Coyote vs. Acme: el único inconveniente es su distribuidora en México
SINOPSIS: Atraído por un anuncio de televisión, el Coyote contrata los servicios del abogado Kevin Avery (Will Forte) para demandar a Acme por negligencia. Sin embargo, el juicio pone en riesgo los secretos de la organización, razón por la que el corrupto Buddy Crane (John Cena) tratará de evitar a toda costa que Avery y su becaria Paige (Lana Condor) descubran los sádicos crímenes cometidos en los laboratorios de la empresa.
Que el guion de Coyote vs. Acme (2026) estuviera firmado por Samy Burch ya nos anunciaba que el desarrollo tendría algo de la sátira bizarra que nos desconcertó cuando vimos May December (2023). En esta ocasión, la comedia tiene como base el artículo homónimo de 1990 publicado en The New Yorker, donde el escritor Ian Frazier planteaba un ficticio reclamo legal que básicamente sintetizaba el desencanto noventero hacia la “buena voluntad” del capitalismo y sus empresas.
La película arranca con una intriga corporativa que tiene más esencia de noir clásico que similitudes con el humor gráfico de los dibujos animados, ya que se cambia la parodia del lenguaje legal en el texto de Frazier por la corrupción de una empresa que podría ser la versión contemporánea de DuPont.
May December: magistral comedia negra sobre ingenuidad y sumisión
Solo basta con mirar las antologías televisivas de los 80 para recordar que el suspenso y los misterios detectivescos no son ajenos al universo de los Looney Tunes; sin embargo, el guion de Burch es original por alejarse de las fórmulas infantiles y adentrarse en un drama judicial tan convincente que nos lleva a olvidar que estamos viendo una fantasiosa comedia con dibujos animados. Gran parte de ese logro se debe al discurso sobre la falsa inocencia en las caricaturas clásicas, dado que incluyen buenas cargas de crueldad para provocar risas fáciles o divulgar cínicas propagandas políticas.
Aunque su mayor influencia viene de thrillers clásicos, el director Dave Green recurre a la irreverencia noventera de los Animaniacs o los Tiny Toons para incluir una ligera capa de crítica social que satiriza la corrupción que cimienta a cualquier empresa, incluyendo a la mismísima Warner. Intencionalmente, la producción imita todos los clichés del cine judicial para dar a la historia cierta formalidad que nos lleva a empatizar con el Coyote e indignarnos con la maldad de Acme cuando responsabiliza a la víctima por su propia negligencia. Lo anterior es el tipo de lecciones y golpes de realidad que las personas deberían aprender desde la infancia, pues nos recuerda lo peligroso que es ponernos del lado de las perversas corporaciones.

Regularmente, estas comedias aspiran a la espectacularidad visual y al chiste fácil, pero Coyote vs. Acme da más importancia al desarrollo dramático, donde el humor llega cuando vemos que los personajes animados adoptan algo de seriedad. Sin celebridades invitadas ni subtramas innecesarias, el largometraje tiene cierta sobriedad cinematográfica que da mayor trascendencia a los tópicos que usualmente encontramos en este tipo de producciones, ocasionando que la película sea atractiva por su trama y no por quiénes aparecen en ella.
Recordando que los gags fueron diseñados antes que el guion, el director de Coyote vs. Acme realizó un valioso trabajo al darle vida y propósito a algo que básicamente pudo ser una genérica sucesión de episodios cómicos.
Las intervenciones de los Looney Tunes no solo son cameos para rematar gags o situaciones absurdas, porque en realidad cumplen con arquetipos necesarios para crear la fantasía de “cine adulto”, lo cual es evidente con la arriesgada villanía de un Gallo Claudio (Foghorn Leghorn) que está a la altura del coronel de Jack Nicholson en A Few Good Men (1992). Lo acentuado de tales caracterizaciones remarca las famosas referencias que dieron forma al guion de Samy Burch, como Bugs Bunny homenajeando al “Garganta Profunda” de All the President’s Men (1976) o aquella pasante (Condor) con vibras de Erin Brockovich (2000).
Recordando que los gags fueron diseñados antes que el guion, el director realizó un valioso trabajo al darle vida y propósito a algo que básicamente pudo ser una genérica sucesión de episodios cómicos. Sin embargo, el gran acierto fue darle tanto carisma y encanto a dos personajes esencialmente mudos, construyendo un potente mensaje sobre la amistad a partir de una breve aparición del Correcaminos en pantalla. El argumento inyecta emoción a una relación que resultó más entrañable de lo esperado, ayudando a que la película tenga mayor familiaridad con ¿Quién engañó a Roger Rabbit? (Who Framed Roger Rabbit, 1988) que con Space Jam (1996) o cualquier intento de Warner para explotar esta franquicia.
Y después está la actuación de Will Forte, quien es una de las mejores opciones para interpretar hombres patéticos. El miedo a meterse en grandes problemas corporativos del protagonista es un complemento perfecto para el carácter obsesivo del Coyote y su síndrome de Sísifo, ya que esa combinación permite hablar sobre lo inmoral de la inacción y el dejarse llevar por la corriente.
La integridad del personaje de Lana Condor completa una importante moraleja sobre siempre hacer lo correcto, aunque eso asegure la derrota, pues la condescendencia y el silencio siempre abren la puerta al crimen y la injusticia. En sociedades que aplauden la meritocracia y el cinismo, la película entrega una bonita enseñanza que saca el mejor provecho a la función edificante de los dibujos animados.

Probablemente, la edición sea lo menos acertado del largometraje, porque se aceleran varios momentos que requerían más minutos para aumentar la tensión del misterio, aunque una excelente persecución demuestra que los departamentos de animación hicieron un gran trabajo a la hora de perfeccionar las escenas de acción en postproducción. ¿También te diste cuenta de que la animación 3D no se siente tan desconectada de la acción real? Bueno, eso es gracias a la participación del titiritero David Barclay, quien creó marionetas de tamaño real para que los actores perfeccionaran “la línea de visión”, lo cual es uno de tantos recursos prácticos que contribuyeron a que la historia fuera más jugosa.
En la actualidad, pocas películas tienen el mérito de haber sobrevivido al capitalismo salvaje, a la vez que denuncian la corrupción de ese mismo sistema. Aunque apenas devolverá a Ketchup Entertainment la inversión, el simple estreno de Coyote vs. Acme en salas de cine ya es un triunfo contra los caprichos de David Zaslav, porque no solo se trata de un asunto comercial, sino de demostrarle a los estudios y sus productores que no tienen poder absoluto en el séptimo arte.
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