; sin embargo, durante su estancia, y como parte de un mal augurio por el clima lluvioso que se apodera de la ciudad, los dos enamorados se dispersan y toman caminos diferentes que los llevan a vivir numerosas vicisitudes, entre ellas, la crisis creativa de un director de cine (Liev Schreiber), la persecución de su productor (Jude Law), un desliz con una aspirante a actriz (Selena Gomez) y un encuentro con un famoso y cotizado artista (Diego Luna). 

Un día lluvioso en Nueva York  nos ofrece una trama entretenida, aunque cíclica y poco sobresaliente entre la extensa filmografía del mítico cineasta, quien ya trabaja en la postproducción de su siguiente película bajo el título Rifkin’s Festival, que se estrenará a finales de septiembre de este año. Lo que queda claro es el sello tan distintivo del director, el cual nos recuerda a cintas como Medianoche en París (2011) y Manhattan (1979). 

Si hay algo que podemos destacar de esta película es el extraordinario recorrido por las avenidas y lugares más icónicos de la “Gran Manzana”, el juego hilarante entre los momentos clave de la narrativa, su diseño de producción, así como la interesante propuesta de actores, quienes le dan un toque fresco a este largometraje que, en México, se estrenó en el Festival de Cine de Morelia y la 67° Muestra Internacional de Cine de la Cineteca Nacional. 

Violet y Finch (Brett Haley, 2020)

Basada en la novela All the Bright Places de Jennifer Niven y bajo la producción de Netflix, Violet y Finch es un drama romántico que explora la forma en la que dos personas destrozadas por un pasado tempestuoso se unen para descubrir el significado de los pequeños momentos y hacer frente a las heridas emocionales que marcaron sus vidas. 

Protagonizada por Justice Smith y Elle Fanning -quien se sumó a la extensa lista de productores-, esta película va más allá de cualquier trama clásica de un romance de rescate. Con una esencia particular, la adaptación de esta historia, inspirada en personajes que marcaron la vida de la también guionista (Niven), apunta hacia una narrativa sobrecogedora en la que se habla de la muerte inesperada, el duelo, la superación, la depresión y las enfermedades mentales. 

En general, Violet y Finch maneja un vaivén de emociones que se potencializan por la gran construcción de personajes que se alejan de lo evidente, además de los puntos álgidos, diálogos emotivos y un final que, en comparación con la novela original, es mucho menos desgarrador y explícito, pero igual de impactante. 

El Sol también es una estrella (Ry Russo-Young, 2019)

¿Crees en el amor a primera vista? Esta es la premisa que narra la travesía amorosa de Daniel Bae (Charles Melton) y Natasha Kingsley (Yara Shahidi), dos jóvenes que se conocen inesperadamente en las calles de Nueva York y cuyas circunstancias personales los hacen comprobar, en tan sólo un día, si su destino es permanecer juntos o si deben evitar ir más allá de un flechazo fugaz. 

La trama se torna interesante y vivaz cuando descubrimos que Natasha es una joven jamaiquina quien, tras contratar los servicios legales de Jeremy Martínez (John Leguizamo), descubre que tiene menos de 24 horas para evitar que ella y su familia sean deportados de Estados Unidos. Por ese motivo, evita que Daniel, un idealista cuya aspiración es convertirse en poeta, la corteje para evitar enamorarse. 

Basada en el best seller de la escritora Nicola Yoon y dirigida por la directora Ry Russo-Young, esta película nos lleva por una agradable travesía a lo largo de la “Gran Manzana”, en donde la trama, en conjunto con la ya reconocida habilidad fotográfica de Autumn Durald, sobresale por una crítica a las políticas de inmigración y muestra un multiculturalismo apegado a las raíces americanas. Ante esto, El Sol también es una estrella consolida una trama juvenil refrescante y arrebatada que se conjuga bajo el sabor de la decepción, no obstante, para aquellos que pueden llegar a aborrecer poco más de 100 minutos de melosidad, llega a resultar un tanto agobiante. 

Si supieras (Alice Wu, 2020)

Tras un prolongado descanso cinematográfico, la cineasta Alice Wu consolida una propuesta innovadora que, además, se suma a la nueva oleada de películas LGBT+. Esta comedia romántica adolescente narra un entretenido, pero conmovedor, triángulo amoroso entre Ellie Chu (Leah Lewis), una introvertida joven asiática-americana que se enamora en secreto de Aster Flores (Alexxis Lemire), luego de que Paul Munsky (Daniel Demier), un nuevo estudiante del colegio, le pide ayuda para escribirle cartas de amor y mensajes románticos. Dentro de la historia, Aster resulta ser la chica más popular de la escuela e hija del pastor del pueblo. 

Con una buena construcción de personajes y una trama que va más allá de los clichés, pero, sobre todo, que celebra la inclusión y la diversidad, Wu (quien también fungió como guionista de la cinta) nos habla sobre el amor platónico, el primer amor adolescente, así como la constante discriminación y acoso escolar que pueden llegar a vivir quienes no cumplen con los estándares de sus círculos sociales más cercanos. 

Con una duración de casi dos horas, la trama de Si supieras se vale de la emotividad, al mismo tiempo que enmarca ternura y aceptación, lo cual establece un sello muy distintivo de la directora, quien se aleja de lo melodramático y apuesta por la sinceridad y la normalidad. Cariño, literatura y reflexiones profundas hacen a esta película una historia imperdible para los amantes del género. 

La excepción a la regla (Warren Beatty, 2017)

Ambientada en el Hollywood de la década de los años 50, esta cinta narra un romance inesperado entre Frank Forbes (Alden Ehrenreich), chofer de Howard Hughes (Warren Beatty), y Marla Mabrey (Lily Collins), una reina de belleza de Virginia que aspira a formar parte del séquito de las actrices más importantes en la industria del cine y quien juega un interesante triángulo amoroso entre un maduro Hughes y el vivaz Forbes. 

La trama resulta un vaivén entre la enfermedad del magnate y cineasta americano; y una hilarante trayectoria de cortejo y aventuras amorosas entre los protagonistas. Bajo el diseño de producción de Jeannine Oppewall y la flamante fotografía de Caleb Deschanel, la película ha generado polémica por mostrar la excentricidad, irreverencia e inestabilidad emocional y narcisista del multimillonario, así como por la poca precisión narrativa en cuanto al papel de la mujer dentro de Hollywood. Sin duda, este drama romántico, al que se le inyecta en ocasiones un toque de comedia, cumple cuando se trata del aspecto amoroso, pero se queda rezagado al intentar dirigir su narrativa hacia el tema de Howard Hughes. La ambientación de la época y una buena selección de su elenco, entre los que destacan Annette Benning, Martin Sheen y Matthew Broderick, hacen que este filme de romance se desprenda un poco de la misma línea argumental que, aseguran, le da un guiño a la película Café Society (2016) de Woody Allen.

Estrenarán antología de cortos hechos por 17 cineastas en la cuarentena

Hecho en casa será una recopilación de 17 cortometrajes dirigidos por cineastas de todo el mundo durante la cuarentena. Detrás del proyecto está el director chileno Pablo Larraín y su hermano Juan de Dios Larraín. 

