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Crítica de ‘Lo que queda de ti’: el melancólico retrato de un buen corazón

Crítica de la película Lo que queda de ti

Lo que queda de ti es una conmovedora historia sobre duelos, pérdidas y lo doloroso de ser extranjero en tu propia nación. 

SINOPSIS: Durante la Nakba, Sharif (Adam Bakri) envía a su esposa e hijos a Nablus mientras resguarda su hogar en Jaffa; lamentablemente, el padre no logra proteger el naranjal familiar de los invasores. Treinta años después, un incidente con militares israelíes ocasionará el desencuentro entre su hijo Salim (Saleh Bakri) y su nieto Noor, provocando una fractura familiar que nunca podrá ser reparada. 

Probablemente, el mayor reto para los artistas sionistas es lograr que sus narrativas sean más mediáticas que la propia perspectiva de quienes fueron obligados a abandonar sus hogares, dejando atrás algo más valioso que un territorio: su propia identidad. En esencia, Lo que queda de ti (All That’s Left of You, 2025) no se queda solamente en el discurso político, dado que la historia se adentra en un melodrama multigeneracional que puede resultar incómodo por plantear el “pasar página” como una alternativa. Lo anterior suena terriblemente ingenuo, pero Cherien Dabis lo convierte en un proceso emocional necesario para continuar en la resistencia contra los invasores. 

Mediante su personaje, la directora menciona que no quiere culpar al público por su inacción ni juzgar sus posturas sobre el tema, lo cual es un disclaimer necesario para adentrarse en críticas más amplias hacia el adoctrinamiento de los israelíes y el robo de la cultura palestina. A partir de un melancólico epílogo, posiblemente la parte más importante del metraje, Dabis cuestiona la anodina existencia de los invasores, mientras los protagonistas transitan entre las ruinas del patrimonio palestino ultrajado.

Para denunciar el genocidio, la película no muestra las ciudades destruidas o la crisis humanitaria, sino que se adentra en una xenofobia apenas evidente en pequeños gestos, como saludos incómodos o la frivolidad de un mesero. La directora ni siquiera necesita llevar su drama familiar a los extremos de Paradise Now (2005) u Omar (2013), por poner ejemplos, puesto que dos viajes a Tel Aviv son suficientes para rematar su postura sobre esa zona de interés llena de privilegios. El desenlace de Lo que queda de ti responde a un contexto específico, pero su mensaje resuena en todas las regiones donde unos cuantos poderosos determinan fronteras (geográficas o sociales) que nos convierten en intrusos de nuestra propia casa. 

Crítica de la película Lo que queda de ti
‘Lo que queda de ti’ (2026)

Entre las diferentes voces que integran el guion de Dabis sobresale el desconcierto de los jóvenes frente al miedo de los padres. Utilizando el melodrama, la cineasta aborda la angustia de no poder explicar a un hijo la gravedad de las cosas, mientras los crímenes militares van oscureciendo sus nociones sobre el bien y el mal. Crecer durante una ocupación genera rencores que aumentan la brecha ideológica entre padres e hijos, aunque esa radicalización también alimenta la rebeldía del pueblo palestino. 

El origen de la película fue el recuerdo de una aterradora detención en la frontera de Israel cuando Dabis tenía ocho años, ya que la cineasta quedó marcada por la imagen de su padre indefenso confrontando a soldados armados. En la ficción, el “incidente” del protagonista y su hijo con los militares introduce una pregunta: ¿por qué los palestinos no tendrían derecho a responder las agresiones de los colonos? El largometraje justifica la resistencia y protestas como reacciones naturales a una violencia sistémica que fundamenta la existencia de Israel. 

Como es planteado en Foxtrot (2017) y otras películas que critican el sionismo desde adentro, el ejército de Israel ha desarrollado formas perversas de aniquilar moralmente a los palestinos, producto de una sociedad islamofóbica que lidia una batalla paranoica y abusiva contra civiles inocentes, ya que hasta los israelíes “progresistas” marcan cierta distancia con “la gente de Cisjordania”. La tensión deja en los palestinos traumas y rencores que no los dejan existir, ya sea por el constante miedo a la muerte o el simple remordimiento de no haberse quedado en territorio ocupado. El filme deja claro que aquellos pensamientos se convierten en un ruido mental que trastoca lo cotidiano hasta convertir a la lucha por la sobrevivencia en la única idea en la mente de los refugiados. 

Como en los tiempos de Abbas Kiarostami, en Lo que queda de ti se utilizan imágenes más contemplativas para capturar la nostalgia y la resiliencia de los expulsados, recurriendo a la hermosa lectura de un poema de Muhammad Hafiz Ibrahim para cerrar el arco de los protagonistas.  

Reflexiones sobre el significado de la poesía abren y cierran la película, remarcando la importancia de lo simbólico y la fuerza evocativa de las palabras en el argumento, lo cual explica el peso trágico del drama familiar en el marco histórico de la Primera Intifada. Algo sobresaliente del guion es que la realizadora buscó en el islam una solución al dilema de los personajes, encontrando el mismo camino espiritual que otros credos abrahámicos abrirían para superar un duelo, quitando algunos prejuicios a esa religión que el cine occidental solo muestra desde su lado fundamentalista. Como en los tiempos de Abbas Kiarostami, se utilizan imágenes más contemplativas para capturar la nostalgia y la resiliencia de los expulsados, recurriendo a la hermosa lectura de un poema de Muhammad Hafiz Ibrahim para cerrar el arco de los protagonistas.  

Crítica de la película Lo que queda de ti
‘Lo que queda de ti’ (2026)

El argumento de Lo que queda de ti es cautivador por su sobriedad, pues la directora entiende que los dramas íntimos también tienen un impacto político en el público, además de responder a un rechazo hacia la radical “politización” de la realidad palestina en los medios internacionales. Mediante diálogos, Cherien Dabis ahonda espontáneamente en los contextos sociales de las diferentes épocas, pero no de forma persuasiva, sino incorporando las posturas ideológicas de sus personajes entre pláticas casuales o discusiones familiares, exponiendo de forma orgánica las preocupaciones y los dilemas que son llevados al extremo por la crueldad de los invasores. Es cierto que el mundo necesita ver la crudeza del genocidio, aunque también son necesarios estos vistazos a lo cotidiano, con el objetivo de despertar mayor empatía hacia la diáspora palestina. 

Inspirada por anécdotas familiares, la directora recrea aquel hogar recordado por sus padres y abuelos, rescatando una memoria que aún no se ha perdido por completo. Aunque la ficción fue creada desde una distancia temporal y física, el largometraje logra transmitirnos la añoranza de su padre por la tierra robada, reconstruida mediante tomas clandestinas y efectos visuales. Con una fotografía simple pero efectiva de Christopher Aoun (Capharnaüm, 2018), el largometraje tiene otros valores que la convierten en un documento trascendental, como esa reunión actoral de los Bakri en una de las últimas apariciones de Mohammad Bakri (Private, 2004). 

Mientras los sionistas nacionales demuestran su vileza en medios de comunicación, como esa detestable columna de Ezra Shabot, la llegada de esta película a salas mexicanas es un hecho importante, porque no son tan accesibles las narrativas que nos puedan acercar con tanta empatía a la perspectiva palestina. No solo se trata de otro mensaje humanitario, Lo que queda de ti es una conmovedora historia sobre duelos, pérdidas y lo doloroso de ser extranjero en tu propia nación.

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Irving Javier Martínez Ver todo

Licenciado en Comunicación. Redactor especializado en cine.

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