Obsesión: la pesadilla de ser amada por “el chico de al lado”
SINOPSIS: Tras ser rechazado por su amiga de la infancia, el introvertido Bear (Michael Johnston) recurre a un juego mágico para cumplir su deseo de ser correspondido por Nikki (Inde Navarrette). No obstante, el “amor” de la joven es una fijación tóxica que complacería las fantasías del protagonista si no fuera por los impulsos destructivos del ente que controla el cuerpo de Nikki.
Si reflexionamos sobre el suspenso erótico del pasado, jamás dejará de provocar repelús el victimismo de Michael Douglas cuando era acosado por mujeres obsesionadas con él, principalmente porque los guionistas eran condescendientes con los pecados cometidos por los personajes masculinos. El sesgo machista en películas que replicaron la fórmula de Fatal Attraction (1987) llevó a Glenn Close a evaluar la posibilidad de producir un remake que incluyera el punto de vista de Alex Forrest, con el objetivo de corregir el misógino final y convertir a la “asesina psicópata” en una “figura trágica”.
El emergente Curry Barker (cocreador del canal de YouTube that’s a bad idea) rescató dichos arquetipos y los incluyó en su salvaje Obsesión (Obsession, 2025), un filme de terror que se burla de la falsa ingenuidad de esas “presas” acechadas por supuestas mujeres psicópatas. Teniendo como punto de partida el cuento clásico de La pata de mono (W. W. Jacobs), el director recurre a lo sobrenatural para desarrollar un escenario siniestro que sí es real y común: la perspectiva de un depredador que no es consciente de la monstruosidad de sus actos. Lo peculiar de esta producción se encuentra en su retorcida forma de volver al protagonista en aparente “víctima del destino», sin juicios explícitos a su vileza, como si Barker quisiera convertir a los espectadores más despistados en cómplices de la tragedia.
Similar a cuando vimos (500) Days of Summer (2009) y algunos pasaron por alto la tóxica codependencia emocional de Tom (Joseph Gordon-Levitt), la maldad de Bear (Johnston) se oculta detrás de una personalidad dócil y pasiva que no quiere romper la maldición, solo moderar aquellos “detalles” que no se ajustan a su fantasía romántica. Argumentalmente, Curry Barker demuestra una brillante capacidad para mantener lo realmente sugestivo en segundo plano, haciendo que el público pase de temer a Nikki (Navarrette) a sentir una intensa repulsión hacia la autoindulgencia del protagonista.

Como menciona el director, si el deseo de Bear se sale de control, no es consecuencia del souvenir maldito, sino debido al egoísmo de un hombre que no tiene la firmeza para declararle su amor a una mujer, pero sí la vileza para arrebatarle su voluntad. Así como en Barbarian (2022) el personaje de Justing Long era un recurso humorístico a pesar de sus crímenes, Curry Barker utiliza el carisma melancólico de Michael Johnston para exaltar el patetismo de un sujeto que es peligroso por su falta de determinación. Intencionalmente, Obsesión guarda ecos del cruce entre suspenso y comedia en Misery (1990), pero sofocando las risas con una lectura sombría sobre la incomunicación de una generación que adolece de empatía.
El mayor riesgo de Obsesión es su bestial representación de la obsesión más carnal, ya que se trata de un festín de rabia desenfrenada que la actriz Inde Navarrette transforma en osadía interpretativa.
Al igual que Talk to Me (2022), la obra de Barker ofrece una reflexión pesimista de algunos miedos centennials, como sentir que sus vidas están vacías cuando ni siquiera han comenzado. La incertidumbre de los protagonistas juega un papel central en el destino trágico del cuarteto de amigos, ya que –sin ahondar en sus historias de vida– se vislumbra una soledad que los lleva a tomar las peores decisiones. Insensibles al dolor ajeno, los personajes están tan ensimismados que subestiman los horrores de su entorno, dado que pueden ver a una chica autolesionándose y continuar con sus vidas como si nada hubiera pasado.
Sin embargo, el mayor riesgo del filme es su bestial representación de la obsesión más carnal, ya que se trata de un festín de rabia desenfrenada que la actriz Inde Navarrette transforma en osadía interpretativa. El frenesí de Nikki no es el caos psicópata de Kathy Bates en Misery ni otra genérica posesión demoníaca, sino una fuerza autodestructiva que se asemeja a Isabelle Adjani en Possession (1981) o Charlotte Gainsbourg en Antichrist (2009); matiz actoral que enrarece al sórdido final hasta llevarnos a un auténtico descenso al infierno. El descarnado trabajo de Navarrette y un brutal diseño sonoro provocan que los gritos y las risas de Nikki retumben en la cabeza del espectador hasta dejarlo aturdido, convirtiéndose en el principal componente siniestro de la película.

Tratándose de un realizador que proviene de YouTube, donde la sobreestimulación es primordial, sorprende que el inicio de Obsesión tenga un ritmo lento y pausado que no tiene prisa en mostrarnos la artillería de salvaje horror que tiene su desenlace. Dicha simplicidad visual es una trampa que nos sosiega para después darnos un puñetazo en la cara. Como si fuera un relato gótico, Barker y Taylor Clemons (director de fotografía) aprovechan las sombras, los desencuadres del cuerpo de Nikki y las luces cálidas para construir una atmósfera macabra que transforma la intimidad nocturna en una experiencia sofocante.
Sin proponérselo, Curry Barker entra a la industria por la puerta grande con una grotesca disección sobre la patologización de las mujeres en los thrillers clásicos, al mismo tiempo que cuestiona el exceso de narcisismo en las diferentes formas de amor contemporáneo. Superando el estándar de Blumhouse, Obsesión es una elogiable caja de sorpresas que utiliza el cine de género para demostrarnos que “el chico de al lado” puede ser la versión más aterradora de la masculinidad tóxica.
¿Ya viste Obsesión, qué te pareció?
Categorías