La lista de cineastas que participan en la antología incluye a perfiles de diversos países: Paolo Sorrentino, Ladj Ly, Sebastián Lelio, Ana Lily Amirpour, Kristen Stewart, Maggie Gyllenhaal y Natalia Beristáin.

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Respecto a tal selección, la directora de Netflix Orginals, Teresa Moneo, ha comentado: “Los hemos reunido temáticamente. Algunas eran historias muy claramente personales y otras eran más narrativas, fantásticas o divertidas. Tratamos de darles algún tipo de organización … por lo que se han organizado por temas “.

Los cortometrajes, que se estrenarán el 30 de junio, se realizaron en cuarentena sólo con el equipo que cada cineasta tenía a su disposición.

Aquí la lista completa de los participantes: 

•Ladj Ly – corto hecho en Clichy Montfermeil, Francia.

• Paolo Sorrentino -corto hecho en Roma, Italia.

• Rachel Morrison -corto hecho en Los Ángeles, Estados Unidos.

• Pablo Larraín, corto hecho en Santiago, Chile.

• Rungano Nyoni -corto hecho en Lisboa, Portugal.

• Natalia Beristáin -corto hecho en la Ciudad de México.

• Sebastian Schipper -corto hecho en Berlín, Alemania.

• Naomi Kawase -corto hecho en Nara, Japón.

• David Mackenzie -corto hecho en Glasgow, Escocia.

• Maggie Kawase -corto hecho en Vermont, Estados Unidos.

• Nadine Labaki & Khaled Mouzanar -corto hecho en Beirut, Líbano.

• Antonio Campos -corto hecho en Nueva York, Estados Unidos.

• Johnny Ma -corto hecho en San Sebastián del Oeste, Jalisco, México.

• Kristen Stewart -corto hecho en Los Ángeles, Estados Unidos.

• Gurinder Chadha – corto hecho en Londres, Inglaterra.

Con información de Indiewire y Variety

No te metas con los gatos: el nacimiento de un asesino en Internet

Por: Citlalli Juárez (@citlallijuarez)

Es un día normal como cualquier otro. Navegas en tu feed de Facebook, das like a un par de fotos de tus amigos, te ríes con algunos memes y apenas miras los titulares de las noticias. De pronto algo llama tu atención; muchas personas están hablando de cierto video desgarrador. Alguien publica el link en un grupo al que perteneces, acompañado de una descripción inusual: “Aquí está el video. Probablemente lo eliminarán pronto…” ¿Qué es esto?, te preguntas mientras das click en el enlace a pesar de la desconfianza que te causan los cientos de comentarios advirtiendo no ver el video. La página carga y en tu pantalla se reproduce el video de un hombre jugando con dos gatitos en una cama. Todo parece ser una escena inocente de aquellos videos de animales que el Internet tanto ama, hasta que el hombre mete a los gatos en una bolsa de plástico y con una aspiradora comienza a succionar el aire hasta asfixiarlos.

En el año 2010, las redes sociales se conmocionaron debido a la publicación del video ‘1 Guy 2 Kittens’, en donde se mostraba el asesinato de dos mininos, mismo que sirvió como detonante e hilo conductor en la historia de la serie de Netflix, Don’t f**ck with cats.

No te metas con los gatos (por su nombre en español) es una serie documental de tres episodios, de aproximadamente una hora de duración, que narra la historia del asesino Luka Magnotta y el inicio de su vida criminal con una serie de videos publicados en internet donde mató a gatos de maneras brutales, hasta convertirse en el “Descuartizador de Canadá” al asesinar a un hombre, descuartizarlo, enviar partes de su cuerpo a políticos canadienses y subir un video de su crimen a Internet. Asimismo, la serie aborda la historia de un grupo de cibernautas, quienes motivados por la indignación se dedican a descubrir la identidad del “asesino de gatitos”; descubren pistas en los videos, rastrean fotografías, comparan formas de escritura y demás técnicas de la talla de investigadores profesionales para llevar al criminal ante la justicia.

Esta serie de finales del 2019 se posicionó como uno de los más grandes aciertos de Netflix, que ha incursionado en documentales criminales y de asesinos seriales (como Las Cintas de Ted Bundy o Un asesino oculto: En la mente de Aaron Hernandez) con gran aceptación. Resulta apropiado decir que su éxito se debe a la gran labor de producción, así como el manejo de la historia y su desarrollo.

Uno de los más grandes atributos de la docuserie es la edición, que se apoya de entrevistas, material de archivo y, en su mayoría, de la recreación de las interacciones y conversaciones del grupo justiciero a través de redes sociales. De esta manera, al escuchar a una mujer describir lo que se ve en el primer infame video de los gatos, es posible ver la respuesta colérica de cientos de usuarios en redes que demandaban justicia, lo que brinda una mayor perspectiva del alcance del video en su época; de la misma forma, la búsqueda remota de las escaleras en donde Luka fue visto por última vez, se convierte en una auténtica escena de persecución que perdería impacto si no fuese por la edición.

Otro de sus grandes aciertos es la narración de los eventos. La historia se aborda a partir de la paulatina revelación de información importante, la cual funciona para que el espectador cree sus propias deducciones. Es así que cuando la tensión se acumula y el público cree saber lo que está por suceder, la historia tiene un giro dramático en sus eventos, que generalmente funciona como el cliffhanger para el siguiente capítulo. De esta manera, Don’t f**ck with cats logra mantener al espectador ansioso de conocer el desenlace de la historia. Sin embargo, también es cierto que los creadores se tomaron bastantes licencias en la narración de la historia, como la supuesta amenaza hacia una de las investigadoras cibernautas tras recibir un video del lugar donde trabajaba; sin embargo, no se explica cómo llegó hasta ella. Ahí también se encuentra lo que se puede considerar una conexión forzada entre el asesino y la cinta Bajos Instintos (1992), entre otras asunciones bastante dramatizadas.

Además de dichos aciertos y desaciertos, el mayor atributo de la serie es la introspección obligatoria a la que se somete al espectador. Desde los primeros minutos se establece que el asesino es una persona altamente narcisista que disfrutaría de una persecución al mismísimo estilo de Atrápame si puedes (2002), en donde Leonardo DiCaprio interpreta a un astuto falsificador que evade durante años al FBI; más adelante se demuestra que además es un individuo que anhela la atención, llegando al extremo de crear rumores sobre una relación con Karla Homolka (una de las asesinas más reconocidas de Canadá), sólo para ganar fama en medios. La advertencia está presente desde los primeros minutos: este individuo gusta de la atención.

De esta manera, la docuserie cierra lanzando la pregunta más incómoda a la que se podría someter el público: ¿Hasta qué punto somos responsables del nacimiento de un asesino?

