Supergirl: un producto más valioso como bisagra que por sus logros técnicos
SINOPSIS: Mientras celebra su cumpleaños en un planeta con sol rojo, Kara Zor-El (Milly Alcock) se enfrenta a piratas espaciales para defender a la joven Ruthye (Eve Ridley), quien desea vengar el asesinato de su familia a manos de Krem de las Colinas Amarillas (Matthias Schoenaerts). Después de que el villano lastima a Krypto con una flecha envenenada, las protagonistas inician una odisea para buscar el antídoto que salve al cachorro y, si Supergirl lo permite, aniquilar a Krem.
Si quitamos las reseñas exageradamente positivas compartidas por Warner en sus redes sociales y los comentarios tóxicos de quienes idolatran a Zack Snyder y claman la caída de James Gunn en DC, podemos encontrar lecturas imparciales sobre Supergirl (2026); producción que nos ofrece una versión radical de los códigos de justicia que motivan al Superman de David Corenswet. De hecho, la película dirigida por Craig Gillespie es apenas una bisagra con la única ambición de extender la geografía física y moral de este nuevo universo, estableciendo un abismal contraste entre las relaciones de Clark y Kara con sus orígenes kryptonianos y la manera en que sus respectivas partidas determinaron diferentes nociones de justicia.
A pesar de las diferencias entre cómic y película, Supergirl es una adaptación fiel al carácter edificante de Woman of Tomorrow. Era un hecho que la versión fílmica no respetaría el final escrito por Tom King, pero al menos conserva su poderoso mensaje sobre cómo la justicia no siempre se logra mediante la venganza directa. Que la kryptoniana sea quien empuñe la espada en lugar de Ruthye nos revela un heroísmo que no solo se encarga de proteger la vida de las personas, sino también la integridad de sus almas, algo que se encuentra por encima de cualquier ideal de perfección moral o demostración de bondad.

Conectando con la escena de Hawkgirl (Isabela Merced) y el dictador de Boravia en Superman (2025), Supergirl nos confirma que perdonar resulta un acto demasiado ingenuo cuando el victimario es un sádico traficante de menores. A diferencia de Marvel y su perspectiva infantil de la justicia, los héroes de DC sí se manchan las manos con sangre de sus antagonistas, lo cual abre la puerta a conflictos morales que Kara Zor-El podría enfrentar en futuras películas, dado que ha asumido un rol de vengadora que fácilmente puede llevarla a contradictorios escenarios de irracional omnipotencia. Por ahora, su impulsivo acto final traza un camino sinuoso hacia la redención, donde el desasosiego causado por la destrucción de Argo se transforma en una vocación para proteger a inocentes de otros planetas.
Además de numerosos agujeros argumentales, el problema de Supergirl como adaptación es que aborda todos los conflictos de la protagonista mediante demasiados flashbacks, en lugar de explotar la travesía cósmica con Ruthye para ahondar en su duelo e inadaptación a la vida terrestre.
Sin sobreexplicaciones, el largometraje nos muestra las aflicciones de Supergirl mediante el caos en su vida bohemia, como si fuera la Jessica Jones de DC. El desarrollo de Ana Nogueira no es mediocre, pero sí excesivamente sutil al no enfatizar aquellos rasgos que diferencian a Kara de otros superhéroes, especialmente cuando la guionista ya había trabajado con el personaje en borradores para el desaparecido Snyderverse. Además de numerosos agujeros argumentales, el problema de esta adaptación es que aborda todos los conflictos de la protagonista mediante demasiados flashbacks, en lugar de explotar la travesía cósmica con Ruthye para ahondar en su duelo e inadaptación a la vida terrestre.
Aunque es una síntesis aceptable del cómic, la película tenía material de sobra para desarrollar un viaje que profundizara con mayor sensibilidad en el vínculo emocional de las protagonistas. Para bien o para mal, la depuración de personajes secundarios y anécdotas simplifica la trama con el objetivo de dirigir la atención del público en el arco dramático de la verdadera protagonista del filme: Ruthye y su venganza inspirada en True Grit (1969). Sin embargo, esos ecos del western clásico apenas son perceptibles debido a la forzada incorporación del estilo desenfadado de James Gunn.
Se ha cuestionado el guion de Nogueira, pero las imperfecciones del largometraje se encuentran a nivel de puesta en escena y montaje. Es cierto que la producción intenta replicar la esencia de los Guardianes de la Galaxia, pero en Supergirl predomina la presencia del Gillespie de Cruella (2021), con ese pop sobrecargado que llega a sofocar lo emotivo de la ficción. La caótica edición en las escenas de acción parece el resultado de excesiva improvisación en la sala de edición, dado que muchos momentos impactantes ni siquiera responden a la continuidad lógica de las secuencias. Asimismo, la incorporación de tantos flashbacks sin justificación narrativa ocasiona una impostada catarsis que solo tiene coherencia por el referente gráfico y lo visto en el Superman de Gunn.

La nula familiaridad del director con los cómics dio como resultado una estética que imita fallidamente la atmósfera posapocalíptica de Mad Max: Fury Road (2015), desaprovechando el aire de “viejo oeste” que ya tenía Women of Tomorrow. La película de Gillespie es decepcionante porque trabaja con referencias ajenas a las publicaciones de DC, creando un bizarro híbrido que intenta mantener la seriedad cuando su Lobo (Jason Momoa) es tan caricaturesco como el Guardián Rojo de David Harbour. Las piezas para una excelente película están presentes en la producción, pero siempre son arruinadas por alguna decisión artística cuestionable, lo cual puede ejemplificarse con la caracterización del villano, ya que ¿cuál es el sentido de fichar a Matthias Schoenaerts si ocultarás su fuerza interpretativa detrás de ese maquillaje tan exótico?
Los efectos especiales también son irregulares, porque el CGI es magnífico cuando cumple una función dramática, como el vuelo de Kara para gritar en el espacio, pero en las secuencias de acción nos recuerdan constantemente que esa fantasía involucra pantallas verdes. La búsqueda de efectismo en las imágenes ocasiona que la película pierda toda autenticidad, ya que su poderoso mensaje está rodeado de tantas ocurrencias visuales que frivolizan el trasfondo dramático de la historia. A eso se suma un pésimo soundtrack que entorpece el complicado ritmo de la película, especialmente en esa pelea arruinada por un cover de The Middle, el cual remata la falta de originalidad en muchos aspectos técnicos del largometraje.
La película no tendrá a Kara viajando en Comet, ni el resto de homenajes a las diferentes etapas del personaje en los cómics, pero se mantiene la esencia del viaje de aprendizaje sobre justicia y venganza. A grandes rasgos, Supergirl cumple con el estándar de una franquicia que apenas arranca, demostrando una clara intención por abordar el heroísmo desde una visión adulta que trasgrede las reglas básicas del universo de Superman. Sin importar lo negativo, el mayor logro de esta adaptación es la presentación de una heroína que se aleja del estereotípico eye candy kryptoniano, con una sólida actuación de Milly Alcock que tiene todo el potencial para regalarnos grandes momentos en próximas entregas.
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