Hombre a Medias: miniserie tan incómoda que se siente como un trauma personal
Richard Gadd logra que los seis episodios de Hombre a Medias se sientan como traumas personales y un crudo recordatorio de lo patético que es buscar la aceptación de hombres con masculinidades rotas.
SINOPSIS: El joven Niall (Mitchell Robertson) es obligado a fraternizar con el violento Ruben (Stuart Campbell) cuando sus madres deciden compartir el mismo hogar. Para bien o para mal, la personalidad tóxica del hermano mayor termina trastornando la vida del introvertido adolescente, quien intenta sobrevivir al bullying escolar y a una homosexualidad reprimida. Años más tarde, Ruben (Richard Gadd) visita al adulto Niall (Jamie Bell) el día de su boda, para darle solución definitiva a su conflictiva relación.
Es impresionante la versatilidad actoral que Richard Gadd demuestra con ese drástico contraste entre la víctima de Bebé Reno (Baby Reindeer, Netflix) y el aterrador Ruben de Hombre a Medias (Half Man, HBO/BBC), principalmente por la inquietante ambigüedad moral que el autor inyecta a los motivos y las acciones de ambos personajes. Con su nuevo show, el creador escocés confirma su talento para reinventar arquetipos y desdibujar el victimismo de sus alteregos en la ficción, dándole al personaje de Jamie Bell cierto grado de responsabilidad en el destino trágico de una historia que rompe con las expectativas de drama edificante o fantasía erótica.
Curiosamente, el título (“hombre a medias”) nos adelanta una revelación final que justifica de forma fácil y predecible la brutalidad ejercida por Ruben (Campbell/Gadd). A primera vista, desconcierta que el abuso infantil sea utilizado para redimir a un personaje tan detestable, aunque al analizar toda la trama se descubre que la serie no busca expiaciones, sino incomodar al espectador con la falta de justicia poética en esa cadena de resentimientos y venganzas que absurdamente se sale de control. Algunos usuarios sentirán que Gadd muestra demasiada simpatía hacia Ruben, pero en realidad desarrolla una crítica contra el machismo sistémico y sus mecanismos para sobredimensionar las “faltas morales” de personas queer, al mismo tiempo que indulta crímenes cometidos por ciertos hombres heterosexuales.
Las reflexiones de Gadd sobre la homofobia interiorizada no se quedan a nivel superficial del melodrama, porque profundiza en cómo el conservadurismo explota la vergüenza para mantener a sus víctimas cautivas de la heteronorma. Mientras las sociedades se vuelven más tolerantes con la libertad sexual, mayor es la crisis de una generación de hombres adultos aferrados al clóset por temor a descubrir que perdieron los mejores años de sus vidas en vano. El desenlace de Hombre a Medias parece sugerir que ese miedo al rechazo solo estaba en la cabeza de Niall (Bell), pero los seis episodios de abuso físico y psicológico nos revelan el talento de su verdugo para manipular y distorsionar el pasado.
Otro tópico importante en Hombre a Medias es la familia y cómo lo disfuncional de dicha institución contribuye a preservar violencias de forma ineludible. Las conversaciones de Niall con su madre (Neve McIntosh) son esenciales para entender los prejuicios que la llevan a avergonzarse constantemente de su hijo, mientras ve a Ruben como un “oso de peluche” que necesita ayuda; una relación que retrata perfectamente la sobrevaloración de masculinidades tóxicas en cualquier círculo familiar. Ese malogrado vínculo entre madre e hijo es tan importante como la salvaje hermandad de los protagonistas, ya que influye en la degradación moral de Niall hasta convertirlo en el adulto codependiente que vive bajo la sombra de un bully.
Recurriendo a un humor muy oscuro, el salto temporal a la mitad de la serie nos confirma lo absurdo que habría sido mentir frente a la corte, revelándonos que la supuesta traición al pacto patriarcal marcó el rumbo trágico de la historia. En lugar de dibujar una caricatura explícita del “macho proveedor”, Richard Gadd disfraza lo ridículo de su autoproclamado “rey del mundo” con una siniestra virilidad que se va apagando con el pasar de los años. La extraordinaria escritura del guionista alcanza su nivel máximo de tensión durante la escena del hospital (Ep. 4) y esa magistral confrontación que sintetiza la ridícula competencia masculina por demostrar una ilusoria superioridad, ya sea mediante el capital económico o la capacidad para procrear.
Siguiendo la sórdida ambientación de Bebé Reno, Hombre a medias ofrece otro vistazo a la sociedad escocesa y sus hostiles formas de educación sentimental. La nueva serie de Gadd nos muestra lo difícil que es despertar sexualmente en comunidades que están obsesionadas con la estigmatización sexual.
La segunda miniserie de Gadd llega en el mejor momento histórico para burlarse de los esfuerzos de la manosfera por convertir a la infelicidad masculina y sus paranoias ideológicas en algo aspiracional. De forma irónica, el show juega con los arquetipos machistas del hombre “Alfa” y “Beta” para puntualizar que la idolatría fife hacia lo masculino solo tiene lógica en contextos homoeróticos, tal como lo demuestra la representación doble del escocés con falda kilt. Al estilo de Xavier Dolan en Tom en la granja (Tom à la ferme, 2013), el drama británico explora la heteronorma como una fuerza vampírica que seduce al protagonista, implantando en su cuerpo el deseo de ser aceptado por esa bestia que solo se posará sobre él para destruirlo.
Siguiendo la sórdida ambientación de Bebé Reno, Hombre a medias ofrece otro vistazo a la sociedad escocesa y sus hostiles formas de educación sentimental. La nueva serie de Gadd nos muestra lo difícil que es despertar sexualmente en comunidades que están obsesionadas con la estigmatización sexual, lo cual facilita que la ficción conecte con las experiencias del público queer en cualquier parte del mundo.
Sin embargo, el mayor acierto del montaje fue desarrollar el suspenso a dos tiempos, con una boda que tiene como único propósito confundir al público y prolongar el misterio. Con ingeniosos saltos entre comedia y drama, la miniserie tiene un toque de cine queer noventero que oculta mensajes trascendentales detrás de su retorcido erotismo, el cual puede despertar deseos de querer que la tensión entre los hermanos concluya en algo sexual. Lo anterior no es gratuito, sino el resultado de un extraordinario trabajo argumental e interpretativo que conecta rápidamente con la región más oscura de nuestra imaginación. Al final, Richard Gadd logra que los seis episodios de Hombre a Medias se sientan como traumas personales y un crudo recordatorio de lo patético que es buscar la aceptación de hombres con masculinidades rotas.
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