Si bien es cierto que Internet es un lugar inmenso con millones de usuarios y que no podemos controlar el material que otros suben, también es cierto que somos responsables del contenido que consumimos y compartimos. En este sentido, ¿fueron los investigadores cibernautas el público que Magnotta tanto ansiaba? ¿De alguna manera lo motivaron a continuar asesinando?

Y si reflexionamos sobre estas interrogantes con respecto a nuestra sociedad actual y el manejo de redes sociales, ¿quién resulta ser más responsable? ¿La persona que comete un crimen o el espectador que continúa compartiendo el contenido violento, sumando vistas y creando un público para estas personas?

Adiós a Joel Schumacher, director de superhéroes, vampiros y rockeros

Por: Isaac Avila (@elpinshidiablo) 

Se ha confirmado la muerte de Joel Schumacher, cuyo último crédito como director fue en 2013 en la serie House Of Cards. Con 80 años de edad, perdió la batalla contra el cáncer en Nueva York; “Schumacher falleció tranquilamente de cáncer esta mañana”, se informó mediante AFP. 

Schumacher era reconocido por su trabajo en Batman Forever (1995) y Batman & Robin (1997), donde la batitarjeta compró el último clavo y enterró el futuro de la saga del detective más famoso de DC hasta su posterior reinicio con Christopher Nolan (Batman Begins, 2005). 

Pero la amplia carrera del director nos entregó joyas como The Lost Boys (1987), una aventura vampírica en un escenario apocalíptico al puro estilo de Mötley Crüe en Looks That Kill (1983); donde los estereotipos de los jóvenes rockeros de la época, los tabúes que trataban en sus canciones y el estilo rudo pero estilizado, (con crepé o un mohawk impecables), ensalzan una aventura de la búsqueda de la redención y venganza. 

“Nunca fui un director aclamado por la crítica y eso fue liberador”

 Joel Schumacher en entrevista para VICE en 2017

Además, en 1999 dirigió a Nicolas Cage, Joaquin Phoenix y compañía en 8mm. Un peliculón detectivesco que toca temas muy sensibles sobre la pornografía y el cine snuff, donde también se aborda la venganza y la flexibilidad de la justicia en este mundo.

En 2007 dirigió The Number 23, una entrega de suspenso en la que Jim Carrey nos muestra sus dotes de actor fuera de la farsa y la comedia. Si bien el guion no es perfecto, es una gran película para pasar un rato y demostrar, como dicen en mi pueblo, que el que busca encuentra. 

Una pérdida para el mundo del cine, más allá de la controversia y las decisiones no siempre acertadas de Warner respecto a los personajes de las viñetas. Retirado del medio debido a la enfermedad que le quitó la vida, Schumacher es una referencia especialmente para el cine estadounidense de los años 90. En paz descanse.

Muestras, largometrajes y cortos que puedes ver gratis en FilminLatino

Por: Erik León (@erictronikRKO)

FilminLatino, la plataforma del Instituto Mexicano de Cinematografía (IMCINE) cuenta con diversas selecciones de cine gratuito, a las cuales puedes acceder al realizar un rápido registro. 

A continuación una selección de muestras e iniciativas que puedes disfrutar sin necesidad de suscripción: 

#NuestroCineMX

La iniciativa #NuestroCineMX, que surge de un colectivo de cineastas independientes, consiste en la transmisión dos películas semanalmente, las cuales son mexicanas y fueron apoyadas por el Fondo para la Producción Cinematográfica de Calidad (Foprocine), uno de los estímulos del IMCINE. 

Los títulos se podrán ver en su página de Facebook y en la plataforma de FilminLatino. Cada martes se darán a conocer las dos películas de la semana. 

Los títulos que inauguraron esta selección fueron La Ley de Herodes (Luis Estrada, 1998) y Flor en Otomí (Luisa Riley, 2011). Posteriormente siguió Carmín tropical (Rigoberto Perezcano, 2014) y Morir de pie (Jacaranda Correa, 2011). En este momento se encuentrán disponibles Perfume de violetas (Nadie te oye) (Maryse Sistach, 2000) y el documental En el Hoyo (Juan Carlos Rulfo, 2006)

DISPONIBLES AQUÍ

El sembrador (Melissa Elizondo Moreno, 2018) 

El ganador de tres reconocimientos en el Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM), incluido el Premio del Público a Largometraje Documental Mexicano, nos presenta a Bartolomé, un maestro en una escuela multigrado entre las montañas de Chiapas en México, quien sabe bien que la pedagogía no se basa solo en libros de texto y no puede caber detrás de las cuatro paredes de un salón de clases.

VELA AQUÍ 

Muestra de cine en defensa del territorio y el agua 

Con motivo del Día Mundial del Medio Ambiente, celebrado el 5 de junio, FilminLatino le da espacio a 18 títulos, entre cortometrajes y largometrajes, que ofrecen una reflexión sobre las luchas civiles para la recuperación de aguas de río, construcciones a costa del medio ambiente, así como de distintas realidades de pueblos agrícolas y ganaderos. 

Los títulos que estarán disponibles hasta el 5 de julio son:

Mover un río (Alba Herrera Rivas, 2017)

Tierra partida (Jairo Alberto Martínez, 2015)

Chacahua: Reflejos de un parque (Guillermo Monteforte, 2002)

 Una pequeña gran ayuda (Tonahtiu González, 2017)

Un río con amparo (Tonahtiu González, 2017)

Nuestra tierra no se vende (Guillermo Monteforte, 2003)

La carretera que no pidió permiso (Guillermo Monteforte, 2003)

Sembrando el futuro (Roberto Olivares Ruiz, 2002)

Magdalena Teitipac: Pueblo libre de minería (Juan José García Ortiz, Roberto Olivares Ruiz, 2015)

Júba Wajín, Resistencia en la montaña de Guerrero (Laura Salas, Nicolás Tapia, 2018)

Semillas contra el despojo (María Antonieta de la Puente Díaz, 2019)

Derecho a la playa (Jorge Díaz Sánchez, 2016)

Huicholes: Los últimos guardianes del peyote (Hernán Vilchez, 2014)

H2Omx (José Cohen, Lorenzo Hagerman, 2013)

Los reyes del pueblo que no existe (Betzabé García, 2015)

El remolino (Laura Herrero Garvín, 2016)

13 pueblos en defensa del agua, el aire y la tierra (Francesco Taboada Tabone, 2009)

El Ciruelo (Emiliano Altuna, Carlos Rossini, 2008)

VELA AQUÍ 

Además de estos títulos y secciones, también se encuentra de forma gratuita la Muestra de cortometrajes de Nayarit, Polos Audiovisuales, Cinema MX y el Festival MIX entre otras opciones. 

25 grandes representaciones LGBT+ en el cine

Irving Javier Martínez (@IrvingJavierMtz)

¿Es necesaria tanta inclusión de personajes LGBT+ en el cine y la TV? Considerando que durante décadas el tema fue prohibido, criminalizado o convertido en el chiste homófobo de comedia soez, es bastante justo “dominar” la cartelera en la actualidad (algo que está muy lejos de suceder). Aunque el código Hays (vigente de 1934 hasta 1968) sólo fue implementado en Hollywood, significó una influencia importante en la representación de la diversidad como un tabú sexual y en la identidad de miles de personas alrededor del mundo. Cuando la censura se aligeró en los 70, la opresión había distorsionado tanto las formas, que los primeros intentos por hablar abiertamente sobre el tema eran tóxicos o queerbaiting innecesario, como el de Tomates verdes fritos (Jon Avnet, 1991).

Comencemos por la criminalización, parecida a la antropología del siglo XIX. Durante los 70 y 80, era igual de siniestro toparse a un enmascarado armado con motosierra que a un homosexual enamorado. Dejando de lado la representación obvia de Cruising (William Friedkin, 1980) y animaciones de Disney, las subculturas fuera de la heterosexual sufrieron un proceso de “villanización”, originando múltiples variaciones de antagonistas queer. En alguna entrevista, Joseph L. Mankiewicz llegó a afirmar que dirigió a Anne Baxter en Eva al desnudo (1950) “como una lesbiana”, característica visible a pesar de la codificación de la época; años más tarde, tal subtexto inspiró a Rainer Werner Fassbinder para filmar su camp Las amargas lágrimas de Petra von Kant (1972), relajando la villanía de Eve Harrington a simple desamor y rechazo.  En otras películas como El asesinato de la hermana George (Robert Aldrich, 1968) o La soga (Alfred Hitchcock, 1948), la estigmatización incluía relaciones destructivas con retorcidas mecánicas de poder.

El arquetipo del homosexual perverso y homicida ingenioso sería una constante en las principales industrias, adaptándose a la idiosincrasia de cada región. En el caso mexicano, durante los 70, Maricruz Olivier protagonizó dos películas importantes para el estudio del estereotipo dominante: El deseo en otoño (Carlos Enrique Taboada, 1970) y Tres mujeres en la hoguera (Luis Alcoriza, 1977). En ambas existe una noción de presa y depredador, donde la “avivada” lesbiana logra “atrapar” a la ingenua mujer hetersexual en su “trampa”, metáfora explícita en Cuando tejen las arañas (Roberto Gavaldón, 1979). Los personajes LGBT+ de ese período debían tener un rol definido entre víctima y victimario, jamás un término medio. En El cumpleaños del perro (Jaime Humberto Hermosillo, 1974), Teatro Follies (Víctor Manuel Castro, 1983) y Un lugar sin límites (Arturo Ripstein, 1978) se ve claramente cómo el asumirse homosexual implicaba un destino trágico inminente.

Cuando Patricia Highsmith publicó El precio de la sal (Carol) en 1952, la falta de desenlace fatalista supuso un momento disruptivo en la narrativa estadounidense, debido a la omisión de la condena al romance lésbico (un elemento riguroso para contar ese tipo de historias). En el cine es más complicado convencer a la audiencia del final feliz en una trama queer; pongamos como ejemplo Su otro amor (Arthur Hiller, 1982). Cuando el melodrama de Hiller llegó a las carteleras, la forma “cordial” de solucionar la infidelidad homosexual del protagonista (con un discurso inclusivo, adelantado para la época) no fue aceptada por el público; tan mal fue su recepción, que la carrera emergente de Harry Hamlin se vio truncada por dicho título. En cambio, hasta inicios del nuevo milenio, los únicos dramas rentables eran aquellos con involuntaria apología a los crímenes de odio; los casos más obvios: Los chicos no lloran (Kimberly Peirce, 1999) y Secreto en la montaña (Ang Lee, 2005).

Los chicos no lloran

Si bien el alcance de títulos como Secreto en la montaña permitió evidenciar la discriminación, también reafirmaron la concepción del ambiente LGBT+ como un colectivo aquejado por sufrimiento y remordimientos. La homosexualidad en De la vida de las marionetas (Ingmar Bergman, 1980) es una condición sólo comprensible desde el psicoanálisis de los pensamientos más oscuros del individuo. En esa mirada melancólica de turbiedad mental se suscriben clásicos como Muerte en Venecia (Luchino Visconti, 1971) o El conformista (Bernardo Bertolucci, 1970), con personajes que, al reprimir su pulsión sexual, conocen el lado más doloroso de la miseria humana. Sin velo pesimista, Moonlight (Barry Jenkins, 2016) –que imita a Happy Together (Wong Kar-wai, 1997) en forma, mas no en contenido– se suma a tal tradición, haciendo del protagonista un personaje torturado por el rechazo de su madre y un romance juvenil malogrado.

En plena crisis pandémica del VIH, existió un esfuerzo de directores por mostrarse empáticos hacia los problemas de la comunidad; no obstante, el formalismo de Hollywood terminó heteronormando el “mundo gay”. El caso más criticado es Philadelphia (Jonathan Demme, 1993), pero en bastantes películas del mainstream aparecían secundarios que reafirmaron la versión edulcorada del prototipo homosexual: muy masculino, homoflexible y regido bajo los estándares de belleza occidental. En La boda de mi mejor amigo (P. J. Hogan, 1997) el personaje de Rupert Everett entraba y salía del clóset a voluntad, todo por ayudar a su heterosexual amiga Julia Roberts. Tal idea del “amigo gay” (a quien “no se le nota”) era uno de los tantos clichés de la fantasía hollywoodense que hoy han sido contrarrestados por varias olas de cineastas.

La actual forma del  cine LGBT+ inició con el New queer cinema (durante los 90), el cual vino a refrescar las representaciones en pantalla. Como el mismo Todd Haynes lo llegó a expresar, entonces la gente definía al cine gay “únicamente por contenido: si hay personajes gay en él, es una película gay”. Tal movimiento llegó a crear un statement estilístico y temático, no solo interesado por la inclusión de personajes queer en pantalla; el principal objetivo de sus integrantes era dinamitar las normas y estructuras narrativas del heropatriarcado, sustituyéndolas con crudas críticas sociales y festivas sátiras.

El legado de dicha generación se puede respirar en autores como Andrew Haigh. Si bien 45 años (2015) no tiene ningún personaje gay, la reflexión sobre la vacuidad del matrimonio (como institución) se desarrolla dentro de un contexto de libertad afectiva, donde un “fin de semana” puede representar una manifestación amorosa más sublime que un largo y falso matrimonio heterosexual. Entender tales discursos permite evidenciar que películas como La vida de Adèle (Abdellatif Kechiche, 2013) o Llámame por tu nombre (Luca Guadagnino, 2017) poco tienen de queer, en tanto se eliminan los elementos de fondo y sólo se potencializan las relaciones sexuales como un factor homoerótico rentable o una plataforma actoral para ganar notoriedad: Mahershala Ali, Jared Leto, Eddie Redmayne, Rami Malek, etc.

Así como existe el test de Bechdel para evaluar la presencia de mujeres en el arte, la prueba de Vito Ruso (desarrollado por la GLAAD) analiza las representaciones LGBT+ dentro del cine. Los criterios son:

  • Los personajes son claramente identificables como LGBT, sin ambigüedades.
  • No debe definirse única o predominantemente por su orientación sexual o identidad de género.
  • El personaje LGBT debe estar vinculado en la trama, de tal manera que su eliminación tenga un efecto significativo.

Aunque el pinkwashing está impulsando la inclusión comercial (considerada por los grupos conservadores como “forzada”), lo cierto es que tal “visibilidad” esta desbalanceada a favor de los nichos más rentables (en específico, el mercado gay). La cuota del resto de letras del acrónimo es inferior y con bastantes lagunas en sus construcciones, las cuales anulan propiedades obvias de la vida queer (como la sexualidad) en aras de producir películas familiares, como sucedió en los heteronormados biopics Bohemian Raphsody y The Imitation Game.

A partir de dicho contexto, construimos un TOP de películas con trasfondo LGBT+, estableciendo un muestrario de momentos significativos en el cine.

  1. El cuarto hombre (Paul Verhoeven, 1983)

“La religión es un estado esquizofrénico”, explicó Verhoeven al ser cuestionado sobre el uso de simbolismos católicos en este suspense erótico, protagonizado por un hombre bisexual protegido por la mismísima virgen María. En un primer visionado, la película parece un despropósito, después ofende (por los estereotipos y el tratamiento), pero al final resulta una fantasía jocosa que reta a toda la audiencia conservadora por el uso de simbolismo sacro, compatible con el homoerotismo religioso más clásico. Como en la  mayoría de sus thrillers, la adaptación de Verhoeven desdibuja la condición moral de su antihéroe, hasta no hacer reconocible si se trata de la víctima o el victimario. De forma retorcida y desconcertante, algunas películas de Verhoeven desarticulan las dinámicas de supremacía masculina y ésta no es la excepción.

  1. Los encuentros después de la medianoche (Yann González, 2013)

Película poética sobre la soledad en la multitud; según el director, inspirada por El club de los cinco (John Hughes, 1985) y El discreto encanto de la burguesía (Luis Buñuel, 1972). La orgía está compuesta por clichés sexuales del cine comercial, fuera de sus contextos y lidiando con los pensamientos más tenebrosos en sus mentes. La narrativa  entremezcla realidad y sueños, lo que permite al director crear un collage de postales evocadoras. Cuando la noche termina y el amanecer llega, la fantasía sexual y el brillo festivo desaparecen, dejando a los personajes expuestos al vacío.

  1. Maurice (James Ivory, 1987)

Una de las razones que motivaron el surgimiento del New queer cinema fue Maurice, pues su narrativa desde el privilegio no representaba a nadie en su momento. Durante mucho tiempo fue denostada por la vacuidad del romance; sin embargo, a la distancia y tras el estreno de Llámame por tu nombre (Luca Guadagnino, 2017) –aún más elitista y blanca–, el filme parece tener cierta profundidad social. El romance entre Alec (Rupert Graves) y Maurice (James Wilby) nos habla de un vínculo afectivo entre dos personas de diferente nivel económico y sin dinámicas de poder tóxicas, como sí sucedía en Ernesto (Salvatore Samperi, 1979), de trama similar. Aunque no rompe demasiados platos, plantea la idea del amor sin prejuicios; además de hacer notorios los (LIMITADOS) derechos ganados, en comparación con la Inglaterra victoriana del filme. Además, el status de Ivory como cineasta gay debe tomarse siempre en consideración.

  1. Los que me quieren tomarán el tren (Patrice Chéreau, 1998)

Chéreau se inspiró en el funeral del crítico Gilles Sandier, las notas de Hervé Guibert sobre la muerte de Michel Foucault y anécdotas aportadas por Danièle Thompson (quien adjudica la  frase del título al director François Reichenbach en sus últimas horas de vida). En el filme, la personalidad del fallecido artista se distingue en todos los asistentes a la despedida y a partir de diálogos fragmentados podemos aproximarnos a su conflictiva existencia. Según el realizador, aborda dos formas de amor: el conyugal y el filial, los cuales conforman un drama coral complejo y caótico. El paisaje creado  por Chéreau incluye drogas, peleas en pareja, homosexualidad y VIH, una diversidad de identidades que hablan bastante del talento contenido en  la mente del cineasta francés.

  1. Los buenos modales (Juliana Rojas y Marco Dutra, 2017)

El cómo estos directores mezclan géneros es alucinante, pues tiene de todo un poco: terror, musical, fantasía y comedia romántica. Si bien el romance lésbico solo forma parte del primer capítulo, es un elemento fundamental para entender la idea global del filme: un cuento de terror sobre ser “diferente” en Brasil. El contraste social entre las dos protagonistas es una forma de incluir al racismo estructural en una “nueva” narrativa, alejada del realismo convencional. De acuerdo con Juliana Rojas, ambas mujeres (de posiciones económicas y raciales opuestas) se encuentran en la misma condición de marginalidad, borrando las fronteras individuales en ciudades como São Paulo, incluso dentro de sectores vulnerables como el LGBT+. Los directores hacen mucho hincapié en su manejo del erotismo interracial, ya que evitaron la interpretación “fetichista del cuerpo femenino”.

  1. Sueño en otro idioma (Ernesto Contreras, 2017)

La película de Contreras es un suceso particular en el cine mexicano: mezcla fantasía con realismo (sin imitar fórmulas) y el resultado es sorprendente. La conjunción del tema lingüístico con la  amor oculto de los protagonistas conforma un hermoso paralelismo sobre las identidades destinadas a la invisibilidad en la sociedad mexicana  (llena de prejuicios y problemas ideológicos). El punto positivo del filme –y otras del mismo periodo, como Carmín tropical (Rigoberto Perezcano, 2014)– es buscar espectros de la comunidad LGBT+ fuera de las representaciones citadinas, ya que la gama es demasiado amplia y podría dar paso a  un sinnúmero de narrativas. Para el largometraje, se solicitó al lingüista Francisco Javier Félix Valdez la invención de una lengua llamada zikril, con el objetivo de evitar la apropiación cultural; práctica de consciencia social que deberían imitar todas las producciones nacionales.

  1. But I’m a Cheerleader (Jamie Babbit, 1999)

Joya humorística adelantada para su tiempo. Comparada innecesariamente con el cine de John Waters (Babbit es superior), esta sátira se burla de las clínicas de reconversión y el ideal binario establecido por la sociedad; de hecho, el campamento (True Directions) tiene un nombre similar al centro de rehabilitación que dirigía la madre de la directora (New Directions). El guion de Brian Wayne Peterson no solo se queda en la superficie de las relaciones afectivas; también incluye acotaciones sobre la identidad, como el personaje de Katrina Phillips (Jan), una chica heterosexual ingresada a la rehabilitación por su aspecto “masculino”. La película tuvo problemas en el casting (muchas actrices rechazaron el personaje de Megan) y en la distribución solo recibió una oferta baja de Fine Line. Si bien las películas pesimistas como Los muchachos no lloran tenían una audiencia aceptable, la comedia colorida de Babbit no contó con el suficiente empuje para tener ventas en el mercado mainstream… recordemos, los finales queer felices no vendían.

  1. El banquete de boda (Ang Lee, 1993)

La comedia surge del odio del director hacia los banquetes de boda, por considerarlos un pretexto para liberar “5 mil años de represión sexual”. Los conflictos entre padres e hijos son el centro temático en la primera etapa fílmica de Ang Lee, en respuesta al progresivo desapego a su tierra natal tras la temprana migración a Estados Unidos. El banquete de boda presenta un choque entre dos generaciones con identidades culturales opuestas, una liberal y la otra tradicionalista; no obstante, a pesar de su ojo crítico hacia la idiosincrasia taiwanesa, Lee muestra su lado más afable y positivo. Cada uno a su modo, los padres del protagonista se vuelven flexibles hacia la vida “sui generis” del hijo, motivados por el amor de ambos hacia él. Los detractores del filme la catalogan una perspectiva edulcorada y alejada de la realidad; sin embargo, también llevó al cine modelos de “tolerancia” y aceptación familiar poco frecuentes en los contenidos de ese momento.

  1. 120 latidos por minuto (Robin Campillo, 2017)

Si alguien tiene autoridad para hablar sobre la epidemia del SIDA, ese es Robin Campillo, quien fue activista militante de la Act Up francesa. 120 BPM es dolorosa para todos, incluyendo al mismo Pedro Almodóvar (presidente del jurado de Cannes en 2017), quien quedó conmovido con el filme y la nombró su Palma de Oro personal. Para la actualidad, el filme reivindica la lucha por los derechos y su visibilidad en el espacio público. El título hace referencia al House, música representativa del momento y que continúa ligada al ambiente gay. Al final se lanza un mensaje contundente contra los detractores del carácter festivo del Pride; pues, tras la crisis del VIH y todos los crímenes de odio contra la comunidad, el continuar con vida es motivo suficiente para celebrar en todo momento.

  1. El duque de Borgoña (Peter Strickland, 2014)

A pesar de la ficción que envuelve al relato, El duque de Borgoña es la aproximación al S&M más sexy y verosímil en la historia del cine, sin dramas y con una hermosa reflexión sobre la imposibilidad de vivir una fantasía 24/7. La película navega en el terreno bergmaniano, donde los roles en las dinámicas de poder se confunden y el sumiso puede terminar sometiendo a su amo. Tras un primer intento de adaptar Les possédées du diable (1974), Strickland decidió inspirarse en el sadomasoquismo lésbico de Jesús Franco para crear una fábula con “emociones realistas” sobre las fantasías no consumadas. Respetar las reglas del juego se convierte en afecto, porque la simulación y el fetichismo son las chispas que detonan el amor. En el montaje, la referencia a los collage experimentales de Stan Brakhage da una sensación inquietante a dicha experiencia.

  1. Más allá de las colinas (Cristian Mungiu, 2012)

La película está inspirada en el  exorcismo del monasterio de Tanacu en 2005, donde un sacerdote ortodoxo practicó un exorcismo a una monja con problemas mentales hasta asesinarla. El caso documentado por la novelista Tatiana Niculescu Bran sirvió de trasfondo para la denuncia de Cristian Mungiu contra las instituciones religiosas y sus  anacrónicos métodos de sometimiento y control. A pesar de suceder en la actualidad, el convento ortodoxo de Iași pareciera vivir en otro siglo, ya que se pretende evidenciar el atraso ideológico ocasionado por la dictadura de Nicolae Ceaușescu: las regiones  rurales del país quedaron a su suerte y tal situación motivó el auge de la superstición religiosa. En el largometraje, el proceder de las monjas ni siquiera es denunciado como un acto de maldad o crimen de odio, pues es resultado de la ignorancia y la ideología de un líder intolerante, como suele suceder en cualquier parte del mundo.

  1. Fresa y chocolate (Juan Carlos Tabío y Tomás Gutiérrez Alea, 1993)

Con el actual ambiente político, los diálogos de Fresa y chocolate tienen un lugar importante en la conversación pública. No se ataca o defiende una ideología política, sino el uso por los líderes para someter a los disidentes de sus regímenes. “Titón” (Alea) se inspiró en las purgas académicas contra homosexuales, religiosos y detractores de “la revolución”, de las cuales fue testigo presencial. El protagonista del filme (soberbia la interpretación de Jorge Perugorría) es un artista con firmes convicciones sobre el gremio artístico, el cual no debe estar al servicio del Estado. Lo anterior convierte al largometraje en un bellísimo tratado sobre el fuerte vínculo entre el arte y la comunidad LGBT+, quienes  por siglos han sido curadores, productores y transformadores de la poesía en múltiples disciplinas. Con un precario presupuesto (los actores llegaron a cobrar cerca de 40 dólares), la película supuso un punto de ruptura en la producción cinematográfica y la tardía liberación sexual de Cuba.

  1. El tiempo que queda (François Ozon, 2005)

La idea del filme nació durante el tiempo de espera de Ozon por los resultados de unos estudios médicos. Tras investigar, descubrió que  la mayoría de los pacientes de cáncer con pronósticos negativos deciden no tomar los tratamientos. La elección de cáncer como enfermedad, en lugar de SIDA, responde a una intención de borrar el estigma del VIH como sinónimo de muerte; pues, para entonces, los avances médicos habían logrado reducir al mínimo la mortalidad de pacientes detectados: “es posible que un gay muera por algo más que el SIDA”, mencionaba el realizador. Durante los últimos días del protagonista vemos la faceta más poética del autor francés, incluidas una dolorosa ruptura forzada, la despedida de familiares y la  ingeniosa trama de la camarera, con el ménage à trois más hermoso en la historia del cine.

  1. Thelma (Joachim Trier, 2017)

Los críticos aún debaten si se trata de una película de superhéroes o terror puro. Lo cierto es que Thelma fue un triunfo en el género donde bastantes habían intentado y fracasado (como Kornél Mundruczó), debido a la preciosista mitología alrededor de la protagonista, la cual mezcla elementos salvajes y místicos. Hay un aire de Stephen King, pero el rumbo de la trama es diferente, pues lo sobrenatural es un pretexto para hablar sobre el amor, la liberación y el autocontrol. Trier elimina los escenarios clásicos  de sometimiento y castigo femenino para sustituirlos por una versión contemporánea de la fantasía y el suspenso con perspectiva de género (el desenlace esperanzador es prueba de ello). Según el realizador, la mayoría de las historias LGBT+ en el cine escandinavo son masculinas (gay); por tal motivo, Thelma se desarrolló a partir de un romance lésbico, con el fin de dar proyección a más relatos de este tipo.

  1. El amor es extraño (Ira Sachs, 2014)

El filme de Ira Sachs es una carta de amor a la longeva generación de artistas homosexuales neoyorquinos que sobrevivieron a la epidemia del VIH, dándoles visibilidad en una industria que pocas veces los reconoce. A diferencia de su filmografía previa, la película se distingue por una ligereza festiva, resultante de la actual libertad que gozan las comunidades LGBT+ en las principales ciudades del mundo; según el realizador, si la hubiera filmado cinco años antes, no habría sido una “película gay feliz”. El largometraje muestra las “dinámicas comunales” del colectivo, donde puede haber diferencias (en este caso, generacionales), pero siempre existirá un apoyo entre los miembros de “la misma  letra”; imagen de fraternidad desdibujada con los años. Como sucede también en Little Men (2016) con el asunto inmobiliario, El amor es extraño tiene un trasfondo de denuncia social contra la falta de seguridad social en todos los sectores de Estados Unidos; dicho problema llevará a los protagonistas a situaciones precarias que  contradicen el estereotipo en cine y TV del homosexual con bienestar asegurado.

  1. Bound (Lana Wachowski y Lilly Wachowski, 1996)

Si Ridley Scott no se hubiera quedado tibio en Thelma y Louise (1991), se habría adelantado algunos años a esta tremenda obra del suspenso criminal. Las hermanas Wachowski entraron al cine por la puerta grande, con un noir inspirado en la filmografía de Billy Wilder y promocionado como thriller erótico post-Tarantino. El proyecto tuvo problemas de financiación, pues las productoras insistían en cambiar a Corky por un hombre. De acuerdo con varios textos, los múltiples planos cenitales son una metáfora del “clóset”, haciendo alusión a que “todos vivimos en grandes cajas”, ocultando nuestras verdaderas  personalidades. A pesar del fracaso en taquilla, lograron llevar al mainstream una película de género protagonizada por dos mujeres enamoradas y donde los “dilemas” por sus  orientaciones sexuales no son un elemento central. El posterior éxito de Matrix (1999) obligó a la audiencia a “revisionar” la ópera prima de las Wachowski como el germen de una gran trayectoria.

  1. La ley del más fuerte (Rainer Werner Fassbinder, 1975)

No sólo es un melodrama, también es un ensayo crudo sobre el desnivel de clases y la decadencia del amor como institución. La película fue producida durante la época más prolífica del realizador y podría considerarse su obra más personal, debido a su participación actoral y la primera aproximación al ambiente cabaretil de su futura “Trilogía de la posguerra”. Durante el estreno en Cannes del 75, la película fue calificada como una representación negativa de la comunidad gay. Fassbinder declaró que el largometraje no distaba de sus trabajos anteriores (romances heterosexuales con tóxicas dinámicas de poder), pues su objetivo era evidenciar las diferencias sociales como problema universal.  En los 70s, la RFA se encontraba en una crisis económica, por lo que el despilfarro del “villano” era una crítica a la desigualdad imperante en el país.

  1. Tangerine (Sean Baker, 2015)

En Tangerine no hay ningún discurso reivindicativo entre líneas sobre las protagonistas, sólo es una divertida aventura de celos, mentiras piadosas y secretos. El desparpajo de los diálogos y tono “ligero” no eran parte del proyecto en preproducción (Baker y Chris Bergoch planeaban un filme serio); fue hasta después de conocer a las dos actrices principales que el director decidió virar hacia  la “comedia”. Cuando fue estrenada, se sentía el inicio de un nuevo realismo social, alejado del pesimismo y la seriedad del cine de denuncia. Sin embargo, tampoco es el trashy irracional de Korine  o Clark, pues los personajes tienen una dimensión psicológica de gran complejidad, especialmente Sin‑Dee (Kitana Kiki Rodriguez), quien aparentemente está cegada por los celos, pero termina con un excelente arco dramático que demuestra a la audiencia la importancia de la sororidad y la amistad por encima del amor. En Tangerine no hay filtros de corrección política ni miedo a equivocarse, solo honestidad… como debería ser en todo el cine.

  1. Una mujer fantástica (Sebastián Lelio, 2017)

El director afirmó que el personaje de Daniela Vega es una versión contemporánea de Jeanne Moreau en Ascensor para el cadalso (Louis Malle, 1958) y la referencia no está muy distante de la realidad, ya que el trabajo de la actriz es una de las mejores interpretaciones femeninas en el cine latinoamericano. Dentro del actual imaginario queer, “Marina Vidal” es una de las representaciones más positivas, porque (a diferencia de la cantante de Tangerine, sin visibilidad para su talento) Lelio nos muestra a una mujer trans integrada en la sociedad citadina y ejerciendo su profesión artística, con las obvias adversidades laborales). Sí se expone la discriminación, pero no se realiza una apología de la misma. También, castear a una actriz transgénero para este personaje es ir en contra del actual anacronismo de Hollywood, donde actores cis insisten en ser considerados para roles que podrían desempeñar intérpretes trans.

  1. Fucking Åmål (Lukas Moodysson, 1998)

La película de Moodysson fue un éxito internacional que aún preserva su estatus de culto; no por el romance coming of age lésbico (de una belleza inalcanzable para Hollywood), sino por la representación exacta del momento (los noventas tardíos), la cual constituye un fósil nostálgico para los millennials en la treintena. Una chica suicida y otra en búsqueda de emociones fuertes representaban a cualquier adolescente del mundo; no obstante, el plus de Fucking Åmål era el escenario esperanzador para todo joven que deseara salir del clóset y disfrutar abiertamente los mejores años de su vida. Dejando de lado el descubrimiento sexual, las protagonistas también se encuentran en una encrucijada sobre su porvenir, porque ambas se niegan a reproducir los patrones de vida de sus padres. Crecer, reproducirse y morir en Åmål no es parte de sus planes… ellas buscan más.

  1. Carol (Todd Haynes, 2015)

Indiscutible obra maestra del cine queer. Como se mencionó en la introducción, la novela de Highsmith fue un hito para la comunidad LGBT+ y su adaptación no pudo tener mejor director. Aunque en la superficie parezca un trabajo formal, el filme está a tope de detalles que evocan (como pocas películas) el esplendor del pasado. En ese marco de preciosista dirección de arte, el encuentro de las dos protagonistas constituye el romance lésbico que el cine clásico nos negó; de hecho, la estructura narrativa del filme es un homenaje directo a Breve encuentro (David Lean, 1945). El principal objetivo del magistral guión de Phyllis Nagy era remarcar las vulnerabilidades que surgen de un amor prohibido, construyendo diálogos que remarcan la inseguridad de no saberse correspondido. También se destaca que el mundo neoyorquino de Carol es enteramente femenino (en sentido feminista), ya que (cuenta el director) las principales influencias para la estética fueron las fotógrafas Ruth Orkin, Esther Bubley, Helen Levitt y Vivian Maier.

  1. Laurence Anyways (Xavier Dolan, 2012)

Entre las películas de Dolan, Laurence Anyways es la nota más alta en su sello autoral, no por estilo sino por la compleja y emotiva forma de narrar un romance destinado al desencuentro. La película explora los límites del afecto. ¿Amamos el cuerpo o el alma de la otra persona? Al terminar el metraje se responde a la pregunta: el placer corporal es una  parte imprescindible del amor. Desde el despertar sexual de Laurence, los protagonistas vivirán una década evadiendo la cruda verdad y convenciéndose a sí mismos de que el amor sobrevivirá a cualquier dificultad. Hermosa y colorida pieza cinematográfica que nos muestra los alcances del hijo de pop más plástico.

  1. La ley del deseo (Pedro Almodóvar, 1987)

Dentro de la filmografía de Almodóvar, este filme posee una fuerza que radica en el inusual homoerotismo salvaje y desenfadado; para algunos, su última película 100% queer antes de la popularidad entre el mainstream. Este filme deconstruye  el thriller policiaco en un melodrama ingenioso que mezcla celos, sensualidad y mucha estética popular. Como más tarde lo haría Alain Guiraudie o François Ozon, el crimen no es un castigo o signo de maldad, sino la metáfora erótica del atractivo peligro del sexo libre. El personaje de Antonio Banderas (heteronormado y en el clóset) se obsesiona con el miedo a compartir el corazón de su amante con otros hombres, situación que lo lleva a perder la razón y desencadenar el más alocado noir en la historia del cine.

  1. Retrato de una mujer en llamas (Céline Sciamma, 2019)

El cine de Céline Sciamma se ha preocupado por reflejar en la ficción una gama diversa de identidades. Sin embargo, Retrato de una mujer en llamas es su apuesta más poética y personal sobre el amor entre mujeres. La directora parte de la relación entre artista y “musa”, donde las segundas nunca tuvieron una contribución pasiva en la creación del discurso poético de una obra; no sólo se trata de una mujer sentada frente a un pintor simulando la realidad, en dicha interacción hay algo más. Según la realizadora, la  película está compuesta de interacciones y diálogos horizontales, pues creador y modelo se encuentran en la misma condición. A un año de su estreno en Cannes, este universo compuesto por mujeres es un statement que busca contribuir en el redescubrimiento de muchas mujeres artistas borradas de la historia del arte.

  1. Juego de lágrimas (Neil Jordan, 1992)

El simbolismo queer es central en la filmografía de Neil Jordan, ya sea explícito en el contenido o sugerente en las formas. Al margen de la incómoda representación del IRA, Juego de lágrimas ofrece uno de los dramas más hermosos, protagonizado por un exterrorista en búsqueda de redención y una cantante de taberna. Tomando en cuenta que durante los noventa la presencia LGBT+ iba del romance gay heteronormado al drama pesimista, la relación entre los dos personajes planteaba una trasgresión a las convenciones del cine mainstream. La audiencia no estaba preparada para dicha conversación y el filme fue reducido a un plot twist tremendista, generando cierto rechazo por algunos sectores del colectivo. No obstante, a la distancia temporal, el filme puede tener lecturas más progresistas, como el hecho de que (por primera vez) la fantasía romántica del héroe y la damisela no era para una audiencia cisgénero.

¿Cuál es tu TOP de películas?


Publicidad en el cine mexicano y la importancia de visibilizar otras historias

Por: Eduardo Carrasco Díaz (@drfarabeuf)

Uno de los principales problemas del cine mexicano es su poca audiencia. Según los datos del IMCINE —publicados en su Anuario Estadístico del Cine Mexicano del 2019— de los 341 millones de espectadores que van al cine, tan sólo 35.2 acudió a ver producciones nacionales. Cifra bastante pequeña en relación a la gran cantidad de público que va al cine en nuestro país: México es el cuarto país con la mayor cantidad de boletos de cine vendidos a nivel mundial, tan sólo por debajo de China, India y Estados Unidos. 

Una de las posibles explicaciones ante esta situación es la poca promoción y publicidad que se le da a los largometrajes mexicanos, aunada a la endeble exhibición que existe. La causa principal de este problema de difusión es la falta de presupuesto y recursos con los que cuentan la mayoría de los filmes para una estrategia publicitaria adecuada que incite a más personas a consumir las narrativas audiovisuales que se generan en México. 

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El propio IMCINE documenta que de las 109 películas estrenadas el año pasado, sólo el 30% registró alguna inserción publicitaria. En total fueron 3 mil 65 inserciones, las cuales se hicieron a través de los medios de comunicación tradicionales: radio, televisión y prensa. Títulos —con mayor presupuesto y grandes compañías detrás— como Solteras (Luis Javier M. Henaine), Todas las pecas del mundo (Yibrán Asuad), El complot mongol (Sebastián del Amo) y Chicuarotes (Gael García Bernal) fueron los que más utilizaron la publicidad para difundir su estreno en salas. En el caso de Solteras, se trata de una película que ocupó la posición número siete de lo más visto con un millón 242 mil 856 espectadores. Todas las pecas del mundo, El complot mongol y Chicuarotes alcanzaron a entrar entre los 25 títulos más vistos, con una asistencia de 360 mil 421, 409 mil 85 y 420 mil 12, respectivamente. 

 El complot mongol

En el caso de las redes sociales, la dinámica publicitaria se mantuvo en el mismo tono porque los largometrajes que más visibilidad tuvieron fueron los de mayor presupuesto. De todos los estrenos, el 83% se valió sólo de los recursos digitales —Instagram, YouTube, Twitter y Facebook— como parte de su estrategia de lanzamiento y difusión. Facebook fue de las herramientas más utilizadas, ya que el 70% de las producciones contó con una fanpage, aunque solamente Solteras y Mirreyes contra Godínez obtuvieron arriba de los 200 mil seguidores. 

YouTube registró un total de 231 materiales audiovisuales (tráilers) con 44.6 millones de reproducciones; la película No manches Frida 2 se llevó 12.6 millones de las visualizaciones. Twitter e Instagram fueron las redes de más bajos números, ya que sólo tuvieron un 45% y 22% de perfiles creados, respectivamente. 

Ante este panorama habría que cuestionarse si el “otro cine mexicano”, aquel que no abreva de la comedia romántica, necesita contar con más recursos y repensar nuevas formas de publicidad y difusión que le permitan ser visible ante los espectadores, quienes siempre están ávidos de nuevas historias.

Es lógico que los largometrajes de poco presupuesto no puedan tener campañas de difusión tan amplias en los medios tradicionales. Sin embargo, estas películas mexicanas podrían explotar las redes sociales y las plataformas digitales para crear nuevos vínculos con sus espectadores. La labor es titánica, pero no deja de ser un área de oportunidad para que los largometrajes nacionales puedan tener un público más amplio y cada vez haya menos casos como Al filo de la frontera (Alberto Gabriel Mar Mancilla) película que contó con 25 espectadores y ninguna red social.

Una película bien publicitada siempre tendrá mejores posibilidades de generar curiosidad entre las personas. Actualmente, un ejemplo de esto es Ya no estoy aquí de Fernando Frías, la cual tiene tras de sí a una gran empresa como Netflix; en su semana de estreno ocupó el número en el listado de lo más visto. Aun con el empuje de tal compañía, no deja de ser representativo que una historia con una narrativa distinta a la convención de las más vistas tenga una gran respuesta por parte del público. Un hecho que deja la puerta abierta para que nuevas películas hagan de la publicidad una aliada para conseguir mayores audiencias.